La abolición de la esclavitud en Venezuela, a 163 años del 24 de marzo de 1854


Entre los antecedentes de la abolición de la esclavitud en nuestro país se puede señalar, que el 9 de julio de 1816 el Libertador Simón Bolívar publicó un decreto en Ocumare de la Costa ofreciendo la libertad de los esclavos que abrazaran las armas de la República.






Por Felipe Hernández G.
Unesr-cronista de Valle del municipio Infante – Valle de la Pascua
felipehernandez457@yahoo.com



La esclavitud definida internacionalmente como la situación en que se halla el individuo sobre el cual se ejercen los atributos del derecho de propiedad, se aplica a una gran variedad de formas históricas diferentes, que van desde el cautiverio primitivo hasta la trata de negros de épocas más recientes.

Durante la colonia, la corona española prohibió la esclavitud de los indios, en cambio, permitió la introducción de negros esclavos, cuya venta monopolizaron los portugueses durante el siglo XVI. El tráfico de esclavos se inició en Venezuela a principios del siglo XVII, con cuatro mil negros africanos. Dos alemanes de la compañía de los Welsares lo hicieron con Carlos V y Felipe II permitió también nuevas ventas. El año 1692 Martín Guzmán compró a Carlos II el monopolio de la venta de negros en Venezuela por espacio de cincuenta años.

Entre los antecedentes de la abolición de la esclavitud en nuestro país se puede señalar, que el 9 de julio de 1816 el Libertador Simón Bolívar publicó un decreto en Ocumare de la Costa ofreciendo la libertad de los esclavos que abrazaran las armas de la República. El decreto decía así: “Considerando que la justicia, la política y la patria reclaman imperiosamente los derechos imprescindibles de la naturaleza, he venido a decretar, como decreto, la libertad absoluta de los esclavos que han gemido bajo el yugo español en los tres siglos pasados. Considerando que la República necesita de los servicios de todos sus hijos, tenemos que imponer a los nuevos ciudadanos las condiciones siguientes: “Artículo primero: Todo hombre robusto desde la edad de catorce años, se presentará en la parroquia de su Distrito a alistarse en las banderas de Venezuela, veinticuatro horas después de publicado el presente decreto”... “Artículo cuarto: los parientes de los militares empleados en el ejército libertador gozarán de los derechos de ciudadanos y de la libertad absoluta que les concede este decreto de la República de Venezuela”.
La disposición surtió sus efectos en las regiones cacaoteras de Río Caribe, Carúpano y Cariaco, de numerosa población esclava.

Bolívar llegó a Ocumare de la Costa inmediatamente después de su expedición de Los Cayos (1816) que le permitió iniciar el tercer período de la República y terminar para siempre con el dominio español. Para esta expedición el Libertador contó con la ayuda del general Alejandro Petión, Presidente de Haití y del almirante Luis Brión. El año 1816 fue de gran porvenir para los patriotas pues regresaron al país numerosos oficiales que se había refugiado en las Antillas. Se fortaleció la unidad patriótica, se integraron las guerrillas diseminadas y aisladas después del fracaso republicano de 1814 y se ganaron batallas que pusieron en manos de los patriotas todo el Oriente y la región de Guayana. En su mensaje al Congreso de Angostura, Bolívar volverá a insistir sobre la libertad absoluta de los esclavos.

A lo antes expuesto, le siguió la aprobación el 19 de julio de 1821 de la Ley de Manumisión de los Esclavos, presentando en el Congreso de Cúcuta por su presidente, el doctor José Félix Restrepo luego de haber sido discutido en varias sesiones. La citada ley que fue promulgada en la edición 116 del “Correo del Orinoco” del 13 de octubre de 1821, consideraba libres los hijos de las esclavas que nacieran desde el día de la publicación de la ley en las capitales de provincia. Establecía la obligación para los dueños de esclavas, de educar, vestir y alimentar a los hijos de éstas, pero los hijos, en recompensa debían indemnizar a los amos de sus madres los gastos de su crianza con obras y servicios hasta la edad de 18 años. Preveía la ley que si antes de cumplir esa edad, quisieran los padres, los parientes y otros extraños sacar al niño o joven de esclava del poder del amo de su madre, pagarían lo concerniente. Prohibía la venta de esclavos fuera de su jurisdicción así como la introducción de esclavos al país de la manera que fuese.

Se estableció un fondo para la manumisión consistente en el gravamen de un 3 por ciento al quinto de los bienes de los que morían dejando descendientes legítimos de un 3 por ciento del total de los bienes de aquellos que morían dejando herederos colaterales y un 10 por ciento del total de los bienes de los que morían dejando herederos extraños. Estos fondos los colectaba una junta llamada de manumisión compuesta del primer juez del lugar, el cura, dos vecinos y un tesorero nombrado por el gobernador del cantón. Cada año y durante los días 25, 26 y 27 de diciembre la dicha junta le daba libertad a los esclavos que podía de acuerdo con sus fondos.

Después de 1830, dentro de los movimientos políticos que surgieron en la República soberana, hubo quienes alzaban con miras electorales la bandera abolicionista de la esclavitud. Así los adversarios de la dinastía de los Monagas animaban la subversión contra el gobierno, prometiendo a los esclavos su libertad. Pero José Gregorio Monagas, presidente de Venezuela durante el período 1851-1855, arrebató a los oligarcas esta bandera y decretó la abolición de la esclavitud en todo el territorio nacional.

Fue precisamente el 24 de marzo de 1854, que el estadista barquisimetano Simón Planas llevó a feliz término el decreto de José Gregorio Monagas que disponía la libertad de los esclavos. Al efecto, se destinó la cantidad de tres millones de pesos para pagar una indemnización a los amos de todos los esclavos. 40.000 de ellos entraron entonces a figurar como nuevos ciudadanos libres de la República. La manumisión fue el acto de mayor trascendencia del régimen de José Gregorio Monagas. De ese acontecimiento histórico, este 2017 se cumplen 163 años...


De conspiraciones y otras yerbas de finales de siglo XIX. Los discursos revolucionarios en Ortiz.

En el siglo que terminaba, el lenguaje y las palabras muestran una cognición social, es decir, una interface entre el discurso y la sociedad (Van Dijk, 2009). Este registro de signos configuraba la concepción del mundo y las sensibilidades colectivas propias de un momento dado o de una realidad determinada, 




El general Ignacio Andrade

Por José Obswaldo Pérez
Introducción
El ocaso del partido Liberal Amarillo y su división en grupúsculos minoritarios fue no solamente un aspecto importante de la Historia Política de Ortiz, sino que abarca a otros espacios geográficos de finales de siglo XIX. Su caída es un proceso abordado desde la historiografía de las ideas; pero, también, desde el discurso y el poder, a través de una narrativa expresada en documentos primarios y, sobre todo, en las manifestaciones discursivas de las elites simbólicas, especialmente, de aquellos funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones de gobierno.

En el siglo que terminaba, el lenguaje y las palabras muestran una cognición social, es decir, una interface entre el discurso y la sociedad (Van Dijk, 2009). Este registro de signos configuraba la concepción del mundo y las sensibilidades colectivas propias de un momento dado o de una realidad determinada, mediante elementos constitutivos de la conciencia y de la acción humana. Los acontecimientos narrados marcan el fin de un ciclo histórico, cuyos hechos transcienden con la idea floreciente del lenguaje de la subversión, es decir, el lenguaje de la  política por otros medios como el lenguaje de la “revolución”, palabra imprecisa, pero de aprehensión colectiva con el significado de cambio positivo, de progreso y un mejor porvenir (Straka, 2011:93).

Al examinar las diferencias políticas, entre los sujetos sociales del oficialismo del gobierno andrecísta y los grupos de oposición del rojismo y el mochismo local, nos encontramos con un discurso político dominado por la intriga y la división, el fin de la” alianza de los caudillos regionales” que hizo posible la gobernabilidad de Venezuela, ahora acababa como simples montoneras.

En ese contexto narrativo, los episodios determinan  la valoración de  la  historia como producto cultural, tanto en la construcción verbal directa del discurso reconstructivo de sus representaciones mentales como a través de las fuentes documentales primarias- como el libro de oficio de la Jefatura Civil del Distrito Roscio de 1899 – sirviéndonos como material de información para mostrar tales acontecimientos (events) y extrayendo de ellos hechos históricos de discusión y análisis historiográfico que, al final, conjugan con las variaciones o cambios perceptibles de la dinámica vital de aquella sociedad en ciernes.

A las puertas de inestabilidad política
Era 1899, un año aún convulsionado políticamente. El asesinato de Joaquín Crespo, el 16 de abril de 1898, en la Mata Carmelera, estado Cojedes; la elección fraudulenta de Ignacio Andrade, en los comicios realizados ese año y la promulgación de una nueva Constitución por el reciente gobierno, abrían las puertas para una crisis nacional (Arraíz Lucca, 2007). A esto, también, se agregaría la muerte del expresidente Antonio Guzmán Blanco, en Paris, la cual se hizo conocimiento en toda Venezuela. Tanto en la capital como en las parroquias del distrito Roscio, se le guardó duelo por ocho días por tan sensible acontecimiento.

De modo que, estos hechos ponían al gobierno del general Ignacio Andrade en un escenario de inseguridad e inestabilidad. ¿Y cómo estas vicisitudes influyeron a nivel local y regional?  En efecto, en febrero de ese año, el general Ramón Guerra- aquel que había puesto preso al “Mocho” Hernández, ganando fama y prestigio por tal hecho- se alzaba en Calabozo. En los caminos y calles de pueblos de Guárico se levanta la campaña de la Revolución Liberal Restauradora. Por lo tanto, en la entidad llanera no era de extrañar que fuese también un foco de esas pugnas caudillistas entre los partidarios del gobierno y los opositores al régimen.

Uno de estos líderes guerrerista, Alejandro Lefebre, jefe de Operaciones del Distrito Roscio, se comunicaba con Isidoro Wiedeman[1] en Ortiz, el 21 de febrero, para manifestarle que la revolución comenzaba a cosechar triunfos en Guárico y Apure (Ruiz Chataing, 2010: 86). Pero, las acciones de Guerra marcaban con mal pie y presagiaba duras derrotas como la de Morrocoyes, cerca de Dos Caminos, entre las vías que conducen a Calabozo y Tiznados. “Es increíble lo que le paso a Guerra en Morrocoyes. Hasta a pie salió según me han dicho. Allí tenía todo su capital guerrero y ahora he sabido que la dispersión fue de tal naturaleza que probablemente no vera más los numerosos dispersos que cogieron para Tiznados y otros puertos”, cuenta el general Augusto Lutowsky, en comunicación enviada a Zoilo Bello Rodríguez, desde Calabozo, el 8 de marzo de 1899.

Como se ve la trama de estas luchas políticas tenía su escenario en el Distrito Roscio, cuya capital tenía su asiento en el municipio Ortiz. En este contexto surge una narrativa histórica en tiempo y espacio contemporáneo, cuyos indicios son extraídas de documentos primarios como se ha dicho. De esas correspondencias y telegramas, entre los funcionarios policiales del gobierno de Andrade y sus subalternos, donde se plasmaba un discurso político singularizado, cuyo contenido socio-simbólico subyacente (es decir, su base ideológica) se sustentaba en el control de la opinión y la orientación de comportamientos colectivos; pero, sobre todo, se buscaba la deconstrucción  de sus adversarios para frenar aquella inflexión de los “indignados” que tomaban las armas para restituir la legalidad. Esa otra pequeña historia de ambiciones, felonías y engaños conque terminaba el siglo y abría un nuevo tiempo para el periodo de los Andinos en el Poder.

Un Roscio prófugo
Aquel mayo de 1899, las autoridades policiales habían reclamado enérgicamente la captura de unos hombres que se habían fugado de la Cárcel Pública de Calabozo y que la ley los había calificado de criminales. Entre esos sujetos estaba el nombre de Ulbano Roscio[2], quienes los jefes militares y civiles buscaban desde hace mucho tiempo por parajes y lugares apartados de la periferia urbana. El texto que reclamaba a la autoridad de San Francisco de Tiznados, incitaba a no dejar impune el caso. Asimismo, la comunicación enviada al Jefe Civil de la Parroquia requería “medida serias” contra aquellos sujetos que infundían “terror” y “amenaza”, por lo cual se ordenaba la captura de Roscio y otros cuatro individuos que, en el texto, calificaban de “secuaces”. Se trataban de los ciudadanos Juan Colón, Eustaquio Arteaga y dos Ramón, Ceballos y Carrizales, respectivamente. En la referida notificación, el Jefe Civil del municipio Ortiz subrayaba:

“(…) no duda el suscrito que U. apercibido de los grandes deberes que le impone el carácter de primera autoridad de ese Municipio, procurara dejar satisfecha la vindicta pública ultrajada por la impunidad que quieren atribuirse esos criminales”.

Al parecer la inteligencia policial había visto “merodear tranquilo” a Roscio y sus compañeros en el Caserío Platillón, al  noroeste de Guárico, cerca de San Juan de los Morros, según informe de personas fidedignas. La medida judicial se llevó a cabo; el primero en capturar fue Ramón Carrizales, quien fue entregado a las órdenes del Juez de Primera Instancia Criminal de Calabozo.

Luego, correspondió a Roscio, quien era prófugo de la justicia. Había sido recapturado y enviado a Calabozo, el 30 de mayo. Más tarde, Roscio y Carrizales fueron sobreseídos de los cargos por el Juez de Primera Instancia Criminal, el 28 de junio de ese año. Mientras los otros sujetos, el gobierno seguía en su búsqueda.

Opositores con ideas revolucionarias
En un mensaje dirigido al presidente del estado en Calabozo, el Jefe Civil de San José de Tiznados, Comandante Manuel Rachadell, informaba sobre individuos que “sustentan ahí ideas revolucionarias”. Citando a José Nieves, José Gregorio Zapata, los hermanos Ramón y Manuel Herrera, Vicente Páez y otros que “sirven para reclutas”.

Sin embargo, las denuncias recaen sobre los sanjosedeños José Gregorio Zapata y Teófilo Herrera. Según, las autoridades de la parroquia observan una “conducta hostil a la paz pública”. En otro despacho dirigido al Jefe Civil de San José de Tiznados, por el Jefe Civil del Distrito Roscio, la autoridad se extrañaba que, en dichas denuncias del 20 de junio, no figuraran José Nieves, los hermanos Ramón y Manuel Herrera y otros indiciados calificados de propagar “ideas de planes subversivos contra el orden pública[3]. Sin embargo, la superioridad civil del distrito instaba al comandante Rachadell a que no “(…) pierda de vista a esos individuos y al tener pleno conocimiento de que intentan hacer armas contra el Gobierno redúzcalos a prisión como es de su deber…

Según los informes de una red de inteligencia del gobierno, compuesta por comisarios de caseríos y jefes civiles de las parroquias, las acciones conspirativas tenían su epicentro en los Tiznados, específicamente, en la Sierra Alta de esa cuenca; entre los sitios de Guanaire y San Pablo de Camobé, donde se estaba conspirando contra el gobierno. Había presunción de que los generales Francisco Esteban Rangel y Antonio Rodríguez Orozco estaban confabulados “en su propósito revolucionario contra el Gobierno”.

Las autoridades habían ordenado al oficial Manuel Ramón Núñez, la captura del telegrafista Antonio del Nogal, en San Juan de los Morros; al parecer involucrado en ideas y planes subversivos contra el Gobierno y el comisario mayor de Palacios-caserío cercano a Ortiz-,  tenía instrucciones de apresar al General E. Chalbaud Cardona, de Mérida, a quien la policía describía fisonómicamente como “catire, ojos verdes, poco bigote, ninguna barba, delgado, estatura mediana y cojo de una pierna”.

En San José de Tiznados, el Jefe Civil Manuel Rachadell insistía en acusar a los sospechosos, mientras el gobierno había suministrado a esta parroquia armas y municiones a sus funcionarios. En un oficio del 06 de septiembre se hace referencia del envío de 25 mosquetones y mil cápsulas.

Las acusaciones de Rachadell, contra aquellos ciudadanos de San José, llegaron a la prensa. La Voz del Guárico – en edición de julio- reseñaba que los acusados de conspirar habían manifestado su adhesión al gobierno de general Andrade. Pero,  estos sujetos denunciaban y rechazaban al jefe civil de allí, por cuanto los acusaba de “revolucionarios” y, al mismo tiempo, practicaba coerción y violencia contra ellos. Desde luego, el gobierno de Celestino Peraza se distanció de los métodos “ilegales” de Rachadell y convidó al funcionario a utilizar “las vías judiciales si se cree con derecho contra aquellos firmantes[4]. E igualmente, la autoridad civil de Roscio manifestaba sus diferencias con el Comandante Rachadell, “(…) No es ajustado el procedimiento del jefe civil, pues el ejecuta actos no ordenados por esta jefatura y que ni siquiera se tienen conocimientos de ellos”.

Persecución a los mochistas
A finales de julio de 1899, se encargó de la presidencia del Guárico, el General Francisco Manuitt, hijo, en sustitución del General Celestino Peraza, quien se había separado del cargo por motivos de salud. Entre sus medidas de seguridad ordenó, en el mes de agosto, arrestar a los principales mochistas del Distrito Roscio, y remitirlos a la ciudad de Calabozo. “No debe U. por ningún respecto tener con ellos contemplaciones, puesto que los conozco a todos…”, señalaba en un telegrama dirigido al Jefe Civil de Ortiz.

Las órdenes se comenzaron a cumplir. En San Francisco de Tiznados se remitió la captura del general José Gómez, de San Casimiro, a quien fisonómicamente describen como un “hombre pintado de canas”. A las celdas de la cárcel pública de Ortiz empezó a llegar los presos políticos. Entre los que se encontraban: Antonio Brandgy y Luis Tomás Rojas Caballero[5], considerados por la autoridad distrital de no ser de ninguna significación, pero que debía estar encarcelados por órdenes superiores. Otros de los capturados, considerados por razones políticas, fue Pedro Antonio Carbonell[6], enviado a Caracas, “en calidad de preso”, bajo la conducción de un oficial y una cuadrilla de hombres.

La lista de encarcelados crecía, al tiempo que se  ordenaba reducir a prisión a los adversarios del andrecismo. Pero, en esa lista también caía gente no vinculada con los planes subversivos como en el caso de Nicomedes Gamarra, a quien se le creía perjudicial, asimismo al ciudadano Cosme Flores, a quien buscaban en San José de Tiznados y era acusado de ser un “propagador de noticias perjudiciales al gobierno”.

Sin embargo, en un oficio de septiembre, el jefe Civil del Distrito Roscio informaba al presidente de República, Ignacio Andrade, sobre la situación  de “completa paz” en que se encontraba su jurisdicción, pese a los rumores

El fin del andrecismo

Los indicios eran determinantes. Las conspiraciones continuaban creciendo en  el contexto del municipio y áreas geográficas adyacentes, algunos funcionarios andrecistas se estaban pasando a la causa restauradora. El complot, ahora, era en el seno del gobierno. “La situación es caótica. Conspiran los liberales, los nacionalistas, los generales, los civiles, los Ministros”, escribe J.R Velásquez, en su obra La caída del liberalismo amarilla.

El movimiento revolucionario, como una célula conspirativa, había captado muchos adeptos en sus filas. En el mes de septiembre, los rumores y las noticias telegráficas eran concluyentes. En San Juan de los Morros se hablaba de un alzamiento liberalizado por Rafael Carabaño; la misma situación se presentaba en Flores. Las fuerzas sediciosas se habían organizado en San José de Tiznados, en los sitios Paraima, Las Garzas y Santo Domingo, donde habían reunido un grupo de 400 hombres.

El  17, el jefe Civil  pone en sobre aviso a Cándido Vásquez, quien vive en Sabana Redonda, sobre las prácticas de los revolucionarios “que merodean sobre la Sierra”. Le advierte que no se deje sorprender, que ponga mucha vigilancia “por estar su  casa de habitación avanzada sobre una vía interesante”.

Entre las acciones “subversivas” estaban los ataques contra los postes del tendido telegráfico.
                        

Apuntes finales
Los hechos de esta lectura del año 1899, en una escala menor, nos han  permitido apreciar conspicuamente la acción de unos sujetos sociales involucrados en este interciso del tejido político-social orticeño. Pero, a la vez, nos muestran que el discurso político tiene sus referencias dimensionales extra-lingüísticas como se observa a  través de las configuraciones de los actores y las palabras materiales e ideológicas del poder institucional. En tal sentido, al revisar estos acontecimientos mediante el análisis del discurso histórico sobre la base de nuestro pasado político y militar, implicaría un nuevo abordaje historiográfico sobre la forma de hacer Historia de las Ideas y de las Mentalidades en un espacio local que, a todas luces, comenzaba a sufrir los cambios de una nueva era  o, por lo menos, un reacomodo de sus hombres con su tiempo.




                                                                                              





[1] Se trata del hombre a quien se le acusaba de asesinar a Crespo, de un disparo en el corazón, a causa de un enfrentamiento por un insulto que él le profirió a éste durante el combate de la Mata Carmelera, en Cojedes. La información fue suministrada por su asistente, el comandante Andrés Velásquez, en una entrevista concedida al diario El Luchador, en Tumeremo, el 19 de julio de 1952. Ver también ARMAS CHITTY, J.A DE (1978). “El Mocho” Hernández. Papeles de su Archivo, p.63; ANDRADE, IGNACIO. ¿Por qué triunfo la revolución Restauradora?, pp 34-35 y Memoria de la Corte Federal  y de Casación. Caracas: Impr. Nacional, 1937; p.568.
[2] El doctor Adolfo Rodríguez  nos habló de este personaje y nos dijo que había escrito sobre él en un artículo publicado en el diario El Nacional de Caracas. No hemos podido conseguir más datos sobre la vida de este personaje que debió ser mestizo e hijo de esclavos.
[3] JEFATURA CIVIL DEL MUNICIPIO ROSCIO. Libro de oficios. Telegrama para el Jefe Civil de San José de Tiznados, junio 28 de 1899. No.198.
[4] JEFATURA CIVIL DEL MUNICIPIO ROSCIO. Libro de oficios. Telegrama para el Jefe Civil de San José de Tiznados, julio 26 de 1899. No.126.
[5] Luis Tomás Rojas Caballero vivía en Parapara, en el sitio denominado La Candelaria.
[6] Pedro Antonio Carbonell fue hijo de Don Juan Francisco Carbonell y Doña Francisca de Jesús García. Carbonell García casó en Ortiz con Rosario Ramos, el 3 de mayo de 1885.


Bibliografía consultada

Fuentes primarias

JEFATURA CIVIL DEL MUNICIPIO ROSCIO. Libro de oficios. Distrito Roscio, 1899.


Compilaciones documentales

ARMAS CHITTY, J.A DE (1978). “El Mocho” Hernández. Papeles de su Archivo. Caracas: Ediciones de la Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela.
ARRAÍZ LUCCA, RAFAEL (2007). Venezuela: 1830 a nuestros días. Caracas: Editorial Alfa.
CONGRESO NACIONAL. Recopilación de leyes y decretos de Venezuela. Volumen 25, p. 97
ESTEVES GONZÁLEZ, EDGAR (2006). Las guerras de los caudillos. Caracas: Editorial CEC. SA. Los libros del El Nacional.
RUIZ CHATAING, DAVID (2010). Ignacio Andrade. Caracas: Biblioteca Biográfica Venezolana. Libros de El Nacional.
STRAKA, TOMÁS (2009). La república revolucionaria. La idea de revolución en el pensamiento político venezolano del siglo XIX. Caracas: Instituto de Estudios Políticos. Revista Politeia.No.43, Vol.32; pp.165-190
STRAKA, TOMÁS (2011).¿ Ha ocurrido una revolución en Venezuela?. Debates IESA, Vol. XVI, No.2, pp.92-95
VAN DIJK, TEUN A (2009). Discurso y poder. Contribuciones a los Estudios Críticos del Discurso. España: Editorial Gedisa.
VELÁSQUEZ, J.RAMÓN (1973). La caída del liberalismo amarilla. Tiempo y drama de Antonio Paredes. Caracas: Cromotip.


¿Por qué y cómo resiste el régimen chavista?

Venezuela celebra elecciones presidenciales en 2018




Por Rogelio Núñez

Una de las incógnitas de la política latinoamericana actual es desentrañar las razones de por qué el régimen chavista ha logrado sobrevivir no solo a la pérdida de su líder carismático (Hugo Chávez) sino a una situación económica que bordea el colapso.

El régimen bolivariano ha atravesado desde 2012 a la actualidad situaciones muy complejas y ha sido capaz de superarlas todas. La primera fue la enfermedad (2011-12) y muerte (2013) de su fundador y jefe máximo, seguida de la crisis económica, social y política en la que ha entrado el país (2013-2017).

Venezuela, con un índice de inflación que ronda el 500% y de dos dígitos desde hace años, es el país cuyo PIB más ha retrocedido en esta década: en torno al 20% en el último lustro. Un quinto de su economía se ha volatilizado porque los diferentes gobiernos no han llevado a cabo los ajustes necesarios cuando la economía empezó a dar síntomas de agotamiento.

Desde 2011 los gobiernos venezolanos no han tomado esa clase de medidas por diferentes razones: en 2011 por la enfermedad de Chávez, en 2012 y 2013 porque hubo elecciones presidenciales. En 2014 por la oleada de protestas desencadenadas por la oposición, en 2015 por las elecciones legislativas y en 2016 porque la pugna con la Asamblea Nacional en manos de la oposición consumió las energía de un gobierno progresivamente más débil.

El deterioro económico no deja de avanzar: de acuerdo a las cifras del Banco Central de Venezuela (BCV) para 2015, el PIB se contrajo en un -5,7% (en comparación con el mismo período de 2014). Venezuela continúa por cuarto año consecutivo en un ciclo recesivo y después de un crecimiento muy bajo (1,3%) durante 2013, ha experimentado una constante caída en la producción.

Y pese a todo, el régimen ha resistido esa carencia de liderazgo político de Nicolás Maduro, producto del hueco dejado por Chávez, ha soportado el profundo deterioro social (por el desabastecimiento y la inflación) y la crisis económica (por el desplome de los precios del petróleo y del PIB).

Pero, ¿cómo lo ha logrado? Fundamentalmente por tres razones:

1-. Porque la polarización del país ayuda a la pervivencia del régimen

Hugo Chávez inauguró una forma de gobernar que se ha traducido en la división del país en dos campos enfrentados. La dialéctica amigo-enemigo escinde la sociedad en dos terrenos opuestos, infranqueables y sin posibilidad de reconciliación.

Además, las políticas sociales, las famosas misiones, crearon un fuerte apoyo social al régimen entre los sectores populares que hasta entonces habían recibido muy poco o nada del viejo sistema de la IV República.

Por último, el chavismo consiguió el respaldo de una nueva clase empresarial (los “boliburgueses”) y de las mimadas y purgadas Fuerzas Armadas.

El guerracivilismo y el odio al adversario provocan que ambos bandos ocupen posiciones y cuenten con apoyos similares y, sobre todo, que la posibilidad de tender puentes entre ambos lados sea casi inexistente. Es muy extraño que un chavista pase a engrosar la filas del antichavismo o viceversa.

Así el régimen cuenta con el aparato del Estado y con un estable 30-40% de apoyo que le ha servido para mantenerse en el poder y tener legitimidad por ese respaldo social con el que cuenta.

La mitificación de los tiempos de abundancia (los de Chávez) y el voto del miedo a un cambio que pudiera conllevar la pérdida de ganancias adquiridas funcionado como un poderoso pegamento y provoca que los diferentes sectores sociales (privilegiados o no) sigan apoyando al poder.

2-. Porque existe una oposición sin rumbo fijo

La oposición al régimen ha alcanzado grandes éxitos: logró unirse en toro a la Mesa de Unidad Democrática y ganar las elecciones legislativas de 2015.

Pero sus divisiones internas de tipo estratégico (entre quienes defienden una salida negociada o insurreccional) o de liderazgo (Henrique Capriles vs Leopoldo López) han impedido que se alce como una alternativa creíble.

Ni el control de la cámara legislativa desde 2015, ni el diálogo con el gobierno en 2016, ni las manifestaciones callejeras ni el impulso a un referendum revocatorio han sacado a la oposición de su postración.

En esta coyuntura, la MUD atraviesa un periodo de transición y se halla muy desubicada. La historiadora Margarita López Maya subraya que “el gran reto para esa oposición es volver a recuperar el entusiasmo y la confianza, y ya están haciendo su esfuerzo, han reestructurado la Mesa de la Unidad, han reconocido que cometieron errores y ahora les toca trabajar muy duro para crear otra vez una situación favorable”.

3-. La unificación del chavismo para sobrevivir

Las diferencias internas dentro del chavismo no son despreciables. Sin embargo, ante el riesgo de perder el poder, y por lo tanto perderlo todo, han sabido pasar a segundo plano esas diferencias.

En 2016 el objetivo fue evitar la celebración del referendum revocatorio que habría conllevado no solo la caída de Nicolás Maduro sino elecciones presidenciales anticipadas las cuales habrían provocado, muy posiblemente, el triunfo opositor.

En 2017 el objetivo pasa por sobrevivir para llegar así a 2018 y poder competir con un candidato más competitivo en las presidenciales.

Además, el gobierno ha eludido la puesta en marcha de reformas y ajustes económicos para no perder el respaldo popular.

De todas formas, Asdrúbal Oliveros recuerda que el margen de maniobra se le está agotando al régimen: “El 2017 plantea importantes desafíos para Venezuela, no solo en el frente económico sino también en los frentes político e institucional. Los cartuchos del Ejecutivo para postergar los ajustes económicos parecen acabarse, pues ya no hay fondos en divisas al que apelar, las importaciones se han reducido a un umbral peligroso y el financiamiento externo parece haberse cerrado. La esperanza está en un alza del precio petrolero, pero el modelo chavista necesita que la cesta petrolera venezolana esté por encima de US$ 60/bl y eso hoy luce como un escenario muy improbable”.

Asimismo, el régimen se ha escondido tras el enorme poder institucional que posee: contra la presidencia, el Tribunal Supremo, el Poder Comunal y solo escapa a su dominio la Asamblea.

Luis V. León recuerda que “lo primero es entender que el gobierno sabe que con su respaldo actual no podría ganar una elección. También sabe que controla las instituciones de poder, con excepción de la Asamblea Nacional, y que las decisiones de esas instituciones no van a retar, por ahora, los deseos y necesidades de la revolución. El gobierno entiende que la oposición tiene problemas de articulación y que eso la debilita para defender sus intereses y derechos. Finalmente, esta claro para ellos que su estrategia ha sido la colonización de la democracia con la base de la democracia que es la elección. Saben como moverse en esa realidad, pero cambiar de ahí a una dictadura clásica, que preserve el poder por la fuerza y sin elecciones, los colocaría frente a una caja negra que no saben como funciona”.

El régimen chavista se mantiene así en el poder con una agenda muy reducida que se resume en un solo punto: sobrevivir. Para ello se apoya en una sociedad fracturada y enfrentada que no se va a unificar nunca en su contra a pesar de la alta inflación, el desbastecimiento o el derrumbe del PIB. Además, el régimen, que sabe que enfrente tiene a una oposición sumida en el desconcierto,cuenta con un aparato político unido en un objetivo común y consciente que la división sería letal para el chavismo.

Fuente: Infolatam

Doña Josefa Arzola de Camero… “La chinga Arzola”… caritativa dama de la sociedad Vallepascuense y guariqueña.


Doña Josefa Arzola González de Camero: 
La Chinga Arzola o La Doña
FELIPE HERNÁNDEZ G.

DOÑA JOSEFA ARZOLA DE CAMERO, mejor conocida como La Chinga Arzola y La Doña, nació en Valle de la Pascua el 19 de marzo de 1936, ciudad donde también murió el 09 de abril de 2001, cuando apenas tenía 65 años… descendiente de los del Hoyo y Arzola, fue la hija menor del matrimonio de don Ángel Rafael Arzola y doña Josefa Antonia González, siendo además hermana de Josefina, casada con Nino Riera, Juanita, casada con Filiberto Armas Salazar, Carmen Cecilia de García, casada con Miguel García, América, casada con Pedro Guzmán, y Rafael Ángel Arzola González, casado con Elsa Salazar de Arzola.
Doña Josefa Arzola de Camero (La Chinga Arzola) fue casada con el señor Facundo Camero Velásquez, exitoso productor agropecuario, dirigente del Partido Social Cristiano Copei, secretario de la cámara del Concejo Municipal del distrito Infante en los años cincuenta, escritor, conferencista y gobernador del estado Guárico entre los años 1979 y 1980, durante la gestión como Presidente de la República del Dr. Luis Herrera Campins. Fue doña Chinga, una dama caritativa, amante del progreso, comprometida con la gente humilde y con las causas nobles y justas. Devota cristiana y católica practicante.
De la unión de doña Chinga con don Facundo Camero, nacieron sus hijos: Rita Mercedes Camero Arzola, casada con el médico veterinario y profesor del IUT de los Llanos, Eleazar Garnica; Ángel Guillermo, casado con la maestra Marlene Moreno de Camero; Eufracia Cecilia, casada con el productor agropecuario, Gregorio Campagna Rubín, y Ana Beatriz, casada con el comerciante y productor agropecuario, Guillermo Párraga Laya. Entre sus propiedades se contaban el hato El Caribe, en jurisdicción del caserío Apamate, y de otro hato en el sitio de La Peña.
Junto con don Facundo, fueron compadres del Dr. Luis Herrera Campins, de quien gozaron del aprecio y cariño, siempre que su apretada agenda se lo permitía, el Presidente Herrera Campins los visitaba y se hospedaba en su casa, también gozaron del aprecio de connotados políticos nacionales, entre otros del exgobernador del estado Guárico, José Antonio Malavé Risso.
Mujer de principios, comprometida y solidaria, luchadora incansable contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, son recordadas sus acciones y su arrojo para ayudar a los perseguidos políticos... muchas veces expuso su seguridad y la de su familia para esconderlos y protegerlos. Recuerda su hija Eufracia Cecilia, que en una oportunidad tenía escondido en su casa de la calle Las Flores al perseguido de la dictadura, Teodomiro Loreto, enterada que la Seguridad Nacional venía a allanar su vivienda, en una acción desesperada, mientras los gendarmes tocaban la puerta, ella lo maquillaba y disfrazaba de mujer, logrando sacarlo a través de un solar vecino hacia otro escondite... en otra ocasión, al mismo Teodomiro Loreto, lo escondió en una nevera y lo envió en una camioneta para que lo escondieran en una finca en jurisdicción de Espino.
En cuanto a su vida pública, doña Chinga a la muerte de la maestra Clara Matos Arzola, asumió la dirección del semi-internado que ésta abnegada docente había fundado en el caserío Sanjonote de la Montaña; Escuela Rural donde estudiaban semi-internos los niños y niñas de escasos recursos económicos de la comunidad, de caseríos vecinos y de Valle de la Pascua. Debido a que los recursos asignados por el Estado a través del Ministerio de Educación siempre eran insuficientes, doña Chinga para mantener la Escuela, solicitaba al comercio y a instituciones públicas y privadas, suministros de comida y útiles para los estudiantes y para adquirir otros faltantes de la institución.
Como Primera Dama del Estado Guárico, por su bondad y don de gente, logró conquistar el aprecio de muchas personas en su natal Valle de la Pascua y demás poblaciones de la entidad. Tanto era el aprecio, que en San Juan de los Morros, un barrio que ayudó a formar y consolidar, brindándole apoyo a sus habitantes, en gratitud en el año 1990 lo bautizaron con su nombre: Barrio “La Chinga”.
Amiga de los amigos, mucha gente la recuerda en las poblaciones guariqueñas. Fue copeyana toda su vida, gozó de la leal y sincera amistad del Presidente Luis Herrera Campins, del gobernador José Antonio Malavé Risso y de otros dirigentes nacionales, regionales y locales de esa organización política, que la llevaron a ocupar cargos en el partido Copei y a ser candidata a la Alcaldía del Municipio Leonardo Infante el año 1990. Su residencia en Valle de la Pascua, en la calle Retumbo, entre las calles El Roble y Cinco de Julio. Quinta “Madrecita”.
A continuación se transcribe una nota periodística escrita el 27 de enero de 1997, fecha en que el Expresidente de República, Dr. Luis Herrera Campins, se encontraba en Valle de la Pascua, visitando a sus compadres, el exgobernador del estado Guárico, don Facundo Camero Velásquez y a su esposa, la Chinga Arzola, la nota dice:
Asistí junto con mi esposa, doña Josefa Arzola de Camero, a un acto solemne en la Plaza Bolívar de Chaguaramas, acompañado del Presidente y Senador Vitalicio, Dr. Luis Herrera Campins. Un acto florido, alegre, concurrido y a la vez sencillo, donde se conmemoraban los 176 años de la muerte del Libertador y un año más de la existencia de la población. El Orador de Orden fue el joven oficial del Ejército, General de Brigada Miguel Díaz Fraile, nativo de ese municipio y vinculado a honorables hogares vallepascuenses… Hubo condecoraciones a distintas personalidades, con la Orden Manuel Cedeño, el “Bravo de los Bravos”. Pero una de las facetas que más embelleció, fue la publicación del libro que bautizamos con el Alcalde Carlos Jiménez, titulado “Notas Ancestrales de un pueblo: Chaguaramas”, escrito por el cronista Rafael Castillo García...
El nombre de La Chinga Arzola se mantiene vivo en el recuerdo de los vallepascuenses, de quienes fueron sus siempre amigas incondicionales, entre ellas: Maritza de Michelangelli, Isolina Arzola, Yolanda Camero, Juliana Gamarra, Kiralba Graterol, Sonia Charaima, etc.

*Cronista del Municipio Infante / UNESR.
felipehernandez457@yahoo.com

“Aquí amamos a Chávez”

Por CARLOS MALAMUD

El 5 de marzo de 2013 moría Hugo Chávez en medio del desconsuelo de sus seguidores. Su despedida, convertida en un funeral de estado, fue seguida por cientos de miles de venezolanos y numerosos mandatarios extranjeros. Cuatro años después las cosas han cambiado y es el gobierno bolivariano quien debe recordar a sus compatriotas la obligación de amarlo, probablemente por temer que ese sentimiento no aflore de forma espontánea.

Así se pone en marcha la maquinaria propagandística para rescatar su figura y, de paso, salvar al régimen de la debacle y la pérdida de prestigio en que se haya inmerso. En pocas semanas hemos pasado del “aquí no se habla mal de Chávez” para minimizar el impacto de la serie “El comandante”, al “aquí amamos a Chávez”. Ninguno de los dos casos es una sugerencia o invitación sino, más bien, una imposición que invade la esfera privada y los sentimientos.

Ante la falta de respaldo popular y argumentos convincentes, el chavismo ha entrado en un terreno resbaladizo e imprevisible. Al invocar a los “escuálidos” (opositores), Diosdado Cabello demuestra una vez más que la campaña de amar a Chávez no es una invitación cordial: “No nos van a sacar al comandante del corazón, escuálidos, ni hoy ni mañana ni nunca, dentro de 100 años seguiremos hablando de Chávez”.

Las encuestas confirman la orfandad del gobierno. Sólo el 17% de los venezolanos dice amar a Chávez y más del 50% ni lo ama ni lo odia. Y si bien Chávez mantiene un 50% de popularidad, cuatro años atrás tenía 71%. Maduro apenas es bien valorado por el 18% de los encuestados, en un declive constante de su imagen.

Uno de los retos del chavo-madurismo fue convertir el recuerdo de Hugo Chávez en mito religioso. Daniel Lozano cita en La Nación a Michele Ascencio, una antropóloga haitiana-venezolana ya fallecida: “El uso de las creencias religiosas del chavismo es una forma de hacer política. El reto es convertir al ciudadano en devoto”.

Es una nueva vuelta de tuerca a la religiosidad latinoamericana, no ajena a la fuerte expansión de las iglesias evangélicas. Esto explica la presencia del “amor” y del verbo “amar” en el discurso político regional. En su campaña electoral de 2002, el PT brasileño ganó por primera vez unas elecciones presidenciales con el lema “Lulinha, paz e amor”. Y en 2009, tras 10 años en el poder y en pleno fragor para lograr la reelección indefinida, el PSUV publicó un decálogo de razones por las que se debía votar que Sí en el referéndum. La primera: “Porque Chávez nos ama, y amor con amor se paga”.

Al margen de su mala gestión de gobierno, un gran obstáculo del chavo-madurismo para impulsar el enaltecimiento de su líder es que, a diferencia de Fidel Castro, carece de rasgos heroicos que puedan ser convenientemente exaltados. Su amor por los pobres, su servicio a la patria o sus logros en la gestión, hoy son insuficientes. Su hoja de servicios militar no incluye nada parecido a Sierra Maestra, ni ninguna entrada triunfal en La Habana. Sólo el mítico “por ahora” tras el fallido golpe de febrero de 1992. El intento de convertir el “por ahora” de entonces en el actual “Chávez para siempre” e instituir el 4 de febrero como “día de la dignidad nacional” no alcanza.

Chávez será recordado por sus buenas obras y no por mitificaciones. Sin embargo, el desgobierno de sus sucesores, comenzando por la cúpula gubernamental y la del partido político que la sustenta, está haciendo todo lo posible para enterrar el legado chavista. Siguiendo a Derrida se podría afirmar que la nueva campaña de “amar a Chávez” prosigue la deconstrucción de la “revolución” bolivariana.

Pese a todo se insiste en los tópicos tradicionales, comenzando por el del “espíritu inmortal”. Por eso se pretende redimensionar al “Gigante de América”, haciéndolo aún más grande. O se intenta que el maná que reparte el “Mesías de los Pobres” llegue a un mayor número de destinatarios y aumente el número de sus fieles y seguidores, aunque los recursos (materiales y de ideas) a disposición del proyecto bolivariano sean cada vez más escasos.

En definitiva, se busca que el “Chávez infinito” llegue más allá, que realmente no tenga límites nacionales, regionales o internacionales, pese a su creciente desprestigio. Por eso Maduro insiste: “Además de las actividades previstas en homenaje a nuestro Comandante Chávez, para conmemorar un año más de su partida física, hemos decidido lanzar la campaña ‘Aquí amamos a Chávez’ que tendrá su canción en varios idiomas, porque nuestro Comandante Chávez es un líder mundial que trascendió nuestras fronteras”.

En 2014, a 15 años de la llegada de Chávez al poder, Maduro afirmaba tajante: “La actividad de la vanguardia revolucionaria no está en la calma está en la actividad. Amar a Chávez y a la Patria es convertir el amor en acción” o “Todo el que se sienta patriota, que ame a esta Patria, el que ame a Chávez, el que se sienta bolivariano y bolivariana”. El hecho es trascender el amor platónico y pasar de las palabras a los hechos: “No basta con decir lo amo tanto que no puedo vivir. ¿Qué nos enseñó Chávez? La lucha todos los días, la acción, el compromiso, el trabajo permanente”.

La “Marcha peronista” es rotunda en lo referente a la valía del líder y al recuerdo que se debe cultivar: “Por ese gran argentino/que se supo conquistar/a la gran masa del pueblo/combatiendo al capital./Perón/Perón, que grande sos./Mi general, cuanto vales”. La duda que angustia a Maduro, Cabello y sus principales seguidores es si la gran masa del pueblo venezolano seguirá subyugada por la figura de Hugo Chávez o buscará nuevos referentes. De momento, y como no las tienen todas consigo, apelan al temor y así se pasa del “aquí no se habla mal de Chávez” al “aquí amamos a Chávez“. Así sea.

CARLOS MALAMUD

Catedrático de Historia de América de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de España e Investigador Principal para América Latina y la Comunidad Iberoamericana del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Ha sido investigador visitante en el Saint Antony´s College de la Universidad de Oxford y en la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires y ha estado en posesión de la Cátedra Corona de la Universidad de los Andes, de Bogotá. Entre 1986 y 2002 ha dirigido el programa de América Latina del Instituto Universitario Ortega y Gasset, del que ha sido su subdirector. Actualmente compatibiliza su trabajo de historiador con el de analista político y de relaciones internacionales de América Latina. Ha escrito numerosos libros y artículos de historia latinoamericana. Colabora frecuentemente en prensa escrita, radio y TV y es responsable de la