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Cortos pensamientos de largo andar

POR: DANIEL R SCOTT

"De su pluma no saldrá sino lo que dignifica y embellece la vida, aunque la procesión vaya por dentro" , Carlos Cesar Rodríguez

Se me paso por alto que aquella tarde gris cuando vague bajo los finos hilos de la lluvia, era 18 de abril. "Mi historia, algunos casos que recordar no quiero" , Antonio Machado.

Estamos tan mal habituados a ver lo cercano que se nos escapa de la mirada las bellezas que danzan alegres en el infinito.

¡Que domingo tan claro y luminoso! La atmósfera parecía un vasto diamante. El Pariapán vestía su mejor verdor, el cielo nunca había sido tan azul ni se había engalanado con el blanco manto real de las nubes. Aun los prosaicos edificios en construcción parecen bellas y elaboradas artesanías a la diáfana luz del sol. ¡Caudal dominical que rebosa la copa de mi espíritu!


¡El imperio del disparate y de la locura! ¡El triunfo del revés sobre el derecho!

Yo, que hace mucho tiempo atrás supe de andares en las llanuras, solía elevar la mirada a los cielos nocturnos y descubrir el kilate y valor exacto de la luna y de los luceros de la noche. Los sonidos llegaban a tus oídos con sabor a leyendas indígenas. Todavía corren por mis arterias espirituales el mugir de las vacas, el canto del que ordeña al despuntar el alba y la visión de la quesera de troncos de morichal.

Mi alma quedo enredada y atrapada en la telaraña abandonada de una antigua canción de amor.

Te quedaste allí, tendida y arcaica, como palabra carente de semántica. Se detuvo tu andar de significados y cesaron las alegrías del vivir. Sábanas de cristales rotos, lecho de amasijos metálicos. La devoción de la mirada se apago al golpe de los huracanes humanos, y la rigidez de los labios que sonreían, el preludio de cenizas que lloró el atardecer

No me gusta ese progreso que traducido al lenguaje de las grandes urbes de cemento vertical, tala árboles y no te deja ver las montañas ni los luceros de la noche.

Encadenados a la muerte del olvido, el relieve de nuestros nombres apenas se notan en fragmentos de poemas y canciones que yacen oxidados y tirados en una especie de tierra de nadie.

Te quedaste para siempre en tu primavera interrumpida del ayer que no vuelve, sin la placentera posibilidad de conocer las demás estaciones de la vida. Perpetuamente joven en la foto y el recuerdo, a nosotros en cambio se nos marchitan las flores en la mirada

Gritos que son silencios entre la multitud, nuestros aullidos de lobos solitarios que merodean sobre calles sucias y bajo la luz neón, garras que desgarran la tela de la noche, echando por los suelos luceros y constelaciones. El fastidio de venir de ninguna parte e ir a ningún lado. Son tan solo altibajos de la vida...búscalos. Sálvalos.

Mujer que te sembraste en mi alma: mordí el fruto de tus labios, acaricie la fronda de tu cabellera, descubrí tu follaje... sólo me quedo el eco intangible de los latidos apresurados de tu corazón, los recuerdos que se apagan como una vela en la oscuridad, el beso que la memoria dejo volar cual ave hacia las selvas incógnitas del olvido. Fuiste las mujeres que ame.

En tu ausencia y en tu tristeza, sólo puedo pedirte que sientas un abrazo de mi corazón al tuyo que salte las barreras de la distancia e incluso del olvido. y mi alma será siempre un manantial inagotable de palabra agradable y versos sueltos aquí y allá.

Sólo soy un ser humano que quiere hallarle sinceridad y belleza a la vida, a las cosas, a las personas. Esa sea quizá mi única utopía y desengaño.

Hay vidas que son la encarnación de un silencioso y solitario pedido de auxilio. Son personas difíciles de identificar pero están en todos lados. Ubícalos, ayúdalos, compadécete de ellos. Siembra jardines en los tales

A pesar de ciertos nubarrones, encuentro que la tarde es hermosa y luminosa. ¿Es que estas riendo en alguna parte? Porque cuando ríes el mundo se ilumina

No hay principios no hay valores. Con nuestras computadoras a cuesta estamos regresando a la moralidad de un paleolítico inferior.

19 Julio 2010

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