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LA COFRADÍA DEL LIBRO

En un viejo ejemplar del Readers Digest me encontré con esta ciertísima cita: "Una verdadera familia no siempre es carne y sangre de nuestra sangre. Es un estado del corazón." Digo y sostengo entonces que los lazos del espíritu son mas sólidos y perdurables que los lazos de sangre. ............................................................................................................................................. Daniel R Scott Muy sincero, evocador y nostálgico su último correo donde me obsequia el valioso fragmento autobiográfico extraído con ternura de una adolescencia donde el libro era presencia omnipotente que alegraba con sus relatos su existencia juvenil. Esa etapa de su vida fecunda me habla de como sin duda existe entre ambos similitudes y puntos afines que nos convierten en algo así como "parientes espirituales." En el fondo, a todos nos han unido esas similitudes y puntos afines. Es que en ese "Paraíso Perdido" de la infancia y de la adolescencia, ¿quién no leyó a Verne o a Defoe? ¿Quién no bajó al centro de la tierra o viajó a la isla del tesoro? A la lumbre de esos relatos todos éramos hermanos y nos unía una misma fe. Pero luego crecimos, mordimos el fruto del árbol prohibido de las ideologías, padecimos la cruel tiranía de las ideas absolutas y finalmente, ya fuera del Edén, nos constituimos en enemigos irreconciliables. Pero al principio no fue así. Me complace saber pues que cierto tipo de vivencias, lecturas y libros nos unieron alguna vez en una suerte de parentesco. En un viejo ejemplar del Readers Digest me encontré con esta ciertísima cita: "Una verdadera familia no siempre es carne y sangre de nuestra sangre. Es un estado del corazón." Digo y sostengo entonces que los lazos del espíritu son mas sólidos y perdurables que los lazos de sangre.

Por cierto: ¡Cuanto nos hermana la palabra escrita y el buen libro! Mucho más que los vínculos consanguíneos. Como le escribí una vez, yo creo que la invención de la escritura y la existencia del libro fue el supremo e inimitable acto de magia realizado por el hombre. No hay otro invento que se le pueda comparar. Mejor sería decir que el hombre inventa y descubre pero con la escritura hizo magia. Existe algo sobrenatural en el acto de leer y escribir. Gabriel García Márquez decía en sus doce cuentos peregrinos que escribir y narrar era lo mas parecido "a la levitación" y Félix Cortés escribió que "las páginas de un libro son un lugar de cita para dos almas: el autor y el lector." Estoy muy de acuerdo con esta segunda opinión. He allí la magia, he allí lo sobrenatural: la comunión de dos almas que nunca se han visto y quizás nunca se vean. ¿O es que entrar en contacto con un San Agustín o un Kafka, que mucho tiempo hace que abandonaron esta tierra, no es un portento que trasciende los esquemas de lo lógico y lo natural? Y sépalo usted o no amigo mío, desde abril de 1999 nos hemos citado una y otra vez en las páginas de sus libros. Sus libros me son elevadas y bien edificadas torres de tinta y papel sobre cuyas cúspides nos hemos dado cita una y otra vez para conversar animadamente sobre cualquier tema o para contemplar con silencio reflexivo el dilatado, enigmático e intrigante horizonte de lo humano. ¡Que veladas señor! En una de esas citas me dijo que "la política sin ética es mera prostitución" y en otra concluimos esperanzados y con alborozo que "seguir buscando el horizonte es haberlo encontrado ya, porque la meta no está al final del camino, sino que consiste precisamente en seguir caminando y buscando siempre." ¡Oh cuan apetecible y bien aderezada la mesa que comparten autor y lector! Allí nunca falta el añejo vino de la sabiduría ni el nutritivo pan del conocimiento.

En fin, somos hermanos: nos concibió el amor a las letras y el libro es nuestro hogar. ¡Pudiéramos todos alcanzar ese privilegiado estado del corazón! Este mundo sería mejor, habitado por un linaje de príncipes del intelecto. Seriamos eternamente bien nacidos. No andaríamos por allí con la vida inconclusa y dispareja porque el que no lee con pasión y no sorbe de la palabra la sabiduría de los hombres y de los siglos anda exhibiendo a los ojos de todo el mundo una vida a medio construir que nada dice ni de nada sirve. Y eso contiene la palabra escrita: el conocimiento y la sabiduría que el hombre ha venido sembrando y cosechando en su viaje de siglos. En días como los de hoy, cuando campean la intolerancia y los fundamentalismos que amenazan con arrastrarnos a las etapas más primitivas de la evolución humana bueno es gritar el "sin otra patria que los libros" de un Argenis Rodríguez para luego intentar cambiar al mundo con la herramientas que nos ofrece la idea transformadora y humanizante. Pero no la idea que vocifera sus razones desde la punta de una bayoneta sino esa idea que cabalga con la poderosa humildad de un Cristo que hace su entrada triunfal en la ciudad de Jerusalén.

Nota: Carta a Antonio Pérez Esclarín, pedagogo y escritor venezolano. Ha escrito unas cuarentas obras entre las cuales se encuentra su ya conocido libro "Educar Valores y el Valor de Educar"

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