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La independencia venezolana fue un acto político audaz en 1811, pero no logró traducirse en una autonomía real y sostenida, afirma el historiador; desde entonces, Venezuela ha vivido una tensión permanente entre soberanía formal y dependencia efectiva, marcada por crisis internas, tutelas externas y la fragilidad de sus instituciones. También plantea que esta contradicción sigue vigente en 2026 y que el país aún no ha resuelto el dilema entre libertad proclamada y libertad ejercida.


Por Adrián José Monasterios
La independencia de Venezuela. Entre la geopolítica y los modelos económicos ¿un proceso histórico pendular?

Conmemorar el 5 de julio de 1811 desde la perspectiva de 2026 nos obliga a confrontar una de las tensiones más complejas de nuestra historia: la diferencia entre la independencia formal (la soberanía jurídica) y la autonomía real (la capacidad efectiva de decidir el destino nacional sin tutelas externas o dinámicas globales que asfixien esa soberanía).

Para responder si Venezuela es independiente hoy o si realmente lo fue en algún momento de su historia republicana, resulta útil analizar el concepto no como un estado absoluto que se alcanza de una vez y para siempre, sino como un proceso histórico pendular, marcado por la geopolítica y el modelo económico.

1. La paradoja de 1811: De una tutela a otra

El Acta de la Declaración de la Independencia de 1811 rompió formalmente los lazos políticos con la Corona española. Sin embargo, el nacimiento de la República estuvo marcado por una profunda contradicción que el propio Francisco de Miranda y, más tarde, Simón Bolívar advirtieron: la vulnerabilidad económica.

Al romper con España, la naciente república agraria pasó casi de inmediato a depender del capital, los mercados y el reconocimiento de las potencias emergentes del siglo XIX, principalmente el Imperio Británico y, de forma incipiente, los Estados Unidos. La devastación de la guerra de independencia se financió con deuda externa (los empréstitos británicos), lo que condicionó la soberanía económica del país desde su propio origen. Así, la independencia política no se tradujo automáticamente en una emancipación estructural.

2. El siglo XX y la hegemonía de los Estados Unidos

El paso de la Venezuela agroexportadora (café y cacao) a la Venezuela petrolera a comienzos del siglo XX redefinió por completo la soberanía nacional. Con la promulgación de la Doctrina Monroe y el estallido del pozo Zumaque I en 1914, el país entró de lleno en la esfera de influencia de Washington.

Durante gran parte del siglo republicano, la relación con los Estados Unidos no se estructuró necesariamente como una "tutela" colonial clásica, sino a través de una dependencia simbiótica y asimétrica:

El modelo rentista: Venezuela se convirtió en un proveedor estratégico y confiable de energía para Occidente, mientras que el Estado venezolano dependía de las corporaciones estadounidenses y del mercado de ese país para obtener sus ingresos en divisas.

Influencia política y cultural: La arquitectura institucional, los patrones de consumo y las alianzas geopolíticas de la segunda mitad del siglo XX estuvieron profundamente alineados con los intereses norteamericanos en el contexto de la Guerra Fría.

Hubo momentos de firmeza soberana —como el rol protagónico de Juan Pablo Pérez Alfonzo en la fundación de la OPEP en 1960, que buscaba arrebatarle el control del precio del crudo a las grandes corporaciones extranjeras—, pero la estructura de dependencia del mercado estadounidense permaneció intacta.

3. El panorama actual a la luz de 2026

Mirando el presente, el concepto de "tutela de los EE. UU." ha adquirido una dimensión distinta a la del siglo pasado. Hoy en día, la soberanía de Venezuela se encuentra atrapada en una compleja red de presiones e interdependencias globales:

Las sanciones y el bloqueo financiero: El mecanismo de sanciones económicas impuesto por Washington opera como una forma de coerción externa que limita severamente la autonomía del Estado para gestionar su economía, comerciar libremente y disponer de sus activos en el exterior. Desde una lectura de soberanía clásica, esto representa una vulneración directa a la autodeterminación.

La diversificación de la dependencia: En el intento de evadir la órbita de Washington, el país ha transferido parcelas significativas de su relación geopolítica y económica hacia otras potencias globales como China, Rusia e Irán. En la práctica actual, esto configura un escenario de "multidependencia": el país ya no responde a un solo polo de poder, pero sigue condicionado por los intereses geopolíticos y geoestratégicos.

*Adrián José Monasterios* es Licenciado en Historia - UCV.


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