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De Darwin a los topillos: la paradoja de la atracción entre primos

Solemos pensar que los animales evitan la endogamia a toda costa, pero los estudios científicos contradicen esta suposición

Julie y Mark son hermanos. Están viajando juntos por Francia en sus vacaciones de verano de la universidad. Una noche se quedan solos en una cabaña cerca de la playa. Deciden que sería interesante y divertido hacer el amor. Una experiencia nueva. Julie toma píldoras anticonceptivas y Mark también usa un condón, por seguridad. Ambos disfrutan haciendo el amor, pero deciden no volver a hacerlo. Conservan esa noche como un secreto especial, lo que los hace sentirse aún más cercanos el uno al otro. ¿Cómo te hace sentir esto? ¿Estuvo bien que hicieran el amor?

El psicólogo Jonathan Haidt planteó esta situación como parte de un experimento para demostrar que el juicio moral no siempre es racional. Aunque en la historia no hubo consecuencias negativas como enfermedades o daño emocional, la mayoría de las personas encuestadas consideraron que la acción era incorrecta. Cuando se les preguntó por sus razones, muchos no pudieron ofrecer argumentos lógicos y simplemente expresaron que sentían repugnancia.

Las relaciones sexuales entre hermanos provocan un rechazo casi universal, pero, ¿sería diferente si Julie y Mark fueran primos? De repente, el asunto se vuelve mucho menos claro. Las relaciones entre primos han sido interpretadas de maneras muy distintas según la cultura y la época. En algunos lugares, como China, Corea del Sur o Estados Unidos, el matrimonio entre primos está prohibido o incluso criminalizado. Sin embargo, en regiones como Oriente Medio, Asia Central y el norte de África, estas uniones son comunes y representan entre el 20% y el 68% de los matrimonios, dependiendo del país.

A lo largo de la historia europea, estos matrimonios fueron muy habituales, especialmente entre las élites, porque fortalecían las alianzas familiares y patrimoniales. No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX, que el rechazo hacia las uniones entre primos comenzó a consolidarse, cuando surgieron debates en la comunidad científica y médica sobre sus posibles riesgos genéticos.

Fotografía representativa sobre naturaleza o ciencia
Estudios recientes indican que la aversión a la consanguinidad varía significativamente entre especies animales y contextos geográficos.

Charles Darwin, por ejemplo, fue uno de los primeros en poner sobre la mesa la problemática, pues le tocaba muy de cerca. Él se casó con su prima hermana, Emma Wedgwood, y tuvieron 10 hijos, de los cuales solo siete sobrevivieron más allá de los 10 años. En concreto, la muerte de su hija Annie a los 10 años por tuberculosis fue un golpe devastador que intensificó sus preocupaciones sobre el impacto negativo de la reproducción entre parientes cercanos.

En un intento por entender mejor el fenómeno, Darwin realizó experimentos con plantas en su invernadero en Downe, Inglaterra. Descubrió que la fertilización cruzada era más beneficiosa para la salud y la abundancia de las especies vegetales que la autofertilización. A partir de estos experimentos, desarrolló el conceptoo de depresión por endogamia, que explica cómo las uniones consanguíneas aumentan las probabilidades de transmitir enfermedades hereditarias a la descendencia.

Hoy en día, sabemos que el riesgo de que los hijos de primos hermanos presenten trastornos genéticos graves es relativamente bajo, entre el 4% y el 6%, frente al 2% o 3% en parejas no relacionadas. Este riesgo es comparable al de los hijos de madres mayores de 34 años. Sin embargo, los peligros aumentan significativamente cuando las uniones consanguíneas se repiten a lo largo de varias generaciones, como ocurría en las familias Darwin y Wedgwood.

Resulta curioso que, si los cruces entre primos conllevan ciertos riesgos, se hayan practicado tanto. En la naturaleza ocurre algo similar. Los animales rara vez se aparean con hermanos, pero no muestran la misma aversión hacia los primos. Un metaanálisis publicado en 2021 en Nature Ecology & Evolution reveló que muchas especies animales no evitan la endogamia de manera sistemática. Desde aves hasta mamíferos, pasando por lagartos, peces e invertebrados, numerosas especies parecen aplicar el dicho: “Cuanto más primo, más me arrimo”.

Un ejemplo curioso es el de los topillos de las praderas (Microtus ochrogaster), que muestran una clara preferencia por emparejarse con parientes cercanos. En un experimento, las hembras tuvieron la opción de interactuar con machos de distintos grados de parentesco: padres, hermanos, primos y machos no relacionados. Los resultados mostraron que las hembras pasaban más tiempo con sus primos de primer grado y los elegían con mayor frecuencia para el apareamiento. Además, las cópulas entre primos eran más intensas, como si hubiese una mayor química entre ellos.

En muchas especies, la elección de pareja está influenciada por el entorno en el que crecen, ya que la mayoría de los animales evita reproducirse con aquellos con quienes han compartido su infancia. En el caso de las topillas del experimento, todas las hembras fueron separadas de los machos al nacer, por lo que su elección se basó exclusivamente en similitudes genéticas.

Los roedores y otros animales producen feromonas que derivan de unos genes llamados complejo mayor de histocompatibilidad (CMH). Este grupo de genes altamente variables produce proteínas únicas en cada individuo, creando una “firma olfativa” que permite diferenciarse entre sí. Cuanto más cercano es un pariente, más parecido será su CMH y, por ende, su olor. Esto ayuda a los animales a identificar su grado de parentesco y, en el caso de los topillos, a preferir a sus primos.

Este comportamiento puede parecer contradictorio. ¿No deberían los animales evitar siempre la endogamia? La respuesta no es tan simple, pues la exogamia extrema también puede ser perjudicial. Un ejemplo clásico en biología es el de la cabra montés de los montes Tatra, en Europa Central. Hace unas décadas, para intentar salvar a una población local perfectamente adaptada al frío, se introdujeron ejemplares de una subespecie procedente del Sinaí, en el cálido Oriente Próximo. Ambos grupos se aparearon con éxito, pero el resultado fue un desastre ecológico: los híbridos heredaron el reloj biológico reproductivo de sus parientes del sur. En lugar de parir en primavera, las hembras empezaron a dar a luz en pleno mes de febrero. Las crías, incapaces de soportar las duras heladas del invierno europeo, murieron de frío, lo que acabó provocando la extinción de toda la población.

Los genes evolucionan en un entorno concreto, permitiendo a los individuos sobrevivir y reproducirse eficazmente en sus hábitats. Cuando se cruzan poblaciones de ambientes distintos, la descendencia puede perder estas ventajas genéticas, resultando ser menos apta para cualquiera de los dos entornos originales. Por eso a la naturaleza le gusta encontrar un punto intermedio.

Esto también aplica a los humanos. Un estudio realizado en Islandia, que analizó datos de más de 160.000 parejas nacidas entre 1800 y 1965, encontró que las parejas de primos terceros o cuartos tenían más hijos que las parejas no relacionadas. Los modelos teóricos apuntan a que este nivel de parentesco parece ofrecer un equilibrio óptimo entre los riesgos de la endogamia y los beneficios de la proximidad genética.

No obstante, este artículo no pretende dictar una postura a favor o en contra de las relaciones entre primos, ni de ninguna otra elección afectiva. En humanos, la elección de pareja no puede reducirse a la viabilidad genética de la descendencia. Simplemente, resulta interesante observar cómo la cultura y la moral humanas suelen tener fundamentos que no son arbitrarios. Se estima que a lo largo de la historia, aproximadamente el 80% de las uniones humanas han ocurrido entre personas con algún grado de consanguinidad. Ahora entendemos que este patrón no es exclusivo de nuestra especie, sino que lo compartimos con muchas otras del reino animal.

Laura Camon es comunicadora científica, graduada en Biología por la Universidad de Salamanca y Máster en Primatología por la Universitat de Girona.


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