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No hay héroes cubanos negros

Por Martín Yeza

“Lo peor que te puede suceder en Cuba es ser mujer y negra” me dice Leonardo Calvo Cárdenas, líder del Arco Progresista cubano. Me contesta eso luego de que le pregunto por qué no hay héroes negros en la construcción icónica que se desarrolla a lo largo y ancho de Cuba, en donde abundan imágenes del Che, Camilo Cienfuegos y Fidel, pero ni una sola imagen que recuerde a algún héroe negro. Esto no significa que no hayan existido, significa que están negados por la construcción política y propagandística de los Castro, quienes dirigen un gobierno de piel blanca. Y sí, en Cuba hay discriminación racial, no es lo mismo nacer blanco que negro. No es lo mismo nacer mujer que hombre, ni qué hablar de alguno que no quisiera ser heterosexual.

La semana pasada me reuní con Leonardo Calvo Cárdenas, y con Fernando Palacio, líder del Partido Liberal cubano, con quienes intercambiamos opiniones y percepciones sobre Cuba. Explican cuán difícil es hacer equilibrio entre una sociedad que no sabe lo que es la democracia ni la libertad y el deber que tienen en explicarlo, con los escasos medios existentes, sin tener una postura iluminista con el pueblo. Los cubanos sienten que hay algo que está mal, muy mal. Quienes tuvimos la suerte de viajar a Cuba en general volvemos con percepciones diferentes y con un anecdotario cliché como que “el taxista era ingeniero”, o “el mozo es médico” “te intentan vender hasta la esposa”-literal- y que cualquier cubano es capaz de conseguir cualquier cosa del mercado negro: “¿Quieres habanos? Yo consigo, ¿Quieres comer? Yo te llevo ¿Quieres mujeres? Yo te presento”. Nadie se te acerca a hablar porque sean cálidos o porque “los latinos somos así”, se acercan a hablar porque quieren ver cómo hacer que la plata que tenés en tu bolsillo llegue al suyo. Esto sucede en la peatonal de la Habana y en el punto más recóndito del interior cubano. Y este anecdotario cliché en realidad muestra de una manera muy generalizada una sociedad en la que no existe la confianza y por ende no existe el asociativismo ni la solidaridad social tal como la conocemos en otros países.

Frente a este escenario, de deconstrucción sistemática de valores sociales, lo que más preocupa a Leonardo y Fernando es la posibilidad de que en el futuro se instale el narcotráfico, que en algunos pueblos del interior comienza a surgir y el peligro que eso tiene para el futuro de Cuba.

Es inevitable pensar en nosotros y nuestra relación con la idea de democracia, en cómo quienes más enfáticamente condenan la dictadura militar argentina muchas veces son condescendientes con la idea de que no es tan grave que en Cuba no haya democracia porque “tienen asegurados la salud y la educación”. Habla mucho también de quienes políticamente creen que se sienten identificados por los valores de una revolución que sucedió hace 55 años, como si cada día de esos 55 años fueran como aquel Enero de 1959. Una revolución que luego de la caída de la Unión soviética no deja de desplomarse en todos sus sentidos, sentidos que eran sostenidos en base a inyecciones de dinero y no de luchas épicas para hacer películas con galanes de Hollywood.

Conversando con Leonardo y Fernando, también es inevitable preguntar qué puede hacer uno desde su lugar y piden que contemos lo que nos ha tocado ver, sin alterar ni una sola imagen, que contemos lo que vimos y vivimos fuera del mundo de los hoteles all inclusive cubanos, las playas paradisíacas, el clima templado y la buena música, porque ninguna de estas es mérito de los Castro.

Decirles opositores sería injusto, el opositor se opone. No hay una gota de resentimiento en sus palabras, trabajan para ser mejores ellos. No quieren venganza, quieren democracia.

MARTÍN YEZA

Es coordinador de la Dirección de Políticas de Juventud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y y coeditor de la web politicadiagonal.com.

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