domingo, julio 29, 2012

¿ El nuevo rostro de Bolívar?

Buscar la faz de un héroe que pudiera complacer a quien encargó el trabajo

POR ELÍAS PINO ITURRRIETA |  EL UNIVERSAL

El presidente venezolano, Hugo Chávez, desveló una imagen
 digitalizada del rostro de Simón Bolívar.
El parto de los montes. En eso concluyó el espectáculo presentado por el presidente Chávez para la develación del nuevo rostro de Bolívar. Nada nuevo, ni siquiera las patrañas con las cuales sazonó la muestra de lo que se esperaba como un descubrimiento capaz de cambiar los anales de la nacionalidad. No se comentarán ahora las patrañas, para solamente detenernos en la imagen familiar que apareció ante nuestros ojos acostumbrados a contemplarla desde 1826, por lo menos, pese a que esperábamos una revolución iconográfica que pudo llevarse a cabo si los "científicos" encargados de la misión hubiesen cumplido su papel a cabalidad.

El vínculo de la imagen presentada por el Presidente con el célebre retrato pintado por José Gil de Castro en Lima, a la altura de 1826, y para el cual posó el retratado, es evidente. Es la imagen de un blanco criollo en la cima de su poder, sin las marcas que el tiempo debió reflejar en su cara, sin evidencia de las penalidades que soportó después de quince años de inclementes campañas, sin rastros de una enfermedad que lo acosaba desde la víspera y pesaba inexorablemente en un organismo sometido a los estragos de la guerra y a las presiones de la política. Gil de Castro hizo feliz a su modelo, quien ordenó copias para su familia y para sus allegados, regocijado de verse como se veía después del trabajo de un pincel dispuesto a disimular los rasgos que pudieran disminuir la imagen de un hombre que había llegado triunfal hasta las cúspides del incario. "Es un retrato mío hecho en Lima con la más grande exactitud y semejanza", escribió Bolívar a Sir Robert Wilson y a su hermana María Antonia cuando les envió reproducciones de la obra. Pero, ¿era así, físicamente, el hombre que distribuía unas muestras tan atrayentes de su efigie? El propio Libertador aclara el enigma poco antes de que le hicieran el retrato, pues escribe a Fernando Peñalver así: "Mi salud está ya descalabrada... comienzo a sentir las flaquezas de una vejez prematura". También dice a sus parientes, los Rodríguez del Toro: "[estoy] encanecido en el servicio de la patria". Después dice a Santander: "Ud. no me conocería porque estoy muy acabado y muy viejo, y en medio de una tormenta como esta represento la senectud". Es evidente que Gil de Castro maquilló muchas arrugas y muchos infortunios a la hora de reconstruir la imagen que agradó a su modelo, no en balde se trataba, más que de hacer un trabajo fidedigno, de fabricar una imagen susceptible de funcionar en un comprensible proyecto de naturaleza política.

Algo semejante han hecho los "científicos" a quienes encargó el presidente Chávez el trabajo de reconstrucción. Buscar lo más parecido a la pintura de Gil de Castro para presentar la faz de un héroe que pudiera complacer a quien encargó el trabajo y al resto de los venezolanos acostumbrados a solazarse en la pose majestuosa del padre. Pero no es la reconstrucción que debía esperarse, si se estudió con seriedad el cráneo del grande hombre que moría lleno de dolencias en 1830. El grande hombre a quien vio así un amigo leal y cercano, Joaquín Posada Gutiérrez, once meses antes de su fallecimiento: "Pálido, extenuado; sus ojos tan brillantes y expresivos en sus bellos días, ya apagados (... ), los perfiles de su rostro, todo en fin, anunciaba en él, excitando una vehemente simpatía, la próxima disolución de su cuerpo, y el cercano principio de su vida inmortal". El grande hombre a quien retrató en cinco dibujos fundamentales José María Figueroa, pintor bogotano que se ocupó de recoger sin remilgos las señales de acusado deterioro dejadas por el tiempo y por la enfermedad en la fisonomía del personaje; unas imágenes que parecieron "dolorosamente fieles" al General Tomás Cipriano de Mosquera y a los miembros del gabinete de Bolívar, quienes presentían con alarma su muerte. Los "científicos" al servicio del presidente Chávez obviaron esos "detalles", que seguramente hubiesen sido los adecuados para reconstruir con exactitud, con seriedad, sin tergiversación, las mudas pero elocuentes orientaciones del cráneo. Sin embargo, lo analizaron para que siguiéramos en el solaz de las patrióticas fantasías, sin noticias exactas del declive de un grande hombre ya desaparecido a quien se pretende resucitar para que acompañe los pasos del patrocinador de sus "investigaciones".

Como se tenían elementos y recursos del país y del exterior para llegar a una conclusión plausible de veras sobre la investigación llevada a cabo, no hay elementos para explicar con seriedad los pobres resultados de la reconstrucción del rostro del Libertador que vimos el pasado 24, el parto de los montes en que se volvió lo que pudo ser un acontecimiento digno de encomio, la vuelta a la noria de los símbolos habituales en la que se repiten pasos antiguos e infructuosos para la evolución de la república. De allí que sólo quede la alternativa de una especulación como la siguiente: convenía la representación de un Bolívar sano y vigoroso, de un individuo excepcional que se levanta contra la fatalidad de la decadencia física y política; la exhibición de una portentosa humanidad capaz de sublevarse contra la enfermedad y contra la muerte, lo más parecido a la situación o al papel que pretende representar ahora el presidente Chávez ante el electorado. No es una especulación débil, cuando la Historia y la política dependen del interés de un aventurero.

eliaspinoitu@hotmail.com
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martes, julio 24, 2012

Descanse en libertad, Oswaldo Payá

texto
El dirigente cubano Oswaldo Payá (1952 – 2012)

Por Yoani Sánchez

Nadie debería morir antes de alcanzar sus sueños de libertad. Con el fallecimiento de Oswaldo Payá (1952 – 2012), Cuba ha sufrido una dramática pérdida en su presente y una insustituible ausencia en su futuro. Ayer domingo no sólo dejó de respirar un hombre ejemplar, padre amoroso y católico ferviente, sino también un ciudadano imprescindible para nuestra nación. Su tenacidad asomaba desde que era un adolescente, cuando prefirió no esconder los escapularios –como hicieron tantos- y en lugar de eso sostuvo públicamente su fe. En 1988 su responsabilidad cívica fraguó en la fundación del Movimiento Cristiano Liberación y años después en la iniciativa conocida como Proyecto Varela.

Recuerdo –como si fuera hoy- la imagen de Payá a las afueras de la Asamblea Nacional del Poder Popular aquel 10 de marzo de 2002. Las cajas cargadas con más de 10 mil firmas sobre sus brazos, mientras las entregaba al tristemente célebre parlamento cubano. La respuesta oficial sería una reforma legal, una patética “momificación constitucional” que nos ataría de forma “irrevocable” al actual sistema. Pero el disidente de mil y una batallas no se dejó amilanar y dos años después él y otro grupo de activistas presentaron 14 mil rubricas más. Exigían con ellas la convocatoria a un referendo para permitir la libertad de asociación, de expresión, de prensa, las garantías económicas y una amnistía que liberara a los presos políticos. Con la desproporción que lo caracterizaba, el gobierno de Fidel Castro contestó con los encarcelamientos de la Primavera Negra de 2003. Más de 40 miembros del Movimiento Cristiano Liberación fueron condenados en aquel marzo aciago.

Aunque no fue detenido en aquella ocasión, Payá padeció durante años la vigilancia constante sobre su casa, los arrestos arbitrarios, los mítines de repudio y las amenazas. Nunca desaprovechó un minuto para denunciar la situación penitenciaria del algún disidente, ni la condena injusta de otros. Jamás lo vi descomponerse, gritar, ni insultar a sus contrincantes políticos. La gran lección que nos deja es la ecuanimidad, el pacifismo, la ética por encima de las diferencias, la convicción de que a través de la acción cívica y de la propia legalidad la Cuba inclusiva nos queda más cerca. Descanse en paz, o mejor aún, descanse en libertad.

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lunes, julio 23, 2012

El otro candidato

El venezolano Henrique Capriles recoge la mayoritaria propensión nacional al centro izquierda que la discordia y la polarización política, azuzadas por Chávez, parecieron haber sofocado para siempre


Por Ibsen Martínez


¿Quién es el otro candidato en las elecciones venezolanas?
RAQUEL MARÍN/ELPAIS.COM

La respuesta corta la da Chávez: “Henrique Capriles Radonski es el candidato de la burguesía, de los yanquis y la derecha”. Opino que hará mal quien se conforme con esa parvedad. Hay respuestas más largas.

Al discurrir sobre nuestra América, a muchos analistas extranjeros les da por pensar que si el hombre es “carismático” —aunque sólo sea un espadón vociferante, tiránico e inepto—, habla “en nombre de los pobres” y llena de dicterios al imperialismo yanqui, entonces el tipo es de izquierdas y, sin más, el bueno de la película. A Capriles Radonski le pasa lo que a José Carreras en el chiste de Jerry Seinfeld sobre los tres tenores: es el otro tipo. Y supuesto que Chávez es la izquierda, entonces el otro tipo debe ser la derecha.

Sin embargo, las cosas no son tan simples en Venezuela, uno de los “petroestados” populistas más antiguos del planeta. El petroestado venezolano y sus singularidades podrían explicar porqué Hugo Chávez bien puede perder ante el otro tipo las presidenciales del 7 de octubre.

Cuando eres un petroestado hispanoamericano heredas la potestad de la corona española sobre la riqueza del subsuelo y acabas convirtiéndote en el “ogro filantrópico” descrito por Octavio Paz: sólo tú cortas el bacalao. Tu sólo dispensas todo el dinero de la renta petrolera y el resto de la población —incluida la burguesía local— no son más que cazadores o pedigüeños de esa renta. Y por lo mismo, menos ciudadanos que súbditos cuya religión laica es el estatismo redistributivo.

Clientes o aspirantes a serlo tienen poco o ningún margen para sentirse electores de libre conciencia en un país donde el petroestado-billetera es indistinguible del gobierno de turno y, en términos absolutos, el empleador de bastante más del 80% de la población económicamente activa.

Los petroestados experimentan fases maníacas y ciclos depresivos, según los vaivenes del precio del crudo. En fase maníaca, de altos precios, a sus gobernantes les da por pensar que ahora sí cegarán definitivamente la brecha que nos separa del Primer Mundo. Se arrogan toda clase de competencias, creando así más y más incentivos al despilfarro y la corrupción. En fase depresiva, los petroestados se endeudan y dan en garantía a los mercados la factura petrolera futura o bien aceptan las fórmulas del FMI.

La fase maníaca que siguió al embargo impuesto a Occidente por los países de la OPEP, en 1973, nos trajo al “primer” Carlos Andrés Pérez y la “Venezuela Saudita”. Chávez no ha sido el primero en pretender comprar con petrodólares el liderato de los condenados de la tierra. La verdad es que elencos estatistas, populistas y clientelares se han turnado en el poder desde 1945, época del primer gran auge petrolero venezolano. En un tal país, con tan colosal inflazón del Estado y sus recursos, con una inescapable sujeción de casi toda la población al Gran Dispensador, ¿qué significa estar a la derecha?

Chávez ha presidido el más prolongado boom de precios registrado hasta ahora, una fase maníaca que ha financiado fallidos planes sociales de subsidio directo a los más pobres, el subsidio a la dictadura castrista, un antiimperialismo tan vociferante como dispendioso e inconducente y un decidido e inequívoco empeño en instaurar un régimen totalitario. El elenco chavista añadió el colectivismo y el militarismo al habitual repertorio venezolano de creencias redistributivas y ha ido tan lejos como ha querido por el camino de abolir no sólo la propiedad privada, sino las más caras libertades individuales.

Con todo, ¿qué tienen de justiciera “izquierda” los modos falangistas con que Chávez segrega del favor estatal —ya sea empleo o contratos— a todo aquel que, amparado por la Constitución, haya firmado en 2004 la solicitud de un referéndum revocatorio? ¿Qué hay de democrático en un régimen cuyo presidente literalmente dicta crueles sentencias al poder judicial desde una cadena de televisión? ¿Que inconsultamente firma acuerdos binacionales con impresentables como Alexander Lukashenko o Mahmud Ahmadineyad? ¿Es posible que cinco millones y medio de venezolanos, el 52% del universo elector, que votaron por la oposición en las parlamentarias de hace año y medio, sean todos ellos elitesca minoría blanca, burgueses oligarcas y agentes de la CIA?

En Venezuela, y a partir de los años treinta del siglo pasado, los partidos modernos, casi sin excepción todos de izquierdas, fueron secreción de los conflictos sociales que trajo consigo el negocio petrolero. Modelados leninistamente, animados por la idea de un munificente Estado social de derecho, socialdemócratas y comunistas forjaron en seis décadas un país mayoritariamente ubicado a la izquierda del centro. El petroestado nos hizo también clientelares, manirrotos, consumistas. “En Venezuela, la derecha desentona”, sentenció alguna vez el desaparecido dramaturgo José Ignacio Cabrujas, voz de la tribu.

Tanto así, que la democracia cristiana, único partido que desde los años cuarenta aspiró a encarnar una derecha conservadora, hubo de mutar rápidamente en un partido populista más, so pena de “desentonar” en un país mamador de gallo donde el catolicismo se funde a menudo en cultos sincréticos afroantillanos. Esa escora “a la izquierda”, junto con el desgaste y descrédito de los viejos partidos, hizo posible, en 1998, el triunfo de Chávez.

Henrique Capriles Radonski recoge, sin duda, la mayoritaria propensión nacional al centro izquierda que la discordia y la polarización política, azuzadas por Chávez, parecieron haber sofocado para siempre. Ello se refleja en las encuestas más fiables: a cien días de la elección, figura ya en “empate técnico” con Chávez. Sin exagerar, también en el fervor de la calle, un fervor que recuerda al que nimbó a Chávez en su mejor momento electoral, allá por 1998.

Capriles ganó más que holgadamente las elecciones primarias, convocadas por la Mesa de Unidad Democrática para designar un candidato único de oposición, acaso justamente por ser el vocero más moderado de ella. Como gobernador del Estado Miranda, el segundo más poblado de Venezuela, que alberga la favela más grande de Suramérica, la mayor parte de la Caracas acomodada, populosas ciudades dormitorio y una vasta provincia rural y atrasada, Capriles ha administrado con éxito, durante casi cuatro años, una réplica demográfica del resto del país. Ganó la gobernación en 2008, al derrotar, contra todo pronóstico, a Diosdado Cabello, designado candidato por el dedo jupiterino de Chávez.

Capriles adoptó y mejoró sensiblemente los más emblemáticos planes sociales del chavismo —salud y vivienda—, mitigando de tal modo el sectarismo que los caracteriza en el resto del país que buena parte de la base social chavista de su Estado hoy le apoya. Capriles se declara de centro izquierda liberal, es manifiesto admirador y estudioso del papel jugado por Felipe González en la transición española y, en lugar de la Cuba castrista, propone al Brasil de Cardoso, Lula y Roussef como modelo. Todos los partidos venezolanos afiliados a la Internacional Socialista forman parte de la coalición que lo apoya.

Chávez ha malgastado 14 años en el poder. Esos años lo han gastado y ahora enfrenta a un adversario joven, sin especial don oratorio pero experimentado en funciones de gobierno y quien, desde que fue electo diputado en 1998, a los 26 años, nunca ha perdido una elección.

“¿Cuál crees que es tu mayor fortaleza?”, le pregunté hace unas semanas. Su respuesta: “Siempre me han subestimado y es mejor así”. Tal vez tenga razón, aunque hoy sean muchos quienes creen que con Capriles, el otro tipo, el péndulo venezolano puede regresar desde el caudillismo autoritario de Chávez al centro democrático y plural.

Se oyen apuestas.

Ibsen Martínez es escritor venezolano.
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Crespo y la educación primaria en Guárico

Por José Obswaldo Pérez

Joaquín Crespo Torres
EL 27 DE ABRIL DE 1872, el general Joaquín Crespo Torres- siendo Jefe del Estado Mayor General en ejercicio en los Estados del Sur y Comandante en Jefe del Ejército del Guárico-, dirige una comunicación al presidente provisional del estado Guárico, general José Alsemo Ruiz, felicitándolo por un aporte de 25 pesos mensuales a fines del auxilio de la enseñanza primaria en Parapara y excitándolo a que deje libre la renta para poder atender los gastos de la educación pública.

La misiva (recopilada por el historiador Manuel Landaeta Rosales en Documentos relativos a la vida pública del general Joaquín Crespo (2010), pp.166-167) es un importante escrito histórico. En cuanto a ella, el general Crespo hace una serie de consideraciones y reflexiones sobre la problemática presupuestaria de la instrucción pública regional. En dicha carta, se puede extraer el cuestionamiento que el ilustre militar parapareño concibe al manejo del gasto público militar. Suena contradictorio, pero, el general Crespo invita a quienes administran al gobierno a mirar el valor del ramo de la instrucción del pueblo porque “es el pan del alma y la esperanza de las generaciones venideras”.

En líneas más adelante, Crespo dice que “la guerra que todo lo aniquila, ha dejado sin vida en el Guárico el importante ramo de escuelas”. Su juicio crítico es, también, su posición política sobre este tema. “No puede haberlas sin renta, sin estar bien servidas si no son suficientemente dotadas, y ya se siente la necesidad de que el Gobierno les dedique una atención muy asidua y preferente”.

La reflexión del general Crespo, nativo de San Francisco de Cara-un municipio perteneciente al antiguo Cantón de San Sebastián de los Reyes, provincia de Caracas-, pero criado en tierras de Parapara y Ortiz, es de utilidad para entender los efectos de la lucha armada ejercida en la educación y en el desarrollo de los pueblos de la entidad. Esgrimir sobre los problemas generados por la guerra- un flagelo que, sin duda, destruyó la prosperidad de un pueblo como Ortiz- es un hecho llamativo para la historiografía regional y, desde luego, por la preocupación creada en la inestabilidad pública.

Los paradigmas de la modernidad y las ideas de progreso que se habían erigido con la Ley de Instrucción Gratuita del 27 de Junio de 1870 por el general Antonio Guzmán Blanco estaban amenazados y, en otros casos, era tinta muerta. Así lo resalta el propio Crespo, al cuestionar un decreto del presidente provincial de Guárico del 6 de Diciembre de 1871, sobre el desvío de la mitad de los proventos del presupuesto estadal para gastos de la guerra. “Truncada así la renta, quedan sin protección las escuelas y mal servidos también otros ramos del servicio municipal”.

Vanos son entonces todos los esfuerzos para que el hijo del ciudadano pobre alcance educación gratuita, y en vano gime el corazón de su padre que no puede darle otra herencia”, indica, en dicha documentación, el Héroe del Deber Cumplido.

Crespo se muestra como un defensor de la descentralización presupuestaria, rechaza el gravamen del 50 % de la renta de los municipios para gastos militares y reclama el cumplimiento del Decreto de Instrucción Pública del 27 de Junio. De este modo, este personaje de la historia venezolana – más allá de sus detractores políticos- fue un respetuoso del desarrollo de los pueblos, especialmente en el área educativa.
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viernes, julio 13, 2012

Capriles Radonski es sobrino en octavo grado de Simón Bolívar

Por Antonio A. Herrera-Valiant*

El recién publicado libro, "El Nudo Deshecho: Compendio Genealógico de El Libertador", incluye toda la descendencia de las hermanas y sobrinos de El Libertador, hasta nuestros días, como sus herederos declarados en su testamento.

Capriles Radonski, candidato presidencial por la oposición


Dicha publicación no contempló la descendencia del medio hermano de El Libertador, hijo natural perfectamente identificado de su padre, Don Juan Vicente Bolívar, nacido muchos antes del matrimonio Don doña Concepción Palacios. Es histórico que a la fecha del matrimonio Don Juan Vicente tenía 47 años y Doña María Concepción, 14 años de edad.

Se ha comprobado plenamente que el padre del Libertador tuvo en sus años mozos a un hijo llamado Don Juan Agustín Bolívar, que era más de 30 años mayor que El Libertador. La existencia y familia inmediata de este caballero fue originalmente descubierta y analizada por los destacados historiadores maracaiberos Doctor Kurt Nagel Von Jess y Doctor Juan Carlos Morales Manzur.
Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte falleció el 19 de enero de 1786. Su testamento se compone del poder que otorga a su esposa y a su suegro para que redacten el testamento, y un testamento propiamente dicho redactado en base a notas dejadas por el difunto. Allí se identifica a Agustín Bolívar “que vive en la ciudad de Maracaibo”, a quien dispone Don Juan Vicente “se le den doscientos pesos por una vez, de que le hago donación”.

Al morir Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte en 1786, Agustín se dirige a Caracas para cobrar su legado, pero también a tratar de lograr una porción mayor de la herencia. Para ello tuvo que hacer una probanza, luego de escribir al Capitán General diciendo:

“Don Agustín Bolívar... digo: que para efectos que me convengan, necesito hacer cierta información sobre mi filiación y demás que conduzca a hacer constar ser hijo natural del Señor Coronel Don Juan Vicente Bolívar, ya difunto, a cuyo efecto vengo en suplicar a la justificación de Vuestra Señoría se sirva admitirme los testigos que presentaré, los que bajo de juramento declaren... si me conocen de vista, trato y comunicación y si les consta que el dicho Señor me trataba como si fuese su hijo, con aquel cariño que es propio de un padre... si en varias ocasiones manifestó esto mismo, así de palabras como de hecho, teniéndome en la casa de doña Luisa Bolívar, su hermana, alimentándome y contribuyéndome todo lo necesario... diga separadamente Don Juan José Barandica si es cierto que el Doctor Don Juan Félix Aristeguieta le comunicó que el dicho Señor Don Juan Vicente era mi padre, y de una señora de las principales de esta ciudad, mi madre, con quien no había contraído matrimonio, sin embargo de ser soltera y no tener impedimento alguno, por ciertos motivos que ocurrieron en aquel entonces”. ([1])

Luego reconoce que la viuda de su padre (Doña Concepción Palacios) le entregó los doscientos pesos legados por Don Juan Vicente, pero solicitó fondos adicionales para cubrir gastos inmediatos. No hay otras noticias de este medio hermano de El Libertador, y se presume que falleció antes de la Independencia.

Este mismo Don Juan Agustín Bolívar contrajo matrimonio en la Iglesia Mayor de Maracaibo ([2]) de la Iglesia Mayor (Catedral) del 22 de noviembre de 1772, ([3]), con Doña Ana María Chacín Mijares, que nació en Maracaibo el 4 de octubre de 1750, hija de Don Juan Ubaldo Chacín y de Doña María Paula Mijares. La partida le identifica claramente como hijo natural de Don Juan Vicente Bolívar. Debió ser bastante joven al momento de contraer ese enlace, que ocurrió más de diez años antes de nacer siquiera El Libertador. Del matrimonio dejó tres o cuatro hijas:

Una de sus hijas fue Doña Carlina Bolívar Chacín, que tiene su defunción en la parroquia de Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Maracaibo el 18 de agosto de 1834 ([4]), donde se le identifica como hija de Don Juan Agustín Bolívar y de Doña Ana María Chacín. Doña Carlina Bolívar Chacín, a su vez, fue la madre de:
Doña Ramona Bolívar, que falleció en los Puertos de Altagracia (actual Cabimas) el 7 de noviembre de 1851 ([5]), luego de haber casado en la parroquia de Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Maracaibo el 21 de junio de 1835 ([6]) con el señor José Dubuc D'Autan, corsario francés natural de Burdeos que estuvo al servicio de la Independencia de Venezuela y falleció en los Puertos de Altagracia el 16 de abril de 1852. De la familia Dubuc Bolívar queda numerosa y distinguida descendencia, sobre todo en los Estados Zulia y Trujillo.

Una de las hijas que tuvieron fue Doña Corina Dubuc Bolívar, que nació en Casigua (Falcón) el 25 de mayo de 1836 y fue bautizada en su parroquia el 15 de agosto siguiente, sus padrinos N. Henríquez y Estefanía Dubuc. Esta señora casó en la parroquia de San Juan Bautista de Betijoque (Trujillo) el 6 de marzo de 1863 ([7]) con Don Fernando Jugo Ferrer, oriundo asimismo de Maracaibo, hijo de los señores Domingo Jugo y Mariana Ferrer. Esta pareja también tuvo extensa y destacada sucesión, entre ellos a:

Doña Elvira Rosa Jugo Dubuc, que nació en Betijoque y casó allí el 10 de abril de 1887 ([8]) con Don Julio García Sánchez, hijo de los señores Santiago Felipe García y Merced Sánchez. Ellos, a su vez fueron los padres de:
Don Julio García Jugo, natural también de Betijoque y casado en su parroquia el 12 de octubre de 1908 ([9]) con Doña María Teresa Arjona Cubillán, que era hija de los señores Francisco Arjona y Herminia Cubillán. Una hija de esta pareja trujillana fue:

Doña Laura García Arjona, que nació en Betijoque el 25 de abril de 1914 y contrajo matrimonio en la parroquia de Altagracia de Caracas el 6 de julio de 1936 ([10]) con el Doctor Armando Capriles Myerston, que a su vez nació en Coro (Falcón) el 22 de diciembre de 1894, a su vez hijo de los señores Elías Capriles Ricardo y Sara María Myerston.

El contrayente descendía del abogado curazoleño Mordecai Ricardo, protector de El Libertador, quien le da una suma de dinero que le permite subsistir en la Isla durante su primer exilio y financiar su expedición de 1812 hacia Cartagena. Ricardo luego ofrece refugio y mantiene a las hermanas de Bolívar, alojándolas en su propiedad, el famoso Octagon, que aún existe como importante monumento de Willemstadt.
El Doctor Armando Capriles Myerston, coriano, y Doña Laura García Arjona, trujillana, son los padres de - entre otros - el Sr. Henrique Capriles García, de cuyo matrimonio con la señora Mónica Cristina Radonski Bochenek, nació el Doctor Henrique Capriles Radonski, actual candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, viene siendo sobrino en octavo grado del propio Libertador Simón Bolívar, con profundas raíces en los Estados Trujillo, Falcón y Zulia.
Se produce entonces la curiosa coincidencia que el candidato presidencial y su jefe de campaña, Doctor Leopoldo López Mendoza, sobrino en sexto grado de Bolívar, están unidos por la propia sangre de Bolívar, constituyendo así la primera instancia en toda la historia de Venezuela donde la estirpe del Libertador, en equipo, se acerca al solio presidencial como reivindicación del más genuino gentilicio bolivariano.

* Presidente del Instituto Venezolano de Genealogía.



Notas
[1] "La familia maracaibera del Libertador Simón Bolívar", por el Doctor Juan Carlos Morales Manzur, en "Aportes del Zulia a la genealogía nacional", págs. 452-465, Acervo Histórico del Estado Zulia, Ediciones Astro Data, Maracaibo, Junio 2007. En el estudio se presenta a Doña Ramona Bolívar como hermana, y no como hija de Doña Carlina. Posteriormente hemos podido encontrar los datos que establecen la verdadera relación.
[2] Como consta en la partida Nº 701, correspondiente al Libro número 1, matrimonio de blancos españoles, folio 170
[3] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1951-23228-19933-85?cc=1951777&wc=12871402
[4] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23241-25833-23?cc=1951777&wc=12871461#uri=https://api.familysearch.org/records/waypoint/12869860?cc%3D1951777
[5] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23268-18063-73?cc=1951777&wc=12871282
[6] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23236-45996-46?cc=1951777&wc=12871467
[7] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23229-6766-85?cc=1951777&wc=12872154
[8] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23229-5648-0?cc=1951777&wc=12872154
[9] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1951-23229-4553-23?cc=1951777&wc=12872154
[10] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23283-45028-58?cc=1951777&wc=12872836
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