domingo, marzo 26, 2017

Venezuela: Del “imperio chavista” al aislamiento de Nicolás Maduro

La OEA se reúne este martes 28 de marzo para decidir si activa o no la Carta Democrática con respecto a Venezuela


por Rogelio Núñez

Venezuela ha pasado, en tan solo un lustro, de ser, en tiempos de Hugo Chávez, una potencia emergente regional con una red de países aliados a encontrarse aislado en el contexto latinoamericano con tan solo tres naciones de peso secundando al régimen de Nicolás Maduro.

La imagen más nítida de ese aislamiento ha tenido lugar este mes de marzo. El pasado 14 de marzo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, presentó su nuevo informe sobre la situación por la que atraviesa Venezuela. En sus 75 páginas invocaba la Carta Democrática de la OEA y da inicio a un proceso que podría llevar a suspender a Venezuela del organismo. “Aprobar la suspensión del desnaturalizado gobierno venezolano es el más claro esfuerzo y gesto que podemos hacer en este momento por la gente del país, por la democracia en el continente, por su futuro y por la justicia”, escribe Almagro en el final de su informe.

Este jueves 23 de marzo 14 países, de los 18 miembros del organismo, emitieron una declaración conjunta en la que exigen al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que se “establezca un calendario electoral, que incluya las elecciones pospuestas” y la liberación de los “presos políticos”. El documento fue ratificado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Estados Unidos y Uruguay.

“Consideramos urgente que se atienda de manera prioritaria la liberación de presos políticos, se reconozca la legitimidad de las decisiones de la Asamblea Nacional, según la Constitución, y que se establezca un calendario electoral, que incluya las elecciones pospuestas”, afirmaba el texto publicado por las cancillerías.

Del imperio chavista…

Más allá de que a corto plazo, este martes 28 de marzo, Venezuela sea o no suspendida de la OEA, la situación evidencia de que el “imperio” bolivariano de Hugo Chávez se ha derrumbado de forma paralela a como lo ha hecho el petróleo y el liderazgo del encargado del ejecutivo de Caracas.

El régimen de Hugo Chávez vivía hace un lustro en la cúspide de su hegemonía en Venezuela y de su influencia regional tanto en Sudamérica como en el Caribe.

Cuatro años después de su muerte, la Venezuela de Nicolás Maduro atraviesa una situación diametralmente diferente: la oposición ha conquistado el control de importantes cuotas de poder institucional y el eje Atlántico que apoyaba a Venezuela se ha desmoronado (Brasil y Argentina).

A comienzos de esta década Hugo Chávez controlaba todos los enclaves institucionales (acababa de ganar en 2010 las elecciones legislativas a la Asamblea), la economía se apoyaba en los altos precios del petróleo y la región estaba poblada de regímenes aliados (la Bolivia de Evo Morales, el Ecuador de Rafael Correa, la Cuba de Raúl Castro y la Nicaragua de Daniel Ortega) o cercanos al gobierno de Caracas (los ejecutivos de Dilma Rousseff en Brasil, la Argentina de Cristina Kirchner, el Uruguay de José Mujica y el Paraguay de Fernando Lugo).

Además, a través de Petrocaribe, la Venezuela chavista contaba con abundantes aliados entre las pequeñas repúblicas insulares caribeñas.

Hugo Chávez estuvo durante seis años (1999-2005) muy solo en América latina más allá de su alianza con la Cuba de Fidel Castro. A mediados de la pasada década el proyecto chavista empezó a ganar aliados en la región: Evo Morales en Bolivia en 2005, Daniel Ortega en Nicaragua en 2006 y Rafael Correa en Ecuador en 2007.

Hasta 2009 la propuesta “antiimperialista” y antineoliberal de Chávez (ALBA, Petrocaribe etc.) siguió expandiéndose con nuevos aliados como Manuel Zelaya en Honduras o Fernando Lugo en Paraguay. Además contaba con la comprensión de Lula da Silva en Brasil y con la cercanía de la Argentina kirchnerista.

El proyecto chavista además estuvo acompañado por la creación de numerosos entes que trataban de impulsar la integración regional: la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba -TCP) en 2004, y luego dos años después la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que para Chávez encarnaban el principio del fin de la OEA.

Ese legado de Chávez en cuanto a que Venezuela debe liderar un eje anti-estadounidense en América latna continúa vigente hoy en día en los mensajes de Nicolás Maduro: “(que los EEUU) no vuelvan por el camino de meterse con Venezuela. Quien se mete con Venezuela se mete con los pueblos rebeldes de América Latina”.

No hay que olvidar que el proyecto del ALCA se hundió en la cumbre de las América de Mar del Plata en 2005 de la que fue anfitrión Néstor Kirchner.

El excanciller argentino Jorge Taiana recordaba que “a 8 años de aquel 5 de noviembre de 2005 en el que Mar del Plata fue escenario de un renacimiento regional que nos marcaría para siempre a los países del sur del continente, quiero destacar el valor de aquel hecho que nos encontró diciéndole NO al intento de Estados Unidos por crear en nuestra región un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que fuera funcional a sus intereses y no atendiera nuestras necesidades particulares como países de desarrollo medio o en vías de desarrollo…oy, que el mundo sufre los embates de una crisis que no termina de superarse, podemos confirmar que la firmeza de hombres como Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez nos ha ayudado a mantenernos en pie, poder trabajar por el bienestar de nuestros pueblos y conservar nuestras autonomías que nos permitan construir nuestro propio destino”.

… al aislamiento madurista

Pero esa situación ha cambiado radicalmente en estos últimos años y se ha acelerado con el desplome de los precios del petróleo lo cual se ha convertido en un misil en la línea de flotación del gobierno venezolano. La hegemonía interna y la influencia en la región ha ido decreciendo progresivamente. Dado que el liderazgo venezolano se basaba en el apoyo económico a sus aliados y a los subsidios vía petróleo, la crisis económica del régimen chavista ha ido acotando el margen de acción del gobierno de Chávez, primero, y, sobre todo, de Nicolás Maduro.

Carlos Malamud en un Informe para el Real Instituto Elcano recordaba en 2013 “los ingentes recursos que el presidente de Venezuela invirtió en expandir en América Latina el proyecto bolivariano. El dinero venezolano reforzaba el carisma y el carácter de Chávez, y lo mismo ocurría en sentido inverso. Sin estas dotes y estos recursos, que interactuaban de forma clara, la expansión continental del proyecto bolivariano hubiera sido mucho más complicada. El petróleo venezolano y los dólares por él generado sirvieron para forjar alianzas, consolidar amistades y ganar voluntades en buena parte de América Latina y el Caribe. En este sentido, desde el momento en que comenzó la gran escalada en los precios del crudo, que en pocos años pasaron de algo más de 10 dólares por barril a casi 140 dólares, Petrocaribe se convirtió en una herramienta clave de la política exterior venezolana”.

Otro golpe demoledor al proyecto venezolano ocurrió con la enfermedad (2011-2013) y el fallecimiento de Hugo Chávez (2013). Su carisma y liderazgo eran insustituibles así como sus ideas y su entrega a un proyecto en el que creía firmemente.

“Puede que tras la muerte de Hugo Chávez haya surgido un nuevo mito de alcance continental, equiparable incluso al Che Guevara o a Simón Bolívar. No es éste el asunto en discusión en este punto. Lo que sí está claro es que más allá de su recuerdo, el liderazgo continental de Chávez es intransferible y que en estos momentos no existe nadie en América Latina con el carisma, los recursos, la agenda y la coyuntura favorable como para ocupar su lugar”, concluía su informe Carlos Malamud.

Más recientemente, la decisión de Mercosur de impedir que Venezuela asuma la presidencia del bloque fue otro indicio de que el régimen chavista se estaba quedando solo en la región.

La derrota de Cristina Kirchner en Argentina en 2015 y el juicio político a Dilma Rousseff en 2016 han dejado a la Venezuela chavista sin dos importantes apoyos regionales, países que apoyaron e impulsaron la entrada de Venezuela en el Mercado Común del Sur.

Ahora, por el contrario, tiene enfrente a tres gobiernos situados claramente en sus antípodas políticas: Mauricio Macri y Michel Temer se han unido a Horacio Cartes (Paraguay). Y además Tabaré Vázquez en Uruguay está mucho más alejado del chavismo que lo que estaba Pepe Mujica.

El resultado ha sido que los cuatro países signatarios del Tratado de Asunción del Mercosur, Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, acordaron ejercer en conjunto la presidencia del bloque en el último semestre de 2016, lo cual anulaba la decisión de Venezuela de asumir ese puesto.

En diciembre, los ministros de Relaciones Exteriores de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay mandaron una carta a la canciller de Nicolas Maduro, Delcy Rodríguez, en la que informaban a Venezuela “(d)el cese del ejercicio de los derechos inherentes a su condición de Estado parte del Merccosur, al haberse constatado la “persistencia del incumplimiento de las obligaciones asumidas en el protocolo de adhesión al bloque del que Venezuela es parte desde 2012.

Esta situación no era sino el resultado final de una progresiva disminución de aliados para Maduro la cual arrancó en 2015 cuando el kirchnerismo perdió el poder en Argentina. La llegada de Mauricio Macri a la presidencia colocaba en la Casa Rosada a un claro enemigo del proyecto chavista. Muy alejado de las posturas más condescendientes de Cristina Kirchner.

El segundo golpe ocurrió en abril de 2016 cuando Dilma Rousseff fue apartada del cargo de presidenta y en su lugar asumió Michel Temer y sobre todo el nuevo canciller, José Serra, quien rápidamente se posicionó contra el gobierno de Maduro. La caída definitiva de Rousseff a finales de agosto vino a ratificar la situación.

Asimismo, el enfrentamiento entre Luis Almagro y el régimen de Maduro ha ido escalando en las formas y en el fondo. El secretario general de la Organización de Estados Americanos ha llegado a equiparar al Gobierno de Venezuela con una “dictadura” tras la suspensión del referendo revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro, una decisión que deja al mandatario “sin legitimidad de origen”. “Solo las dictaduras despojan a sus ciudadanos de derechos, desconocen el legislativo y tienen presos políticos”, escribió Almagro en su cuenta de la red social Twitter.

El resultado final es la gran soledad en la que se encuentra Maduro: aislado internacionalmente y acosado internamente. Venezuela se ha ido quedando sin músculo económico y sin músculo político y la situación interna va a requerir que cada vez el gobierno de Maduro esté centrado en los problemas del país antes que en impulsar ambiciosas políticas internacionales.

Tal y como señalara hace tiempo Andrés Oppenheimmer “la influencia política y económica de Venezuela ha sido proporcional a sus reservas de divisas, y está cayendo rápidamente… No sé que pasará en Venezuela, pero en el resto de Latinoamérica hay síntomas cada vez más visibles de que la influencia chavista es cada vez menos importante y más anecdótica, como el nuevo perrito de la presidenta argentina”.

Fuente: Infolatan