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Juan Hurtado Manrique y la Iglesia de Ortiz

Algunos aspectos históricos sobre su recuperación se inician en el mes de enero de 1886, cuando se conforma una Junta de Fomento, bajo la presidencia del presbítero doctor Juan B. Franceschini, quien dedicará sus esfuerzos para rescatar aquel espacio religioso

Juan Hurtado Manrique,
Proyectista de la Iglesia de Ortiz
(Foto Reproducción JOP)


Por José Obswaldo Pérez


Sobre la reconstrucción del templo de Santa Rosa de Lima del pueblo de Ortiz hay una riqueza histórica aún poco estudiada y sistematizada. Algunos aspectos históricos sobre su recuperación se inician en el mes de enero de 1886, cuando se conforma una Junta de Fomento, bajo la presidencia del presbítero doctor Juan B. Franceschini, quien dedicará sus esfuerzos para rescatar aquel espacio religioso, el cual se hallaba en “desmejoradas” condiciones por la “presión del tiempo”.

Entre los primeros objetivos de dicha Junta estaba la de encargarse de recolectar fondos entre los vecinos para tan loable obra. Así fue como se inició aquel comité que, para la fecha, ya había reunido unos 500 pesos, los cuales habrían de ayudar, en gran parte, en la reparación del templo.

A la par de esta iniciativa de los orticeños, el general Joaquín Crespo Torres – siendo presidente de la República – se comprometió durante una visita al pueblo de Ortiz, el 13 de mayo de 1886 que “emprendería toda su ascendente en la administración actual de país, para que el Tesoro Nacional erogase inmediatamente la cantidad de mil pesos, como contingente (...) a la reedificación del templo de esta ciudad”.

Para esta labor, el gobierno de Crespo encomendó la ejecución de la obra al notable arquitecto caraqueño Juan Hurtado Manrique, quien inicio los trabajos en julio de 1886 y para finales de ese año estaba terminado el frente y casi todas las paredes laterales de las naves derecha e izquierda.

El 8 de diciembre de 1896, el presbítero Franceschini señala – en una carta dirigida al ministerio de Obras Públicas (MOP) -, los adelantos de la reedificación, mencionando que faltaba el techado del templo; pero, los trabajos se habían interrumpidos, desde 1895.

“En esta obra se ha invertido (aproximadamente, hasta el último del mes próximo pasado) veinticinco mil pesos o sean cien mil bolívares”, apunta el emprendedor sacerdote, en su correspondencia.

Y continúa el párroco destacando que “para poner este edificio a punto de techarlo, falta pues, concluir el presbiterio y cuatro columna con cinco arcos por cada lado de la nave del centro”, acota.

A estos trabajos se incorporó el arquitecto Alejandro Chataing, asistente de Hurtado Manrique. En 1895, ambos proyectaron las modificaciones de la iglesia de Ortiz, la cual sólo se construye parcialmente. De modo que quedó inconclusa hasta finales de siglo XX. Sin embargo, se terminó el ancho frente, con dos cuerpos cilíndricos en sus extremos, destinados para la sacristía y el baptisterio y terminados con cúpulas. Los muros laterales que quedaron sin frisos evidencian las técnicas constructivas coloniales de mampostería y tapias con rafas, utilizadas por el arquitecto, mientras que las columnas fueron levantadas con ladrillos cuidadosamente conformados para reproducir la forma redonda.

La iglesia fue diseñada en una escala ambiciosa. Pero la crisis económica y política afectó la continuación de estos trabajos. También, tristemente, Ortiz fue afectado por la catástrofe del paludismo descrita en la novela de Miguel Otero Silva. La localidad para 1888 había perdido sus funciones administrativas estadales, con ellas le habían decretado la muerte.

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