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La actividad periodística fue una de las facetas vitales de Ismael Pereira Álvarez. No solamente dedicó su vida al debate político sino además dejó una vasta poesía realenga como para escribir un libro. Y fue, en aquellos días en Ortiz, cuando muy joven comenzó su formación literaria. Allí en La Voz de Los Llanos había descubierto, en las extendidas soledades guariqueñas, la efervescencia de sus primeros pecados literarios.
Desde entonces las primeras audacias literarias se confundieron con todas las inquietudes del alma, con las mejores aspiraciones, tanto en el campo de la política como en el de la acción intelectual. A su obra lírica se agrega en su quehacer narrativo algunos trabajos como en Recuerdos del Gran Ferrocarril de Venezuela (1898), Profesorado Normal de la Mujer Venezolana (1903). Asimismo, se le cita como el autor del opúsculo Gotas de Genio (1928), pero no creemos que sea de su autoría. Ya para la fecha Pereira Álvarez había fallecido. Tal vez este texto corresponda a su homónimo Ismael Pereira Álvarez, hijo, quien en la década de los años treinta era redactor deportivo en el diario El Universal[1]. O ¿acaso se tratará de una obra póstuma?
Al tocar el tema de su poesía encontramos a un hombre comprometido con su tiempo. Aunque su lírica no tenía nada de social y política. Tampoco, era indiferente a la angustia y el dolor de los hombres. La poesía de Pereira estaba muy tocada por la prosa española, en momentos cuando esta se hacía cuestionamientos frente a su saldo lírico, tanto de los románticos como de los modernistas. Una característica de sus versos es su estilo claro y vigoroso, donde abundan las descripciones. Una muestra es el poema La Hipoteca, publicado en La Revolución:
De este modo, en los últimos años del siglo XIX, se cerraba una centuria de singular particularidad e interés en el desarrollo de la cultura literaria venezolana. La vasta hemerografía existente, así lo comprueba. Eran tiempos de cambios y un progresivo desenvolvimiento de nuestras letras patrias. “Bien puede afirmarse que a partir de esos años finales de siglo, nuestra literatura entra en un período de progresivo desenvolvimiento, que luego alcanzarán manifestaciones de madurez al correr la primera mitad del presente siglo", dice Pedro Pablo Barnola, en su trabajo Altorrelieve de la Literatura Venezolana.
Su poesía era siempre espontánea, propia y sentimental; pero, no circunstantiva a ella. Su romanticismo, mucho más amplio, era logrado con estilo, refulgiéndose en el campo espiritual. Son poemas sencillos, estaban envueltos en variadas tonalidades. Veamos este otro poema sin título, publicado en La Revolución, el 19 de mayo de 1891: