Mostrando las entradas con la etiqueta Argenis Ranuarez. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Argenis Ranuarez. Mostrar todas las entradas

sábado, febrero 14, 2026

Una pausa entre el hombre y el árbol

Elvira Mugno y miguel Malaspina, fundadores de la familia Malaspina en Venezuela. ARCHIVO

Entre aquellos hombres que un deseo de mejor vida aventara hacia Venezuela, vino muy joven Miguel Malaspina. Era de pequeña estatura, moreno, borrascoso. Su cólera verbal era continua. Casi siempre levantaba en alto un bastón enorme. En el fondo fue siempre generoso y cordial.


Por Argenis Ranuárez

A los pueblos del llano en Venezuela, durante la segunda mitad del siglo pasado, llegaron en plan de aventura, con su dialecto cantarino y sus ojos azules, muchos hijos de Italia.

Son varios los que se recuerdan. Muchos, que venían a ensayar fortuna en esta fértil tierra pobre. En Ipire se radicó Juan Cavalieri, virtuoso en el trabajo, incansable, construyó casas y dejó hijos. Vicente Aronne, laborioso como Cavalieri, y los Mugno, gente fina. A Miguel Mugno le vimos bajo el sol terrible, tal vez en misión artística, ambulando por aquellos pueblos. Recordamos haber visto en su habitación, junto al conocido paisaje de Nápoles donde un árbol sujeta contra un cerro a un castillo, la figura de Leonardo de Vinci. Era un óleo desvaído, quizá recuerdo de familia. Miguel Mugno decía, mirando la figu-ra del Maestro: Nadie ha sido tan múltiple.

Entre aquellos hombres que un deseo de mejor vida aventara hacia Venezuela, vino muy joven Miguel Malaspina. Era de pequeña estatura, moreno, borrascoso. Su cólera verbal era continua. Casi siempre levantaba en alto un bastón enorme. En el fondo fue siempre generoso y cordial.

Malaspina formó familia. Elvira Mugno, mujer ejemplar, le dio ocho hijos y su carácter atenuaba al del marido. Elvira Mugno continúa siendo una mujer excepcional: rezaba a Dios y decía a sus hijos hermosas palabras.

Cuando Malaspina se embriagaba, su obsesión era denigrar del general Juan Vicente Gómez y exaltar al Mocho Hernández. Por esto le recluían en la cárcel del pueblo.

Bien recuerdo una madrugada de diciembre, hace años. Malaspina, ebrio, cantaba desde la cárcel. Pocas veces he oído una música más triste que aquella que subía entre la niebla de la amanecida. Era una balada napolitana. Resumía una honda angustia, un viejo y hondo duelo nómada, de esos duelos que afloran, fluyen y se evaden. La armonía lenta se diluía en crescendos. El verso crecía dentro de la armonía de la balada. En aquel amanecer de diciembre, mientras lejos subía la música sencilla de las coplas, de aguinaldo, la tristeza de un hombre, lejos de su patria, recogía en una canción dulces ternuras remotas.

Miguel Malaspina hablaba apresurado. Tanto, que confundía a menudo voces españolas con italianas. Además, en toda discusión debía prevalecer su opinión. Pero así, con toda su vehemencia, en horas de regocijo o de dolor, el anciano era compañero obligado de ricos y de pobres.

De la familia numerosa vio caer algunos hijos. Al mayor le quemó una fiebre, una fiebre que le talló de los pómulos a los pies. Una hija que se consagró a la escuela y formó hogar honorable, murió cerca de Zaraza, y otra se quedó fría en las llanuras de Río Claro. Malaspina recibió los golpes con firmeza. Con el corazón arrugado daba a los suyos voces de aliento como un capitán en la tormenta con el barco haciendo agua.

La adversidad continuó hostigándole y el anciano se encorvó un poco. Un día cualquiera se fue a pique la vida del hijo a quien confiara la orientación de la familia. La humanidad del hijo de Italia sintió una desgarradura como esas con que el rayo abre un roble. Muchos meses anduvo a tientas. En el rostro empezaron a asomársele grietas profundas.

Entre el hato y el pueblo vive cinco años más. Quien le vea sobre el caballo observará que priva en el hombre un empeño en acallar duelos, un afán de aparecer con la altivez de los veinte años.

La barba blanca está en punta. Los ojos han borrado un poco su brillo. Aunque con el busto inclinado, es el hombre que ha resistido con sangre fría varios golpes adversos.

Por allí se dice que para embellecer la plaza del pueblo era necesario derribar el samán centenario que montaba guardia en el centro de la plaza, y Malaspina interviene en forma ruda. Tumbar al samán era como echarlo a él por tierra. Aquel árbol lo sembró y aporcó tal vez un antecesor suyo. Algo de aquella ramazón estaba en sus venas. Al anciano desconcertaba la peregrina y absurda idea de embellecer los parques derribando los árboles.

El hombre ya estaba cerca de la tierra. Aquel dos de noviembre, en el cementerio, algunos oyeron un monólogo ante las tumbas de sus hijos. Tal vez no fue al cementerio sino la sombra de Miguel Malaspina.

Su fondo rústico no le permitía buscar evasión al dolor contenido, distraer con otras emociones su sufrimiento. Por eso irá como un sonámbulo y le hallarán con lágrimas.

Miguel Malaspina llegó a Venezuela con el señuelo de ser rico, como ya lo habían sido varios conterráneos suyos. Formó familia honorable. Tuvo sus borrascas como un sino que le perseguía de lejos. Con todos fue generoso. La adversidad le había estrujado. Allí estaba, al fin, anciano, con pocos haberes. Si él hubiese podido soñar a esa hora de su vida vencida.

Comenzaba una lluvia fina, y el anciano, junto a su casa oyó un ruido hacia la plaza vecina. Inquirió y le respondieron que habían derribado al samán. Trató de incorporarse y se desvaneció. Debió sentir como un hachazo del lado izquierdo. Después se fue apagando. La noche halló en el pueblo de Ipire dos árboles caídos.

Compártalo:

miércoles, junio 01, 2022

Botello: Un Maestro

Oldman fue un MAESTRO con mayúsculas sostenidas. Gustamos como el grande Aquiles de las cosas más sencillas. Militó como Tolstoi en el socialismo cristiano que impone austeridad, solidaridad y renuncia
El historiador y periodista Odman Botello

Por Argenis Ranuarez

Ambos nacimos el cuarenta y siete. Ingresamos juntos a la noble tarea de educar el sesenta y ocho. Fuimos y vinimos, caminamos hurgando, buscando, rastreando,hechos y fechas, sitios lugares y gente. Compartimos inquietudes,preocupaciones y angustias. Oldman fue un MAESTRO con mayúsculas sostenidas. Gustamos como el grande Aquiles de las cosas más sencillas. Militó como Tolstoi en el socialismo cristiano que impone austeridad, solidaridad y renuncia.

Oldman siguió pasos y marcó los suyos, buscó huellas y al encontrarlas, marcó las suyas. Amó a la Patria grande y a las Matrias que varias tuvo. Se reprodujo en hijos, amigos y discípulos. Escribió sobre sus pueblos que muchos y muy mucho suyos fueron, de Aragua, de Guárico y Apure. Datos verificados, textos bien escritos por mejor corregidos. Historia e historias,con tiempo para humor y para leyendas, reláficas, anécdotas y mitos. El y nuestro hermano Adolfo, los académicos más sobrios, austeros,desprendidos y sencillos. Escogió su vida: HOMBRE de a pie, de autobús y de busetas. Bueno para criollos condumios y para brindis de capilla.

Un MAESTRO auténtico se ha ido.! Estoy de duelo.!

Compártalo:

viernes, septiembre 12, 2008

La Tesis Doctoral de Adolfo Rodríguez: UNA BIBLIA SOBRE EL LLANO, EL LLANERO Y LA LLANERIDAD

Argenis Ranuárez A. Cronista del Municipio J G Roscio. Estado Guárico / 0416-8460435 argenisranuarez@gmail.com

Quiso la generosidad de nuestro amigo y maestro el Doctor en Llanología Adolfo Rodríguez Rodríguez, que a nuestras manos, a nuestro corazón y a nuestro cerebro llegara un ejemplar de su tesis de grado para obtener el título de quinto nivel en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela. Esa tesis (1990), es el resultado final de diez años de trabajo. La vecindad geográfica con Rodríguez en la Ciudad de los Morros y la cercanía en el afecto y en las luchas durante más de cuarenta años, nos permiten conocer en toda su esplendida humanidad al autor de esa investigación que leemos, releemos y consultamos una y otra vez, como la Biblia sobre el llano, el llanero y la llaneridad. La tesis presentada como requisito parcial para optar al grado de Doctor en Ciencias Sociales tiene 593 páginas, quinientas citas bibliográficas y hemerográficas, y esta dedicada al poeta apureño Julio César Sánchez Olivo, su entrañable amigo.A lo largo de once capítulos el autor estructura una teoría sobre “ La Imagen de los Llaneros Venezolanos” que es el título del extenso y enjundioso trabajo.Es una teoría sobre identidad ,ficción y utopía de los llaneros venezolanos con posibilidad cierta de ser aplicada ,comparada y diferenciada con las de los llaneros de Colombia .Es un trabajo de paciente tejedor y así como sus ancestros por vía paterna, los Rodríguez Rodríguez y por vía materna, los Rodríguez Díaz- genealogías para escribir una historia larga, de espíritus luminosos-tejieron sogas y falsetas, la una, cuero cortado con precisión de pulso impecable, torcido y asoleado, la otra, fibra larga resistente y multicolor llevada a creación de artesanía todavía sin reivindicar,así debió tejer el hijo dilecto de Santa María de Ipire esa obra monumental de su entendimiento de llanero que bien ganada tiene credencial de embajador de su confín ante el mundo. La tesis de Adolfo Rodríguez está localizada en la etnopolítica, ciencia que estudia la toma de decisiones de los sistemas societarios étnicos objeto específico es la historia de los llaneros venezolanos durante los tres siglos –más o menos, imprecisa el autor en la introducción ,como buen llanero que da seno al cabresto para permitir las naturales márgenes de error.Durante esos tres siglos nace,se desarrolla y subsiste la neoetnia de los llaneros venezolanos, quienes conciben auto-imágenes y heteroimagenes. El centro de gravedad de la tesis del historiador, poeta y profesor Rodríguez lo constituyen precisamente las imágenes del llanero sobre si mismo y las imágenes de “los otros” sobre el llanero. Rodríguez concibe al llanero como un grupo societario en equilibrio y parte en consecuencia de la premisa de la utopía cumplida. Aplica el autor el enfoque que sobre lo múltiple y lo unitario aporta el diferencialismo dialéctico, en paradigma que a su decir, es resultado de las reflexiones “procuran la elaboración de una teoría grupal de las sociedades”. Apreciamos la obra de Rodríguez como el encuentro de quien busca con afán pero sin apresuramientos, sin prisa y sin carreras, para que búsqueda y encuentro sean la expresión de una personalidad así signada.Cita autores extranjeros y a autores patrios. Recoge como quien cosecha: uno a uno los frutos de muchas investigaciones para identificar, comparar, contrastar. La obra en comento la consideramos monumental, la más extensa,prolífica,madurada y acabada que sobre el llanero se haya escrito.Hay en sus fuentes historia, política, sociología, poesía, antropología, economía, folklore, mitología, estadística, teología, libros, periódicos, revistas y boletines. Poco o nada publicado que se refiera directa, indirecta, radial o tangencialmente al llanero, durante tres siglos quedó fuera de la investigación .Presentada la tesis en 1990, debió nuestro maestro marcar los cabos que iba a atar luego, por lo menos durante cuarenta años. Destaca en el trabajo del Doctor Rodríguez una imagen de los llaneros venezolanos, formada a lo largo de tres siglos de prácticas económicas, sociales y culturales en un ambiente de libertad con hechos de subsistencia y de resistencia pasiva durante el período colonial. Las imágenes, sistemas conceptuales o ideologías sobre si son producto de las condiciones de equilibrio.Fundamenta sus afirmaciones en los trabajos de autores llaneros y no llaneros como Humbolt, Ramón Páez, Torrealba, Bolet Peraza, Ovalles, Vallenilla Lanz, Tejera, Bolívar Coronado, Arvelo, Gil Fortoul, Eduardo Blanco.Pocaterra, Andrés E González, Rago, Picón Febres, Otero Silva, Carlos Palacios, Planchart, Pastori, Tosta, De Armas Chitty, Julio DeArmas y otros. El autor cita a cada uno para reforzar su propio juicio. Incluye cartas, proclamas, memorias, poesía y teatro. Organiza y valora datos. El particular ecosistema llanero en el tiempo y el ser humano-neoetnia producto de las etnias hispánicas indígena y negra-, actuando libremente en ese espacio y durante ese tiempo para generar una dialéctica de las imágenes en la historia llanera venezolana a través de cuatro modelos de ficcionalización: colonizadora, fragmentada, asumida y de resistencia.Para Rodríguez-y lo comprendemos plenamente- el llanero es la respuesta a la dominación.Es una “opción cultural” que nace en el siglo XVII con la invasión o cerco del llano, donde el ganado vacuno o “los grandes rumiantes” comenzaban a multiplicarse espontáneamente dadas las condiciones ambientales de la región de los llamados “Llanos de Caracas”, “llanos de Venezuela” o “Llanos de San Sebastián” donde las prácticas de subsistencia de las etnias autóctonas en el llano, van a asociarse a las prácticas nacidas de la nueva realidad producto de la fusión con las prácticas propias del Hato y consecuencialmente del llamado “trabajo del llano”. El caballo pasa a formar parte de la vida del hombre, bien como medio de transporte que le permite ganar tiempo a las distancias, sirviéndole además para cazar, buscar ganado cimarrón y pastorear. El comportamiento de esa nueva etnia se expresa de manera pacífica, frente al comportamiento de las etnias autotóctonas, es decir, aquellas que poblaban el territorio hoy denominado “Región de los Llanos”, antes de la conquista. Esa convivencia de prácticas pre y post llaneras, tiene según Rodríguez su explicación en la racionalidad del ser étnico, la cual excluye toda contradicción.La orientación hacia la supervivencia en un medio de contrastes, es hacia el convivir,Se trata de una fuerza propia, que conduce al equilibrio del modelo societario, con una persistencia para el logro del equilibrio o capacidad de recuperación que son la voluntad definitoria del carácter deseable utópico de cada sistema étnico. La identidad étnica, es así, un status ,una condición que asumida plenamente por el llanero, lo hace mantenerla atoda costa y trance con orgullo de sus posibilidades,de sus aptitudes y de sus destrezas para asumir riesgos,peligros,obstáculos o simplemente para enfrentar satisfactoriamente la vida.La vida suya ,que es la vida del llanero en el espacio al cual pertenece, en su territorio, en su llano, con un alto grado de desarrollo de la interacción recíproca con la naturaleza:Ella alimenta su cuerpo y su espíritu. De esa naturaleza vive, vive en armonía: la meta alcanzada será la victoria cumplida que hacen del llanero un “hombre completo”, capaz de tener conciencia de sí mismo y de “los demás” conciencia ecosistémica y conciencia diacrónica, ésta última la que le permite mantener la utopía conquistada. El poeta, profesor, historiador y académico desarrolla las ficcionalizaciones con la pericia de quien conoce la metodología y con ella se obliga por mandato de manuales, más allá de que no la comparta.La ficcionalización por identificación es la del espacio. Rechazar o dominar lo que al conquistador lo considera un peligro contra el cual él, eslabón unido al monarca como guerrero suyo, y el monarca unido a Dios como su representante en la tierra, debe enfrentar y someter. Abunda en citas que van desde Fray Pedro de Aguado, Juan de Castellanos y Fray Buenaventura de Carrocera, sobre “, la conquista del llano” (1585-1788). La identificación con la barbarie (ficcionalización por identificación) el llanero va a ser ficcionalizado en una identificación a veces cercana a la verdad y otras, apartadas totalmente.La desnudez de su cuerpo y la intrepidez de su espíritu, lo hacen parecer y ser identificados como “bárbaros”, lo cual incluye flojera, indolencia, pereza, ociosidad, en citas que van desde Humbolt hasta Uslar Pietri, pasando por el prócer José Laurencio Silva, el Prebístero José F Blanco y Codazzi. Esa ficcionalización también se hace extensiva a la identificación de los llaneros con la herejía. Los indios eran “paganos” y el modelo de subsistencia era pagano, según la óptica del invasor. En este encuentro, bien vale la pena citar fragmento del dominico Juan José de Rojas, en 1768,trascrito por Rodríguez, sobre la porción de los llanos de occidente, llamados Barinas. “A todo el territorio de Barinas quiso Dios dotarlo de fecundidad en sus pastos, en sus frutos y acomodos para cría de ganado, pero esto bien oculto bajo el freno de la fiereza de aquellos indios, entramos misionando los frailes dominicos, fueron fundando poblaciones, y a las sombras de éstas iban entrando los españoles y plantando sus hatos, y hoy son tantos los ganados que pueden contarse por millones” cita hecha de la que a su vez hace Virgilio Tosta . La tesis de Adolfo Rodríguez trabaja luego con la identificación de los no-blancos, otra ficcionalización por identificación. Negros, mulatos, zambos y mestizos recibieron por igual la furia del racismo. Esa percepción sobre los llaneros persistió luego de culminado el período colonial y de iniciada la accidentada vida republicana. Los llaneros también fueron identificados con lo exótico,la cita que hace el autor es una fotografía del llanero apureño tomada por Páez ,quien bien los conocía: “Los apureños mostraron siempre en los campos de batalla todo el denuedo del cosaco, la intrepidez del árabe del desierto, y en sus virtudes cívicas el desprendimiento de los espartanos”.En esa identificación, también el llanero ha sido tenido por “insubordinado y rebelde por naturaleza”.Páez, Vallenilla, Santander, Ker Porter y otros escamoteadores de la verdad, son citados por el autor. La neoetnia los llaneros, asi ficcionalizada, la incluye el autor en el evolucionismo unilateral. La separación que hizo el pensamiento de la antropología de las luces, cuyo objetivo supremo era la “civilización” entre el estado de naturaleza y el estado de las leyes o Sociedad civil, llevó a concebir al llanero ya no como un bárbaro a quien había que destruir, sino como un primitivo cuya incapacidad requería de tutelaje.De allí que la antropología de la ilustración propuso políticas de protección y tutelaje.Ovalles, Amaya, Pocaterra, Samper, Otero, Gallegos y Tamayo entre los más citados. La “ imagen feudal de los llaneros” constituye otra ficción en la identificación de la etnia.El autor detalla en su investigación las razones por las cuales el hato constituía una modalidad señorial o patriarcal donde el dueño de hato es propietario de la tierra y de los medios de producción y el llanero ,el trabajador, muchas veces alzado contra el colonizador en el proceso de dominación .Destaca en esta forma de ficcionalización de la identidad de los llaneros ,la sustitución del término “peón” por el de “vaquero” en la ordenanza de llanos de 1811,para evitar la excepción existente hasta entonces de los peones en el servicio militar . Cabrera Malo y Gallegos son los autores ,en quienes Rodríguez fundamenta esta ficción.El académico guariqueño dedica cientos de páginas a la ficcionalización de los llaneros por identificación, la ilegalidad calificándolos de vagos, inobedientes y ociosos, los jueces de llano aparecieron en las ordenanzas de llano de finales del siglo XVIII y fueron creados registros especiales por el gobierno colonial, para inscribir a toda la gente libre al servicio de los hatos. De esos años es la aparición de salteadores de camino y cuatreros. Fueron creadas cuadrillas para reprimir el abigeato.El autor refiere fases de Calabozo, Guardatinajas y Camaguán, hoy estado Guárico, considerados sediciosos, y donde los protagonistas eran llaneros. Durante el breve período de la primera república, Boves dirige el descontento social, los documentos citados coinciden en el calificativo a los pobladores del llano: forajidos, sublevados y salteadores.El libertador en 1814,se queja de la “adhesión” de los pueblos del bajo llano a la tiranía .Páez, según la investigación de nuestro cronista mayor-hizo oferta de dinero a los soldados para evitar que cometieran raterías. Los liderazgos de Boves y Páez en la población de los llanos, el influjo de esos dos hombrees llevó a otra ficcionalización:fueron los llaneros identificados como comunidad mesiánica.Formidable pertinencia de la citas de expresiones de J A Páez sobre su liderazgo, al igual que otras de Urbaneja Achelpol,Luis Villalba y Rómulo Gallegos. Con abundante argumentación y valiosas citas el investigador guariqueño Adolfo Rodríguez Rodríguez determina otra forma de ficcionalización: la identificación con las ideologías monárquica o republicana.La proclama de Bolívar a los llaneros el 17 de febrero de 1818, exalta el valor de la etnia llanera, considerémoslas invencibles. Morillo creyó en la posibilidad de seducir a los llaneros a favor a favor de la causa realista.Los jefes patriotas identifican al llanero con la independencia.Los autores citados en esta forma de ficcionalización de la identificación ,entre otros son Aguilera,Tejera,Eloy González,Gil Fortoul y Arvelo Larriva Los llaneros son identificados como personajes costumbristas, con el comunismo, como no-federales, como base y sustentación del caudillismo, el alma regional como desintegradora, y con el determinismo, todo ello a partir de 1830,con etapa de apogeo de la oligarquía liberal de los Monagas y con el final de la hegemonía política llanera. Los autores citados por Rodríguez son Eduardo Blanco, Larrazabal, O’leary, Fermín Toro, Juan Vicente González, Manuel José Romero, Pérez Vila, Fernández Heres, Rondón Marquez, Daniel Mendoza, Méndez Echenique,Villavicencio,Julio De Armas padre,Julio De Armas hijo,Armas Chity. Cita a los periódicos:El eco de Apure el Torrente, La Opinión Nacional, el Bazar,Ultimas Noticias, el Correo del Orinoco,Alborada,entre otros. Finalmente, creemos que la muy discutida afirmación hecha en Mérida el pasado 5 de junio en el Encuentro de Cronistas de Venezuela con estudiantes de la Escuela de Historia de la ULA, no es del todo cierta. Si hay quien lea una tesis de grado, obviamente, no como quien lee un libro de texto o una obra literaria, sino como lo que es: una fuente para nuestras investigaciones. Consideramos de gran valor la investigación sobre los llaneros de Venezuela de quien entre mucha obra buena es el creador y Director hasta hace poco, del Centro de Estudios del Llano(CELLUNERG) de la Universidad Rómulo Gallegos de San Juan de los Morros-de la cual es promotor y fundador, y donde ejerció el vicerectorado Académico-,ha trabajado Rodríguez sobre el medio, el hombre, el proceso evolutivo, usos, costumbres, personajes, modos de producción, mitos, leyendas y el sentido de pertenencia que lleva al llanero a una filiación con su ecosistema .Una y otra vez en la copla, en el corrío, en el poema, en los himnos, el la reláfica y hasta en la cotidiana conversa, el llanero se siente y se nombra hijo o hermano de sabana, cielo, viento, río, palma y del sol. Y del sol, como todo nacido “en ésta ribera del Arauca vibrador”. Razones de tiempo no nos permiten comentar la parte de la tesis del llanerólogo, llanerófilo y llanerómamo Doctor Adolfo Rodríguez, relativa a la heteroimagen de los llaneros venezolanos, esa percepción de “los otros”, en la cual el autor abunda en citas reforzadoras de sus dichos al respecto, como la de Carlos Palacios quien atribuye al llanero entre otras cualidades “las costumbres sencillas, mínima criminalidad, la hospitalidad, inventiva noble y poética, delicadeza de carácter y desprendimiento del interés material”. Por estas razones, proponemos en este Encuentro-simposio la publicación de la obra “IMAGEN DE LOS LLANEROS VENEZOLANOS(Identidad, ficción y utopía)”en coedición de los estados Barinas, Guárico, Apure, Cojedes y Portuguesa, para que cada biblioteca de liceo, universidad, casa de cultura, ateneo, centro de historia e instituto de investigación de esas entidades tengan para ofrecer a sus lectores, miembros o investigadores, un ejemplar de esta Biblia del llano, de los llaneros y de la llaneridad, escrito por el exégeta de Juan Germán Roscio, el clarificador de Zamora, el reivindicador de Don Carlos del Pozo, alumno-amigo de D Armas Chitty, amigo y Maestro nuestro.

Compártalo: