viernes, octubre 08, 2010

La fábrica de cretinos

Jean-Paul Brighelli es docente, profesor de letras y ensayista. Tiene un blog, Bonnet d'âne (orejas de burro), donde publica regularmente artículos sobre educación. Es autor de una requisitoria durísima contra la Nueva Pedagogía, responsable a su juicio de la decadencia de la instrucción pública en su país, Francia.


Jean-Paul Brighelli
Nuestros hijos ya no saben leer, ni contar, ni pensar. La constatación es terrible y sus causas menos oscuras de lo que se pretende. Un encadenamiento de buenas intenciones mal manejadas y de cálculos interesados ha desmontado en una treintena de años lo que fue uno de los mejores sistemas educativos del mundo. ¿Hay que incriminar a los políticos, a los profesores, a los parientes, a los sindicatos docentes, a los programas? En todo caso, la Nueva Pedagogía ya mostró sus "méritos": la escuela ha dejado de ser el motor de un ascensor social deficiente. Desde ahora, los que nacieron en la calle permanecerán allí. Entonces, ¿qué hacer? (...)

Hoy la escuela ha muerto. Estuve tentado de empezar así este libro. A continuación, habría demostrado que todo lo que fue construido desde las leyes Ferry (Jules) (*) fue progresivamente abolido hasta la gestión Ferry (Luc) (*). Tal vez me hubiera dejado llevar por la nostalgia de los guardapolvos y de los golpes con la regla en los dedos...

Pero la constatación de esta muerte programada, anunciada, constatación compartida por todos, padres, alumnos y docentes, ya no alcanza. Todavía hay que comprender por qué se destruye intencionalmente la escuela. Lo que es un fracaso ante los ojos de la opinión pública corresponde a un proyecto y este fracaso resulta ser, para algunos, un éxito. (...)

Un proyecto no es un complot. No hace falta imaginar que se ha calculado la muerte de la escuela. Una civilización tiene la escuela que se merece y actúa globalmente para fabricársela. Para poner de rodillas lo que fue uno de los mejores sistemas educativos del mundo, hizo falta una singular conjura de voluntades perversas y de buenas intenciones imbéciles. No se destruye sin esfuerzo, en una veintena de años, lo que la República tardó más de un siglo en edificar. (...)

La nostalgia, que los adeptos de la "modernidad" no dejarán de reprocharnos, es la única vía seria para preparar el futuro sin renunciar masivamente a la cultura. ¿Quién no ve que la "modernidad" es de hecho una vuelta hacia el oscurantismo?

Las palabras, en el mundo de Big Brother, como en nuestra época de totalitarismo blando, deben ser tomadas al revés. El ministerio de la Paz se ocupa de la guerra y la Ignorancia es la fuerza. El "éxito" de la "nueva pedagogía" es la muerte programada del Saber; su objetivo: la fábrica del cretino.

A comienzos de los años 89, Maurice T. Maschino planteaba ingenuamente la pregunta: "¿Ustedes quieren realmente niños idiotas?". Él vinculaba la baja de nivel que constataba con decisiones tomadas ya desde el fin del mandato de (el ex presidente Valéry) Giscard d'Estaing y describía una situación que preanunciaba la catástrofe actual: "El fracaso de la enseñanza no es un secreto para nadie: ni para los docentes, por supuesto, que constatan cada día el estado de degradación intelectual de sus alumnos, su incapacidad para reflexionar, su total alergia a las actividades del espíritu, su analfabetismo profundo; ni para los padres, regularmente estupefactos al constatar que sus niños, incluso en el último grado del secundario, saben apenas leer y escribir; ni para los alumnos, que se aburren a lo largo de las clases, balbucean algunos monosílabos cuando se los interroga, luego recaen en el letargo y no se despiertan más que para correr hacia la cantina o hacia su ciclomotor". (...)

Los liceos y colegios se han convertido en "sitios de vida". Habrá que pensar que antes no eran más que sitios de muerte, a tal punto la palabra "cultura", para el pedagogo despreciativo, se asocia a la obsolescencia, vagamente polvorienta, de las cosas del pasado.

Falta de costumbre sin duda. Se denigra lo que sólo se conoce de oídas. (...)

Los fundamentalistas de los Institutos Universitarios de Formación de Maestros (IUFM), entre ellos, Philippe Meirieu, el papa de la Nueva Pedagogía, suponen que el saber está en todas partes menos en el maestro; no quieren que los alumnos consideren a su docente como un sujeto que "sabe".

La Nueva Pedagogía es a la verdadera pedagogía lo que la nouvelle cuisine (nueva cocina) es a la gastronomía: nada en el plato, pero ¡qué discurso como guarnición!

(*) Ministro de Instrucción Pública, autor de las leyes que en 1881 y 1882, hicieron gratuita, obligatoria y laica a la escuela primaria francesa

(*) Ministro de Educación 2002-2004

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Ver el blog del profesor Jean-Paul Brighelli, Bonnet d'âne (orejas de burro)

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