viernes, diciembre 26, 2025

Momento MCM: Tiempo, posición y error cero


La historia venezolana registra múltiples derrotas ligadas a la impaciencia. El momento actual abre una posibilidad distinta, más exigente: ganar por contención, cálculo y resistencia al error.


Por Xavier Padilla

María Corina llegó a un punto excepcional: concentra en su persona una expectativa real que se traduce en ventaja estratégica y en pieza de altísimo valor. En ajedrez, cuando una pieza adquiere ese peso, el campeón deja de moverla por impulso y empieza a mover el tablero alrededor de ella.

El régimen comprende esta situación con mayor claridad de lo que muchos suponen. Dado que la disputa por legitimidad y conexión popular ya produjo su saldo (uno desfavorable para él), su objetivo actual pasa por inducir movimiento prematuro, forzar decisiones bajo presión emocional y provocar gestos heroicos que parezcan audaces y terminen siendo funcionales a su maquinaria represiva.

La tarea de MCM en esta fase gira en torno a la administración del tiempo como herramienta. Cada día sostenido sin error estratégico incrementa el desgaste del régimen, amplía fisuras internas y expone debilidades acumuladas. El tiempo bien conducido favorece a quien actúa sin depender de la fuerza bruta.

La presencia física de MCM dentro del país sólo adquirirá sentido cuando ello active consecuencias irreversibles. Un retorno sin cobertura estratégica ofrece al régimen una escena que sabe administrar: persecución, encierro, relato épico controlado. La amenaza profunda para una tiranía madura surge cuando el conflicto permanece abierto, sin posibilidad de clausura.

En el plano internacional la clave reside, por su parte, en seleccionar interlocutores con capacidad de acción concreta —ya sabemos quiénes son—. Allí el registro moral cumple una función de encuadre. El desplazamiento real ocurre cuando el caso venezolano se integra en cálculos de seguridad, economía y estabilidad regional de los decisores con capacidad de acción. Ahí genera costos y modifica conductas.

Resulta igualmente decisivo para ella preservar, de cara al régimen, la ambigüedad estratégica. Anunciar de forma anticipada revela intenciones y reduce margen de maniobra. El silencio bien dosificado obliga al adversario a anticipar escenarios, cometer errores de cálculo y dividirse entre lecturas contradictorias.

MCM necesita conservar su condición de referencia sin transformarse en punto de choque. Centralidad sostenida, visibilidad medida, liderazgo sin sobre escenificación, firmeza sin prisa. Esa combinación desarma a un adversario habituado a reaccionar frente a blancos fijos.

En términos de ajedrez, esta etapa corresponde a una asfixia posicional. Se reduce el margen de maniobra del rival, al cual se le encarecen todas sus respuestas, y así se acumulan ventajas pequeñas en su contra hasta que cada movimiento empeora su situación. El desenlace aparece cuando desaparecen para él las jugadas útiles.

La historia venezolana registra múltiples derrotas ligadas a la impaciencia. El momento actual abre una posibilidad distinta, más exigente: ganar por contención, cálculo y resistencia al error.

Si MCM sostiene ese pulso, el cierre llegará por agotamiento del sistema, como consecuencia de su propia inercia.


Xavier Padilla es escritor y mśusico venezolano, autor de El ídolo que devoró a su pueblo (Amazon, 2025)

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jueves, diciembre 18, 2025

Una Parranda en los Llanos: Retrato de una Época

Detalle entrañable: al fondo se distingue la silueta de un niño, probablemente Falo, nacido en 1968. Su presencia recuerda que estas parrandas llaneras no solo reunían a los mayores, sino también a las familias, transmitiendo la memoria y la alegría de generación en generación.

Esta fotografía no es solo un registro visual de aquellos años setenta: es un fragmento vivo de la sociabilidad llanera, de esas reuniones donde se entrelazaban la autoridad, la amistad, el humor y la tradición.


Por José Obswaldo Pérez

Esta fotografía llegó a nuestras manos gracias al doctor Chicho Donaire Ramos, guardián espontáneo de esas estampas que, sin proponérselo, terminan convirtiéndose en patrimonio afectivo de nuestro querido pueblo de Ortiz. En ella aparecen —como solía decir Domingo Silo— “puros cuartos bates de la parranda”: hombres de carácter y camaradería, reunidos en torno a la carne asada, al infaltable whisky Viejo Parra, a los cohetes de celebración y a aquella huella de venao que marcaba las fiestas llaneras de antaño.

Chicho nos aclara que la foto pertenece a la década de los setenta: “Debe haber sido tomada entre 1970 y 1972. La imagen fue capturada en la Finca Los Pegones —para ese entonces propiedad de nuestro vecino Francisco Petruccelli—, ubicada en el sector Las Colonias, en Ortiz”, recuerda.

Más tarde, aquella finca pasó a manos de Alberto Zapata, padre de Albertico Zapata.

De izquierda a derecha se distingue primero a su padre, Ángel David, el recordado Gordo Donaire, comerciante y político; luego su socio Francesco Petruccelli; y a continuación el comisario de la antigua PTJ, Becerra Colmenares, jefe de la delegación de la Policía Técnica Judicial en San Juan de los Morros. “Era muy amigo de Petruccelli y de mi papá, y en sus días libres solía venir a Ortiz para reunirse con ellos, compartir un buen escocés y disfrutar de carne asada. Él era oriundo de Barquisimeto”, relata Chicho.

Le sigue Juan Ramón Rondón Seijas, “capitán de aviación” o Coronel según su propia leyenda personal, codueño del Hato Morrocoyes, vieja unidad productiva que —como señala el escritor e historiador Adolfo Rodríguez— fue “un sitio fronterizo fundamental” desde el siglo XVIII. Allí vivieron parientes del escritor Daniel Mendoza, a quien considera haber nacido acá circunstancialmente. “Le decían Coronel Rondón porque le gustaba tomar cerveza y se instalaba en el botiquín de Baltazar. Cuando un avión o un helicóptero pasaba sobre Ortiz, decía en voz alta: ‘Me voy a la finca porque ya vinieron a buscarme en ese avión. Tengo una reunión muy importante en Caracas, me esperan allá’. Con el tiempo, aquella ocurrencia lo hizo muy popular”, recuerda Donaire.

Más adelante aparece Don Silverio Velázquez, jefe de telégrafos de Ortiz y padre de Chipilo, Marcial, Gertrudis de Sinacori, Arnaldo, Carlito, Mercedes y María Antonia. Finalmente, Rafael Vicente Baloa Báez —secretario de la prefectura civil de Ortiz—, conocido entre sus amigos como el Teniente Baloa o simplemente Mandinga.

Esta fotografía no es solo un registro visual de aquellos años setenta: es un fragmento vivo de la sociabilidad llanera, de esas reuniones donde se entrelazaban la autoridad, la amistad, el humor y la tradición. Es, en esencia, un testimonio de cómo se tejía comunidad en Ortiz y sus alrededores durante aquella época.


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lunes, diciembre 15, 2025

La literatura venezolana del siglo XXI: un mapa mínimo según Karina Sainz Borgo

Rafael Cadenas, primer venezolano en recibir el premio Cervantes | Diario ABC, España

Sainz Borgo ofrecer una cartografía mínima que permita comprender la sensibilidad literaria de un país marcado por la crisis, pero también por una sorprendente vitalidad creativa


Por Revista Fuego Cotidiano

La escritora y periodista venezolana Karina Sainz Borgo, reconocida por su trabajo en el diario ABC y por novelas traducidas a más de treinta idiomas, publicó recientemente un recorrido sintético por la literatura venezolana contemporánea. Su propuesta, presentada como una “biblioteca venezolana”, traza un mapa de las voces que han marcado el tránsito del país hacia el siglo XXI, tanto dentro del territorio como en la diáspora.

El texto destaca cómo la crisis política, económica y social que atraviesa Venezuela desde hace más de dos décadas no ha frenado la producción literaria. Por el contrario, ha impulsado una diversificación de géneros, estilos y miradas, con autores que han ganado premios internacionales y han consolidado una presencia creciente en editoriales europeas y latinoamericanas.

Narrativa: del país convulso a la proyección internacional

Sainz Borgo subraya la importancia de obras publicadas desde el año 2000, entre ellas novelas de Israel Centeno, Ana Teresa Torres, Victoria de Stefano y Juan Carlos Méndez Guédez. También recuerda hitos como el Premio Herralde obtenido por Alberto Barrera Tyszka en 2006 y el Premio Tusquets en 2015, así como la presencia de Boris Izaguirre como finalista del Premio Planeta.

En la última década, nombres como Rodrigo Blanco Calderón, Michelle Roche Rodríguez, Eduardo Sánchez Rugeles y María Elena Morán han ampliado el espectro narrativo, abordando temas como la violencia, la memoria, la migración y la identidad.

Narrativa: del país convulso a la proyección internacional

El ensayo venezolano mantiene una presencia sólida gracias a autores como Gustavo Guerrero, ganador del Premio Anagrama, y figuras como Moisés Naím, Luis Enrique Pérez-Oramas y Gisela Kozak. La autora destaca que, pese a la dispersión geográfica de muchos intelectuales, la reflexión crítica sobre el país continúa siendo un eje central.

Poesía: un puente con España

La poesía venezolana ha encontrado especial resonancia en España, donde voces como Yolanda Pantin, Igor Barreto y Leonardo Padrón han consolidado lectores y premios. Pantin, por ejemplo, obtuvo el Premio García Lorca en 2020, mientras que Rafael Cadenas alcanzó el Premio Cervantes, el máximo reconocimiento de las letras en español.

Una biblioteca para entender un país fracturado

Para Sainz Borgo, esta selección no pretende ser exhaustiva, sino ofrecer una cartografía mínima que permita comprender la sensibilidad literaria de un país marcado por la crisis, pero también por una sorprendente vitalidad creativa. La autora, parte de la llamada “literatura de la diáspora venezolana”, reivindica así la continuidad de una tradición que se rehace desde múltiples geografías.


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A 15 Años del Asalto del Centro de Historia

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A 15 Años del Asalto del Centro de Historia

Por Francisco González Cruz

A 15 años del asalto al Centro de Historia del Estado Trujillo el lugar luce en buenas condiciones a pesar de la pérdida de buena parte de su valioso patrimonio. El 16 de diciembre 2010 mediante decreto 707 firmado por el entonces gobernador de Trujillo Hugo Cabezas y su secretario general de gobierno José Javier Morales ordenó la ocupación y intervención del Centro de Historia del Estado Trujillo, sus espacios y patrimonio. Previamente mediante del infame decreto 277 del 30 de julio de 2009 había calificado al Dr. Mario Briceño-Iragorry como “traidor a la patria” y ordenado quitar su nombre como epónimo de la Biblioteca Pública.

A partir de allí se desencadenó un proceso de destrucción de libros, documentos históricos, obras de arte, antigüedades, joyas patrimoniales, fósiles, piezas arqueológicas de origen cuica, falsificación de pinturas y robos como no lo conocía hasta entonces la comunidad trujillana. La reacción de la directiva del Centro de Historia fue inmediata y sostenida, también de la Universidad de Los Andes y de su Núcleo Rafael Rangel y otras entidades. El titular del Diario de Los Andes fue de antología: “Gobernador ¿Está usted loco?” y publicó íntegro el “DECRETO DE LA INFAMIA”.

Es necesario recordar que desapareció casi todo el patrimonio bibliográfico del Centro de Historia que contaba con más de 20.000 volúmenes, incluyendo la biblioteca personal donada por Briceño-Iragorry, la Biblioteca 27 de Junio, libros antiguos de incalculable valor, al igual que el patrimonio hemerográfico con periódicos regionales de los siglos XIX y XX. La prestigiosa colección de pintura también desapareció en gran parte, entre ellas los cuadros referentes al proceso fundacional de Trujillo, algunas realizadas por el artista ucraniano Iván Ch. Belsky, un cuadro de gran tamaño retrato del Presidente de Estados Unidos Ulises Grant realizado por el pintor alemán Henry Ulke, el valioso retrato de Pimentel Roth realizado por Antonio Herrera Toro, uno de los cuatro grandes pintores clásicos venezolanos del siglo XIX.

La mayoría de los libros y diversos documentos fueron quemados, otros fueron a la basura y algunos incunables o muy valiosos vendidos a coleccionistas. Joyas y equipos electrónicos simplemente robados. Una comisión designada por el gobernador siguiente en el año 2012, el general Henry Rangel Silva, pudo constatar esa desaparición patrimonial y estimaron en más de 4.000 las piezas saqueadas. Los responsables del saqueo además de Cabezas y Morales, fueron Benito Flores, Javier Medina Morales, Javier Rivas y Huma Rosario Tavera, entre otros.

En esos mismos aciagos días fue tomado de forma muy violenta y por el mismo grupo el Ateneo de Trujillo y destruido parte de su patrimonio.

Hoy el Centro de Historia con el nombre de “La Casa de los Tratados” y la Biblioteca “Dr. Mario Briceño-Iragorry” están funcionando adecuadamente, pero su patrimonio perdido, fruto de aquella locura, es irrecuperable.

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sábado, diciembre 06, 2025

Guerra avisada: cuando el anuncio se vuelve desgaste

Aquí aparece la pregunta central que ya nadie logra sofocar: ¿Qué detiene a Trump?


Por Xavier Padilla

IMAGEN | La guerra avisada no mata al soldado, dicen. Lo que sí mata es la guerra que se anuncia y se congela.


Todos conocemos el dicho: «Guerra avisada no mata a soldado». Hoy, pocas frases pueden causar tanto daño.

La guerra real no funciona como un teatro con telón. La guerra vive del silencio, de la sombra, del movimiento que ocurre cuando nadie está mirando. La guerra, cuando se anuncia, se convierte en espera, fatiga, desgaste moral.

Trump lleva tiempo avisando. La flota se desplaza, se extiende, se repliega. Los marines entrenan cada madrugada como si ese día fuera el último antes del combate verdadero. La maquinaria se mantiene girando en el vacío. Y toda máquina que gira sin descargar su potencia comienza a romperse por dentro. El soldado se entrena para actuar, no para esperar eternamente.

La opinión pública también se fatiga. Al principio se acumula energía. Luego aparece la duda. Después surge la burla. Finalmente llega la palabra más corrosiva de todas: «fanfarrón». Eso ya empieza a ocurrir.

El pueblo venezolano mantuvo durante meses una fe sostenida por señales concretas. Cada nuevo buque, cada nuevo despliegue, cada nuevo gesto, palabra, sílaba. Hoy esa fe entra en fase de erosión.

La expectativa prolongada sin desenlace transforma la esperanza en ansiedad. La ansiedad se vuelve irritación. La irritación busca culpables.

Trump empieza a ser visto como un bocón por sectores que hace meses lo veneraban como el ejecutor final de una justicia aplazada durante décadas.

Y aquí aparece el núcleo del problema: una amenaza sostenida en el tiempo pierde filo. Una promesa sin fecha pierde peso. Un músculo sin descarga pierde potencia.

La guerra avisada no mata al soldado, dicen. Lo que sí mata es la guerra que se anuncia y se congela. Mata la moral. Mata la credibilidad. Mata la percepción de inevitabilidad. Mientras tanto, el régimen aprende. Mide reacciones. Reacomoda peones. Traslada activos. Limpia rutas. Refuerza túneles. Reubica rehenes. Ajusta alianzas. Cada día de espera favorece al criminal.

El régimen necesita resistir en el tiempo. Trump necesita golpear en el momento justo. Entre esos dos relojes se juega algo más que una intervención: se juega la psicología de millones de personas.

Aquí aparece la pregunta central que ya nadie logra sofocar: ¿Qué detiene a Trump?

En mi modesta opinión lo detiene el mapa invisible de intereses financieros. Lo detiene la red de potencias que usan a Venezuela como tablero indirecto. Lo detiene la filtración permanente. Lo detiene su propio campo minado político interno.

Nada de eso elimina la opción militar, pero la aplaza. La tensa. La deforma. Y mientras tanto sucede algo mucho más grave: la guerra deja de parecer guerra. Se vuelve narrativa. Se vuelve espectáculo. Se vuelve espera mediática.

El problema de la guerra avisada es que convierte el acto en una novela. Y toda novela, cuando se alarga demasiado, termina perdiendo seguidores.

El régimen necesita resistir en el tiempo. Trump necesita golpear en el momento justo. Entre esos dos relojes se juega algo más que una intervención: se juega la psicología de millones de personas.

Hoy la sospecha empieza a circular como un murmullo pesado: «Tal vez no viene». «Tal vez nos usaron». «Nos vendieron humo». «Era presión vacía». Ese murmullo es más peligroso que cualquier misil. Porque cuando un pueblo deja de esperar la liberación, empieza a adaptarse a la cárcel.

Y cuando un ejército deja de esperar la orden, empieza a consumirse en entrenamiento estéril. Si «guerra avisada» no mata soldado, guerra suspendida desangra a todos sin disparar.

Por eso, ahora sólo ocurrirá cuando la sorpresa vuelve a existir. Ahí la maquinaria recupera sentido. Ahí la historia deja de anunciarse y vuelve a suceder.


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