Estas cortas pero significativas líneas llenas de verdad y aparente contradicción, se enmarcan dentro de un proyecto de investigación personal que versa sobre el Canto Patriótico de 1810 y que sin duda alguna a pesar de su realidad concreta, se nos da como fenómeno de un constante presente en nuestra realidad social.
Para adentrarnos en el tema, debemos comenzar afirmando que el desarrollo histórico del hombre ha sido puesto de manifiesto por múltiples géneros o corrientes historiográficas, que han permitido la comprensión de los acontecimientos pasados a la luz de diversas posturas que determinan nuestra visión presente. Nos hemos topado con dichas corrientes bajo influencias narrativas, hagiográficas, heroicas, populares, nacionalistas, urbanas, entre otras, que reflejan concepciones mayoritariamente subjetivas, con ínfulas de objetividad, frente a determinados procesos históricos. En unos u otros casos, habrá puntos concretos que reflejen con mayor certeza la veracidad de los hechos.
Lo aquí expuesto nos servirá para introducirnos en la comprensión de la historia insurgente, que no puede concebirse como la historia contada por los vencedores así como tampoco aquella que es contada por los vencidos. Lo insurgente1 es pues un calificativo que según la Real Academia Española, es aplicado única y exclusivamente a las personas (y no a los procesos definitivos en sí), por lo tanto, la historia insurgente es la historia que se cuenta desde el sentir, pensar y actuar de uno o varios sujetos de un bando u otro. La insurgencia es la sublevación o levantamiento de las personas frente a algo que desde sus perspectivas no es aceptable. Es la rebeldía natural del sujeto que desea explicitar un determinado estilo de vida en libertad, igualdad y demás principios que determinan la dignidad de las personas. A nuestro entender la historia insurgente puede entenderse como la manifestación egocéntrica que desde lo personal se entrelaza con lo social.
Sin embargo hoy, cuando nos referimos a historia insurgente hacemos énfasis en procesos que se corresponden a determinados procesos políticos, económicos, sociales y culturales, enraizados a ideologías y mentalidades en cuanto a estructuras estabilizadoras2 que responde más a los intereses del presente que del pasado mismo, por lo tanto, este tipo de historia, que por demás no es ingenua, corresponde siempre a la excusa que permite, a quienes ostentan el poder, vociferar que los alzamientos del pasado se corresponden o no (según convenga) con los ideales que se pretenden implementar.
Considerando lo precedente, podemos afirmar que en nuestra realidad nacional, uno de los fundamentos de la rebelión más pura, se encuentra en la historicidad de las letras que componen el Canto Patriótico de 1810; el cual efectivamente se constituye en clamor insurgente, entendido como grito colectivo del alma que pretende la afirmación de los principios y fundamentos que constituyen la integridad de las personas en la sociedad. Este canto surge en el corazón de un pueblo que reclama el reconocimiento de su naturaleza individual y social; por lo que desde sus orígenes se constituyó en signo evidente de la identidad que agrupaba a todos los ciudadanos con ideals libertarios, indistintamente del estatus social del cual procedían.
Tan grande y significativo fue el impacto del Canto Patriótico de 1810, que en décadas posteriores, hacia el año 1881, durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, se establece el decreto que elevaría la dignidad del canto citado a la categoría de Himno Nacional de Venezuela, con el título de «Gloria al Bravo Pueblo», palabras de rebeldía con las cuales se inaugura el canto señalado. Este magnífico y glorioso canto nacional, por su contenido, pone en evidencia que lo único verdaderamente significativo de nuestra historia nacional es lo que se encuentra ubicado dentro de los márgenes de la gesta emancipadora de Venezuela y de toda América. Ese fue el gran momento de la verdadera y única insurgencia libertaria de un pueblo que antes y después del proceso independentista le ha tocado vivir la opresión de fuerzas extranjeras o nacionales que se atribuyen el derecho de gobernar directa o indirectamente sobre los ciudadanos de esta región.
Por lo tanto, las letras del «Gloria al Bravo Pueblo» son la denuncia de ayer y de hoy que pesan sobre los hombros de las estructuras de poder, aunque éstos, sin entender la profundidad de su contenido, abanderen su melodía. En tal sentido, no existe canto nacional más vigente que nuestro amadísimo Himno Nacional, compuesto para encarar el estructuralismo político que solo beneficia a unos pocos. De este modo, el «Gloria al Bravo Pueblo» es el canto de un colectivo con espíritu indomable que ha luchado contra toda opresión dictatorial. Fue el arma principal que motivó la rebelión contra la dictadura de la monarquía española; fue el reclamo de un pueblo frente a la dictadura de los caudillos posteriores a la independencia, fue la queja de quienes fueron sometidos en las explícitas dictaduras militares, fue la lucha de los ciudadanos que vieron embargar el país en las dictaduras democráticas y es hoy el grito de libertad de quienes son sometidos al régimen dictatorial del socialismo del siglo XXI, ahora auspiciado por los intereses capitalistas. ¿Por qué creen ustedes que en toda nuestra historia hay insurgencia? ¿Por qué siempre se han levantado voces contra el sistema en todas las décadas de nuestra historia? La respuesta es concreta, porque todavía no hemos terminado de establecer de manera definitiva lo que se inició en 1810.
En tal sentido, reiteramos una vez más de forma directa, la historia insurgente de la Venezuela que reclama su libertad no es la que nos han vendido en repúblicas posteriores a la gesta independentista, sino la que motivó al Cabildo de Caracas la deposición de Vicente Emparan como Capitán General de Venezuela, la que motivó a los ilustrados a la Firma del Acta de la Independencia en la Capilla Santa Rosa de Lima de la Universidad de Caracas, la que impulsó a criollos, mestizos, esclavos e indios a arriesgar la propia vida en los campos de batalla, y la que desde siempre, día tras día se sigue reclamando en la conciencia colectiva de los ciudadanos.
Todo esto que se ha dicho, es ante todo para que reflexiónemos sobre el contenido explícito e implícito de nuestro Himno Nacional, que muchas veces osamos repetir sin detenernos a reflexionar lo que allí se contiene. Por ende, ser auténtico venezolano, no es repetir una letra sin sentido reflexivo, no es llevarse una mano al pecho o colocarse de pie mientras se entona el himno, no es hacer de nuestro canto nacional una necesidad protocolar... por el contrario, es saber tomar conciencia de lo que se nos presenta simbólicamente. Cabe destacar que el «Gloria al Bravo Pueblo» no es más que la historia de la Patria grande contada poéticamente.
Finalmente, se debe concretar que la razón de este ensayo es la de poner nuestra mirada en aquello que nos representa, en los símbolos que tienen detrás todo un discurso de fondo y que tratan la verdadera identidad insurgente del pueblo venezolano, es un mirar hacia dentro para no caer en rebeldías aisladas, desorientadas, descontextualizadas que al final generan alegrías de tísico porque mantienen las mismas estructuras opresoras pero con otros nombres. En definitiva, reflexionemos personalmente con conciencia sobre la verdadera historia insurgente de nuestra patria, contada desde las letras del Himno Nacional, para que entendamos qué se nos exige hoy.
Canto Patriótico de 1810. Clamor de insurgencia y libertad
Más allá de una pieza de protocolo o de un vestigio del pasado independentista, el «Gloria al Bravo Pueblo» enc...
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