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Doña Elisa, la hija adoptiva de Ortiz

Por José Obswaldo Pérez

Doña  Elisa Aponte de Strubiger,
una trabajadora social 
que lucha por Ortiz (Foto JOP)


“Soy una anciana de 87 años, hipertensa, diabética, con osteoporosis y para usted de decir”, cuenta doña Elisa Aponte de Strubinger. Pero no se siente cansada. Sube y  baja la camioneta de su hijo, sin  mucha ayuda,  si acaso su bastón de apoyo.

“La voluntad me ayuda a seguir hasta que Dios me reciba”, dice esta mujer fogueada en la lucha social.  Pero, polifacética en su acción de vida.  Pintora, poeta y conservacionista, entre sus quehaceres más reconocidos. Su microhistoria de su existencia está llena de una narrativa humana  que la califican como “Toda una dama de singular prestigio y elegancia”, definida así por don Fernando Rodríguez, en una semblanza dedicada a ella, en sus 85 años.

Nació en Los Teques,  estado Miranda,  el 02 de Febrero de 1926. Casó con Carlos Strubinger,  hoy viuda, con seis hijos y 14 nietos, todos profesionales. Además, cuenta con siete bisnietos, para felicidad de la vida. Fue catequista en su ciudad natal,  con los salesianos.  Y fundó el colegio “Nuestra Señora del Carmen”. En El Vigía, barrio mirandino,  comenzó su trabajo social, como un ejercicio apostólico de llevar el bien a los demás.

Más tarde, se trasladó a Ortiz, el 8 de agosto de 1973. “Compramos, entre tres hermanos, una finca; mis hijos compraron casa en Ortiz, residiendo  en una de ellas”, nos dice.  Así es, la casa habitación de doña Elisa es hoy, un taller de orfebre y sueños. También, es un museo donde se expone su obra, donde se relata en cada objeto una historia que comulga por los espacios de la Quinta Los Teques.

 En Ortiz, fundó la Asociación Civil “Casa de los Niños La Corocora ”, antes de esta sociedad hizo trabajos sociales con niños de bajo recursos económicos con la ayuda de la comunidad orticeña, familiares y personas de los Teques. Aquí, también,  fue facilitadora de Multihogares.

  “Sigo con mi obra social con ancianos, niños, jóvenes y todos aquellos a quien podamos ayudar”, afirma, con ese deseo de proseguir ayudando a sus congéneres.

Doña  Elisa Aponte de Strubiger se autodefine como una hija adoptiva del pueblo de Ortiz, a quien ama y se inspira cada mañana y cada atardecer de su vida. “Quiero seguir enseñando El hombre, Cristo y la Iglesia y otros textos religiosos. Seguí dando la catequesis”, concluye.

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