Belén Málaka Rouco (Buenos Aires) experimentó a los 17 años una de las tragedias más transformadoras y devastadoras de su juventud: un incendio voraz que consumió por completo la estructura de su hogar. Entre los escombros y las llamas zigzagueantes no solo se desvanecieron los objetos materiales cotidianos, sino también una parte fundamental de su infancia: la colección discográfica completa de la icónica agrupación argentina Attaque 77, la cual había reunido pacientemente junto a su hermano durante la niñez.
Aquel quiebre físico y emocional dio paso a un periodo de profunda desesperación. Sin embargo, en medio del llanto y del estricto mutismo que imponían los pasillos de Terapia Intensiva —donde su hermano batallaba por su vida en pleno contexto sanitario de la Gripe A—, una presencia intangible se transformó en su armadura: la característica tesitura y las cuerdas vocales de Ciro Pertusi, exlíder de la banda, resonaban firmes en su oído izquierdo. El arte demostró ser la única posesión verdaderamente ignífuga de la autora.
Efecto púrpura
Escondida dentro de su voz..
Cicatrizaba mi herido corazón
Tierra débil
Raíz fuerte
Los jardines de la adolescencia..
Frágiles cual secreto..
Hallaban calma bajo tan magnético talento
Mitad sol, mitad sombra..
Presenciaba multitudinarios fanatismos..
Mientras la enredadera de la prensa acechaba con fuerza
Yo, Liatris imperceptible..
Lo oía lejos del movilizado universo
Hoy, diluvio o sequía
Como un hechizo bravío..
Él no pertenece al olvido.
Años después de recoger aquellas cenizas melódicas, la autora demuestra que es posible florecer con fuerza silvestre. El poema presentado en exclusiva para las páginas de Revista Fuego Cotidiano adopta el nombre de “Liatris”, una planta caracterizada por sus espigas púrpuras y su extraordinaria resiliencia para prosperar en entornos complejos. El texto se erige así como un tributo viviente al magnetismo de la música como salvavidas emocional.