¿Qué se hizo Daniel García?

Paraguaná, inspiración de la obra de Daniel García. Foto:Isaac López

La obra de Daniel García, cronista mayor de la memoria paraguanera, vuelve a interpelarnos en tiempos de desinformación y ligereza narrativa: sus relatos, nacidos del viaje, la migración y el trabajo petrolero, revelan una Paraguaná profunda que muchos han olvidado y pocos se han tomado el trabajo de conocer.


Agradecido de Camilo Hurtado Lores y Juan Bautista Medina, escritores de la tierra nuestra.


Por Isaac López

La embarcación de vela que los lleva surca temblorosa las aguas del caribe. Ese mar que cada día despierta abrazando a Paraguaná. La muchacha, melancólica, ve alejarse poco a poco la figura del cerro y lágrimas seca su blanco pañuelo almidonado. El joven marido la adivina y con esforzada ternura le insiste que tomaron la mejor decisión. Mucho verano, escasa la pesca y abundantes las noticias de que en Aruba la cosa está mejor.

Junto a ellos viajan gentes de la parte sur de Paraguaná. De La Rinconada, Las Daras, Dabaduvare, Sarinao, El Taparo, Caseto y Cerro Atravesado, de Tacuato... Partieron de Las Piedras y en algunos días arribarán a La Playa, San Nicolás y Sabaneta para emplearse en algún trabajo y obtener los anhelados florines. Es 1942. Paula y Marcos José recordaban las historias del padre de ella.

En 1927 Esteban Gallardo había tomado el camino hacia Coro. En el camión de Enrique Delgado y en media semana llegó hasta los Puertos de Altagracia. Las causas del desplazamiento eran las mismas, el petróleo el gran atractivo. Los paraguaneros, como los orientales, sabían de resolanas y de escasas expectativas ante la vida dura, y como aquellos también fueron hijos del viaje. "El paraguanero fue factor de suma importancia en el nacimiento de estos campos petroleros, y los nombres de: Mene grande, Punta Gorda, Lagunillas y La Rita, están escritos con el sudor y las manos callosas de ese artesano y alfarero de pueblos, que fue el obrero paraguanero".

Con Esteban iban también Luis García, Teófilo, Martiniano y Jesús María Córdova, Pastor García, Genaro Puente, Pedro Yagua, Manuel María García, Valmore y Juan Evangelista Velasco, Melecio Sierraalta, Candelario Bracho y muchos otros. También los Fierro, cantores de salves y cabos de año de Pueblo Nuevo. Apenas llegados fueron registrados en las cuadrillas de trabajo de las petroleras. Desmontar espacios bajo la rígida vigilancia, soportar carencias y penalidades -de las cuales la afectación de fiebre amarilla no era la menor- y cumplir las exigencias de las "contratas" era parte de la nueva vida. Muchos de esos "héroes anónimos" volvieron a la península. Esteban Gallardo quedó enterrado allá, luego de un absurdo accidente al caerle encima "una eslingada de tubos". Como él también Gorgonio Yamarte, Eugenio Velasco, Vicente Rodríguez, Martín Tremont, Claudio Puente, Julio Acosta, Faustino Medina, Lolo Arévalo González, Carlos Raúl Sánchez ... También en el trabajo petrolero encontró sufrimiento el hombre recostado a la pared en su silla de siglos.

Ambos relatos de ficción, "basados en hechos reales", salen de las crónicas que nos transmite Daniel García en su libro La Paraguaná del recuerdo, volumen 2, publicado bajo el sello de Ediciones del Cerro en 1986. Una iniciativa editorial liderada por Víctor Hugo Bolívar, Héctor Hidalgo Quero, Camilo Hurtado Lores y otros.

Tierra de migrantes desde antiguo, quizás conocer profundamente la obra de escritores locales le haría bien a tanto periodista ignorante, creador de contenidos sin base investigativa y novelista al servicio de las élites decadentes del poder económico subregional.

Nacido en La Trinidad en 1938, los libros de Daniel García fueron apareciendo entre 1984 y 1996, aproximadamente. La Paraguaná del recuerdo, volúmenes 1 al 3, Apuntes para la historia de Punto Fijo y Del Tropezón a La Concha, junto a Juan Felino.

Marcados por una crónica poetizada, influenciados por la escritura de Alí Brett Martínez y Juan C. Esteves -a algunos de cuyos textos vuelve para recrear, ampliar y en algunos casos copiar- o de Guillermo De León Calles -quien hace la presentación de algunos volúmenes-, son imprescindibles para el interesado en la historia de Paraguaná, pues amplían el registro que hicieran Alí Brett Martínez para Carirubana; Rafael González y Guillermo De León Calles para Punto Fijo, Juan Toro Martínez para Los Taques y Judibana, y Juan C. Esteves y Virgilio Arteaga para los pueblos del centro y noroccidente.

De buena factura y claridad expositiva, amenidad y atractivo, aunque muchas veces no son claros en la temporalidad que refieren, los relatos de Daniel García parecen sustentarse en su evocación memorística, conversaciones con viejos lugareños y bibliografía local que no se cita. Una costumbre muy difundida y no precisamente de exaltar en nuestros cronistas e historiadores improvisados.

"Con los recuerdos enredados en el viento que se hizo amigo del volantín, que una tarde se asomó a Cerro Arriba, y en su cola grabó la historia y los recuerdos del Punto Fijo de ayer..."; "Con la esperanza enredada en los mástiles de un velero, y los sueños sembrados en el ansia del trabajo..."; "Con la brisa enredada en los medanales..."; "Con las agitadas olas del mar Caribe desmontando los sueños..." Acompañados de fotografías del extraordinario archivo de Heberto León, traza García las vivencias, hechos y personajes de la zona sur de la península. Sabana de Piedra. Tacuato, El Cayude, Cerro Atravesado y Taparo, Santa Ana y La Rinconada, El Cardón, Quitaire, San Joaquín, Cumare, Sarinao, Supidebo, Yabuquiva, La Trinidad, El Papagayo, Las Daras, y también Punto Fijo.

También los sitios de monte: Sabana de Piedra, Quilombo, la Ceja de las Tinajitas, Ceja de retobito, Los Potreros, la Cañada de los Olivos, la Cañada de los contrabandistas...

Euforia de los equipos de beisbol, resentimiento del trabajo de terciantes y concertados en los hatos de la zona, nostalgia por tradiciones desaparecidas. Agradecimiento a varias generaciones de maestros. Emigración e inmigración. Llegada y trabajo en las petroleras como tema inevitable que marcó a coetáneos.

Y en las descripciones de la nueva vida que eclosiona a mediados de los años cuarenta del siglo XX, la mirada ya no desde la épica del mundo petrolero, que fundaran las crónicas de Rafael González y Juan Toro Martínez, consolidara Douglas Jatten en sus textos La gesta de la Paraguaná contemporánea y Tiempo Falconiano, y remarcaran luego María Alejandra Carrillo y Mariela Quintero Leal en CRP El coloso de Falcón, guiadas por los intereses de la Editorial Nuevo Día, sino desde la palabra sencilla del peón trastocado en obrero.

Los discursos sobre la historia de Paraguaná no pueden ser unívocos, aunque el empeño debe sustentarse en la difusión de información sobre bases ciertas. No seguir difundiendo "tonterías y locuras". Falsedades.

Puestos en distancia y amplitud uno agradece la existencia de medios alternativos que permitió un tiempo del país, como Ediciones del Cerro y el diario Médano -ambos marcados por las ideas de izquierda- para que favorecieran la publicación de libros como los de Daniel García. Una lectura que me sigue pareciendo obligada para todos aquellos interesados en conocer y divulgar la historia de la Paraguaná de siempre.

Isaac López
6 de abril de 2026.


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