sábado, enero 19, 2008

PROFESORA DE TAQUIGRAFÍA YACENTE

Por Daniel R Scott* Una aparatosa caída decembrina obliga a mamá guardar reposo absoluto por treinta días; debe permanecer acostada boca arriba, sin moverse ni a diestra ni a siniestra. Hubo fractura a la altura de la pelvis, lo que a su edad y con osteosporosis complica aún más su recuperación. Siendo la mujer activa e inquieta que siempre ha sido, sé que su convalecencia le será un verdadero suplicio, así que me acerco y le digo: "Este es el momento oportuno para que me des las clases de taquigrafía que te pedí". Mis palabras obraron magia: esbozó una sonrisa y los ojos se le iluminaron. La taquigrafía fue para ella su pasión y profesión. En ocasiones entro a su cuarto y la sorprendo escribiendo con su dedo índice sobre la cama signos invisibles e indescifrables. Quien no la conozca diría al verla en eso que son cosas propias de orates. Pero cuando le preguntas por qué mueve su dedo contesta que está escribiendo taquigráficamente alguna palabra, nombre, frase u oración que acaba de oír en televisión. A mí, me da vergüenza confesarlo, lo único que me trae a la mente la taquigrafía es un largometraje del cómico mejicano Mario Moreno Cantinflas. Cuando se le preguntó si sabía taquigrafía, el inmortal Cantinflas contestó: "Lo hablo muy bien pero no lo escribo".
En la década de los cincuentas mamá era profesora en el Instituto "Carabobo", situado frente a la antigua clínica "Mérida" del Dr Guerra Mora, en la calle Salias. Más tarde el sr Carlos Hurtado Fonseca (cuñado de papá, buen esposo y hombre agrio como un sorbo de vinagre) compró el Instituto y lo trasladó a su casa de la avenida Cedeño, donde funcionó con el nombre de "Dr Jodé Gregorio Hernandez" hasta su clausura, a finales de los años ochenta. Dos habitaciones, una sala y el garaje fueron aulas donde se impartieron las materias de contabilidad, castellano, mecanografía y taquigrafía. Mamá se encargaba de las últimas dos. Con el paso de los años mamá abandono el Instituto y con la masificación de la grabadora de periodista y otras tecnologías la taquigrafía cayó en desuso, pero resulta intelectualmente atractivo que mamá domine a la perfección un sistema de escritura que "se remonta a la época del historiador griego Jenofonte, que se valió de esa técnica para transcribir la vida de Sócrates" (Wikipedia. La Enciclopedia Libre). También se usó mucho en el antiguo imperio romano.
Mamá me pidió que abriera una de sus gavetas secretas y olvidadas. Me dio las señas de un libro y dijo que lo sacara de allí. Tras revisar un desorden de cuadernos, papeles viejos y adornos anónimos carentes de significado encontré lo que me pidió: un libro viejo empastado en cartón y en tela de un rojo que ya perdió su color por la acción del uso y del tiempo. Su portada fue artísticamente decorada en un oro que ya se le cayó. El libro se titula "Taquigrafía Gregg" de Jhon Robert Gregg, adaptado al español en 1904 y 1921. En su segunda página se puede leer la caligrafía preciosista de mamá: "Pertenece a María A. de Scott. San Juan de los Morros. 22-5-58". Vaya... ¡Un libro de medio siglo!
Estoy en casa, cuaderno y lápiz en mano, luchando con la primera clase: planas del alfabeto en taquigrafía Gregg. Ya domino las consonantes G, K y R. Creo que estas lecciones me serán provechosas porque si bien se ve, no siempre se lleva una grabadora a todos lados. Es una ventaja sustituirla por neuronas, manos, lápiz y papel, ya que este sistema permite escribir las palabras con la misma rapidez con que son pronunciadas. Cuando Oskar Schindler anunció que le hablaría a los obreros judíos de su fábrica, dos prisioneras taquígrafas pudieron recoger sus palabras. Gracias a eso su discurso quedó registrado en la famosa obra "La lista de Schindler", que posteriormente inspiraría la no menos famosa película de Steven Spielberg. Y lo mejor de todo: recibiré de mamá como herencia un conocimiento que le es muy íntimo y querido. *Escritor y Bibliotecario. Funcionario de la Biblioteca Pública Central de San Juan de los Morros.
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lunes, enero 14, 2008

EL ÚLTIMO BOHEMIO

Tuve la oportunidad de compartir con Adriano González León en mi época de estudiante, precisamente en los pasillos de la Escuela de Comunicación Social de la UCV. Quizás una vez lo busque para fuese mi tutor, desesperado por presentar mi tesis de grado. No pudo, estaba ocupado y ya había adquirido responsabilidad con otros alumnos. Lo cierto de la anécdota es que don Adriano, aunque no fue mi profesor, fue uno de esos seres extraños, de una generación de bohemios y románticos que contó nuestra escuela, junto con nuestro querido amigo el poeta Argenis Daza. Sí, don Adriano González León, de pluma nostálgica y de la crónica menuda, deja un vacío en las letras nacionales. Nosotros que también amamos la literatura, el lenguaje de las palabras, sentimos tristeza. El pasado sábado se fue para no volver, mientras leía la prensa en el restaurante Amazonia Grill, al que se había vuelto habitué en los últimos tiempos.


En homenaje transcribo fragmentos de una entrevista publicada en Espéculo, por María Luisa Páramo (1998).

- Algunos críticos han definido su literatura como formalista, ¿está usted corroborándolo?
- No se trata de formalismo, es que el idioma es por sí sólo un contenido, es una anécdota y una verdad. Cada palabra cuenta y puede contar por sí sola una historia, si el lector tiene imaginación. Las palabras están llenas de emociones, de paisajes y de vidas interiores que el lector puede construir. Esto es lo que pretendo mostrar en mi último trabajo, en el que el personaje prácticamente es la palabra junto con la luz.
- ¿Palabra y luz?
- Sí, palabra y luz, porque en este relato tengo como punto de partida la figura de un pintor que trabajó extraordinariamente con la luz del Caribe y , en su continuo combate por conseguir un proceso de síntesis, llegó a reducir los cuadros solamente al blanco. A mí me impresionó esta idea y he tratado de reconstruir la perspectiva del pintor, añadiéndole todo lo que me ha hecho imaginar esta figura, para escribir con ello un relato largo que va a sorprender a mucha gente. No es una novela con intriga, no se podrá llevar al cine ni a la televisión para satisfacer el gusto mediocre, a pesar de que esté hecha fundamentalmente de imágenes.
- Aparente paradoja.
- El lenguaje puro de la imagen no tiene cabida en la industria porque no es comercial: el mar batiendo, las palmeras que se mueven, aquellas muñecas de trapo que el pintor utilizaba como modelos no son formas reconocibles y fáciles, se mueven más bien en la abstracción. Yo me sentiría perfectamente instalado en estos cauces de expresión, si llegara un día en que pudiera darse en los medios audiovisuales la misma batalla que a principios de siglo dieron los pintores abstractos o gran parte de los pintores surrealistas, que eran excesivamente imaginativos y distorsionaban la realidad, o mostraban una que estaba más allá de la de todos los días.
- ¿Será una novela este nuevo texto?
- Será un relato largo difícil de etiquetar, al que de momento le he encontrado el título de Viento blanco. Las cosas pasan con gran rapidez y son blancas.
- La plástica forma parte de su mundo, tan plagado de imágenes. En los libros, sus palabras aparecen acompañadas de ilustraciones notables, dibujos, acuarelas, serigrafías. ¿También son importantes para usted los sonidos?
- Muy importantes. Las palabras y sus uniones son válidas en la medida en que crean una eufonía. Mi único prejuicio con respecto a modismos tomados de otros idiomas es precisamente éste. En las páginas de internet y en la nomenclatura informática general encontramos términos como "accesar" o "formatear", que me parecen horrorosos; sin embargo, encuentro bello eufónicamente "escanear", porque me sugiere "esquilar", y entonces la palabra adquiere para mí una categoría poética superior. En este sentido, creo que el problema no es que una palabra sea correcta o no, es que sea o no bella, y esto los académicos lo deberían tener en consideración.
- ¿Y los olores?
- En País portátil la ciudad huele a gasolina y a fruta fermentada; el mundo rural huele a vejez, a antigüedad. Las mujeres parientes del personaje huelen a alcanfor, a remedios, a santos y a velas quemadas. Por cierto, recuerdo como uno de los juicios más lindos sobre la novela el de mi hermana, que me dijo cuando iba por la mitad del libro que por fin había encontrado una mujer que oliera bien, Delia, porque yo digo allí que está "enmandarinada". Tiene una enorme dificultad plantearse cómo hacer sonoros los olores y visibles las esencias. La pintura puede sugerir los olores, pero en el cine, la televisión y la radio es mucho más difícil; las escenas campestres de los pintores flamencos huelen, las vírgenes y los cazadores de los renacentistas también huelen, pero las películas no.
- Hueso de mis huesos es, "oficialmente", su primer libro de poemas, pero ¿no resulta esta clasificación en el contexto de su obra, cuando menos, discutible?
- Se trata de un texto orgánico, de organización poemática, teñido de imágenes y metáforas, y en el que curiosamente la narrativa y la dramática influyen bastante, porque tiene unidad, porque en él utilizo el artificio de los actos para organizar parte de la estructura, cinco actos como una tragedia, y porque además tiene anécdota. De pronto un hombre está observando la ciudad desde una ventana, absorbiéndola, captándola. Él parte de la observación de la ciudad-madre, Caracas, pero se le juntan todas las ciudades de su experiencia y su imaginación, de su propia historia.
- Las ciudades colaboran en la estructura de la obra y muy relacionadas con ellas aparecen las mujeres. ¿Pero aquí las mujeres son algo más?
- Personajes de ficción, personajes de la mitología como la diosa Ishtar, Dulcinea, Ofelia o Isolda, van conformando lo que podríamos llamar el núcleo femenino por excelencia, que es lo que yo trato de alcanzar aquí. Pero también hay mujeres de carne y hueso, que transcurren por Buenos Aires o por el propio museo del Prado, transformadas mediante la idealización; nacen en la realidad , pero en la memoria esa realidad se agiliza, se magnifica, se convierte en homenaje, se hace carne y se hace hueso. Siempre he pensado que hay un elemento universal en el trasfondo femenino que va más allá de la "compañera" que Dios da a Adán. Coatlicue, por ejemplo, representa a la madre tierra en la mitología azteca, es la engendradora, la que contiene todas las verdades de la existencia, y lo mismo ocurre en otras mitologías, griega, latina, púnica. Esta presencia de lo que yo llamaría lo femenino inmortal es la que quise plasmar en mi libro, pero a través de una experiencia absolutamente humana: "Por eso obedecí a tu voz y omití el ángel. Me tendiste tus brazos desde el árbol. Yo me sentía el primer caballero y no podía desairarte. Ese cambio de cortesías quebrantó las ordenanzas, pero nos hizo conocer el bien y el mal. Ni ángeles, ni demonios, ni dioses, nos volvimos humanos… Y comenzamos a comernos la tierra con amor". ¡Poder levantar la condición de uno!
- ¿Y las rosas, qué encierran las múltiples y diversas rosas del texto?
- Las rosas son el elemento menos trágico. Pueden comunicar olores, pueden dar la sensación de primavera, de jardín, y sobre todo son la ternura, la infancia. Son capaces, además, de trasponer cada uno de los colores y las texturas de la realidad y de la imaginación: rosa frágil, rosa de plata. Las rosas introducen frescura en la tragedia, tamizan lo sensitivo.
- "Hueso de mis huesos" es una frase con la que Adán se refiere a Eva, pero también la llama "carne de mi carne". ¿Por qué esa elección para el título?
- Primero, por una cuestión de eufonía y, segundo, porque los huesos son más perdurables y son la estructura que sujeta esa carne que es perecedera en la tradición cristiana. Un milagro de la arqueología podría hacer que se encontraran los huesos de Adán y de Eva, pero no sus corazones.
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sábado, enero 05, 2008

Centenario de su nacimiento/(Re)lectura de Juan Pablo Sojo

Se trata de uno de los autores sustantivos en la historia de la investigación antropocultural en Venezuela, el cual adelantó aportes significativos sobre un tema en que sólo existían breves y muy escasos trabajos 

POR JOSE OBSWALDO PEREZ
Uno de los primeros propulsores endógenos de origen afrodescendiente que se dedicó a los estudios del africanismo en Venezuela fue, sin duda, Juan Pablo Sojo (1908-1948), hijo. Se trata de uno de los autores sustantivos en la historia de la investigación antropocultural venezolana, el cual adelantó aportes significativos sobre un tema en que sólo existían breves y muy escasos trabajos[1].

Juan Pablo Sojo, hijo, había nacido en Curiepe, primer pueblo de africanos y sus descendientes libres en la historia de Venezuela durante el siglo XVIII, quien percibió una gran riqueza histórica, cultural y natural. A la edad de 23 años escribió su novela Noche Buena Negra, la cual recoge la barloventeñidad con sus esperanzas, sus sufrimientos, la cotidianidad cacaotera y sobre todo sus valores y mitos que siempre han caracterizado esa región central.

Esta novela pueda ser analizada como una propuesta literaria para interpretar la situación social y política de Barlovento con su propio lenguaje. Allí el personaje es el afrodescendiente que actúa como un sujeto histórico. Muchas de las investigaciones de Sojo tuvieron cabida en los medios de comunicación de circulación nacional.

En su ensayo Temas y Apuntes Afrovenezolanos (1943) se aproxima entorno a lo afro con interrogantes y comparaciones con el resto de América, reconociendo su influencia notable en la literatura, la música y el arte. El pasado mes de diciembre, en homenaje a sus 100 años de su nacimiento, tres investigadores reconocidos en el ámbito nacional e internacional abordan su obra intelectual.

El blog de Jeroh Montilla, Historiografías, es el espacio donde concurre la (re)lectura sobre el primer propulsor de los estudios de africanismos en Venezuela. Irma Mendoza, Doctora en Historia de Venezuela, profesora venezolana del Postgrado en Historia de Venezuela de la Universidad "Rómulo Gallegos” nos presenta Juan Pablo Sojo. En el Centenario de su Natalicio (23-12-1907 / 23-12-2007).

Arturo Álvarez D´ Armas, Poeta e investigador de temas negroides hace una bibliografía de Juan Pablo Sojo (23 de Diciembre de 1907 – 23 de Diciembre de 2007) , José Marcial Ramos Guédez, Historiador venezolano, doctor en Historia de Venezuela, habla de Juan Pablo Sojo Pionero de los Estudios Afrovenezolanos. Y William W. Megenney, profesor de la University of California, Riverside, presenta a Juan Pablo Sojo y el Modernismo Latinoamericano.

NOTA

[1] Aunque son fragmentarios y casi desconocidos en los espacios académicos se pueden mencionar el trabajo de J.A. Rodríguez para la revista De Re Indica, en 1918: “Folklore venezolano” y Una visión de Barlovento (1969), de Fernando Madriz Galindo, muy rico en materia léxica y paremiológica.
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LA DIASPORA CULTURAL AFRICANA EN LA MICRO REGION DE ORTIZ- TIZNADOS

Los africanos han tenido una presencia continua en Hispanoamérica por más de 400 años. Desde la época de la conquista, las huestes conquistadores trajeron africanos que viajaban en las expediciones de tierra adentro. Muchos de estos grupos arribaron después a Venezuela por el puerto de Coro – alrededor del año de 1550 -, procedentes de la Antillas caribeñas para trabajar en las minas de Buria, cerca de Barquisimeto.


POR JOSE OBSWALDO PEREZ*

Los africanos y sus comunidades colectivas encontradas alrededor del mundo constituyen la diáspora africana. La diáspora africana no sólo se refiere a Hispanoamérica, sino también a la migración global durante milenios. Las comunidades africanas pueden ser encontradas históricamente en Asia, en Europa, y en Australia. Pero, las comunidades más numerosas son la de los países de América (Norte, Centro, y Sur) y el Caribe. Las colonias caribeñas y sudamericanas tuvieron un predominio de africanos, y esta fusión claramente afectó la cultura aborigen. La migración forzada de africanos siguió un patrón invariable a través de la diáspora. El proceso de sangría demográfica evidencia cómo una migración de esclavizados significaría una migración de culturas. Mientras muchos esclavizados se movían alrededor de la diáspora, más cultura se transmitía pese a la aculturización a que fue sometida en sus respectivas zonas de asiento[1].

El comercio atlántico de esclavos proporcionó los medios de migración para la mayoría de los africanos en el Nuevo Mundo. Cada grupo migratorio africano trajo sus tradiciones y costumbres que, aunque no eran idénticas, eran similares y, a menudo, tenían rasgos afines. Las tradiciones culturales, se plegaron a las otras culturas, comenzando a mezclarse. Varios investigadores hablan de una combinación de rasgos y elementos africanos en Hispanoamérica que tomaron lugar entre grupo humanos provenientes de Senegambia y Guinea Bissau, entre los ríos Níger y Senegal. Regiones, por cierto, preferidas por los españoles y portugueses para traficar con los naturales de esas zonas por su laboriosidad, alegría y adaptabilidad. De las caletas de Benin, Biafra, Congo y Angola también provienen emigrantes esclavizados. De estas regiones, miles de esclavos de diferentes naciones étnicas entraron a Venezuela. Entre los grupos humanos podemos citar: Ewe, Fon, Efik, Efok, Mina, Bakongo, Loango, Caheo, Mondongo, entre otros[2]. Muchas de las personas de estas zonas tuvieron interacción a través del comercio y la guerra antes de su reintroducción en Hispanoamérica.

Los africanos han tenido una presencia continua en Hispanoamérica por más de 400 años. Desde la época de la conquista, las huestes conquistadores trajeron africanos que viajaban en las expediciones de tierra adentro. Muchos de estos grupos arribaron después a Venezuela por el puerto de Coro – alrededor del año de 1550 -, procedentes de la Antillas caribeñas para trabajar en las minas de Buria, cerca de Barquisimeto. Su llegada resulta de una crisis de mano de obra debido a la demanda creciente de trabajadores para las minas, las haciendas, los transportes de carga y, en fin, para todas las formas de trabajo. El déficit de mano de obra trató de llenarse con la importación de África de esclavos a comienzos del siglo XVI.

A su llegada, los africanos participaron en la construcción socio-económica y política de la Provincia de Venezuela a comienzos del siglo XVII, cuando empieza la importación más o menos masiva de población africana al territorio venezolano y, principalmente, hacia los Llanos de la Provincia de Caracas. Su contribución más importante fue su fuerza laboral en las haciendas y hatos ganaderos, que facilitó la acumulación de capital, la introducción de nuevas tecnologías y la globalización del comercio interregional basado en el desarrollo creciente de la agricultura y la ganadería en el siglo XVIII[3]. El tráfico negrero, llamado específicamente trata[4], se correspondía con la dinámica histórica abierta con los nuevos descubrimientos geográficos de los siglos XV- XVI y con “el espíritu de lucro del capitalismo”. Este sistema, según el historiador Brito Figueroa:

somete a sus intereses las aspiraciones de aventureros, navegantes y gobernantes; pone precio a su participación material y transforma los esporádicos y accidentales contactos entre europeos y africanos en una empresa mercantil-monopolista de gran envergadura, destinada - como en efecto ocurre- a fortalecer su creciente poder económico[5].


En muchos casos, los africanos traídos a los hinterland negreros de los puertos de la Guaira, Puerto Cabello, Cumana y Barcelona[6], eran herreros, granjeros, alfareros y soldados, así como también marineros. Algunos otros trabajaban como mayordomos, empleados de servicio doméstico, actividades agrícolas y pecuarias y artesanales (artes y oficios). Los esclavos domésticos, realizaban tareas en la casa de habitación del dueño, junto con sus mujeres que se ocupaban de realizar trabajos como cocineras, lavanderas y criadoras de los niños blancos. En algunas circunstancias, y con la autorización del amo, podían alquilar su fuerza de trabajo; algunos de ellos hacían trabajos de herrería, carpintería, barbería, construcción de casas de adobe, fabricación de tejas o bloque de teja, entre otros oficios. Las mujeres eran solicitadas para cocinar, lavar, planchar, cuidar y, en muchos casos, para amamantar niños, cuando la madre moría en el parto o estaba enferma[7].

De los primeros establecimientos de esclavos, diversos grupos de esclavizados vivieron y trabajaron en los llanos de Guárico y Apure, mezclando tradiciones culturales, tecnológicas, y sociales en una perspectiva distintiva de mestizaje y creollización. La nueva cultura reflejó la entrada de esclavizados en el crecimiento de hatos ganaderos dedicados a la economía de agroexportación, principalmente de cueros y manteca. Ese espacio de vida no sólo fue un modo de hacer el lugar sino una forma de convivencia natural, entre los márgenes de una “tierra de frontera”, abierta y libre para la construcción endógena de una nueva “neoetnia” cultural: los llaneros[8].

Las recientes estudios realizados por Arturo Álvarez D` Armas, Irma Mendoza, Adolfo Rodríguez, Felipe Hernández y otros investigadores introducen un nuevo enfoque en los estudios africanos en la región llanera[9], lo que ha permitido conocer la gran importancia de la esclavitud negra en los hatos ganaderos y la propiedad territorial esclavista a lo largo del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Adolfo Rodríguez, historiador etnocultural, señala que los esclavizados africanos llegaron junto con los dueños de hatos[10]. Los pobladores españoles y mestizos llevaron los primeros subsaharianos a los partidos de Tiznados, Paya, Las Cañadas y San Roque de Las Lajas, jurisdicción de San Sebastián de los Reyes, entonces unidades de producción agropecuaria en siglo XVII[11], para ser explotados. En medio de este espacio geográfico, el pueblo de Ortiz tenía una posición privilegiada. Era punto de paso o encrucijada para el comercio de ganado, cuero, tabaco y otros rubros hacia los centros de consumo urbano.

La cuantificada mano de obra africana en las haciendas de Guárico[12], es una muestra global de la concentración de esclavos en el ámbito de todo territorio colonial, tal como lo hemos comprobado en censos y matriculas de la microregión de Ortiz-Tiznados. Su presencia era notoria. Por ejemplo, en 26 sitios de hatos registrados para 1793 en San Francisco y San José de Tiznados, 14 negros esclavos administraban en calidad de mayordomos y suplían la ausencia del amo, cuatro lugares eran administrados por sus mismos dueños, cuatro por morenos libres y dos blancos (familiares del dueño del hato) administraban igualmente dos sitios para cría de ganado mayor[13].

El investigador Miguel Ángel Ortega[14] nos ofrece información sobre 345 esclavos, sin contar a los negros libres en la hoy Parroquia San Francisco de Tiznados, que ascendía a 1.132 almas. Igualmente debemos destacar la presencia de negros cimarrones en las montañas aledañas a los hatos y pueblos de Ortiz, San Francisco de Tiznados y San José de Tiznados[15].

En el poblado de Ortiz, visitado por el obispo Mariano Martí, el 5 de mayo de 1780, encontramos que vivían 107 esclavos, 90 negros libres y 99 pardos, los cuales representaban un 24,8% de la población total. Los negros libres y esclavos representaban un 16.9% de la población urbana del pueblo, lo cual nos da conocer una cuantificación bastante significativa. El censo de 1810, en víspera de la Independencia, se registraba 14,5% de pobladores negros y esclavos. En 1813, los esclavos negros alcanzaban el 8,5% de la población, pero los pardos libres eran mucho más numerosos, un 15,1%.

Estas cifras muestran una composición étnica reveladora en relación con el mestizaje de las clases sociales mediante un proceso de blanquecimiento que se venía acentuando aceleradamente, a principios del siglo XIX. Ya para momentos previos a la abolición de la esclavitud, la institución esclavista estaba en decadencia en el pueblo de Ortiz. Un esclavo costaba en 1858 aproximadamente 279 pesos. Cuando se puso en vigencia la Ley del 24 de marzo –y según un censo general del gobierno- un total de 129 esclavos habían logrado obtener su libertad por esta legislación: un grupo de 58 esclavos valorados en 16.230,58 pesos y otro clasificado entre 29 esclavos y 42 manumisos valorados en 12.775,50 pesos[16].

En un análisis de matriculas eclesiásticas e informes parroquiales nos permite determinar el número de negros, entre los años 1780-1813 habiendo censados unos 2.744 negros y esclavos, en una población total de 19.201 habitantes, equivalente a un 14,2%. La mayoría de los esclavos estaban concentrados en las áreas de influencia o zona rural, cuyas cifras verdaderas eran mucho más altas, como una característica del patrón rural disperso.

En conclusión, la huella de África en los llanos de Guárico y Apure es un factor principal y casi único en la construcción de nuestra cultura llanera. La recolección de estos datos estadísticos y las investigaciones recientes permiten dibujar los aportes culturales de los subsaharianos. Por ejemplo, el trabajo de los negros, zambos y mulatos tuvo importancia para la expansión de la economía colonial, el crecimiento del mantuaje y la expansión de la propiedad territorial.

El número total de esclavos de origen africano que entró con la trata esclavista al Alto Llano dictamina un papel considerable que contribuyó grandemente al desarrollo y el enriquecimiento de la cultura llanera, como médula importante en la etnogénesis de la cultura afrovenezolana, hoy integrada y diluida en la población venezolana como raíz principal de nuestro mestizaje.

NOTAS
[1] POLLAK ELTZ, ANGELINA (1972). Procedencia de los esclavos negros traídos a Venezuela. En: Vestigios africanos en la cultura del pueblo Venezolano. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, Instituto de investigaciones Históricas, p. 23 - 32. Véase también JOYNER, BRIAN D. (2003). African Reflections on the American Landscape Identifying And Interpreting Africanisms. Washington: National Park Service. U.S. Department of the Interior National Center for Cultural Resources. También en línea: http://www.nps.gov/history/crdi/publications/African%20Reflections.htm.
[2] Ídem.
[3] CARTATAY, RAFAEL (2005). Aportes de los inmigrantes a la conformación del régimen alimentario venezolano en el siglo XX. En: Agroalimentaria. Nº 20. Enero- Junio 2005 (43-55)
[4] El término “trata” es un eufemismo que busca eliminar la dimensión ética del concepto implícito en “la trata de esclavos”. Un término mucho más apropiado es el de “comercio negrero”, pues la palabra “negrero” ha conservado la carga de infamia que implica rebajar al ser humano a la categoría de mercancía. Véase a CASTELAR, EMILIO “Dimensión gráfica de la trata de esclavos”, en su Ensayo de la Abolición de la Esclavitud. En línea: http://www.ensayistas.org/antologia/XIXE/castelar/esclavitud/trata2.htm.
[5] BRITO FIGUEROA, FEDERICO (1985). El problema tierra y esclavos en la historia de Venezuela, UCV, Ediciones de la Biblioteca (Colección Historia, XIV), Caracas, p 155.
[6] JARAMILLO, MARCOS ANDRADE (1999). De la trata a la Esclavitud. Venezuela siglo XVIII. Caracas: Fondo Editorial ISPAME; p 78
[7] Véase la monografía de la profesora Ermila Troconis de Veracoechea: “El Trabajo Esclavo en la Economía Colonial” En: Boletín NC 345 (Enero-Marzo de 2004). Sesquicentenario de la abolición de la esclavitud en Venezuela (1854-2004)
[8] RODRIGUEZ, ADOLFO (1992) “Definición de la Neoétnia Llanera Colombo-Venezolana como utopía realizada” en: Romero Moreno, María Eugenia (1992): Café, Caballo y Hamaca. Visión Histórica del Llano. Coedición: Quito, Ecuador, Talleres Abya-Yala y Orinoquia Siglo XXI, Santafé de Bogotá, Colombia.
[9] Véase MENDOZA, IRMA (2005) “Presencia de la mano de obra esclava de origen africano en el Guárico Colonial. Siglo XVIII” En: Resonancias de la Africanidad. Caracas: Fondo Editorial Ipasme.
[10] RODRÍGUEZ, ADOLFO (2006, 29 Mayo): La Cultura Afrollanera en la formación de los llaneros. Conversatorio sobre influencia Árabe y Africana en Venezuela. Caracas: Universidad Bolivariana de Venezuela.
[11] PEREZ A, JOSÉ OBSWALDO (2007). Hatos y Toponimia. Un caso de apropiación de lugar en Valle de Tiznados. Siglo XVII. Valle de la Pascua: XI Encuentro de Historiadores y Cronista del Estado Guárico, 29,30 y 31 de Marzo 2007
[12] ARMAS CHITTY, JOSE ANTONIO (1981): “Zambos y pardos en un censo de población del siglo XVII” En: Semblanzas, Testimonio y Apólogos. Caracas: Academia Nacional de la Historia
[13] BRITO FIGUEROA, FEDERICO (2002). Historia Económica y Social de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, p, 1199
[14] ORTEGA, MIGUEL ANGEL (1992): La Esclavitud en el contexto agropecuario colonial. Siglo XVIII. Caracas: Editorial APICUM, colección Otro Discurso Nº 2, p 56.
[15] BRITO FIGUEROA, FEDERICO (2002). Ob.cit.
[16] MEMORIA DEL MINISTERIO DEL INTERIOR Y JUSTICIA. Censo General de los Esclavos que han quedado libre en virtud de la Ley de 24 de Marzo de 1854.

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*Periodista e Historiador. Profesor universitario
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viernes, enero 04, 2008

DESMEMORIA MUNICIPAL

La casa donde funciona la alcaldía de Ortiz es un patrimonio histórico local. Quienes la han visitado saben del valioso inmueble. Ese espacio fue recuperado en la década de los ochenta de la centuria pasada para casa de gobierno. Antes lo había sido como junta comunal y muchos años atrás, funcionó como dependencia gubernamental en tiempos del general Joaquín Crespo.
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Por José Obswaldo Pérez
fuegocotidiano@gmail.com

Quizás Elias Nedeer, Alcalde del Municipio de Ortiz, desconozca de historia local. Pero peor aún quienes aparentan ser sus asesores. La destrucción de un patrimonio histórico como la casa donde funciona la alcaldía del municipio es algo imperdonable. Una gran ignorancia que cuelga en su magistratura. La casa donde funciona la alcaldía de Ortiz es un patrimonio histórico local. Quienes la han visitado saben del valioso inmueble. Ese espacio fue recuperado en la década de los ochenta de la centuria pasada para casa de gobierno. Antes lo había sido como junta comunal y muchos años atrás, funcionó como dependencia gubernamental en tiempos del general Joaquín Crespo.

Una imagen clara, nítida y de prestancia fue el salón de secciones del Concejo Municipal. Quien allá estado allí debe recordar las innumerables sesiones del ayuntamiento, los debates y los discursos de orden donde la pluralidad política tenía cabida sin mezquindad y sin oportunismos obscenos. Por allí pasaron militares, religiosos, políticos, estudiantes, intelectuales, académicos, maestros, y cuenten ustedes. Desde aquel salón, las palabras de los oradores eran voz de resonancia y oído del pueblo llano que les asistía. Pero, en contraste y en el presente, hoy es un laberinto de paredes transformadas en cubículos que desforman toda una estructura y una realidad histórica.

El burocratismo de la alcaldía de Ortiz, sin consulta y con un estilo de mal gusto, transfiguró sus espacios internos para atender la demanda de cargos y la nueva estructura de la revolución bolivariana. Desde la atalaya de la conciencia del pueblo es una casa que, para sus habitantes, simboliza el asiento del poder local; pero, que más allá de eso, es una casa antigua, valiosa, recuerdo de las asoladas casas muertas rememorables del pasado angustiosos de los orticeños. Lamento que el burgomaestre tenga una falta de memoria y que, por errores administrativos, se destruyan bienes históricos. De nada vale promover la historia cuando uno no actúa con lo que hace.
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