viernes, enero 05, 2007

El templo que no se ahogó bajo las aguas

A principios del siglo XIX, la vieja Iglesia de San Francisco de Asís estaba en ruina. Más tarde, el presidente de la República, General Joaquín Crespo Torres, dotó a este templo de la imagen del santo de Asís y la restauró con estilo neoclásico. Según arquitecto Gasparini, aquella arquitectura religiosa fue construida en el siglo XVIII, tal como lo revela la intervención de sus constructores, quienes supieron dirigir la obra con intención artística.

Por José Obswaldo Pérez


Ruinas de la Iglesia de San Francisco. Foto Fautino Perozo.
Archivo de Ilio Colmenares
LA IGLESIA aparece con sus viejas columnas y paredes desgarradas por el tiempo. En la callecita La Presentación que conduce a una colina se halla esta imponente estructura, en medio de árboles que salen de paredones de adobe, donde también se anidan los comejenes, las avispas amarillas y otras alimañas. Pero, en medio de aquella soledad, entre el paisaje agreste y las cuerdas de alambre de púa que lindan el lugar contra toda memoria, aún su historia es implacable. Más allá de la funesta teoría de que sus muros se ahogarían bajo las aguas de la represa, como tampoco le sucedió al viejo pueblo.

Fue previamente una ermita o una especie de capilla pública, pequeña, hecha de bajareque. Al parecer se comenzó a construir en 1722, por los esfuerzos de varios vecinos, principalmente, por el rico terrateniente y encomendero don Marcos Jaspe Coronado, propietario de las posesiones Guaitoco (1791) y Corralito, con 2.000 reses que pastaban las sabanas más ricas del Tiznados (Botello, 1998; MacPherson, 1988:223).

La antigua capilla – la primera que dio origen a su iglesia- estaba ubicada en el llamado sitio o Hato Tiznados, propiedad del latifundista Agustín Ceballos. Funcionaba como “la matriz y la principal”, junto con siete oratorios distribuidos en el propio Tiznados. Esta ermita funcionó hasta 1728. Había sido una vicefeligresía; e inclusive, en 1720 o 1722, cuando fue elevado el sitio a parroquia, por disposición de las autoridades eclesiásticas. Fue su primer párroco el presbítero don Domingo José de Espinoza hasta noviembre de 1744, cuando renunció a su obligación.

En 1746, cuando se efectuó la primera visita pastoral a cargo del monseñor Juan García Abadiano, ya había en este lugar cura e iglesia parroquial dedicada a la advocación de San Francisco de Asís. Una fecha clave, por cuanto se considera como la referencia más antigua del nombre de la población; así se confirma en una matrícula de 1758, cuando la localidad tenía 1.763 habitantes y era cura del lugar, el párroco bachiller Santiago Armada, una figura conocida en el quehacer artístico de la historia colonial venezolana.

Más tarde, desde 1765, fue su titular el presbítero Don Diego Báez Simancas, quien se convirtió en el impulsor de la Iglesia de San Francisco de Asís de Tiznados, junto con el ganadero Don Pedro Alcántara Nieves, tío de Juan Germán Roscio. Ambos habían donado partes de sus tierras para permitir la fundación del pueblo y crecentar el número de habitantes.

El párroco Báez Simancas había nacido en Baruta, el 2 de febrero de 1735; perteneciente a una distinguida familia de origen canario. Se ordenó de cura el 18 de agosto de 1765, tiempo en que se le había designado titular del curato de Tiznados (Martí, 1998; tomo II: 194). Su familia, también, era propietaria del Hato Mapurite o San Diego (ubicado hoy en el caserío que se llama Matafraile, vía Calabozo), el cual para el año de 1791, esta unidad de producción tenía unas 500 reses.

El inventario levantado por el presbítero Báez Simancas nos revela cómo era la iglesia, cuáles eran sus imágenes, y las dimensiones de su estructura. Dicha relación había sido efectuada el 14 de septiembre de 1765, cuando el párroco entregaba por primera vez – escasamente a un mes de haberlo asumido- el curato al padre doctor José Lorenzo Fernández de León, catedrático de la Universidad de Caracas, hoy conocida como la UCV.

La descripción de la iglesia, según esta relación documental, era de barro, sencilla, cubierta de palma; media de largo 20 varas por 6 de ancho. Tenía dos puertas “de dos manos” con sus aldabas sin cerraduras; la capilla mayor tenía dos ventanitas y en el altar gradas de madera; la estructura del altar mayor, de adobe. Las imágenes: una de San Francisco de Asís; un cuadro de Nuestra Señora de Altagracia, otro de Nuestra Señora de las Mercedes; otro de Santa Rosalía; una cruz de Jerusalén de un tercio de alto, un púlpito y un sillón de madera.

En dicho inventario, también, se menciona los objetos e imágenes de la Capilla de Guaitoco, ya desaparecida y en ruinas, por lo que se trasladaron a San Francisco sus pertenencias: una imagen de Nuestra Señora del Rosario con corona de plata, la cual estaba partida en tres partes; un sepulcro de madera; una imagen de dos tercios de alto de San Nicolás de Tolentino, otra de San Juan Bautista, una cruz de madera. La Capilla de Guaitoco era la más delicada en contenido de imágenes religiosas de gran valor. La misma fue mantenida por los ricos ganaderos y agricultores de la zona, pero “la dejaron arruinar”, según la expresión que utiliza el escribano del inventario. Históricamente se dice que fue en esta sencilla iglesia donde se bautizó al doctor Juan Germán Roscio, prócer de la independencia y otros líderes de la gesta hispanoamericana nacidos en suelo franciscano.

Hoy, muchas de estas imágenes se encuentran en la actual Iglesia (de cobertizo de zinc y bloques de concreto). Por ejemplo, un Cristo dentro de un sepulcro de talla muy rudimentaria, hecho por algún artesano ingenuo, se le tiene como milagroso y se le profesa que crece unos escasos centímetros cada año y debido a la presión de sus piernas provocó la ruptura del vidrio del catafalco en el cual se mantiene expuesto. Entre otros inventarios, en la iglesia se conserva dos campanas de la época de 1861 y 1867, respectivamente.

Según otra Relación de 1769, levantada por Joseph Luís Cisneros, el sitio Tiznados estaba a una distancia de dos leguas de Parapara y la iglesia estaba “cubierta de paja”, la cual servía el Cura Capellán licenciado Joseph Francisco de Espinoza, quien atendía a dos capillas, una en el sitio El Limón y otra en La Platilla, hoy jurisdicción de San Lorenzo Tiznados.

Desde el de 2 de marzo de 1779, el doctor fray Juan Miguel Mérida, religioso mercenario del Convento de Caracas, era regente de la curia de este pueblo, en sustitución del titular el padre Diego Báez Simancas, por encontrarse enfermo con “una fístula” en la ciudad de Villa de Cura, motivo por el cual solicitó su renuncia a esta Capellanía (Martí, 1998; tomo II: 194). Mérida era Maestro de la Orden de Mercenarios y estaba borlado en la Universidad de Caracas.

Durante la visita del Obispo Martí en 1780, la descripción del templo era de una sola nave “… de corta capacidad, cuyas paredes son de bajareque doble, algo deterioradas…” La iglesia estaba ubicada a medio cuarto de legua del pueblo, en lo alto de un cerrito, fácil de subir (Vila, 1991). Señala el Obispo Martí que el templo estaba dedicado a San Francisco de Asís. Tenía capilla mayor o presbiterio con un altar de madera al frente; detrás estaba la sacristía. En la fachada tenía un campanario de dos cuerpos; en el interior estaba el baptisterio. Además de la puerta principal, había dos colaterales. La fábrica se hallaba bastante deteriorada. En el interior estaba el cementerio cercado de bahareque. (Vila, 1991:143).

El siglo XIX de la ruina

A principios del siglo XIX, la vieja Iglesia de San Francisco de Asís estaba en ruina. Es en 1802, el 23 de junio, cuando el párroco de la misma, Pedro Joaquín de Armas se dirige al teniente justicia mayor de San Francisco, don Antonio Pérez, solicitando que se emprenda la construcción de una nueva iglesia. Se nombran entonces, de común acuerdo, dos peritos para evaluar las minas de la iglesia vieja cuya cumbrera había cedido. Estos expertos fueron José Antonio Figueroa en albañilería y el carpintero Estanislao de la Torre. Comprobado el mal estado de la iglesia procedieron a emitir su opinión sobre los costos y otros detalles de la nueva: los trabajos de carpintería alcanzarían a 2.500 pesos. Los de albañilería 2.890 pesos. Un total de 5.390 pesos. Tendría 28 varas de largo por 9 de ancho, tres varas más de ancho que la antigua (Botello, 1998: 37).

La solicitud estaba debidamente respaldada y fue elevada a la consideración superior de las autoridades eclesiásticas. El doctor Don Andrés de Narvarte, destituido caraqueño que llegó más tarde a ocupar provisionalmente la presidencia de la República, fue comisionado ante el obispo de Caracas don Francisco de Ibarra para solicitar la autorización, la cual fue otorgada, con la condición de que se levantara preferentemente en el mismo sitio de la anterior o en uno cercano. También, el gobernador y capitán general de la Provincia de Caracas, Capitán General Don Manuel de Guevara y Vasconcelos, aprobó la obra el 27 de septiembre de 1802. Se conservaría el mismo cementerio y la construcción sería costeada del culto y las contribuciones de los vecinos. Es esta la iglesia que, en el presente siglo, permanece en ruinas y aún se levanta airosa sobre una colina donde nunca llegaron las aguas de la represa, como se pensó.

Más tarde, el presidente de la República, General Joaquín Crespo Torres, dotó a esta iglesia de una imagen del santo de Asís y la restauró con estilo neoclásico. Según el arquitecto Gasparini, aquella arquitectura religiosa fue construida en el siglo XVIII, tal como lo revela la intervención de sus constructores, quienes supieron dirigir la obra con intención artística. De hecho, esta infraestructura representó la riqueza monoeconómica de la zona: la de los criadores de ganado y propietarios de hatos. Sus restos aún describen lo que fue: una iglesia de tres naves y de líneas bien equilibradas, artísticamente fabricada.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


ARMAS ALFONZO, ALFREDO (1971): La tierra de Venezuela y los cielos de sus santos. Caracas: Ernesto Ermitaño Editores.
BOTELLO, OLDMAN (1998): Los Tiznados. Caracas: Congreso de la República. Ediciones de la Cámara de Diputados.
CASTILLO LARA, LUCAS G (1980).Los mercedarios y la vida política y social de Caracas en los siglos XVII y XVIII. Caracas: Academia Nacional de la Historia.
CASTILLO LARA, LUCAS G (1984): San Sebastián de los Reyes. La ciudad Trashumante. Tomo I. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
DE ARMAS CHITTY, J.A (1979): Historia del Guárico. Tomo I, II. Caracas: San Juan de los Morros: Publicaciones de la Universidad Rómulo Gallegos.
HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, MANUEL (1999).Los canarios en la Venezuela Colonial, 1670-1810‎,
LEAL, IDEFONSO (1983).La Universidad de Caracas en los años de Bolívar, 1783-1830‎,
MACPERSON, TELASCO A (1941): Diccionario del Estado Miranda. Caracas: Editorial Elite.
MARTÍ, MARIANO (1998): Documentos relativos a su visita a la Diócesis de Caracas. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
PINTO C, MANUEL (1967). Principio y formación de San Juan de los Morros‎,
VILA, MARCO A (1978): Antecedentes Coloniales de Centros Poblados de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Facultad de Humanidades, UCV.
VILA, PABLO (1991): El Obispo Martí. Tomo II Caracas: Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación.