Salvador Martel y Gutiérrez nació en Paracotos hacia 1780 y falleció en la batalla de Mosquiteros el 14 de octubre de 1813. Fue un civil incorporado militarmente al ejército patriota, cuya gesta y sacrificio permanecieron históricamente invisibilizados por la historiografía nacional y local. Hijo legítimo de Salvador Martel Gorrín, un comerciante natural de Tenerife radicado en Paracotos, y de Antonia Gutiérrez, Martel se formó en el entorno rural de los valles centrales.
Salvador Martel participa el 16 de noviembre de 1801 en Calabozo como testigo instrumental, junto a Pedro Juan de Meza, de la certificación expedida por el Subdelegado de Real Hacienda, Don Carlos del Pozo. Dicha certificación respaldaba la reclamación jurídica promovida por el Presbítero José Miguel Fernández Feo. Este valioso hallazgo documental evidencia el temprano arraigo civil e institucional de Martel en la Villa de Calabozo mucho antes del estallido de la contienda emancipadora.
El 26 de junio de 1806, contrajo nupcias en la Catedral de Caracas con Juana Josefa Damiana Rodríguez Revenga, viuda de Nicolás Delgado Jiménez. Esta unión vinculó estrechamente a Martel con respetables familias avecindadas en la región llanera de Calabozo.
El Camino a la Gloria y el Sacrificio
Al estallar la justa emancipadora, Martel abrazó firmemente la causa republicana. En el convulso escenario de 1813, se incorporó en Calabozo a las fuerzas patriotas que inicialmente comandaba el coronel Tomás Montilla, enviadas por el Libertador Simón Bolívar para contener el avance del caudillo realista José Tomás Boves.
El testimonio de sus contemporáneos retrata su partida con una mezcla de heroísmo y profunda humanidad: la víspera de marchar al combate, Martel confió a su vecina Juana Paula Hernández dos libritos para su resguardo, con la promesa implícita de un retorno que la crudeza de la guerra truncaría para siempre.
El rastro de Martel se selló con su sangre el 14 de octubre de 1813 en las célebres Sabanas de Mosquiteros. Aunque el ejército republicano logró una victoria crucial bajo el mando táctico de Vicente Campo Elías, Martel cayó en el fragor del asalto. Como era trágica costumbre en la Guerra a Muerte, los cuerpos de los caídos quedaron en el campo de batalla sin posibilidad de recibir sepultura eclesiástica ni registro parroquial formal.
El Rescate de la Memoria
El velo de olvido sobre este héroe calaboceño comenzó a levantarse gracias a las leyes de la Iglesia Católica. En junio de 1817, deseando contraer terceras nupcias en Caracas, su viuda Doña Juana Rodríguez solicitó dispensas formales. Ante la imposibilidad de presentar la fe de defunción exigida por el párroco, se instruyó un riguroso expediente judicial eclesiástico.
Las declaraciones bajo juramento de testigos notables de Calabozo ante el Vicario General suplieron legalmente el acta de entierro. Este documento eclesiástico, rescatado del polvo de los archivos, se convirtió más de dos siglos después en la prueba reina que visibiliza y reivindica a Salvador Martel y Gutiérrez no solo como un soldado caído, sino como un auténtico mártir de la libertad venezolana.
Luis Eduardo Viso
Es ingeniero industrial, genealogista e investigador venezolano. Actualmente cursa una Maestría en Historia de Venezuela en la UNERG.
- Archivo Histórico Eclesiástico de la Arquidiócesis de Caracas (AHEC). Sección: Matrimonios / Expedientes Matrimoniales, junio de 1817.
- Viso, Luis Eduardo. Fundadores y Primeros Moradores de La Villa de Todos Los Santos de Calabozo (inédito).
- Ruiz Rodríguez, Ubaldo. El Origen de la Iglesia del Carmen de Calabozo. Clase magistral, Calabozo, 2010.