Del dolor a la esperanza

El centro de detenciones conocido como el Helicoide, en Caracas (Venezuela), en septiembre de 2022. | Ariana Cubillos (AP)


El Helicoide está fuertemente identificado con violaciones sistemáticas de derechos humanos. Organizaciones internacionales y testimonios de exreclusos han documentado prácticas de tortura física y psicológica, condiciones de detención inhumanas, aislamiento prolongado, incomunicación y ausencia de atención médica adecuada.


Por Javier González

El Helicoide debería desaparecer como centro policial y de torturas y convertirse en el Gran Hospital de Caracas.

El Helicoide es uno de los edificios más emblemáticos y a la vez más controvertidos de Venezuela. Concebido en la década de 1950 como un moderno centro comercial con estacionamientos y accesos en espiral, nunca llegó a cumplir con ese propósito inicial.

A lo largo de las décadas su uso cambió varias veces, hasta convertirse en sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y en un centro de detención y reclusión de presos, especialmente durante la última etapa política del país. Actualmente, El

Helicoide está fuertemente identificado con violaciones sistemáticas de derechos humanos.

A lo largo de las décadas su uso cambió varias veces, hasta convertirse en sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y en un centro de detención y reclusión de presos, especialmente durante la última etapa política del país. Actualmente, El Helicoide está fuertemente identificado con violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Organizaciones internacionales y testimonios de exreclusos han documentado prácticas de tortura física y psicológica, condiciones de detención inhumanas, aislamiento prolongado, incomunicación y ausencia de atención médica adecuada. El lugar también ha sido señalado como un centro de torturas de alta notoriedad, particularmente para presos políticos, activistas y defensores de derechos civiles.

En este contexto, mantener a El Helicoide como sede de una policía política y como prisión no solo perpetúa el sufrimiento de personas privadas de libertad, sino que lo convierte en un símbolo doloroso de represión y abuso.

Muchos defensores de derechos humanos han insistido en que la comunidad internacional y las autoridades venezolanas deben asegurar el cese inmediato de su función como centro de detención y tortura, permitir inspecciones independientes y respetar el debido proceso y la dignidad humana. Frente a esta realidad, surge una propuesta que transforma un legado de dolor en uno de esperanza: reconvertir El Helicoide en el Gran Hospital de Caracas.

Esta idea no solo rescata el valor arquitectónico y el enorme espacio físico del edificio —una estructura muy notable en el corazón de la capital— sino que responde a una necesidad urgente de infraestructura sanitaria en un país que ha enfrentado crisis en su sistema de salud. Un hospital de alta especialización en una instalación de estas características podría servir para atención médica avanzada, investigación clínica, formación de personal sanitario y atención de especialidades que actualmente carecen de espacio adecuado. Además, esta transformación implicaría un activo simbólico: pasar de un lugar asociado al sufrimiento a uno dedicado a salvar vidas y promover la salud de la población.


Javier González es historiador venezolano, actualmente residenciado en España.

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