El Entierro de la Sardina de Naiguatá

Entierro de la Sardina de Naiguatá
Procesión del Entierro de la Sardina en Naiguatá. Foto: Elvin Barreto

La tradición sobrevivió a censuras, recesos y cambios sociales. En los años 80 surgió la famosa parranda que daría origen a Las Sardinas de Naiguatá, agrupación de proyección internacional. Hoy, pese a restricciones oficiales que incluso impidieron la coronación de la Reina de la Sardina en 2026, la comunidad mantiene vivo el rito “contra viento y marea”, reafirmando su identidad y su alegría colectiva.


Por Elvin Barreto*


La memoria de los viejos naiguatareños —entre ellos Eduardo Hugo Arratia (†), Jesús María Yriarte (a) "Chichero" (†), Armando Cáceres (a) "Taparita" (†) y José Montes (a) "Vigueta"— aportó valiosa información a la investigación etnográfica realizada por quien escribe.

Según sus relatos, fueron los Cáceres, una familia de pescadores venidos de Margarita, quienes iniciaron en 1915 el llamado "Entierro de la Sardina" en el querido y tradicionalista pueblo de Naiguatá, como un festejo familiar para ofrendar a la naturaleza por la abundancia de la cosecha y la pesca.

Procesión del Entierro de la Sardina en Naiguatá
Ricardo Díaz (92 años) y José Montes (83 años) protagonistas del Entierro de la Sardina de Naiguatá. Foto: Elvin Barreto

En sus inicios, según contaron aquellos recordados personajes, al atardecer del miércoles de ceniza, "la procesión del entierro" partía del desaparecido embarcadero Casapanare (hoy parte del club Puerto Azul). Recorría las limitadas callecitas del "pueblo arriba", pues, "pueblo abajo" no existía. Era sólo sembradío. Llevando una silueta de sardina junto con una muestra de verduras reales. Al compás de un cuatro, las maracas, el güiro y un estimulante "frasco de aguardiente", la escueta procesión entonaba el improvisado coro:

¡Fo, fo, fo!
la sardina se murió
y la llevan a enterrar.
¡Ay, ay, ay!
no la entierren en la tierra,
entiérrenla en el mar...

La procesión de músicos y acompañantes retornaba al embarcadero para velar a la "fallecida" entre cantos y tragos, hasta que en la madrugada lanzaban la silueta al mar con las ofrendas. Eran años en los que Naiguatá aún no contaba con energía eléctrica.

Para 1932, se electrificó el pueblo, según nos contó el maestro Ramón Longa.

Con el tiempo, la tradición se nutrió de nuevos participantes, entre ellos Ciriaco "Canta Bonito" Iriarte, quien años después destacaría como un reconocido cultor popular. En 1942, se incorporaron Juan Montes (padre), Neptalí Longa (padre), Luis Iriarte y Teodoro Merentes, entre otros.

Viudas de la sardina y cortejo fúnebre
Viudas de la sardina y cortejo fúnebre.

Ellos introdujeron la teatralización del "cortejo fúnebre": un supuesto sacerdote, un monaguillo y las famosas "viudas de la sardina" (hombres vestidos de mujer con maquillaje estrafalario y luto). También sumaron a un personaje disfrazado de diablo.

La puesta en escena era así: adelante, los hombres cargaban la silueta de la sardina dentro de una barca artesanal con frutos reales. Detrás, el cura y el monaguillo oraban por el "descanso eterno", seguidos de las viudas en llanto lacónico, acechadas por el diablo y su tridente. La procesión avanzaba entre talco, perfumes, papelillos y chistes de doble sentido, culminando para finales de los años 50's en la playa Los Pocitos.

Con el fin de la censura de la dictadura militar, la fiesta abrió espacios para la denuncia social y política: carencias, pobreza y corrupción eran satirizadas. Muchos recuerdan la silueta del barco "Sierra Nevada" (famoso caso de corrupción), diseñada por el músico Ricardo Benito Díaz (a) "Ricardo Mion", quien cumplirá 93 años este 3 de abril.

La celebración dejó de ser familiar para convertirse en un emblema de toda Naiguatá, con la participación activa de las familias Corro, Domínguez, Iriarte, Berroterán y Hernández. Entre otras familias emparentadas con las mencionadas.

También destaca el rol de mujeres como Matilde Domínguez Corro, "Anita" Berroterán, Margarita Longa y Aleja Corro, así como el maestro Ramón Longa, promotor de los carnavales y el tambor de San Pedro, de Naiguatá.

Parranda Las Sardinas de Naiguatá
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La creatividad popular sumó la "Coronación de la Reina de la Sardina" cada lunes de carnaval. Entre "las reinas" destaca, en 1958, la coronación del joven caraqueño Erick Francheschi, quien entonces cortejaba a la joven Camila Pereira y fue padre de sus hijos mayores: Lelis, Mercedes y Erick.

En los años 60's, tras un breve receso, la tradición fue retomada por Roberto Izaguirre (a) "Robin", junto con Juan Montes (a) "Vigueta", Ramón Quintero, José Ávila, Manuel Lamas, Alejandro Brito y Héctor Cáceres. A finales de los 70's se unieron Félix Rodríguez y Juan Manuel Nahí Longa (a) "Comiquita". Ya en los 80's, Ricardo Díaz incorporó el acompañamiento musical formal conocido como "la parranda", que dio origen a la agrupación de renombre internacional "Las Sardinas de Naiguatá".

Este 2026, por restricciones oficiales, no se realizó la tradicional coronación, lo que ha causado malestar. Sin embargo, los naiguatareños realizarán el entierro "contra viento y marea", pues las tradiciones de un pueblo alegre no se prohíben por caprichos.

¡Que viva el Entierro de la Sardina de Naiguatá, patrimonio cultural de todos!

*Investigador y docente de la Universidad Simón Bolívar - Núcleo del Litoral. Estado La Guaira.

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