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Valle de la Pascua. Siglo XIX (años 1840 – 1870)

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR – Núcleo Valle de la Pascua
felipehernandez56@yahoo.es

Para la segunda mitad del siglo XIX, Valle de la Pascua no era más que un pequeño villorrio, con sus cuatro calles y el prestigio de algunos guerrilleros que desde la independencia daban al pueblo un opaco signo de violencia y discriminación. Económicamente las actividades estaban orientadas hacia las dos formas de producción características: el hato y la ganadería. La República nada hacía por acercarse y favorecer a los grupos de desarraigados. Ni los que acompañaron a Páez, a Vargas, y a Soublette a partir de 1830; ni los ideólogos que irrumpieron a partir de 1840, siguiendo las ideas liberales de Antonio Leocadio Guzmán y la huella de los Monagas, intervinieron con ánimo de rescatar del atraso a la población. Los terratenientes que dominaban la escena, generalmente no vivían en el pueblo, moraban en sus hatos y muy poco hacían por el mejoramiento del pueblo.

Durante la Guerra Federal el Guárico al igual que el resto del país, y por ende el pueblo de Valle de la Pascua, se encontraba socialmente dividido. Nacionalmente, consolidada la posición económica, política y social de los terratenientes y la burguesía comercial usuraria, estos actuaban a su antojo; lo que trajo como consecuencia, que cuando los grupos en pugna dieron fisonomía a la guerra, con la que se aspiraba a completar el ciclo emancipador, existía tanta injusticia soterrada, tanta inquietud que buscaba expresión, que la violencia vino a ser el común denominador durante los cinco años que duró la también llamada Guerra Larga.
En palabras del historiador J. A. De Armas Chitty (1961):

Hubo sitios en que no se alcanzaron a contar los cuerpos colgantes de los vencidos... toda la tierra... desde el Manapire al Macho y desde el Tamanaco al Andaluz, se llenó de tumbas anónimas.

A la sombra del bosque, casi en comunidad con ciertos grupos indígenas, aparece un tipo de bandolero que nunca asiste a la guerra, pero si sabe llegar a la hora del reparto. Es activo, audaz y valiente. Conoce todos los rumbos y borra continuamente las huellas de su caballo. De noche asalta los villorrios, los incendia, roba y asesina. Cuando le capturan, muere fusilado. No importa que invoque su procedencia liberal o goda; su cuerpo quedará como escarmiento.

Estos hombres con sus acciones durante la Guerra Federal, mantendrán en zozobra permanente a las poblaciones del alto llano guariqueño: Chaguaramas, Valle de la Pascua, Tucupido, Zaraza, San José de Unare, Espino, y Santa María de Ipire.

Desde el punto de vista económico-social se produce un incremento cuantitativo de los amos del suelo llanero en el Guárico, los nuevos latifundistas que surgen después de la confrontación, en su mayoría son descendientes de los grupos enriquecidos como consecuencia de las confiscaciones y haberes de guerra, materializados en una riqueza agraria adquirida a precios irrisorios. Dicho de otra manera, el espectro de los nuevos latifundistas estaba constituido por los descendientes de las familias de abolengo colonial, identificables por los apellidos y junto a ellos, gentes del más vario pinto origen social.

También cobraron auge las llamadas profesiones liberales y de libre ejercicio, en ese sentido, del seno de la pequeña burguesía urbana, mejor conocida como las familias pudientes, de su carácter intelectual, surgieron los representantes del gran partido Liberal amarillo, siendo los más representativos en la comunidad vallepascuense de ese entonces, los doctores Víctor Manuel Ovalles, Jesús María Isturiz y Miguel Lorenzo Ron Pedrique, junto al general Pedro Arévalo Oropeza.

Desde mi biblioteca en Valle de la Pascua, a los veintiún días del mes de septiembre de 2009.


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