Normedis Escalona: "El llano es una existencia marcada por ciclos implacables"

Escalona Normedis, ganadora del I Concurso de Fotografía Amateur Apure y Guárico, categoría Vida Cotidiana
Normedis Escalona, ganadora del I Concurso de Fotografía Amateur Apure y Guárico, en la categoría Vida Cotidiana. Foto de la autora.

En un mediodía abrasador en Jobo Dulce, municipio Biruaca, mientras casi todo se rendía al cansancio y al calor, Normedis Escalona decidió mirar más de cerca: en el goteo insistente del agua descubrió la paciencia, la dignidad y la belleza geométrica de la vida rural llanera. Esa intuición la llevó a ganar la categoría Vida Cotidiana del I Concurso de Fotografía Amateur Apure–Guárico, con una imagen que convierte una rutina invisible en símbolo de resiliencia.

Por Jose Obswaldo Perez

En Jobo Dulce, cuando el sol del mediodía obliga a la gente a detenerse, Normedis Escalona encontró movimiento. Mientras el calor suspendía la vida y el silencio se hacía espeso, ella vio caer una gota. Luego otra. Y otra. Un ritmo mínimo, casi secreto, que para la mayoría pasaba desapercibido, pero que para ella contenía una historia completa: paciencia, dignidad y la geometría silenciosa de la vida rural.

Esa mirada —atenta, sensible, obstinada en encontrar sentido en lo cotidiano— la llevó a convertirse en la ganadora de la categoría Vida Cotidiana del I Concurso de Fotografía Amateur Apure–Guárico. Tiene 37 años, es apureña, administradora de profesión, artista de uñas naturales y artificiales, y actualmente se desempeña como jefa del SIAHO en TransApure. Pero sobre todo, es una mujer que ha aprendido a detener el tiempo con una cámara.

“Siempre me ha llamado la atención la fotografía para capturar el tiempo, las emociones y, en este caso, la esencia del ser llanero”, afirma. Y esa esencia aparece en su imagen ganadora: un acto simple, repetitivo, casi ritual, donde el agua cae con la misma terquedad con la que la gente del llano sostiene su vida.

La escena: un mediodía suspendido

La fotografía nació en Jobo Dulce, municipio Biruaca, en uno de esos momentos en que el llano parece quedarse quieto. “Mientras todos descansaban del calor del mediodía, yo me sentí cautivada por la regularidad hipnótica del goteo y la forma en que la luz cenital hacía brillar el líquido”, recuerda.

No había grandes gestos ni paisajes monumentales. Había un ritmo. Una insistencia. Una belleza mínima que solo aparece cuando alguien decide mirar de verdad.

“Cosecha de vida. Paciencia y valor del agua en zonas áridas” — Normedis Escalona (Apure), Primer lugar Vida Cotidiana.

Un triunfo que no sintió como propio

Cuando le anunciaron que había ganado, Escalona no pensó en ella. Pensó en su gente. “Sentí que no ganaba yo, sino que ganaba la realidad de nuestra gente; que se validaba la idea de que nuestras pequeñas luchas y nuestra estética cotidiana tienen un valor artístico universal”, expresa.

Su fotografía no busca adornar la vida rural: busca reconocerla. Darle un lugar. Convertirla en memoria.

El llano como resiliencia

Para Escalona, la vida cotidiana del llano es una escuela de resistencia. “Para mí, la vida cotidiana del llano representa la resiliencia pura. Es una existencia marcada por ciclos implacables: el invierno y el verano, la siembra y la cosecha, la escasez y la abundancia, donde la gente no se rinde, sino que se adapta, aunque a veces invisible para el resto del mundo, sostiene la identidad de toda una región”, reflexiona.

Esa adaptación silenciosa, casi siempre invisible para el resto del país, es lo que ella quiso honrar. Y lo hizo desde la humildad de un gesto simple: observar.

Orgullo, fe y gratitud

“Para mí es un orgullo profundo, primeramente Dios por darme ese ojo artístico, y gracias a los organizadores de este concurso tan hermoso y emotivo que busca resaltar la belleza del llano en su esplendor, como paisajes y rutina cotidiana”, afirma.

Su voz no es la de una artista que se descubre de pronto, sino la de alguien que siempre supo mirar, pero que ahora encuentra un espacio para ser vista. En cada gota, en cada destello de luz, Escalona Normedis insiste en una certeza: el llano también se cuenta desde sus pequeños gestos.

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