Por Arturo Álvarez D' Armas
La palabra odio es muy conocida en nuestro país, impuesta de una manera u otra por la verborrea de los dirigentes del gobierno y un grupo muy selecto de opositores que al final le hacen el juego a los mismos que ellos desean derrocar.
La palabra de marras viene del latín odium. La misma es producto de las ruedas de prensa y las largas y nefastas cadenas de televisión efectuadas por los dos últimos mandamás del régimen fascista y amparados en los militares felones que los sostienen en Miraflores. También por las expropiaciones y cierres de medios de comunicación tanto escritos como radiales y de TV.
Ese odio se fue internalizando en la población venezolana llegando al punto de que sectores opositores minoritarios usan su encono y aborrecimiento no contra el gobierno, sino contra los sectores mayoritarios de la oposición que se encuentran a la cabeza de la Asamblea Nacional. Esos reyes del teclado y pequeños grupúsculos partidistas afincan toda su energía para ofender y denigrar de todos aquellos que vienen luchando por salir de estos bandoleros que nos quieren llevar al precámbrico. Tenemos múltiples problemas de medicinas, alimentos y seguridad ciudadana pero a los odiadores de oficio no les importa eso.
La victoria no se encuentra al cruzar la esquina. Es un trabajo arduo y de resistencia contra un poder que lo sabe manejar muy bien.
“Por tanto, destierren la mentira; que cada uno diga la verdad a su prójimo, ya que somos miembros los unos de los otros”.Epístola a los Efesios (Ef 4, 25)
En la Epístola a los efesios, atribuida a Pablo de Tarso por su parecido a la Epístola a los colosenses, este escribe la cita anterior recordando el valor fundamental de la verdad entre semejantes.
Nuestro país no puede quedar en manos de la nueva inquisición del siglo XXI.
Solo unidos podemos salir de esta hecatombe. El odio nos llevará a la ruina moral. No son momentos de división. Son momentos de UNIDAD y TOLERANCIA.
Poeta e Investigador independiente