Tasmania viene a la consulta o sobre la importancia del nombre

Una niña, un nombre improbable y la larga sombra de las palabras que nos acompañan toda la vida.


1

Al consultorio entró un hombre llevando de la mano a una niña de unos cuatro años.

Desde el primer instante me llamó la atención el aspecto de la pequeña. Por lo general, todos los niños son hermosos. La inocencia los hace bellos de cuerpo y alma. Pero esta niña no encajaba en esos parámetros comunes y universales. Ella era diferente. En una sola frase: la suma de todos sus atributos fenotípicos no la favorecía.

2

El hombre la sentó en la silla, frente a mí. Puso a la niña sobre sus piernas.

—¿Cómo se llama? —pregunté, y empecé a llenar el formulario de la historia clínica.

El hombre levantó los ojos y respondió con absoluta naturalidad:

—Tasmania.

Dejé de escribir.

Durante unos segundos pensé que había escuchado mal.

—¿Cómo?

—Tasmania.

3

En aquella época, estaba de moda en películas de dibujos animados un personaje: el Demonio de Tasmania. Era feo, grotesco, gruñón, comelón y salvaje.

El Conejo de la Suerte lo llamó “monstruo”. “Torbellino”, “atropello”. En una ocasión, Bugs Bunny lo tildó de “ignorante con cabeza de mármol, ojos de bolsa, malvado vicioso, asqueroso y desgraciado”.

4

El demonio de Tasmania, el animal australiano, fue denominado así por sus gritos espeluznantes, su pelaje negro, sus mordidas mortales y su agresividad.

Abel Tasman, la tierra australiana que exploró (lleva su apellido) y el animalito merecen todo nuestro respeto, pero ¿por qué ponerle un nombre así a un hijo a contracorriente de los rumores desfavorables y despectivos sobre el mismo que eran el plato fuerte de los corrillos de la época?

Esta niña corría el riesgo de ser sometida a bullying a la vuelta de la esquina.

5

Al principio pensé que los padres le pusieron ese nombre a propósito. Pero, más tarde, razoné que fue por ignorancia.

Platón en su “Protágoras” dice que nadie obra mal a sabiendas: la maldad es consecuencia de la ignorancia.

6

Nuestros nombres y apellidos nos marcan para siempre.

Oscar Wilde sabía algo de esto cuando escribió “La importancia de llamarse Ernesto” (1895). A las mujeres ese nombre les infundía confianza.

7

Veinte cosmonautas rusos compitieron para seleccionar quién sería el primero en volar al espacio. Hecho que ocurrió el 12 de abril de 1961.

Los dos primeros puestos fueron ocupados por Yuri Gagarin y Guerman Titov. El mito dice que Gagarin gustaba más porque su nombre “Yuri” es muy ruso y es el mismo “Jorge” en griego; y San Jorge es el patrón de Moscú.

La leyenda también afirma que Guerman Titov fue descartado por Nikita Jruschov, porque Guerman en ruso quiere decir “alemán”; y los alemanes invadieron Rusia en la Segunda Guerra Mundial.

8

Pablo Picasso escribió:

“Cuando era niño, mi madre me dijo: 'Si eliges ser soldado, serás general; si eliges ser sacerdote, serás papa'. Fui pintor y llegué a ser Picasso”.