miércoles, julio 12, 2006

El Cementerio viejo de Ortiz

La historia del cierre total del camposanto significó el entierro final de la heroica comarca. Con él terminaba las glorias de una población que llegó a ser bautizada en siglo XIX como “La Flor de los Llanos”, por su pujante economía agropecuaria y sus signos de bienestar social. No era para menos.



Por José Obswaldo Pérez *

EN 1910, el presidente del estado Guárico, el zaraceño David Gimón declaraba clausurado el viejo cementerio de Ortiz, conocido hoy como Cementerio Colonial o el de Los Españoles. El cierre de esta obra pública, inaugurada durante el septenio gubernamental del general Antonio Guzmán Blanco, marcaba el fin de una de las épocas más negras de su historia local: escenario testigo de la hecatombe epidémica de un pueblo que se negó a morir. Con ella se daba paso a otra historia de la salubridad pública municipal: la construcción de un nuevo osario que, después, se conocería entre las familias pudientes como el “pata e’vacal”, para referirse a una hierba abundante que crecía en aquella zona aledaña al naciente Barrio La Romana.


La historia del cierre total del camposanto significó el entierro final de la heroica comarca. Con él terminaba las glorias de una población que llegó a ser bautizada en siglo XIX como “La Flor de los Llanos”, por su pujante economía agropecuaria y sus signos de bienestar social. No era para menos. Había llegado a ser la sexta ciudad más importante Venezuela. Ortiz con el nombre de Cantón, entonces Departamento Bermúdez, estaba dividido en dos parroquias: la de Santa Rosa de Lima de Ortiz con 8.042 habitantes y la de Las Mercedes con 2.121 habitantes. Tenía tres prefecturas. Cuarenta casas de mercancía y víveres. Ganadería y una brillante actividad cultural.

El viejo cementerio colonial de Ortiz fue construido en 1873. Según el primer censo oficial de Venezuela -auspiciado por el septenio guzmancista-, se puede extraer una descripción de la nueva obra. “Un cementerio nuevo y de bastante capacidad cuya portada y una pequeña capilla en su interior no estaba concluida para octubre del año próximo pasado...
[1]

Durante la colonia, el lugar de los muertos no fue un espacio opuesto al patio de la iglesia. Esto se demuestra con la visita de Monseñor Mariano Martí a Ortiz, el 05 de mayo de 1780, cuando deja constancia que no había cementerio
[2] y ordenaba su pronta construcción. Pero, mucho antes de su edificación, los cadáveres de la gente más acaudalada eran enterrados en la Iglesia Santa Rosa de Lima, de acuerdo a sus rasgos y sus meritos o según el tramo de sepultura que permitía su condición económica[3]; mientras las personas de menores recursos se sepultaban en solares determinados por la autoridad o bien en los patios de las propias casas de los dueños, aunque esta última opción no era común en el centro urbano sino en los caseríos o hatos.

Esta misma condición se observa en el viejo cementerio de Ortiz, el cual estaba dividido en dos secciones. Un sitio para los ricos y otro para las clases más humildes. Esta discriminación social se acentúa con su “ensanchamiento” para finales del siglo XIX. Asimismo, el camposanto estaba compuesto por nichos y tumbas de dos y tres pisos, decoradas con ángeles y cruces de hierro forjado elaborados por artesanos de la localidad. Era, realmente, un lugar sagrado; un espacio, cuya singular belleza arquitectónica.

Debido a la expansiva epidemia que comenzaron hacerse sentir en la población, en el año de 1879, el doctor E. Velásquez – médico del pueblo de Ortiz- propone el gobierno nacional la construcción de un nuevo cementerio en “un lugar más conveniente a sotavento i suficientemente apartado de la población y de los manantiales que la surten de agua potable
[4].

Sin embargo, la medida de salubridad pública que toma el gobierno fue la de su “ensanchamiento”, para lo cual destinó unos pocos recursos financieros para que las víctimas del paludismo pudieran ser enterrados en el antiguo cementerio de los españoles. Pero, debido al crecimiento de su espacio físico, se declaró su cierre en el año de 1910.

El viejo cementerio de Ortiz fue la propiedad común de los vivos, como lo había sido anteriormente el derecho de ser enterrado en el lugar en el que se habían pagado los diezmos, pero sobre todo con el derecho acostumbrado de ser enterrado en el lugar en donde uno había vivido o donde estaban sepultados sus seres queridos. Por eso, su clausura trajo consigo disputas como las ocurridas entre el Jefe Civil, Ismael Capote, y algunas familias que aún se resistían a enterrar sus deudos en el nuevo cementerio
[5].

Dos escritores venezolanos han hecho mención del viejo cementerio de Ortiz, como escenarios de hechos narrativos. El primero fue el doctor Daniel Mendoza- escritor orticeño-, quien escribió lo siguiente:

En su desvencijado cementerio había enterrados varios seres
caros a mi alma.
Mi tristeza fue más honda al ver sus tumbas arropadas por
los matorrales, circuidos de barandales herrumbrosos, resquebrajados.
Me
aleje de aquel sagrado sitio con el corazón oprimido
.”
[6]

Mientras, el otro escritor es Miguel Otero Silva en Casas Muertas, donde describe el lugar de la siguiente manera:

Se divisaba ya la tapia del cementerio, su humilde puerta con
cruz de hierro en el tope y festones encalados a los lados. Carmen Rosa
recordaba el texto del cartelito, escrito en torpes trazos infantiles, que
colgaba de esa puerta: “No salte la tapia para entrar. Pida la llave». La tapia
era de tan escasa altura que bien podía saltarse sin esfuerzo. Y no había a
quien pedir la llave porque nadie cuidaba del cementerio desde que murió el
viejo Lucio. El gamelote y la paja sabanera se hicieron dueños de aquellas
tierras sin guardián, campeaban entre las tumbas y por encima de ellas,
ocultaban los nombres de los difuntos, asomaban por sobre de la tapia
diminuta"
.
[7]

El 5 de julio de 1911 – ya en el siglo XX- fue inaugurado por el presidente estado Guárico, David Gimón, el nuevo cementerio de Ortiz, en conmemoración del Centenario de la Creación del Estado Guárico, con todos los protocolos de un acto pomposo[8].

Más tarde, en la década de los años 70 – del siglo pasado-, la profanación de los sarcófagos causo alarma en los medios de comunicación social. Las denuncias recayeron en los saqueadores de tumba que se dedicaban a conseguir piezas de oro u otras pertenencias de valor de los difuntos. También la acusación rebotó a los estudiantes de medicina y antropología de la Universidad Central de Venezuela, quienes habían roto nichos para expropiarse de huesos y cráneos de cadáveres para investigaciones y estudios científicos.

En el mismo siglo- en el año 96-, una inundación causó el derrumbe del portón principal, un vestigio -que si se quiere- fue el emblema simbólico de las viejas tapias que adentraban a los curiosos en el misterioso lugar sagrado. Apenas sus ruinas representan hoy una estampa de la floreciente ciudad de Ortiz de finales del siglo XIX. Un espacio que puede recuperarse para atracción turística. Recientemente el Instituto del Patrimonio Cultural hizo un inventario de objetos y cosas históricas e incluye a muchas espacios y objetos de Ortiz. Nuestro viejo cementerio está incluido como parte de nuestro patrimonio.


NOTAS

[1] APUNTES ESTADÍSTICOS DEL ESTADO GUÁRICO (1967). Caracas: Biblioteca de Temas y Autores Guariqueños. Edición Oficial, 1876.
[2] MARTÍ, OBISPO MARIANO (1988). Documentos Relativos a su visita Pastoral de Diócesis de Caracas 1771-1784. Tomo II. Libro Personal. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia; p179
[3] Ídem; p 181
[4] Archivo Nacional. Tomo CMXCVI, folio 195. Ver también el trabajo de RODRÍGUEZ DELLÁN, E (1974). Dinámica Geográfica de un Pueblo. Contribución al estudio de la Evolución Urbana de Ortiz. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Mimeografiado.
[5] PEREZ A, José Obswaldo. Donde el pueblo el tiempo es el Olvido. Inédito.
[6] MENDOZA, Daniel (1918): El Llanero. Madrid: Editorial América. Capitulo XVI. Los Morros de San Juan. Centinelas del Llano. La Gran Ortiz. Págs. 189-194.)
[7] SILVA OTERO, Miguel (2001): Casa Muertas. Biblioteca del El Nacional. Capitulo I. Un entierro; pp. 5 - 6.
[8] El Universal, 6 mayo de 1911.
BIBLIOGRAFÍA

Documentos

APUNTES ESTADÍSTICOS DEL ESTADO GUÁRICO (1967). Caracas: Biblioteca de Temas y Autores Guariqueños. Edición Oficial, 1876.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACION. Tomo CMXCVI, folio 195
ALCALDÍA DE ORTIZ (1994): Titulo de posesión de Tierras del Pueblo de Ortiz. Ortiz: Concejo Municipal. Material no publicado. Mimeografiado.

Bibliografía

ALVAREZ, Pedro Fidel (1996). Ortiz y su cementerio. Proyecto Guárico. Boletín Informativo. No.1. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Departamento de Arqueología y etnografía; pp 11-13
BOTELLO, Oldman (1994) Para la Historia de Ortiz. Villa de Cura: Publicaciones de la Alcaldía del municipio Ortiz.
MENDOZA, Daniel (1918): El Llanero. Madrid: Editorial América. Capitulo XVI. Los Morros de San Juan. Centinelas del Llano. La Gran Ortiz. Págs. 189-194.)
RODRÍGUEZ DELLÁN, E (1974). Dinámica Geográfica de un Pueblo. Contribución al estudio de la Evolución Urbana de Ortiz. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Mimeografiado.
SILVA OTERO, Miguel (2001): Casa Muertas. Biblioteca del El Nacional. Capitulo I. Un entierro.
VILA, Marco A (1978): Antecedentes Coloniales de Centros Poblados de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Facultad de Humanidades, UCV.
VILA, Pablo (1991): El Obispo Martí. Tomo II. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación.

Hemerográfica

PEREZ A, José Obswaldo (2002, Agosto 19) Algunas Noticias del Cementerio viejo de Ortiz. Valle de la Pascua: Diario Jornada; p. 2

Diccionarios

FUNDACIÓN POLAR (200): Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas:
MAC PERSON, Telasco A (1941): Diccionario del Estado Miranda. Los Teques.
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*José Obswaldo Pérez es periodista, profesor universitario e historiador venezolano.

1 comentario:

  1. deberian resumir un poco paro los niños pequeños porfa esta muy buena actualizen

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