viernes, febrero 06, 2026

Yoani Sánchez alerta sobre el deterioro cotidiano en Cuba en medio de apagones y frío inusual

Yoani Sánchez, periodista y directora del medio digital 14ymedio. |


La comunicadora y editora es una de las voces críticas más visibles dentro de la isla, la cual enmarca la situación en un contexto político más amplio.


Por José Obswaldo Pérez

La periodista y directora del medio digital 14ymedio, Yoani Sánchez, describió en la madrugada de este viernes la precariedad que atraviesa La Habana, marcada por el frío, la inestabilidad eléctrica y la sensación de un país que funciona a intervalos. En un mensaje publicado en X, la cronista cubana escribió: “Madrugada en La Habana, hay frío y, milagrosamente, algo de electricidad. Es momento de adelantar todo lo que se pueda porque luego llega el apagón y la vida se paraliza. Los finales de un régimen son duros... pero también esperanzadores”.

El comentario refleja la rutina que millones de cubanos enfrentan ante los prolongados cortes eléctricos, que se han intensificado en los últimos meses por la crisis energética y el deterioro de la infraestructura estatal. La necesidad de “adelantar todo lo que se pueda” antes de un apagón se ha convertido en una práctica extendida en hogares y centros de trabajo, donde la planificación depende más del suministro eléctrico que de la voluntad de las personas.

Sánchez, una de las voces críticas más visibles dentro de la isla, enmarca la situación en un contexto político más amplio. Su referencia a “los finales de un régimen” apunta al desgaste del modelo cubano, que enfrenta crecientes dificultades para sostener servicios básicos y contener el malestar social. Aunque el Gobierno ha atribuido los apagones a fallas técnicas y limitaciones financieras, organizaciones independientes y analistas coinciden en que la crisis energética es también un síntoma del agotamiento estructural del sistema.

El mensaje de la periodista se suma a una serie de denuncias y testimonios que, desde dentro y fuera de Cuba, documentan el impacto de la crisis en la vida diaria: desde la pérdida de alimentos por falta de refrigeración hasta la interrupción de servicios médicos y educativos. En redes sociales, usuarios cubanos han respondido a la publicación con relatos similares y con llamados a visibilizar la situación internacionalmente.

Mientras el país atraviesa uno de los periodos más críticos de las últimas décadas, la madrugada descrita por Sánchez funciona como una metáfora del momento político: un tiempo de oscuridad intermitente, pero también de expectativa ante posibles cambios.


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jueves, febrero 05, 2026

Magallanes no es Magallanes

Magallanes de los años 40 (Lavaud). | Esta imagen corresponde al Magallanes de la década de 1940, con el uniforme clásico y el equipo posando en formación. Es una de las pocas fotos ampliamente difundidas del período en que Lavaud dirige la franquicia.


Se recomienda despojarse de todo fanatismo para mayor comprensión


Por Javier González

La historia del beisbol venezolano está llena de mitos, continuidades asumidas y verdades que, con el paso del tiempo, han sido simplificadas por la pasión del fanático. Uno de los casos más emblemáticos es el del Magallanes, nombre que evoca gloria, tradición y rivalidades, pero cuya identidad histórica no es tan lineal como muchos creen. En esencia, el Magallanes actual no es el mismo Magallanes original, aunque comparta su nombre y parte de su simbología.

En 1941, un comerciante caraqueño llamado Carlos Lavaud, ferviente aficionado al beisbol, decidió fundar un equipo que participara en el campeonato de primera división de Caracas. Lavaud, junto con su padre, era propietario de un negocio de venta de artefactos eléctricos ubicado entre las esquinas de San Jacinto y Traposo, en pleno corazón de la capital. Como era costumbre en la época, el equipo estaría patrocinado por la empresa familiar, siguiendo el modelo de otros clubes deportivos surgidos a partir de iniciativas privadas.

Lavaud no era un improvisado en el ámbito beisbolero. Había sido directivo del equipo Vargas a mediados de los años 30 y, desde joven, se había declarado seguidor apasionado del Magallanes, aquel conjunto que alcanzó enorme popularidad entre 1927 y 1933, antes de desaparecer del escenario beisbolístico caraqueño. Ese Magallanes, que marcó a toda una generación de aficionados, ya no existía, pero su recuerdo seguía vivo en la memoria colectiva de la ciudad.

Apelando precisamente a esa nostalgia y al arraigo emocional que el nombre aún despertaba, Lavaud decidió bautizar a su nuevo equipo como Magallanes. No se trataba de una continuidad institucional ni jurídica, sino de una evocación consciente de una marca deportiva que había calado profundamente en la afición. El nombre era, ante todo, una estrategia para conectar con el público y dotar de identidad inmediata a un proyecto que apenas nacía.

Para reforzar esa apuesta, Lavaud contrató a Vidal López, uno de los grandes ídolos del beisbol venezolano de la época, cuya sola presencia garantizaba atención y respeto. Como mánager, trajo desde Cuba a Joseíto Rodríguez, reconocido como uno de los estrategas más brillantes del beisbol caribeño. Rodríguez no solo aportó conocimientos tácticos y disciplina profesional, sino que además fue una figura clave en la carrera de Alejandro "Patón" Carrasquel, a quien ayudó a abrirse camino hacia las Grandes Ligas, un logro extraordinario para el beisbol venezolano de aquellos años.

Conviene recordar, además, que antes del Magallanes de Lavaud existieron otros dos equipos con ese nombre. El primero tuvo una vida efímera entre 1917 y 1918, mientras que el segundo fue el ya mencionado club de 1927 a 1933, auténtico fenómeno popular de su tiempo. Ninguno de ellos tuvo continuidad directa con el equipo fundado en 1941, más allá del nombre y del recuerdo sentimental.

Por ello, afirmar que el Magallanes es una sola y misma institución desde sus orígenes es una simplificación histórica. El Magallanes de 1941 fue una creación nueva, inspirada en el pasado, pero distinta en su estructura, sus protagonistas y su contexto. Entender esta diferencia no resta méritos deportivos ni tradición; al contrario, permite apreciar con mayor claridad cómo se ha construido la identidad beisbolera en Venezuela, entre la memoria, la pasión y la reinterpretación constante del pasado.

Despojarse del fanatismo no significa renunciar al amor por un equipo, sino comprender su historia con mayor rigor. Y en esa historia, queda claro que Magallanes no es, estrictamente, Magallanes.

Pero la historia del Magallanes de Carlos Lavaud ha sido, con el paso del tiempo, erróneamente vinculada al Magallanes actual, generando una continuidad histórica que, estrictamente hablando, no existe. Si bien comparten un nombre que despierta emociones y recuerdos, se trata de entidades distintas, separadas por decisiones administrativas, jurídicas y deportivas que rompieron de manera definitiva esa línea histórica.

El equipo fundado por Lavaud tuvo una actuación destacada en la pelota caraqueña y profesional, logrando consolidarse rápidamente como una de las divisas más competitivas del país. Su momento cumbre llegó en el campeonato 1943-1944, cuando conquistó el título, y desarrolló además una férrea y memorable rivalidad con el equipo Cervecería Caracas, una confrontación que ayudó a cimentar la popularidad del beisbol en la capital.

En 1945, el beisbol venezolano dio un paso trascendental con la separación formal entre la pelota amateur y la profesional, lo que dio origen a la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP). Los clubes fundadores de esa nueva era fueron Magallanes, Cervecería Caracas, Vargas y Venezuela, y entre ellos figuró, naturalmente, el Magallanes propiedad de Carlos Lavaud.

Durante su etapa en la LVBP, el Magallanes de Lavaud alcanzó importantes logros deportivos: obtuvo tres campeonatos (1949-1950, 1950-1951 y 1954-1955) y cuatro subcampeonatos (1948-1949, 1951-1952, 1952-1953 y 1953-1954), consolidándose como una de las franquicias más exitosas de la primera década del beisbol profesional venezolano.

Sin embargo, tras la obtención del título en la temporada 1954-1955, Lavaud tomó una decisión que cambiaría el curso de la historia. Agotado por los problemas financieros y los sinsabores propios del negocio, expresó con franqueza su intención de retirarse: "Estoy cansado de los sinsabores de este negocio y de perder dinero, así que no sigo más en esto". A raíz de esta postura, surgió una propuesta desde la propia Liga para rentar la franquicia, con el fin de garantizar su participación en la siguiente campaña.

Fue así como el empresario vasco Damián Goubecka, vinculado principalmente al espectáculo deportivo y al fútbol, alquiló el equipo a Lavaud por 15 mil bolívares mensuales. De esta manera, el club magallanero participó en la temporada 1955-1956 bajo una directiva integrada por Goubecka, Sebastián Artiles y otros nombres ligados al ambiente beisbolero.

Concluido el torneo 1955-56, Goubecka devolvió el equipo a Lavaud, quien ratificó su decisión de no continuar en el beisbol profesional. Ante la reiterada ausencia de Lavaud a las convocatorias de la LVBP, la directiva del organismo, en cumplimiento del artículo 28 de su normativa interna, procedió a revocar la franquicia, aunque Lavaud se reservó legalmente los derechos del nombre Magallanes.

El 8 de agosto de 1956 se concretó la medida, y con ello el equipo de Lavaud dejó de existir como entidad activa dentro de la Liga, perdiendo así cualquier posibilidad de continuidad histórica. Pocos días después, el 31 de agosto, Magallanes fue desafiliado de la Asociación Nacional de Baseball, recibiendo la devolución del depósito de 1.400 dólares exigido para su afiliación.

Ese mismo mes, la LVBP procedió a subastar una nueva franquicia para ocupar el cupo vacante. Los veteranos de la Segunda Guerra Mundial, de origen latino y publicistas, Johnny Cruz y Joe Novas, adquirieron dicha franquicia y fundaron el Oriente Base Ball Club, equipo que en 1962 pasó a llamarse Orientales, tras ser adquirido por Rafael "Fucho" Tovar y otros socios.

Aunque esta imagen es posterior, conserva elementos visuales del Magallanes previo a la mudanza a Valencia y sirve para ilustrar la transición entre la franquicia de Oriente/Orientales y el renombramiento como Magallanes en 1964. |


Entre 1956 y 1964 hubo varios intentos por revivir el nombre Magallanes dentro del beisbol profesional venezolano. Uno de los más significativos ocurrió en 1958, cuando el doctor Manuel Antonio Malpica, catcher emblemático del Magallanes de 1927-1933 y mánager del equipo venezolano campeón mundial amateur de 1941, intentó constituir una Compañía Anónima para reunir los recursos necesarios con miras a fundar un nuevo club. Para ello contaba con la garantía de que Lavaud le cedería los derechos del nombre Magallanes. El proyecto, sin embargo, no prosperó.

Más adelante, en 1962, el propio Malpica le propuso a José Antonio Casanova, quien se preparaba para fundar un nuevo club en sustitución de Pampero, que utilizara el nombre Magallanes. Casanova rechazó la idea y optó por denominar a su equipo La Guaira Base Ball Club.

Finalmente, en enero de 1964, el empresario radiofónico Antonio José Isturíz, entonces propietario mayoritario de Orientales, convenció a Lavaud de cederle los derechos del nombre Magallanes, con el propósito de rebautizar a su franquicia. Fue así como, en la temporada 1964-1965, Orientales saltó al terreno de juego bajo el nombre de Magallanes, denominación que ha perdurado hasta nuestros días.

Como puede apreciarse, el nombre Magallanes pudo haber sido utilizado por cualquiera de los clubes que para entonces integraban la LVBP. De haber existido la voluntad y el acuerdo correspondiente, incluso el Caracas de "El Negro" Prieto y Pablo Morales habría podido llamarse Magallanes, del mismo modo que pudo hacerlo Industriales de Valencia. Bastaba con la cesión de los derechos del nombre por parte de Lavaud.

Lo cierto es que los orígenes del Magallanes actual se remontan a 1956, cuando la franquicia nació bajo el remoquete de Oriente. A pesar de ello, el imaginario popular ha asumido al Magallanes como un mismo equipo a lo largo del tiempo, sin distinguir entre rupturas legales y administrativas. El nombre Magallanes se convirtió en un símbolo del beisbol venezolano, más allá de la precisión histórica.

Esta realidad explica por qué sostengo que el Magallanes actual posee 11 gallardetes, y no 14, como suelen afirmar algunos medios de comunicación y la propia directiva de la divisa carabobeño. La diferencia no es menor: responde a una lectura rigurosa de la historia y a la comprensión de que nombre, tradición y franquicia no siempre son sinónimos.

Finalmente, vale resaltar que, en 1969, Istúriz vendió la franquicia -equipo incluido- a un grupo de empresarios carabobeños, quienes trasladaron la divisa magallanera a la ciudad de Valencia.

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Javier González es historiador venezolano residenciado en España.

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martes, febrero 03, 2026

El negocio de nuestra democracia

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Si algo caracteriza a Delcy Rodríguez y a su hermano, es una notable capacidad de mimetización. Saben leer el entorno, ajustar el discurso, cambiar el disfraz para sobrevivir.


Por Walter Molina

Delcy Rodríguez no es una Adolfo Suárez ni, mucho menos, una Frederik de Klerk. No lo es en términos históricos, políticos ni morales. Y la insistencia en forzar esa analogía, además de incorrecta, es peligrosa, porque confunde adaptación con convicción y supervivencia con liderazgo transformador.

Si algo caracteriza a Delcy Rodríguez y a su hermano, es una notable capacidad de mimetización. Saben leer el entorno, ajustar el discurso, cambiar el disfraz para sobrevivir. El chavismo residual ha quedado reducido exactamente a eso: a administrar un poder que no le pertenece, intentando durar “un día más” mientras el edificio que construyeron se derrumba desde adentro. Y es que el chavismo ya no existe como movimiento político, y ni siquiera como “idea”. Perdió la hegemonía social, la legitimidad electoral y la capacidad de ofrecer un horizonte simbólico. Lo que subsiste es una estructura de control, sostenida por coerción, corrupción y miedo.

Los Rodríguez son lo que siempre fueron: delincuentes, corruptos, represores, aliados de tiranías y de organizaciones criminales transnacionales. Comunistas de verdad y, sobre todo, unos sujetos que odian profundamente a los venezolanos. Acomplejados. Vengativos, como ella misma ha admitido. No hay en su trayectoria ni un solo indicio de conversión democrática, ni de arrepentimiento político, ni de comprensión del daño causado.

Por eso, nada de lo que han hecho en este último mes responde a una vocación democrática, ni a un impulso personal de “tender puentes” entre la tiranía que representan y una democracia futura. Lo hacen porque no les queda alternativa. Porque Estados Unidos les marcó la cancha, los tiempos, las etapas y la agenda. Porque el 28 de julio de 2024 los dejó políticamente sacudidos y el 3 de enero de 2026 los terminó de quebrar.

Lo hacen porque la única forma de permanecer —aunque sea transitoriamente— fue entregar a Nicolás Maduro (ah, es que son traidores, también) y aceptar el papel que les fue asignado: desmantelar, bajo tutela externa, el sistema criminal que ellos mismos ayudaron a construir.

Pero no confiamos en ellos. No confiamos los venezolanos, que conocemos demasiado bien su historial de incumplimientos, traiciones y simulaciones. Y tampoco confía el mundo económico. Las empresas internacionales, los inversores serios y los actores financieros no se mueven por discursos coyunturales ni por promesas hechas bajo presión. Esperan algo mucho más concreto: Estado de Derecho efectivo, reglas claras, instituciones legítimas, no administradores transitorios del caos.

Por eso la transición hacia la libertad no es algo que “ocurra” por inercia. Es una tarea que debemos asumir activamente, sabiendo que enfrentamos a bárbaros que solo entienden la lógica del costo y del castigo, no la del compromiso democrático. De allí también la cautela, perfectamente racional, de quienes ven en Venezuela una enorme oportunidad económica, pero no invertirán mientras la legalidad no sea una constante.

Las transiciones exitosas se consolidan cuando la democracia deja de ser una concesión y pasa a ser el marco estructural. Y eso exige legitimidad electoral real, división de poderes, justicia independiente y liderazgo democrático reconocido. Todos sabemos, dentro y fuera del país, quién encarna hoy esa legitimidad.

El mejor negocio para casi todos es la democracia. Para que los ciudadanos venezolanos recuperen sus derechos, libertades y dignidad, pero también para quienes buscan estabilidad, previsibilidad y crecimiento. Cada día que pasa, eso queda más claro, de Caracas a Washington.

El chavismo residual puede administrar una retirada. Puede ser funcional, por un tiempo corto, a un proceso tutelado. Pero no puede fundar nada nuevo. La democracia, en cambio, sí. Y es ahí donde está la verdadera disputa histórica que se está jugando.

Walter Molina es politólogo y analista venezolano

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domingo, febrero 01, 2026

Javier González: “La historia del deporte venezolano aún está por escribirse”

Javier González, historiador venezolano residenciado en España |


El historiador adelanta que trabaja en un libro sobre la rivalidad entre Caracas y Magallanes, un fenómeno que trasciende lo deportivo para convertirse en un espejo de la identidad venezolana.


Por Fuego Cotidiano

El historiador Javier González (1956), autor de más de veinte libros dedicados a la historia de los deportes en Venezuela —varios disponibles en la Biblioteca Digital Banesco—, ha construido una obra que combina investigación hemerográfica, docencia universitaria y una larga trayectoria como bibliotecario. Su trabajo, realizado en conjunto con el periodista deportivo Carlos Figueroa Ruiz, constituye uno de los esfuerzos más sistemáticos por documentar el desarrollo del deporte en el país

González sostiene —en una entrevista realizada por Nelson Rivera para Papel Literario de El Nacional— que uno de los rasgos más problemáticos de la historiografía venezolana es su carácter excluyente, centrado casi exclusivamente en los procesos político‑militares. Esa mirada reducida ha dejado fuera ámbitos esenciales de la vida social, entre ellos el deporte, entendido como fenómeno cultural, identitario y de cohesión colectiva. La bibliografía deportiva nacional, afirma, sigue siendo escasa, fragmentaria y dominada por crónicas aisladas, lo que evidencia la necesidad de ampliar los enfoques históricos.

La prensa como archivo del deporte

La falta de estudios previos obligó a González y a sus colaboradores a sumergirse en el vasto y complejo universo de la prensa. Su experiencia de catorce años en la Hemeroteca Nacional les permitió desarrollar criterios sólidos para trabajar con periódicos y revistas como documentos históricos. Allí han encontrado no solo resultados y competencias, sino también discursos, representaciones sociales y procesos de institucionalización del deporte venezolano.

Las colecciones de la Hemeroteca Nacional, la Academia Nacional de la Historia, archivos públicos y colecciones privadas han sido esenciales para reconstruir la evolución del béisbol, el fútbol, el baloncesto y el ciclismo en el país.

El béisbol y su arraigo nacional

González explica que el béisbol, introducido en el siglo XIX, se expandió rápidamente porque logró trascender las barreras de clase y convertirse en un espacio de encuentro social. Su consolidación como deporte nacional se selló con el triunfo venezolano en la IV Serie Mundial de Béisbol Amateur (La Habana, 1941), un hito que reforzó el orgullo colectivo y fijó al béisbol como símbolo identitario.

Héroes, hitos y medios: la construcción del público

El crecimiento del público deportivo, señala, está estrechamente ligado a los hitos históricos y a las figuras emblemáticas que alimentan la imaginación colectiva. La prensa, la radio, la televisión y hoy las redes sociales han amplificado esos relatos, contribuyendo a la masificación del deporte y a la creación de memorias compartidas.

Víctor Davalillo, una figura historiable

Entre sus obras destaca la biografía Vitico al bate, dedicada a Víctor Davalillo, a quien considera una de las figuras más influyentes del deporte venezolano. Su longevidad, consistencia y prestigio internacional lo convierten, afirma, en un personaje cuya vida merece ser estudiada y preservada.

Violencia y mercantilización del espectáculo

Consultado sobre el auge de la violencia en los eventos deportivos, González advierte que el fanatismo exacerbado y el consumo de alcohol han distorsionado el espíritu del juego, generando riesgos para la convivencia y la seguridad. También reflexiona sobre el encarecimiento global del espectáculo deportivo, impulsado por contratos televisivos y la lógica del mercado, lo que ha convertido la asistencia a ciertos eventos en un privilegio para pocos.

Un proyecto colectivo de dos décadas

González destaca la labor conjunta con Carlos Figueroa Ruiz, con quien ha producido más de veinte libros y concebido proyectos como una Gran Enciclopedia Deportiva Venezolana, aún pendiente de realización. También han colaborado periodistas especializados como Eliezer Pérez Pérez, Williams Brito y Johnny Villarroel, quienes aportaron su experiencia en fútbol, baloncesto y ciclismo.

Próximas publicaciones

El historiador adelanta que trabaja en un libro sobre la rivalidad entre Caracas y Magallanes, un fenómeno que trasciende lo deportivo para convertirse en un espejo de la identidad venezolana. Más que un enfrentamiento entre equipos, afirma, se trata de una historia de tradiciones, emociones y símbolos compartidos por generaciones.


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Un alivio más hacia la alegría

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Qué crueldad tanta impunidad y tanta impotencia. Claro que el anuncio de una amnistía general y saber que pronto estarán en sus casas todos los que ayer gritaban de dolor en el Helicoide es una buena noticia.


por Valentina Martínez

Tengo que reconocer que todas las noticias que llegan de Venezuela desde el 3 de enero las recibo siempre con un regusto amargo. Ese que deja la comida a punto de estar buena, cuando tiene todo el sabor y le falta sal. Sentí algo más cercano al alivio que a la alegría al conocer que Delcy Rodríguez anunciaba una amnistía general para todos los presos políticos. Me acordé de tantos de ellos y de tantas familias que han vivido con tanta angustia estas sádicas semanas de ir cuentagoteando la suerte de tu vida. ¿Seré yo el siguiente? ¿Cuándo me tocará a mí? ¿Será hoy que le toque al mío? Porque si algo es profundamente injusto es no saber cuáles son las razones por las que estás pagando una pena de cárcel. Pero es aún peor no saber cuáles son las razones por las que te pueden liberar.

En este caso, como en casi todos los de las dictaduras y regímenes totalitarios donde no existe nada parecido al mínimo límite del poder, la razón era simple: el capricho arbitrario de los que abusan de ese poder. Maduro, Delcy, su hermano Jorge, Padrino o el terrible Diosdado iban marcando, señalando y decidiendo a los que había que sacar de la circulación por ser demasiado valientes, o demasiado populares, o demasiado libres. A veces primero los hostigaban, entraban en sus casas en mitad de la noche como hicieron con el Alcalde Ledesma, para advertirles de todo lo que podían ser capaces de hacer. Otras veces iban directo, como hicieron con el yerno de Edmundo González al que se llevaron por la fuerza delante de sus hijas pequeñas cuando las dejaba en la puerta del colegio. Algunos sufrían terribles torturas dentro, como Lorent Saleh, otros directamente no las superaban y morían destrozados por las palizas como Jesús Manuel Martinez, Alexander Gómez Pérez, Jesús Rafael Álvarez o el ex gobernador Alfredo Díaz. La razón, ninguna. Puro capricho. Tú sí, tú no, para acabar siendo un todos sí. Después de las elecciones de julio del 24, todos los que no pudieron salir del país acabaron muertos, en la cárcel o viviendo sin vivir, como María Corina Machado, en completa clandestinidad.

Por eso es imposible no sentir alivio al escuchar que se cierra esa casa de los horrores que es el Helicoide, un nombre que solo al pronunciarlo produce escalofríos. Yo lo había escuchado muchas veces y creía entender lo que contaban algunos de los que milagrosamente sobrevivían. No era así. Me di cuenta cuando me sometí, en la agradable protección de mi despacho parlamentario y frente dos venezolanos amigos, a “Realidad Helicoide”, una película de realidad virtual que te transportaba durante 15 minutos a lo que ellos vivían durante meses e incluso años. Durante ese rato me interné con pánico en una celda gris, húmeda y sin ventanas, acompañada de cucarachas y de los gritos de fondo de un interno al que torturan. Y ahí entendí el pavor de sentir ¿seré yo el siguiente? ¿Cuándo me tocará a mí? Y la pregunta de los que esperan fuera, ¿será hoy que le toque al mío?

Qué crueldad tanta impunidad y tanta impotencia. Claro que el anuncio de una amnistía general y saber que pronto estarán en sus casas todos los que ayer gritaban de dolor en el Helicoide es una buena noticia. Sobre todo, es un paso necesario, en absoluto suficiente, para avanzar en el camino de una transición a la democracia en Venezuela. “Quiero anunciar que hemos decidido impulsar una ley de amnistía general que cubra todo el periodo de violencia política desde 1999”, dijo Delcy. Como lo leen, el periodo de violencia política se ha extendido durante veintisiete años. Desde Chávez a Maduro, 27 años de violencia-non-stop. No lo digo yo, lo dice Delcy. Este es un dato muy importante para todos aquellos que se han negado a condenar la dictadura venezolana porque no había dictadura ni represión en Venezuela hasta (el robo de) las elecciones de julio de 2024. ¿Les suena?

A partir de aquí también quedan muchas preguntas, ¿qué va a pasar con todos aquellos que han excarcelado —que no liberado— estas semanas, pero a los que han mantenido con cargos y medidas cautelares impidiéndoles hablar con la prensa o salir al extranjero? ¿Qué contendrá esta ley de amnistía para restaurar “las heridas de la confrontación política, de la violencia y el extremismo” como ha prometido? ¿Habrá medidas para que puedan salir de la clandestinidad los que están escondidos por amenazas? Y sobre todo, ¿asumirá alguna responsabilidad el dos veces Ministro de las Relaciones Interiores, Diosdado Cabello, al ser directamente responsable de tantísimas detenciones arbitrarias, torturas e incluso asesinatos?

Me queda, además, una última duda, ¿a qué se va a dedicar ahora Zapatero?

Valentina Martínez es politóloga y consultora política.Articulo publicado originalmente en Articulo14.es


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