miércoles, marzo 11, 2026

Cada 12 de marzo, es un día especial para Alfredo Aquino

El 12 de marzo la familia Aquino Hernández celebra el nacimiento de Alfredo José, cuyo origen está marcado por una emotiva historia familiar que comenzó en 1967 y que hoy sigue uniendo a todos en torno a su vida, valores y trayectoria.


Foto de Alfredo Aquino en su cumpleaños 59
Cumpleaños número 59 de Alfredo José Aquino Hernández.

Por Jose M. Aquino H.

Recordando que, en horas del mediodía del sábado 11 de marzo de 1967, Ramona Hernández de Aquino, informa a su esposo José Aquino Barrios, que presenta los primeros dolores de parto, por estar cumpliendo los nueve meses de gestación de su bebé próximo en nacer. Este de inmediato saca del garaje su carro marca Mercedes Benz, modelo 190 color azul claro. Te llegó la hora de parir; acomódate, nos vamos ambos para la ciudad de San Juan de los Morros, con la canastilla de bebé y una maleta con sus ropas, a eso de las 3 pm de la tarde.

En una hora llegan a la clínica Centro Médico, sanatorio asistencial privado fundado a finales de los años cincuenta, ubicado en la intersección de las calles Roscio con Infante a una cuadra de la plaza de los Samanes en la avenida Bolívar de la capital del estado Guárico. De inmediato los funcionarios del referido centro de salud, notifican al doctor José Antonio Velásquez, médico gineco-obstetra tratante de la paciente con el fin de que acompañara en el parto de la maestra Ramona. El referido médico llega a eso de las 5:30 pm, le informa que las contracciones le están comenzando y había que esperar más tiempo para realizar el procedimiento del parto.

Mientras tanto, los tres hijos de la maestra Ramona en ese tiempo: José Manuel, Fernando Antonio y Evelyn Coromoto, quedaban bajo el cuidado de su abuela materna Juana Peraza de Hernández, quien había llegado procedente de la ciudad de Guanare a la población de El Sombrero, unas semanas antes de que le dieran los dolores de parto a su hija, para estar con sus nietos mientras su hija diera a luz y la asistiera en el postparto. Estos niños estuvieron contentos por estar bien cuidados de su abuela. Pudieron deleitarse de la comida que les preparaba y en especial los exquisitos dulces de leche, quesillos y cabello de ángel.

En la tarde y la noche de ese día 11 de marzo, los niños citados se entretenían jugando y viendo la televisión y antes de acostarse compartían el rezo del Santo Rosario, hábito que la señora Juana realizaba hasta su deceso. Además, rezaba otras oraciones junto a sus tres nietos a la Virgen de Coromoto y a Dios todopoderoso, para que el parto se realizara sin complicaciones.

En la mañana de ese día domingo 12 de marzo de 1968, se despertaron todos a las 7 am; luego desayunaron y posteriormente se trasladan al patio a jugar y a eso de las 10 am, tocan a la puerta. José Manuel sale a abrirla con la señora Juana, allí estaban el señor Ramón Martelo y su esposa Hermes, preguntando por la mamá de la maestra Ramona, para darle una información. El señor Martelo le dice a la abuela Juana: José Aquino le manda a decir a usted y a sus hijos, que, en la madrugada de este 12 de marzo, festividad nacional por estar conmemorándose el Día de la Bandera en ese tiempo, Ramona tuvo un niño varón. La alegría de la señora Juana dándole gracias al Corazón de Jesús y sus nietos también se contentaron por contar con un nuevo hermano en el seno de la familia Aquino Hernández.

Tres días más tarde en horas del mediodía, José Aquino Barrios y la maestra Ramona llegan a la ciudad de El Sombrero con su hijo en los brazos, a su casa, ubicada en la calle El Samán, marcada con el número 2. La abuela abre la puerta para recibir a su hija, al recién nacido, a su yerno el señor José con las maletas y la canastilla. Los niños contentos al ver a este infante de cuatro días de nacido. Evelin Coromoto le pregunta a la progenitora por el nombre de su hermano, ella le contesta: él se llama Alfredo José.

La maestra Ramona le dice a su madre que el recién nacido pesó tres kilos con 200 gramos y midió 52 centímetros. Los hermanos y padres fueron observando el crecimiento y desarrollo de Alfredo José, de piel morena, ojos de color marrón oscuro y cabello negro. Satisfacción de sus hermanos verlo intentar apoyarse para caminar a los 11 meses y a los 6 años acompañarlo a ir a la escuela.

Su hermano José Manuel manifiesta que Alfredo es un niño sano, solamente sufría de broncoespasmos a los dos años, que rápidamente se controlaban de manera satisfactoria en ciertas ocasiones. Recordando un episodio cuando en una época de vacaciones en el mes de agosto, presentó esa patología estando en un hotel en las playas de Higuerote, inmediatamente fue examinado por varios médicos que estaban en ese lugar realizando un Congreso de Pediatría al final de la década de los años sesenta por esos predios y les dieron a sus padres las recomendaciones pertinentes para su curación.

Su comportamiento como niño entre 5 a 8 años se caracterizó por ser creativo y tener un buen desempeño en la escuela. Su madre, la maestra Ramona, decía a su hijo José Manuel, cuando Alfredito cursaba su quinto grado, que veía muchas capacidades para el cálculo de la matemática, igual que su padre, que, aunque no fue a la escuela, sabía las cuatro reglas: sumar, restar, dividir y multiplicar sin equivocarse.

Esta habilidad la ha mantenido Alfredo al igual que su padre, para realizar sus actividades diarias en la rama comercial que ejerce. Su padre solía llamarlo con el apodo “El Negro”. Su capacidad para madurar y afrontar las realidades y dificultades las ha asumido en la búsqueda del éxito en sus 59 años de existencia, para eso ha trabajado intensamente en la búsqueda del bienestar.

Se caracterizó por ser buen hijo, manteniendo el respeto, la gratitud y el apoyo incondicional hacia sus padres y en especial a su madre la maestra Ramona de Aquino, ya que su padre falleció cuando apenas tenía nueve años y no pudo conocer bien la dimensión de su padre; pero en sus genes lleva su carácter de padre: correcto en sus acciones, respetuoso, hombre que practica el bien común, preocupado por la educación de sus hijos, testigo de sus acciones nobles con su prole, humilde, no vive de apariencias, buen hermano y por último buen esposo, una de las claves del éxito, compartir con su pareja, ya que como dicen los preceptos del código de los romanos: “la primera sociedad está en el matrimonio”.

Felicitaciones en tu cumpleaños 59 al lado de tus seres queridos, estimado y apreciado hermano.


Compartir:

lunes, marzo 09, 2026

Una olvidada mujer calaboceña

En una sociedad colonial marcada por el patriarcado y la discriminación racial, una mujer parda llamada Germana Piña logró abrirse paso con determinación en la Villa de Todos los Santos de Calabozo, hasta el punto de que una de sus calles llevó su nombre, desafiando así la doble opresión que pesaba sobre su condición de género y de color.


Por Ubaldo Ruiz

Representación de Germana Piña o de una mujer calaboceña de época
Germana Piña, una mujer calaboceña olvidada por la historia oficial.

Todos los indicios apuntan a que en los primeros grupos humanos fue el matriarcado su característica distintiva. En esos lejanos tiempos aurorales la mujer gozó de algo más que el respeto y la admiración de nuestros prístinos ancestros. Las sociedades primitivas reverenciaban a la mujer, por considerar que ellas eran las depositarias del don de la vida. Entonces se tenía resuelta una de las mayores incógnitas de la humanidad: ¿De dónde venimos? El clan sabía que todo semejante accedía a la existencia en este plano a través del vientre de su madre.

Pero la Historia vino a complicarlo todo. En consecuencia, el predominio de las damas en la sociedad humana cedió su paso al más férreo patriarcado. A partir de ese momento la mujer fue relegada a un plano de inferioridad y sometimiento al varón, que se convirtió en su secular explotador. Transcurrieron muchos siglos, pero el patriarcado permaneció con obstinación.

Durante los tiempos de dominación colonial española en Venezuela, junto al patriarcado se instaló una marcada discriminación étnica. La gente valía de acuerdo al color de su piel. Los Blancos estaban en la cúspide de la pirámide. Y a medida que el tono de la piel se tornaba más oscuro, se iba descendiendo hacia el foso de la segregación racial. De manera que en esas circunstancias ser una mujer de color significaba sufrir de una doble opresión. Sin embargo, es posible encontrar, precisamente en aquella sociedad machista y racista, a una parda (grupo social producto de la conjunción de los tres elementos étnicos) que tuvo la capacidad de sobresalir hasta el punto de que una calle de su población fue nombrada en su honor. Ella fue Germana Piña, y nació y vivió en la Villa de Todos los Santos de Calabozo.

Germana Piña debió nacer hacia los últimos años de la década de 1760. En 1768, aún niña, vivía en una humilde casita en las afueras de la población. El hogar estaba compuesto por sus padres, José Joaquín Piña e Ignacia Riveros, además de una hermana menor llamada Juana de la Cruz. Todos eran pardos. Unos años después se casó con otro pardo de nombre Francisco Noriega, pues en 1790 aparece viviendo con él en otra casa de la misma Villa de Calabozo, con un hijo de ambos de nombre Juan Merced.

Germana Piña aparece contratando en los documentos mucho más que su marido. Por ejemplo, en el mismo año de 1790, le compró un solar dentro de la ciudad al albañil Andrés José Carrera. Ese terreno estuvo ubicado en el entonces llamado Barrio Arriba o Barrio de la Merced, en lo que hoy sería el cruce de la carrera seis con calle cinco.

Una vez finalizada la guerra de independencia, en 1831, Germana Piña aún vivía en ese mismo lugar, quizás para entonces ya era una mujer anciana que se había ganado el respeto y aprecio de la sociedad de su tiempo. La carrera seis, en donde ella tenía su residencia, para ese tiempo tenía una denominación oficial, utilizada por el Registro Inmobiliario, de Calle de Las Piñas. Es probable que ella viviera allí con otra mujer, tal vez su hermana o una hija, u otra pariente. Sería muy interesante desentrañar los motivos que llevaron a que la calle en la que vivió Germana Piña llevara una denominación derivada de su nombre. Mientras tanto, recordemos a Germana Piña, una mujer que supo destacarse en el seno de una sociedad que la debió discriminar por partida doble.


Ubaldo Ruiz es docente universitario, actualmente Cronista Municipal de la Ciudad de Todos los Santos de Calabozo, estado Guárico.

Compartir:

lunes, marzo 02, 2026

Los 80 de Óscar

Óscar Prieto Párraga
Óscar Prieto Párraga, referente del beisbol venezolano.

Un hombre que creció entre el olor a diamante y la voz de Pancho Pepe, y que terminó convirtiéndose en uno de los arquitectos más influyentes del beisbol venezolano, cumple hoy 80 años. Óscar Prieto Párraga, heredero de una pasión familiar y protagonista de algunas de las páginas más intensas de nuestra pelota, celebra una vida dedicada por completo a un deporte que también ayudó a transformar.


Por Javier González

A propósito de estar cumpliendo hoy, 2 de marzo, 80 años de vida, no hay mejor ocasión para recordar y celebrar la trayectoria de uno de los hombres que más hondamente marcó el espíritu de nuestro pasatiempo nacional: Óscar Prieto Párraga.

En el universo del beisbol venezolano pocos nombres resuenan con tanta fuerza como el suyo. Hijo, discípulo y continuador de una tradición que encontró en su padre, Óscar “Negro” Prieto Ortiz, empresario y apasionado promotor deportivo, Prieto Párraga fue mucho más que un exitoso gerente y copropietario de los Leones del Caracas: fue un hombre cuya vida se entrelazó con cada victoria, con cada desafío y con el latido mismo de la afición criolla.

Su destino estuvo marcado por el beisbol desde la infancia. Con apenas seis años, comenzó a asistir al recién inaugurado Estadio Universitario, acompañado por la mano del legendario narrador Francisco José Cróquer, “Pancho Pepe”, quien lo llevaba en su inolvidable “Bólido de Plata”.

Graduado como odontólogo en la Universidad Central de Venezuela (UCV) en 1970, un año que simbolizó su propia “Triple Corona” —por su título profesional, su matrimonio con Myrian Rojas y su incorporación a la directiva de los Leones—, Prieto Párraga supo combinar, el cuidado de sus pequeños pacientes en el Hospital Ortopédico Infantil con la responsabilidad de dirigir una organización beisbolística de enorme peso en la cultura deportiva del país.

Su voz y su visión, forjadas bajo la guía de su padre, lo llevaron a asumir la dirección general del Caracas en noviembre de 1980, tan solo cinco días antes de la renuncia del mánager Jim Leyland. Fue un inicio desafiante, pero también el preludio de una época de gloria constante. Con Prieto Párraga como gerente, el equipo no solo conquistó múltiples títulos en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP), sino que también dejó una huella imborrable en la Serie del Caribe de 1982, bajo la guía de Alfonso “Chico” Carrasquel.

Más allá de números y trofeos, lo que siempre fascinó de Prieto Párraga fue su forma de hacer beisbol: con respeto profundo por la gente, con una visión humana del deporte, y con una entrega que trascendió la simple administración para convertirse en legado. Su gestión al frente de la LVBP entre 2013 y 2017 impulsó programas claves como la formación de árbitros, el control antidopaje, un código de ética y la transmisión televisiva de todos los juegos, acercando la pasión del beisbol a cada hogar venezolano.

En 2023, su trayectoria fue justamente reconocida con la exaltación al Salón de la Fama del Beisbol venezolano, uniéndose, emotivamente, al mismo templo que honra también a su padre, haciendo de esta dupla familiar una de las más emblemáticas de nuestra pelota criolla, y la única en estar entronizada en el templo de los inmortales del Caribe.

En el año 2025, Óscar dio un paso trascendental en su trayectoria personal y profesional al publicar su libro Beisbol se escribe con S, una obra profundamente autobiográfica en la que comparte, con honestidad y sensibilidad, sus vivencias dentro del apasionante mundo del beisbol.

A lo largo de sus páginas, el autor narra sus primeros acercamientos al deporte, los desafíos que enfrentó en su formación, las lecciones aprendidas en el terreno de juego y las experiencias que marcaron su carácter tanto dentro como fuera del diamante. Más que una simple recopilación de anécdotas, el libro se convierte en un testimonio de perseverancia, disciplina y amor por el beisbol, resaltando los valores que este deporte le inculcó a lo largo de los años.

Beisbol se escribe con S no solo está dirigido a aficionados y jugadores, sino también a quienes buscan una historia inspiradora sobre esfuerzo y superación. Con un estilo cercano y reflexivo, Óscar logra transmitir la emoción de cada partido, la intensidad de la competencia y la importancia del trabajo en equipo, dejando claro que el beisbol, más allá de un deporte, es una escuela de vida.

Hoy, al recordar a Óscar Prieto Párraga, celebramos no solo a un amigo, a un ejecutivo exitoso, sino a un hombre que vive el beisbol como pocos: con el corazón en el terreno, con los valores como bandera y con el amor profundo por un deporte que, más que un juego, es parte de nuestra identidad. Su historia es, sin duda, un legado para las generaciones que vienen y una inspiración para todos los que sienten al beisbol como pasión de multitudes.

¡Feliz cumpleaños!, Óscar


Compartir:

domingo, febrero 22, 2026

Pedro Sivira: El escritor que leyó el alma del llano en clave de petróleo

Pedro Sivira:Más allá de la ficción, su labor en el diario El Nacionalista de San Juan de los Morros consolidó su rol como guardián de la memoria histórica.

La literatura venezolana encuentra en Pedro Sivira (1945–2010) a uno de sus observadores más agudos. Aunque nació en Falcón, su pluma y corazón se arraigaron en el estado Guárico, convirtiéndose en la voz oficial de la transformación social provocada por la explotación de hidrocarburos en los llanos orientales.


Por José Obswaldo Pérez

Pedro Sivira (1945–2010) es reconocido como una de las figuras más singulares de la literatura vinculada al estado Guárico, pese a haber nacido en San Lorenzo, estado Falcón. Su identidad cultural se forjó en Las Mercedes del Llano, adonde llegó siendo niño y donde situó buena parte de su obra narrativa, periodística y ensayística. Desde allí construyó una mirada crítica y profundamente humana sobre la vida petrolera y sus efectos en la sociedad llanera.

En este contexto, Sivira desarrolló su carrera como escritor, periodista cultural, poeta y ensayista. Su obra se convirtió en referencia para comprender la irrupción del petróleo en los llanos orientales y las transformaciones sociales que produjo. Edgardo Malaspina lo definió como un “baluarte de la literatura guariqueña”, especialmente por su capacidad para fijar en la memoria literaria la vida de Las Mercedes del Llano durante su etapa petrolera.

Nacido el 29 de octubre de 1945 y fallecido el 20 de octubre de 2010, Sivira dejó una producción marcada por la crítica social, la sociología del petróleo y la reconstrucción de la memoria comunitaria.

Obra Narrativa Principal

Su obra narrativa está encabezada por dos novelas consideradas pilares de la literatura petrolera venezolana desde una perspectiva llanera:

  • Los fantasmas y los residentes (1976, registro editorial 1992): una exploración de la vida petrolera y los cambios sociales en Las Mercedes del Llano.
  • La W.C. Company (1993): continuación de su indagación sobre el impacto del petróleo en la cotidianidad y en las relaciones comunitarias.

Ambas obras destacan por su mirada desde adentro: no desde los centros de poder petrolero, sino desde los pueblos que vivieron la bonanza y la fractura social.

Pensamiento y Crítica Social

Sivira dejó además un proyecto inédito, Miserias del corazón, anunciado en 2010, donde profundizaba en su concepto del “síndrome de la borrachera negra”, metáfora sociológica con la que describía los efectos psicológicos y sociales del petróleo en el venezolano.

Uno de los ejes más originales de su pensamiento fue la idea del petróleo como patología social. Sivira utilizó terminología médica para explicar cómo la riqueza súbita distorsionó comportamientos, expectativas y estructuras comunitarias. Su lectura crítica anticipó debates posteriores sobre la dependencia petrolera y sus consecuencias culturales.

Labor Periodística

Además de novelista, Sivira ejerció el periodismo cultural en el Diario El Nacionalista, en San Juan de los Morros, con una prosa que combinaba memoria histórica, observación sociológica y crítica social. Su trabajo como cronista contribuyó a documentar la vida de Las Mercedes del Llano y a preservar la memoria de un territorio marcado por la explotación petrolera.


Finalmente, la obra de Pedro Sivira sigue siendo una referencia para estudiar la transformación de los llanos orientales durante el auge petrolero y para entender cómo ese proceso moldeó identidades, tensiones y relatos locales. Su literatura, anclada en Las Mercedes del Llano, continúa iluminando la relación entre espacio, memoria y petróleo en Venezuela.


Compartir:

jueves, febrero 19, 2026

Charles Chaplin y el Beisbol Venezolano

¿Qué une al genio del cine mudo con los diamantes de la Caracas de antaño? En mayo de 1918, un año después de que el propio Charles Chaplin subiera al montículo como pitcher abridor en Los Ángeles , su sombra icónica se proyectó sobre el beisbol venezolano. A través de un misterioso premio enviado en una caja sellada para recompensar al primer jugador ponchado en un juego benéfico para la Cruz Roja , el intérprete de "Charlot" selló un vínculo histórico y poco conocido que entrelazó para siempre la parodia del cine de Hollywood con los primeros pasos del deporte rey en Venezuela.


POR JAVIER GONZÁLEZ

La historia del beisbol en Venezuela está marcada de episodios fascinantes, desde sus primeros juegos a finales del siglo XIX hasta su consolidación como el deporte favorito de millones. Entre esos hitos destaca una anécdota singular que une dos mundos aparentemente distantes: el cine mudo de Hollywood y el beisbol criollo.

Charles Chaplin en el montículo

Charles Chaplin como pitcher abridor en el Washington Park, 1917.

La tarde del sábado 31 de marzo de 1917, en Los Ángeles, California, se llevó a cabo un juego de exhibición para la Cruz Roja Internacional. Lo extraordinario fue que reunió a actores divididos en “cómicos” contra los “melodramáticos”. Entre los cómicos destacó un joven Chaplin de 28 años, quien fungió como pitcher abridor, combinando diversión con destreza atlética.

Un año después, el 18 de mayo de 1918, el beisbol venezolano organizó un juego similar en Caracas con el mismo fin benéfico. Fue allí donde surgió una contribución especial: Chaplin envió un premio misterioso en una caja sellada para otorgar al primer bateador que resultara “struck out”, ponchado

Beisbol en Caracas 1918

Encuentro benéfico entre Cruz Roja y Cruz Blanca en Caracas, mayo de 1918.

La nota sobre este premio fue publicada en la prensa venezolana, destacando que el galardón había sido enviado en una caja sellada de aspecto atractivo, aunque su contenido era “misterioso”, generando expectación entre los organizadores y los aficionados.

Chaplin no solo se había convertido en un ícono del cine mundial, sino también en un entusiasta seguidor del beisbol —un deporte que practicaba y admiraba— y su gesto fue interpretado como una curiosa forma de apoyar el desarrollo de este deporte emergente en Venezuela.


Javier González es historiador venezolano residenciado en España.

Compartir: