He aquí lo que creo que ocurrió: después del 3E, la «oposición» se adelantó emprendiendo un fuerte lobby ante Washington por unas nuevas elecciones vs la consumación del 28J (elecciones ya ganadas). Nuevas elecciones sí, 28J no. Y tuvo éxito. Washington adoptó esa opción y, acto seguido, a MCM le tocó acoplarse a ella.

Insisto: la decisión de celebrar nuevas elecciones no fue iniciativa estadounidense, sino concesión estadounidense frente al persistente regateo del propio campo «opositor» venezolano. Un campo moribundo, aparatosamente derrotado desde las primarias de 2023, pero venezolano. La propuesta, obviamente, no pudo provenir de MCM, esto es, del liderazgo legítimo opositor, detentor del mandato popular democrático (el 28J) y por ende de la presidencia por defecto, conculcada de facto por Maduro. La propuesta tuvo que provenir, lógicamente, de una moribunda y falsa oposición —doblemente reprobada en las urnas— que vio la ocasión de introducirla en la administración Trump.

Es así como esta la consideró y terminó agendándola. Después de todo, para Washington resultaba un detalle razonable porque completaba, casi como una cereza de marketing político, el final de su plan en tres fases. Para la «oposición», regresar a las urnas representaba una casi milagrosa «última oportunidad» de reciclarse en el ámbito político venezolano.

Si el equipo de MCM hubiera hecho tan intensamente como la «oposición» el trabajo inverso de defender el 28J, hoy probablemente no estaríamos hablando de nuevas elecciones en la Fase 3, sino de asunción, investidura o entrada en funciones del poder legítimamente electo.

Pero eso no ocurrió. Y como consecuencia estamos presenciando esta predecible avalancha de regresos frenéticos a Venezuela por parte de los mismos aspirantes de siempre al «coroto» nacional. Cada uno con su particular retórica victimista de mártir en exilio, desplegando con total desparpajo el mismo patrioterismo de siempre, tan nuestro, tan propio, tan identitario de nuestra viveza secular.

Han regresado a comprar con espejitos centímetros de cabida perdida; a recuperar pestilenciales redes extintas contra toda probabilidad de aceptación popular (pensemos en un Ocariz); a volver a levantar la misma fachada hueca detrás de la cual sólo existe aquella indecencia tan familiar que nos trajo al chavismo.