A 100 años de Lecturas venezolanas (1926): Cimiento de la identidad y la pedagogía nacional

Este año se conmemora el centenario de la publicación original de Lecturas venezolanas (1926), obra fundamental del historiador y ensayista Mario Briceño-Iragorry. Concebida a sus 29 años no como un mero texto escolar, sino como un proyecto de formación ciudadana, la obra nació con el propósito de combatir la amnesia histórica y fortalecer el sentido de pertenencia a través de la literatura patria.

Por José Obswaldo Pérez
Portada de Lecturas venezolanas (1957)
Portada: Mario Briceño-Iragorry. Lecturas venezolanas. Colección de páginas literarias de escritores nacionales, antiguos y modernos, con notas de Mario Briceño-Iragorry. Novena edición. Caracas - Madrid: Ediciones EDIME, 1957. 414 p. Impreso en Madrid, España, por la Editorial Mediterráneo.

Este año se cumplen 100 años de la publicación original de Lecturas venezolanas (1926), compilada por el ilustre polígrafo, historiador y ensayista trujillano Mario Briceño-Iragorry (1897–1958). Esta obra constituye una de las piedras angulares de la pedagogía, la crítica literaria y la formación de la identidad nacional en Venezuela durante el siglo XX.

A sus 29 años, Briceño-Iragorry concibió este texto no sólo como una simple antología escolar para la educación secundaria, sino como un proyecto de formación ciudadana y cultural. Para el autor, el estudio de las letras patrias era el antídoto contra la amnesia histórica y la pérdida del sentido de pertenencia.

El libro reúne fragmentos, discursos, poemas y ensayos de las figuras más destacadas de las letras venezolanas, abarcando diversas épocas:

  • Período colonial e independentista: Textos fundamentales de Andrés Bello, Simón Bolívar y Rafael María Baralt.
  • Siglo XIX (Romanticismo y Costumbrismo): Páginas selectas de Fermín Toro, Cecilio Acosta, Juan Vicente González y Eduardo Blanco.
  • Modernismo y albores del siglo XX: Obras de Manuel Díaz Rodríguez, Luis Urbaneja Achelpohl y coetáneos de la generación del compilador.

El elemento distintivo de esta obra radica en las notas críticas, biográficas e históricas preparadas por el propio Briceño-Iragorry. A través de ellas, el autor contextualiza el valor estético y ético de cada texto, orientando la lectura con una intención reflexiva sobre el país.

Que la obra alcanzara al menos nueve ediciones oficiales para 1957 (un año antes del fallecimiento del autor) demuestra su masiva adopción en liceos, universidades y bibliotecas venezolanas durante más de tres décadas. La edición de EDIME de 1957, impresa en España, refleja la internacionalización y consolidación de los proyectos editoriales venezolanos a mediados del siglo pasado.

Finalmente, Lecturas venezolanas no fue únicamente un libro de texto; fue la semilla del pensamiento maduro de Briceño-Iragorry, que más tarde desarrollaría en ensayos cumbre como Mensaje sin destino (1952) y Alegoría de la tierra patria. A cien años de su primera edición, la antología se mantiene como un testimonio de cómo la literatura puede servir de cimiento para el reconocimiento colectivo y el resguardo de la memoria histórica.