La identidad en construcción

La identidad en construcción
La identidad en construcción - Revista Fuego Cotidiano
Testimonio

La identidad en construcción

Diez años sin familia de sangre, la reinvención en Madrid y el oficio de aprender a ser una mujer real.

Suyin Perret Gentil
Suyin Perret Gentil,ingeniero industrial, conversa durante su etapa de adaptación e integración en Madrid. Fotografía de captura.

Yo soy Suyin Perret Gentil. Tengo diez años ya en España. Me he formado en el área de los alimentos; la industria de alimentos era mi mundo, tanto en Venezuela como aquí. Siempre he trabajado en la venta de ingredientes de alimentos.

Nunca he tenido nadie de familia, de sangre. Han sido diez años sin familia, pero con los amigos, que son la segunda familia. Mis amigos son entrañables. Yo hice como una especie de proyecto personal para encontrar trabajo.

Cuando llegué —que no era ninguna jovencita, ni era mi primer trabajo, ni mucho menos— conseguí una cosa que se llama Asociación de Mujeres Progresistas, que está en el centro, cerca del Rastro. Me fui allá y me asesoraron sobre cómo hacer el currículum y cómo hacer las entrevistas de trabajo.

Aunque yo ya era una cuarentona que había hecho muchas entrevistas de trabajo, me vino muy bien para entender mucho. Había muchas psicólogas en esa asociación, que estaba financiada por la Unión Europea. Ellas me enseñaban: «No es acerca de ti; no es que haya nada raro en ti, pero sí vamos a revisar tu currículum para que se entienda, vamos a adaptarnos a la jerga si hubiera una diferencia».

Mi primer trabajo fue ser camarera en una pizzería, pero yo tenía dieciséis años. Me encantó, porque yo me ganaba mi propio dinero. Cuidaba niños, animaba fiestas, hacía planos... Pero mi primer trabajo como tal fue un verano en El Hatillo. Me encantó ganarme mi dinero. Yo te diría que incluso es indispensable, porque es parte de nuestra estabilidad y de nuestra independencia.

Para mí el trabajo siempre ha sido muy importante, tanto cuando he sido camarera como cuando he trabajado en lo que sea, porque es darme yo esa estabilidad económica, es darme un oficio. Siempre ha sido una parte muy importante de mi vida.

«Lo importante cuando hagas una entrevista de trabajo es que la gente te vea en su oficina, que puedan decir: esta chica puede ser parte de nuestro equipo, de nuestra empresa, de nuestra familia.»
El tránsito y la humildad

Cuando me fui de Venezuela a México, pensé que todo iba a ser súper fácil. «Estoy en Latinoamérica», me decía. No es así. Tienen su propio idioma, su cultura, su idiosincrasia. Y tuve que aprender. Creo que aquí el primer paso es ser muy humilde para absorber como una esponja y entender su cultura.

Emigrar es algo que nadie te puede explicar; solo los que hemos vivido esto sabemos lo que es. En México tuve que crecer mucho y tuve muchísima competencia laboral. Los mexicanos tienen al lado a Estados Unidos y son súper competitivos. Ciudad de México es enorme, súper poblada, y todo está congestionado. Fue golpeante. Pasé momentos en los que decía: «Dios mío, ¿quién me mandó a venirme para acá? ¿Quién me mandó a aceptar este envite?».

Luego, en España ha sido distinto. El ritmo de trabajo en el país es mucho más tranquilo, pero no tenía empleo. Tenía la preocupación, el estrés; tuve que abrirme camino y pedir ayuda muchas veces.

Buscar trabajo es un proyecto personal. Trata de pensar en dónde quieres trabajar, en dónde eres feliz, para qué eres buena y qué es lo que más te gusta. Independientemente de que a veces tenemos que coger «trabajos puente» mientras encontramos algo que nos guste más —cosa que todos hemos hecho—, hay que pensar: ¿Qué quiero ser yo? ¿Para qué soy buena? ¿Dónde estoy?

Trabajo • Hogar • Dinero • Libertad • Formación • Éxito • Felicidad • Resistencia • Amor • Perseverancia • Mujer • Desempleo • Soledad
Ser mujer, la edad y el aprendizaje

Ser mujer puede abrir alguna puerta o dar alguna ventaja porque te quieran ayudar, porque genera curiosidad o admiración en algún entorno; pero en otro entorno también puede ser una desventaja, porque genera lo contrario: «Esta mujer no me conviene porque es mujer». Ya sabemos todos los prejuicios que hay.

Por una parte puede ser positivo, pero ciertamente tiene un montón de dificultades que tenemos que superar. Muchas veces tenemos que demostrar que sí somos igual de capaces que un hombre, que no hay ninguna desventaja en contratarnos, que somos igual o mejores. Tenemos todo el tiempo que estar demostrando esto en todos los trabajos, e incluso con la edad.

En mis primeros trabajos me miraban los clientes como diciendo: «¿Y tú eres la que me va a atender?», como si fuera muy joven o no fuera capaz, y yo tenía que estar explicando que ya tenía más de treinta años.

Mi madre decía una cosa: «Uno nunca sabe para quién trabaja». Ella me lo decía dando a entender que nunca sabes quién te abre la puerta, quién mañana te echa una mano, quién te ayuda o quién se beneficia. «Es redondo», decía ella, «y siempre es un dar y recibir».

Lo que yo he aprendido con los años es que no importa tanto para quién trabajas: siempre trabajas para ti. Eres tú la que crece, la experiencia es para ti, es tu identidad y eres tú la que te conviertes cada día en una mujer más real.