En una fotografía rescatada de los archivos personales de José Camejo se revive el homenaje íntimo que, en 1994, rindieron las autoridades de Guárico y Ortiz al poeta y cronista comunitario Arturo Rodríguez Rodríguez, ya quebrantado de salud, pero aún rodeado del respeto y el afecto de su pueblo.
Por Jose Obwaldo Perez
En días recientes apareció esta fotografía en los archivos personales de nuestro amigo José Camejo. En ella se reconoce a nuestro también querido y recordado Arturo Rodríguez Rodríguez. Según la memoria de Camejo —y todo indica que es un dato preciso— la imagen corresponde al 12 de noviembre de 1994, fecha en la que don Arturo fue condecorado con las órdenes Ricardo Montilla (otorgada por la Gobernación del estado Guárico) y Nicanor Rodríguez (concedida por la Alcaldía del municipio Ortiz).
En el registro visual aparecen el entonces gobernador José Antonio Malavé Risso, su esposa Aura; el alcalde José Camejo y el secretario de Gobierno, Luis Elías Sánchez, ya fallecido. La ceremonia no se realizó en un acto público, sino en la casa de habitación de don Arturo, pues para ese momento su salud estaba ya quebrantada. Fue un homenaje íntimo, sobrio y profundamente sentido.
“Fue muy merecida, porque don Arturo fue un personaje de Ortiz. Yo aprendí bastantes cosas de él cuando trabajó como recaudador del municipio en 1972. Estuvimos trabajando juntos: él como recaudador y yo como miembro de la junta comunal”, recuerda José Camejo, quien conserva una memoria afectuosa y nítida de aquellos años.
Arturo Rodríguez Rodríguez fue un poeta de pluma limpia y cordial. Escribió en El Pampero, periódico fundado por él junto con su primo Luis Acosta Rodríguez; colaboró en la revista Orientación, dirigida por el padre Pinter; y también en El Estudiantil y Luz y Pensamiento, periódicos multigrafiados que tuve el honor de cofundar. Su vocación literaria convivió siempre con su espíritu comunitario y su trato afable, que lo convirtieron en un referente querido de la vida orticeña.
Falleció en San Juan de los Morros, el 15 de septiembre de 1997, dejando una obra dispersa pero entrañable, y un recuerdo que aún hoy convoca respeto y afecto.