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Datos para no olvidar la lucidez del doctor Angel Bernardo Viso

Esto decía Viso en 1983, y ahora no sólo podríamos refrendarlo sino experimentar a diario cómo el espíritu mesiánico y el quijotismo de izquierda han llevado a Venezuela a una crisis económica sin precedentes. Se ha hecho todo lo que había que hacer para arruinar al país, y se dice que se hace para convertir a Venezuela en “una potencia.” El espíritu sensato de Sancho está de vacaciones, sin duda. Nuestros gobernantes están batallando con molinos de viento.


Por Rafael Arráiz Lucca.

En días pasados falleció Ángel Bernardo Viso (1930-2018), un outsider de la intelectualidad venezolana: no era de izquierda. Autor de una obra ensayística notable, mayoritariamente leída por gente que le gusta pensar. Antes, había acometido el poema, con poca resonancia entre los lectores, pero no por ello sus piezas eran subalternas, sino desconocidas, como siguen siendo.



En 1983 (recuerden la fecha), publicó su primer libro de ensayos: toda una navegación a contracorriente del canon: Venezuela: identidad y ruptura. A éste libro le siguió una novela breve: El extraño caso de Genovia (1986), un epistolario imaginario: Memorias marginales (1992) y, finalmente, Las revoluciones terribles(1997). Como vemos, se trata de una obra brevísima, pero con dos libros ensayísticos del mayor interés.

En las palabras finales de Venezuela: identidad y ruptura, esplenden varios párrafos excepcionales. Citaré algunos: “Sólo este espíritu mesiánico del cual está significativamente impregnada nuestra historia, en lugar de tener un tinte judaico o cristiano, ha estado influido más que nada por ese quijotismo antes analizado, cuyo desesperanzador sentido de lo irreal ha terminado por matizar hasta los movimientos revolucionarios de la izquierda más radical”.

Esto decía Viso en 1983, y ahora no sólo podríamos refrendarlo sino experimentar a diario cómo el espíritu mesiánico y el quijotismo de izquierda han llevado a Venezuela a una crisis económica sin precedentes. Se ha hecho todo lo que había que hacer para arruinar al país, y se dice que se hace para convertir a Venezuela en “una potencia.” El espíritu sensato de Sancho está de vacaciones, sin duda. Nuestros gobernantes están batallando con molinos de viento.

Otra joya: “Evidentemente, la causa de nuestro reiterado fracaso no puede buscarse más en razones puramente contingentes, como las relativas al carácter de nuestros mandatarios, o al de los amigos que siempre les rodean, o las que proporciona el infinito anecdotario de nuestra vida pública, sino que, al contrario, se debe buscar esa causa en lo permanente, es decir, en el sistema de valores al cual gobernantes y gobernados adhieren”.

En efecto, si la democracia como sistema de gobierno nos ha sido esquiva, si las libertades económicas han sido sistemáticamente satanizadas, es muy difícil que vivamos en un Estado de Derecho donde las libertades políticas y económicas sean sagradas y, por el contrario, vemos cómo el Imperio de la Ley es una quimera. ¿A estos valores se refería el doctor Viso? Basta leer sus libros para responder afirmativamente.

Sobre el nudo del bolivarianismo, Viso también se pronuncia, cuando no era un nudo todavía. Afirma: “Sólo si analizamos el pensamiento y la obra de Bolívar apartando toda emoción filial, podremos otorgar la mayoría de edad a nuestro pueblo y, por otra parte, dejar de considerar que nuestros ascendientes españoles son culpables de todas las faltas que les fueron imputadas por los libertadores, rescatando así el pasado colonial, que es el segmento más extenso y probablemente decisivo de la historia venezolana.”

¿La mayoría de edad de nuestro pueblo? No son pocos los que piensan que el infantilismo anega la visión de muchos; que en la imposibilidad de comprender, está la causa de nuestra tragedia. Viso da en el clavo al acercarse al mito bolivariano como expresión de una simplificación infantil de nuestra historia. Pero Viso escribe en 1983, quizás imantado por el bicentenario del natalicio de Bolívar, de modo que la epifanía de las simplificaciones bolivarianas no había ocurrido todavía.
En Las revoluciones terribles el título puede ser engañoso, ya que el mismo Viso reseña revoluciones que no han sido terribles, sino moderadas, pero sospecho que al editor le pareció “más vendedor” el adjetivo “terrible” que cualquier otro. En todo caso, la revisión que hace nuestro autor es útil, pertinente, aguda. La República romana, las dos revoluciones inglesas del siglo XVII, Hobbes, Locke, Maquiavelo y, sobre todo, las revoluciones hispanoamericanas, son maderas con las que trabaja el ensayista Viso, siempre desde la gratísima perspectiva del que, sin dejar de lado las pautas de la academia, permite y estimula la visión personalísima del ensayo montaigneano.
Afirmaba Viso en 1997: “Víctimas de un populismo sacralizado, los hispanoamericanos de nuestro tiempo –contentos de ser llamados latinoamericanos por haber olvidado su pertenencia a un Imperio que también era suyo-, igual que ayer los naturales de la ‘malherida España’ machadiana, no logran acertar la mano con la herida. Inclinados a considerarse relegados por un destino adverso, y profundamente divididos, a pesar de los múltiples proyectos de integración…”

¿Puede afirmarse lo mismo 21 años después? Habría matices. En estos años han avanzado proyectos económicos nacionales exitosos, siempre dentro del universo del liberalismo. Es el caso de Chile, Perú, en alguna medida Colombia, Uruguay, Costa Rica y, con sus bemoles, México. Lo que sí no se ha erradicado es el populismo que, por el contrario, en estos años ha prosperado fatalmente.
Sirvan, pues, estas líneas de homenaje a la memoria de Viso como una invitación a la lectura de su obra. Muy influida por Briceño Iragorry, como el mismo autor lo reconoce, y como dijimos al principio: a contracorriente de la inteligencia continental de su tiempo, tomada por los mitos de la izquierda pre-moderna.

Fuentes: Konzapata.com