El Apure que encontró Robert Bontine Cunninghame Graham

Un recorrido historiográfico por la geografía, la opulencia del “oro blanco”, el dinamismo comercial y la efervescencia cultural del llano venezolano que maravilló al ilustre viajero escocés a comienzos del siglo XX.

Adolfo Rodríguez Investigador, profesor universitario jubilado y Cronista Mayor del Estado Guárico
Robert Bontine Cunninghame Graham
El escritor, viajero y político escocés Robert Bontine Cunninghame Graham ("Don Roberto"), retratado por Sir John Lavery. / Archivo Histórico

Contaba el Apure que recorrió Robert Bontine Cunninghame Graham con cuatro distritos: dos en el Bajo Apure (San Fernando y Achaguas) y dos en el Alto Apure (Muñoz y Páez), que sumaban 18 municipios repartidos en una superficie de 76.500 kilómetros cuadrados. Una vasta región comprendida por una zona de pastos y otra agrícola, atravesada por diez grandes ríos e infinidad de caños, varios de ellos navegables por vapores y buques de vela tanto en invierno como en parte del verano.

En la zona ganadera destacaban los terrenos de ceba, de veraneo o invierno, alimentando a casi un millón de reses vacunas. De esta masa pecuaria se mercadeaba, entre junio y julio, la cosecha de novillos. Durante el verano operaban las queseras dedicadas a la elaboración del tradicional queso blanco de cincho. La Compañía Inglesa poseía allí nueve hatos y una fundación.

Asimismo, aunque en menor escala debido a los severos estragos causados por la peste derrengadera, persistía la cría de ganado caballar, mular y asnal. También prosperaba la producción porcina, cuya manteca se comercializaba activamente en el vecino estado Bolívar.

El "oro blanco" y la producción agrícola

Otra fuente de extraordinaria riqueza eran las plumas de garzas blancas, grandes y pequeñas, denominadas con justicia como “el oro blanco de Apure”. Durante la época de recolección —de septiembre a diciembre, cuando las aves mudan espontáneamente su plumaje— se obtenían de seis a ocho quintales de pluma aigrette y un quintal de crosse (estas últimas provenientes de las chusmitas). Es muy probable que Don Roberto haya visitado alguno de estos garceros.

Si bien Don Roberto en sus escritos no estimaba de forma muy halagüeña la producción agrícola local, en tierras apureñas se cultivaba caña de azúcar, yuca dulce y amarga, maíz, caraotas, frijoles, patatas, ñames, ocumos, bananos, auyamas, piñas, mangos, mapueyes, naranjas, limones dulces y agrios, merecure y merey. El territorio era considerado, además, un espacio sumamente propicio para el desarrollo potencial de la cebolla, papas, ajos, café, cacao y sarrapia.

Comercio de ultra-mar y efervescencia social

Historiadores como Hernández Carstens destacan el fluido comercio de cueros de caimán, venado, serpientes, tigres, chigüires e iguanas. En medio de este dinamismo, la célebre Casa Barbarito importaba finos linos de Escocia, sedas y sombreros de Italia, champaña y licores finos de Francia, así como jamones y embutidos provenientes de los países escandinavos. Los hermanos Barbarito establecieron incluso maquinaria moderna para desmotar y empacar algodón, impulsando una floreciente industria.

Se estilaban entonces suntuosos banquetes, recepciones familiares para escuchar pianolas, bailes a la última moda foránea, veladas literarias y juegos florales. La región contaba con colegios de varones y señoritas, y un notable auge musical enriquecido por compositores y ejecutantes locales.

Era la misma atmósfera cultural y social que Rómulo Gallegos inmortalizaría meses después. En las calles circulaba el periódico Letras, que publicaba tanto a autores locales y nacionales (Andrés Eloy Blanco, Miguel Otero Silva, Juan España, Manuel Díaz Rodríguez) como a plumas internacionales de la talla de Gabriela Mistral.

En su estadía, Don Roberto concurría a las funciones del London Cine —lugar donde el propio Andrés Eloy Blanco llegó a ofrecer un recital—, presenciaba retretas, recorría bares, galleras y tardes de toros coleados, visitando además las sedes de la Gobernación y la Asamblea Constituyente, o asistiendo a la llegada de la compañía de variedades que arribó a bordo del vapor Arauca, navío que, junto al vapor Apure, hacía la travesía desde Ciudad Bolívar.

Nota del autor: Falta por incorporar en esta crónica los valiosos aportes de Julio César Sánchez Olivo, Argenis Méndez Echenique y Oldman Botello, los cuales no están a mi alcance por formar parte de la biblioteca que poseo en San Juan de los Morros y escribí este texto desde Los Teques.

Fuentes consultadas

  • Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas, 1926.
  • Hernández Carstens, Eduardo. Biografía de Saverio Barbarito. Caracas: Academia Nacional de la Historia (ANH), 2011.
  • Rodríguez, Adolfo. Historia del Periodismo en Apure. San Fernando de Apure, 1978.