La brizna de paja en el viento. ¿Un nuevo ciclo en la obra de Rómulo Gallegos?

De la fuerza telúrica venezolana al escenario hispanoamericano. En 1952, Rómulo Gallegos interrumpe su tradicional mapa narrativo para publicar La brizna de paja en el viento, ambientada en Cuba. A través del análisis del ensayista Orlando Araujo, exploramos cómo la universidad, la tensión entre idealismo y barbarie y el papel de la juventud cobran un renovado valor en esta etapa del célebre autor venezolano.

Por Orlando Araujo · Lengua y creación

Con esta novela, parece comenzar un nuevo ciclo en la obra de Gallegos. En efecto, sus novelas se han orientado, impulsadas por una fuerza telúrica, tratando de abarcar grandes aspectos regionales del país natal; y sus personajes son, en cierto modo, encarnaciones vivas de casos típicos venezolanos a través de los cuales se expresan las inquietudes de orden social y ético que conmueven al autor.

Aquel ciclo de que hablamos en la Parte I de este trabajo quedó interrumpido a raíz de sucesos nacionales, por todos conocidos. Y, en 1952, nos sorprende desde Cuba con su última novela hasta hoy publicada: La brizna de paja en el viento. Y nos preguntamos: ¿Inicia Gallegos un nuevo ciclo de novelas cuyo ambiente geográfico y humano es ahora el amplio escenario de Hispanoamérica?

Aunque hasta el momento de aparecer este libro, la obra de Gallegos se había inspirado en la realidad venezolana, su alcance social y artístico no se había limitado al puro contorno del país, sino que tenía alcanzada universalidad perdurable el fino arte de su narración, mientras que todo el pueblo hispanoamericano siente y se ve en las inquietudes que sacuden el alma de los personajes.

Los problemas sociales del pueblo venezolano los tienen o los han tenido otros pueblos de Hispanoamérica: la lucha entre cultura y barbarie ha sido lucha común de todos nuestros pueblos desde la Independencia hasta hoy; el caudillismo es mala hierba nacida en todas las sementeras de América y en todas ha dado lugar a iguales degeneraciones. Ninguna obra más hispanoamericana, en tal sentido, que la de Gallegos, desde Reinaldo Solar hasta su última novela.

Por tal razón, si hablamos de un nuevo ciclo, al referirnos a su última novela, es atendiendo a la realidad geográfica, al marco nacional que no es Venezuela sino Cuba y que, en una obra posterior, pudiera ser México.

La brizna de paja en el viento también se desenvuelve mediante aquel juego de armonías y conflictos que hemos visto realizarse en todas sus novelas: el espíritu puro de la revolución encarnado en el misticismo de Rafael Trejo, en la serena valentía de Mauricio Leal, en la eficaz prédica del profesor Lucientes; y frente a ese espíritu surge del seno mismo del movimiento revolucionario el ímpetu audaz del hombre de presa, espíritu viciado de la revolución que encarna en la atlética figura de Justo Rigores.

Simbólicamente, un hijo de colono sumiso, Juan Luis Marino, va a poner término a la desviada carrera de Justo Rigores, con lo cual y de manera optimista, queda triunfante el idealismo del profesor Lucientes.

En esta novela se reivindica el concepto de la Universidad que, en Reinaldo Solar, había quedado bajo el peso del terrible apóstrofe: «¡Casa de los Segundones! ¡Hermana menor de la revuelta armada! Tú también tienes la culpa!».

Ahora, en esta última novela, surge clara la función de la Universidad en la vida de los pueblos hispanoamericanos: es, fundamentalmente, una orientadora, una misión educadora integral que no se limite a una transferencia de ríos datos de la ciencia científica, sino que guíe y canalice las tendencias, que infunda responsabilidad y altos ideales en la juventud: Rogelio Lucientes es el símbolo de esta renovación universitaria.

La novela se inspira en un acontecimiento de la historia contemporánea de Cuba y a ello se debe cierto matiz de discurso sociológico, bien en boca de los personajes, bien por cuenta directa del mismo autor.

En cuanto al estilo notamos la acentuación de un rasgo que ya advertíamos en sus novelas anteriores y, sobre todo, en sus ensayos y discursos: la supresión de ciertos elementos formales en la oración, lo que da al período largo, propio de Gallegos, una especial naturaleza indivisible que parece buscar lo esencial de las cosas.

Conclusión

Nos parece que la expresión conflictos y armonías, aplicada a la obra de Gallegos, tiene para el lector un sentido literario claro que nos permite referirnos de una sola vez al conjunto de forma y contenido de todas y cada una de sus novelas.

Asimismo La Trepadora, Doña Bárbara, Canaima y Cantaclaro, aun cuando desarrollan conflictos distintos, tienen en común un trasfondo ético en que el bien y el mal son fuerzas activas y determinantes.

No es exclusiva de Reinaldo Solar esa angustia que hemos llamado, a falta de un nombre mejor, el drama del hombre y su destino: también la sienten Santos Luzardo, Lorenzo Barquero, Marcos Vargas, Florentino Coronado, Remota Montiel y Juan Luis Marino.

Desde Reinaldo Solar hasta Pobre Negro se advierte un profundo sentimiento de la tierra, que pone en el diálogo de las gentes no sólo la nota pintoresca del costumbrismo burlón, sino esa fuerza emotiva propia de la vida que, en la descripción de la naturaleza, vierte toda su intensidad vital y la humaniza.

La obra literaria de Rómulo Gallegos se inspira en la tierra propia, expresa las fuerzas vitales y destructoras que la integran en el trágico péndulo de la vida y de la muerte; y partiendo de esa tierra, expresa al hombre que sobre ella vive y ama, lucha y muere.

Tomado de Orlando Araujo. Lengua y creación en la obra de Rómulo Gallegos. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación, Dirección de Cultura y Bellas Artes, Departamento de Publicaciones, 1962. 327 p. Biblioteca Popular Venezolana, 86.