El llano capturado por un amateur
EL LLANO CAPTURADO POR UN AMATEUR
En una época donde las grandes urbes y las narrativas centralizadas suelen eclipsar la riqueza del interior del país, el llano venezolano ha alzado la voz para decir «¡Aquí estamos!». Lo ha hecho sin recurrir a lentes de alta gama ni a fotógrafos consagrados, sino a través de la sensibilidad y el ingenio de su propia gente. El I Concurso de Fotografía Amateur “Llano Cotidiano” Apure–Guárico culminó con éxito rotundo, dejando un mosaico de 89 imágenes que retratan la fuerza, la resiliencia y la asombrosa estética de una región que abarca más de 141.000 kilómetros cuadrados de sabana.
La iniciativa, impulsada por el periodista José Obswaldo Pérez desde la revista digital Fuego Cotidiano junto a la comunicadora apureña Mayra Piñate Braca, nació con el firme propósito de reivindicar la identidad llanera. El resultado superó las expectativas: 20 fotógrafos aficionados lograron congelar el alma de una geografía marcada por contrastes, capturando desde la majestuosidad de sus amaneceres hasta las sutiles y duras rutinas de la vida rural.
Un jurado de alta sensibilidad histórica y visual
Para evaluar las propuestas, el certamen reunió a un comité evaluador de destacada trayectoria que abordó el material no solo desde la técnica, sino desde la vivencia pura del territorio. Entre ellos, el reconocido profesor y artista plástico apureño Pedro Reina, quien aportó una mirada profundamente humana ligada a su propia memoria visual en la sabana. Para Reina, el llano es una escuela de truths duras y bellezas imborrables—como los paisajes inundados de Cunaviche o el esplendor del flor amarillo—, elementos que buscó reflejar en la selección de los ganadores.
Junto a él estuvo el comunicador social, coach y docente de la UNERG, José David Rondón, quien conectó la evolución tecnológica de la fotografía (del cuarto oscuro tradicional a la inmediatez del teléfono inteligente) con la mística llanera. Rondón destacó que el valor de estas obras radica en saber capturar "las letras pequeñas" del entorno: el destello de una fruta, el vaivén de un chinchorro o la nobleza de los rostros marcados por el trabajo de la tierra. Completó este prestigioso trío el periodista y reportero gráfico José Antonio Gil, ganador del premio Emmy.
El refugio de la luz: Primer lugar en Paisaje Llanero
En la categoría "Paisaje Llanero", el máximo galardón fue otorgado a José Antonio Mendoza, un abogado y trabajador del sistema judicial apureño cuya historia personal conmovió a la organización. Mendoza encontró en la fotografía un refugio emocional y un salvavidas en medio de un fuerte proceso de depresión y agotamiento.
Su obra premiada, "Sol del nuevo día en naranja", inmortalizó un vibrante amanecer sobre el río Apure desde el emblemático puente María Nieves durante una caminata matutina junto a su madre. Para Mendoza, quien recuerda con lágrimas en los ojos cuando en una ocasión anterior un piloto local le "compró" una foto pagándole con víveres en señal de respeto a su arte, este premio valida que la sensibilidad no requiere de títulos profesionales. El segundo y tercer lugar de esta categoría correspondieron a José Abraham Pérez y Nelcys Cedeño, respectivamente.
La geometría del goteo: Primer lugar en Vida Cotidiana
Por su parte, la categoría "Vida Cotidiana" coronó a Normedis Escalona, una apureña de 37 años que balancea su profesión como administradora y manicurista con su rol de jefa de SIAHO en TransApure. Escalona demostró que para conmover no hacen falta monumentos, sino saber mirar de verdad.
Su fotografía ganadora, "Cosecha de vida. Paciencia y valor del agua en zonas áridas utilizando bomba de agua", fue capturada en un mediodía abrasador en la comunidad de Jobo Dulce (municipio Biruaca). Mientras la mayoría descansaba del inclemente calor, Escalona quedó hipnotizada por el ritmo regular y la luz cenital que hacía brillar el goteo de una bomba de agua.
— Normedis Escalona
Los puestos subsiguientes de esta mención fueron para Alfredo Parra y Dante Hupaya. El certamen —que contó con el respaldo de personalidades locales como José Bernardo Guevara (Rotary Club) y la educadora Zuleima Amaro— ha cumplido una función mucho más profunda: salvaguardar la memoria histórica regional. El llano se ha mirado a sí mismo a través del lente amateur, demostrando que en el campo, en el polvo y en el agua, reside una riqueza artística inagotable.
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