En la Ruta del Índigo
Tanques de Añil, oro azul en la antigua villa de Araure
El artículo "Tanques de Añil, oro azul en la antigua villa de Araure", escrito por el historiador Wilfredo Bolívar, rescata el pasado agrícola colonial de la actual región de Araure, estado Portuguesa. El eje central de la investigación gira en torno a la introducción del añil o jiquilite (Indigofera tinctoria) a partir de 1774, una planta tintórea cuya exportación hacia los centros textiles de Europa se convirtió en el segundo rubro de mayores ingresos para la Corona española después del tabaco.
El topónimo aún subsiste en el piedemonte andino-larense de la antigua villa de españoles de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza y Araure, fundada en 1694. Cercanos al río Auro, en las márgenes de la quebrada Los Tanques aún perduran las piletas de piedra para procesar añil (Indigofera tinctoria), lujoso cultivo de la economía colonial durante el último tercio del siglo XVIII.
En los productivos predios de Sabana Larga, extensa explanada que iniciaba desde el viejo lindero de Los Botalones a la salida de la villa, hasta las aguas del caudaloso río Auro, límite Lara-Portuguesa, antiguo territorio de los milenarios Boraure de nación Cuiba, una vetusta hacienda de añil convirtió al lugar en un dinámico centro de producción para la geografía económica de la naciente Capitanía General de Venezuela.
Cacao, tabaco y añil
Aunque los cultivos de tabaco en la región de Jujure de Turén y cacao en el piedemonte de la Aparición de Nuestra Señora de la Corteza en jurisdicción de la villa de Araure dominaban el comercio, la llegada del añil o jiquilite posterior a 1774 convirtió a la villa en región añilera de exportación. En 1773, en Maracay, la introducción de una nueva variedad mexicana [Indigofera anil], proveniente de Guatemala, promovida por el guipuzcoano Antonio de Arbide, convirtió al añil en foco de la economía nacional.1
Desde Maracay, la introducción de la nueva semilla azteca extendió el cultivo a los pueblos llaneros de la región bañada por el río Portuguesa. El auge comercial del añil araureño tendrá una vida activa por más de un siglo (c.1774-1874). Asociado al éxito inicial del cultivo en los Valles de Aragua desde 1767, la introducción en Venezuela de semillas seleccionadas provenientes de Guatemala, expandió el cultivo en el Occidente venezolano generando centros de producción en San Carlos, Barquisimeto, Guanare y Araure.
Consta en Mérida el procesamiento de añil por lo menos desde 1620. Siglo y medio después, el establecimiento masivo del cultivo en Maracay en 1772 consolidará la expansión de la empresa añilera venezolana para su embarcación en los astilleros de Puerto Cabello y La Guaira.
La producción más estimada del índigo en el piedemonte y cuencas altas de los ríos Auro, Acarigua y La Portuguesa se concentró en Araure, Ospino, Tucupido, Guanarito, Guanare y San Pedro Alcántara de María, población a una legua de La Portuguesa donde los padres dominicos mantenían una fructífera hacienda de la apreciable planta tintórea3. Después del tabaco, el añil fue el rubro que mayores ingresos aportó a la Corona española, debido al cobro de los impuestos reales, convirtiendo estos pueblos en un foco de particular importancia económica.4
Entre Araure y Acarigua
La introducción del añil guatemalteco desde 1774 habría estimulado la producción del cultivo entre los vecinos de San Miguel de Acarigua y villa de Araure casi de manera simultánea. Consta la existencia de modestas haciendas del índigo en las márgenes de la Quebrada de Araure, por lo menos desde 1777, cultivadas en tierras aborígenes reclamadas a los vecinos de la villa de Araure por parte de los indios de San Miguel de Acarigua.
En medio de un litigio por fueros territoriales indígenas, el 21 de marzo de 1778 inspeccionó ambos vecindarios don Bernardo Isidoro de Herrera, Juez Visitador de la Real Hacienda de Caracas, determinando que los indios de Acarigua reclamaban propiedad sobre tierras de labranza a orillas de la quebrada araureña donde Juan Martín López, doña María del Rosario Gallardo, Alonso Mena y el Pbro. Agustín de Lugo, Cura doctrinero de San Miguel de Acarigua, todos vecinos de este pueblo, poseían unas "siembras de labor, principalmente de añil" las cuales "tenían ubicadas dentro de los terrenos pertenecientes a la comunidad indígena".
Validos por la imperiosa necesidad de agua para el procesamiento del añil, estas primeras plantaciones de las que se tiene noticia, aprovecharían la Quebrada de Araure como principal recurso para su tratamiento. Según autos, María del Rosario Gallardo declaró poseer las tierras por "licencia de los naturales de Acarigua"; Alonso Mena por compra a don Juan Francisco del Barrio de los primeros fundadores de Araure; y Juan Martín López y el Padre Agustín de Lugo otorgadas por el cabildo araureño.
Los plantíos y labranzas de añil en terrenos en litigio ocupaban en conjunto "cinco millones, doscientas y sesenta y cinco mil varas cuadradas en lo mejor y más fértil de dichas tierras". Con transferencia de la vara castellana, la extensión supondría unos 3.678.851,19 metros cuadrados, equivalente a 368 hectáreas en las márgenes de Quebrada de Araure.
Concluido el libelo territorial dieciocho años después, en 1796 poseían labranzas y cultivos en el área litigada Martín de Salas, Isidro Romero y María del Rosario Gallardo, residentes de Acarigua, lo mismo que Bernardo González, Buenaventura González y Santiago de Salas, vecinos de Araure. En 1778 habían abandonado sus posesiones Francisco Alonso Mena y el Padre Agustín de Lugo.
Tanques de añil en Araure
Entre 1777 y 1790, la ampliación del cultivo en Venezuela estimuló el establecimiento de numerosas haciendas de añil. En 1786 las exportaciones nacionales del rubro realizadas por el puerto de La Guaira registraron un valor de 308.380 pesos fuertes; y en 1790, la producción alcanzó los 103.000 pesos según libros de la tesorería. Antes de 1799, Araure registra unas diez haciendas añileras en jurisdicción del villorrio pilarico.
Según documentación, la principal plantación estaba ubicada en Sabana Larga, más cerca del río Auro que de la propia cabecera de la villa. La propiedad había sido fundada por don Bruno de Ortega, vecino local e importante funcionario del rey con probables ancestros toponímicos en la provincia de Burgos.
Entre 1785 y 1786, el burgalés ocupará el cargo de Teniente de Justicia Mayor de la villa de Araure. Parece haber sido hombre de fe. Se sabe que el 11 de mayo de 1782, según auto dictado por el Obispo Mariano Martí "se concedió licencia a Dn. Bruno de Ortega para colocar en Altar propio y erigir éste a Nuestra Señora del Carmen en la Iglesia Parroquial de la Villa de Araure". Por extraña coincidencia, siglo y medio después, hacia 1960, por decisión del Párroco Luis Gasparini, la misma advocación mariana le fue asignada como patrona al caserío La Lucía, población cercana al paraje donde Ortega había instalado en el último decenio del siglo XVIII su hacienda y tanques de añil.
Aunque las Leyes de Indias exigían no poseer grandes propiedades en territorio de su gobernanza, para ocupar el cargo de Teniente de Justicia Mayor de la villa de Araure (1785-1786), Ortega ofreció como dispensa ante la Corona su plantación añilera en Sabana Larga, teniendo como fiador al vecino Francisco de Mediomundo, hortelano ligado a la familia introductora del cacao en La Aparición, jurisdicción de la villa.
Consumada la dejación del cargo como primera autoridad de la villa, la Real Hacienda de Caracas confiscó al hacendado el predio donde mantenía el ingenio de añil. Consta en el Archivo General de la Nación expediente promovido por Bruno de Ortega en 1788, sobre el embargo de sus bienes por parte de la Real Hacienda, incluyendo como principal inmueble su plantío de índigo en tierras de Sabana Larga.
En 1790 —el mismo año que en Curpa de la villa de Araure nacía el Gral. José Antonio Páez—, se sabe que habiendo concluido el mandato de Bruno de Ortega al frente del cabildo araureño, su posesión añilera le será embargada por disposición de la Real Hacienda, con pena de prisión en la cárcel local. Asociado probablemente al ordinario Juicio de Residencia como primera autoridad que había sido de Araure, sometido obligatoriamente a la revisión de su actuación pública, el 20 de mayo de 1788 Francisco Mediomundo introduce en Caracas una Representación ante el Superintendente de la Real Hacienda solicitándole se le comuniquen los autos dictados contra Bruno de Ortega de quien es fiador.
Documentación correspondiente a 1790, conservada en el Archivo General de la Nación, registra el fragmento de un expediente nombrando a Juan Bautista Iribarren, Administrador de Real Hacienda de la Villa de Araure, para administrar las haciendas de añil y cacao pertenecientes a Bruno Ortega y Francisco Mediomundo, respectivamente. Mediomundo, con predios de cacao en La Aparición, era pariente cercano de María Mercedes Mediomundo, esposa del acaudalado ganadero araureño don Juan Alonso de Lara, tío paterno del prócer Jacinto Lara, como toda su familia vecino de la antigua villa de Araure.
Don Juan Bautista Iribarren, regente provisorio de la hacienda de añil, vecino de Araure natural de San Juan de Luz (actual ciudad francesa), por más de veinticinco años Real Administrador de la villa, era padre del futuro prócer Juan Guillermo Iribarren, nacido en Araure el 25 de marzo de 1797. Conducirá la plantación durante el libelo que da cuenta de la importante plantación fundada por Bruno de Ortega en Sabana Larga donde la necesidad de mano de obra iniciara a la postre el actual caserío Los Tanques, añeja comunidad que señala el palmario esplendor de la planta tintórea.
Oro azul araureño
La hacienda añilera de don Bruno de Ortega en Sabana Larga, cercana al río Auro, ubicada estratégicamente en las inmediaciones de la villa de Araure, contaba con óptimos suelos y fuentes fluviales idóneas. El complejo proceso para la producción del azul índigo cimentaba sus operaciones en una actividad eminentemente manual. La extracción del preciado pigmento requería mano de obra intensiva y una modesta ingeniería hidráulica distribuida en estanques escalonados de mampostería, ladrillo y piedra calcárea, construidos en forma de fosa.
Cumplidos los tres meses de siembra y cosecha, el procesamiento y extracción del jiquilite o añil se llevaba a cabo en un modesto ingenio de piletas construidas en forma de fosa que estructuraba: un (1) Tanque de Remojo o Pudridero del arbusto para su fermentación; un (1) Tanque de Batido manual para la oxigenación del líquido; y un (1) Tanque de Sedimentación para el filtrado y secado del índigo sólido.
En Araure, en el homónimo caserío Los Tanques, la adaptación de esta estructura base, determinó la existencia de dos (2) piletas para el procesamiento añilero. La construcción se asienta en un bosque tropical sub-húmedo, conocido igualmente como bosque tropical seco o caducifolio, ecosistema de transición ubicado alrededor de los 314 metros sobre el nivel del mar, en el pie de monte del camino real hacia la Zona Alta araureña, actual límite Lara-Portuguesa.
A partir de sendas inspecciones realizadas en octubre de 2025 por el autor junto al historiador Armando González Segovia; y un trabajo de campo ejecutado el 12 de diciembre de 2025 por quien esto escribe, acompañado del artista plástico caraqueño Matías Toro, se precisa la conservación en un noventa por ciento de ruinas coloniales levantadas en las inmediaciones de la homónima quebrada de Los Tanques.
Asfixiados por el tupido bosque de galería, dos piletas base plantean a orillas de un agua viva un pequeño ingenio de 9,45 metros de longitud por 3,90 de ancho. El "pudridero" o tanque de remojo (con ancho de 3,80 metros por 4,00 metros de largo) conserva una hondura aproximada de 1,50 metros. El Tanque de Batido (3,00 metros ancho por 3,30 largo), mirando hacia el sur en declive, signado por la curva de nivel de unas colinas cercanas, se conecta por un orificio o trasvase levantado en piedra. El grosor del muro divisorio en piedra oscila los 55 centímetros, mientras la profundidad constructiva exacta es de 1,50 metros. Restos de argamasa y mezcla real a base de cal apagada muestran el antiguo friso de los artificiales aljibes.
En los Tanques de Araure, la fermentación o remojo preveía que las plantas recién cortadas se sumergiesen en un primer tanque de piedra o "pudridero", lleno de agua durante 15 a 22 horas, para liberar el compuesto soluble. Trasvasado por gravedad a un segundo tanque inferior, iniciaba el proceso de oxigenación o batido del líquido fermentado. En esta segunda pileta, durante varias horas, los jornaleros batían constantemente el agua con paletas, provocando tornara el azul en medio de una densa espuma. El tinte se asentaba en forma de lodo en el fondo de las cisternas. Drenada el agua sobrante se procedía a filtrar la pasta en telas y mantas.
Secado al sol en moldes o cajuelas de madera, el sumo tintóreo del índigo solidificado era empacado en zurrones de cuero para su exportación a Sevilla y otros puertos peninsulares. Cada libra de añil se pagaba en 12 reales. Una carga anual de 500 zurrones de ocho arrobas cada uno sumaba 4.000 arrobas, lo que generaba ingresos totales sobre los 13.000 pesos. Los zurrones se elaboraban con bolsas de piel o cuero con los que se empacaban las cargas añileras antes de ser transportadas a Cádiz, Barcelona, Málaga y Palma de Mallorca, lugares donde el añil era muy apreciado como tinte textil.
Las cargas provenientes de Venezuela correspondían a un añil de "zurrón con saco", siendo "la cabida de los zurrones de 6 arrobas castellanas" o 124 libras catalanas pesadas en bruto. Según la variedad del añil, cada zurrón era clasificado en distintos embalajes. En las distintas haciendas de añil, la pequeña industria implicaba un "poblamiento estacional" de mano de obra. Durante la temporada de cosecha "eran necesarios numerosos peones, quienes iban efectuando los sucesivos cortes a machetazos". Procesado y exportado, el comercio añilero generó importantes caudales a los hacendados y jornaleros que terminaron asentándose en las márgenes de los cauces donde permanecieron instalados los estanques de cal y canto.
Siglo XIX: prosperidad y declive
En 1799, según El viajero universal o noticia del mundo antiguo y nuevo, boletín económico editado en Madrid, se reseña la existencia en Araure de unas 10 fincas productoras de añil. El registro es estimable si se añade que Araure era la jurisdicción con mayores haciendas de añil en tierras del actual estado Portuguesa. Según la publicación española, el mismo año operaban en la región las siguientes haciendas añileras: 1 en El Tocuyo, 3 en Guanare, 7 en Barquisimeto, 13 en San Carlos y 15 en Valencia. Para entonces y hasta 1822 en Venezuela las fincas más productivas del rubro no sobrepasaban de 100 plantas.
Todavía en 1822, a pesar de la ruina que la Guerra de Independencia había impuesto en los campos añileros, el índigo araureño era uno de los más estimados en el comercio extranjero. Un estudio elaborado por José Germán Pacheco Troconis en España, refiere que "desde San Felipe, San Carlos, Guanare, Araure, Guanarito y Barinas salía producción de añil hacia Puerto Cabello, por las rutas terrestres existentes".
El 23 de diciembre de 1828, en Bojacá, municipio colonial en el departamento de Cundinamarca (40 kilómetros al occidente de Bogotá), firmaba El Libertador Simón Bolívar un Decreto para la 'exención de diezmos' a los rubros de café, cacao y añil. La medida dictada para contrarrestar la crisis cafetalera exceptuaba el pago de impuestos a "los propietarios de dichas plantaciones [que] a su costa o por su propia cuenta siembren en el terreno en que éstas se hallen".
En 1851, el añil más buscado seguía siendo el de Guatemala y Caracas, que ese año llegó a exportar escasamente a España unos 200 zurrones anuales por "haber descuidado los indígenas el cultivo del indigofera por el bajo precio a que había llegado su producto". En 1874, la actividad agrícola de la Provincia de Portuguesa, creada en 1851, señalaba una producción estimada del añil por encima de los 40.000 kilos. Según cifras recogidas por Marco-Aurelio Vila, las principales poblaciones añileras de la provincia eran: Guanare (24.892,8 kilos), Araure (13.066 kg.), Guanarito (1.932 kg.) y Ospino (500 kg.).
Para entonces Acarigua mantenía una efímera producción de añil, prácticamente de niveles artesanales. En 1883, durante la celebración del Primer Centenario del Nacimiento del Libertador Simón Bolívar, la Exposición Nacional realizada en Caracas reseñó que el Dr. José Ignacio Ponte —vecino de Barquisimeto e introductor de la primera imprenta de Acarigua—, "exhibió" añil producido en la población acarigüeña mostrado en el Pabellón de Pinturas en pasta y barnices. Estudios del Dr. Adolfo Ernst para la exposición determinaron que la variedad Indigofera tinctoria era autóctona del país, lo mismo que el añil cimarrón [Indigofera subulata], mientras que la Indigofera anil correspondía a la especie introducida desde México.
En 1891, a tenor del Tercer Censo Nacional ordenado por el guanareño Raimundo Andueza Palacios como Presidente de la República, se precisó que prácticamente las plantaciones de añil en Araure parecieron haberse extinguido. Al indicar que la economía araureña concentraba su producción en la agricultura y la cría, el censo recoge por su parte que Acarigua se veía favorecida por la cría de bestias, cabras, pieles, maderas de construcción, frutos menores, manufacturas de hamacas y sombreros de jipijapa exportados a Europa, así como plantaciones de añil25.
Para entonces, en Araure solo quedan vestigios de las plantaciones de añil. Sobre la suave depresión que bordea la margen derecha del río Auro, en el camino a Barquisimeto, el esplendor colonial añilero del siglo XVIII, queda testimoniado para la arqueología local en las ruinas de los viejos aljibes que dieron nombre a la Quebrada de los Tanques, recurso de agua viva que surte del vital líquido a la comunidad del mismo nombre.
Corresponderá al café, en el mismo enclave piedemontano, la supremacía que una vez alcanzó el 'cultivo olvidado' del añil. Lejos queda el esplendor del pigmento extraído en las haciendas de Araure que terminaba en las grandes textileras de Europa.
A orillas del camino real que asciende hasta el serrano caserío Trujillito al norte de Portuguesa, aún perviven las añejas cubas levantadas con piedra y argamasa, origen toponímico del caserío Los Tanques. Reivindicadas las vetustas ruinas en el mismo lugar, el autor de estas líneas inauguró el 2 de noviembre de 2025 el Paradero Turístico los Tanques de Añil, creado con el propósito de ofrecer un turismo sustentable que brinde una dinámica experiencia que fusione el turismo ecológico con el aprendizaje de saberes sobre el pasado colonial agrícola de Portuguesa.