La infancia que marcó un destino: una mañanatarde con Adolfo Rodríguez



Por José Obswaldo Pérez

“Mi gran infancia de mi vida fue mi llegada a Las Mercedes del Llano, a la edad de 7 años”, dice don Adolfo Rodríguez mientras la conversación va tomando calor, sentado en la sala luminosa de su casa en Los Laureles, en San Juan de los Morros. Es viernes 24 de abril y la mañana avanza tibia cuando nos recibe al doctor José Aquino y a mí para una tertulia que, sin proponérselo, se convierte en un viaje por casi un siglo de memoria llanera.

La conversación fluye sin estructura, guiada por los recuerdos que brotan con la naturalidad de quien ha vivido intensamente y ha dedicado su vida a pensar el país. Entre pausas, risas y silencios que pesan, don Adolfo va hilando escenas de su infancia, de su formación intelectual y de los personajes que marcaron su destino.

Un hombre formado entre letras, suelos y querencias

Licenciado en Letras y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela, Adolfo Rodríguez ha sido, además de escritor e historiador, un observador minucioso de la cultura llanera. Su vida familiar también ha tejido parte de esa historia.

Su primer matrimonio fue con Luisa Ascanio, oriunda de Las Mercedes del Llano, perteneciente a los Ascanio Loreto. De esa unión nacieron sus primeros hijos. Años después contrajo matrimonio con la doctora Clara Rondón, científica calaboceña apasionada por el estudio de los suelos y los impactos del cambio climático, autora de aportes intelectuales que han trascendido el ámbito regional. Con ella tuvo tres hijos: dos varones y una hembra.

Clara entra y sale de la conversación con la naturalidad de quien conoce bien el ritmo de las tertulias de su esposo. Se esmera en atenciones: café recién colado, agua fría, galletitas sobre la mesa. Su presencia añade calidez doméstica a la escena.


El bisabuelo crespista y la memoria de dos pueblos

Entre evocaciones de Santa María de Ipire —su tierra natal— y Las Mercedes del Llano —la que le sembró la querencia definitiva— surge la figura de su bisabuelo paterno colombiano, Manuel Antonio Díaz Rodríguez. “Fue crespista”, comenta Adolfo, como quien revela una raíz que explica un temperamento. Y añade, casi en confidencia, que también lo fue el escritor Alirio Díaz Guerra, considerado el primer novelista de la emigración hispana a USA del siglo XIX, con su novela "Lucas Guevara".

La memoria familiar se mezcla con la historia nacional, y en esa intersección Adolfo parece encontrar siempre un punto de partida para pensar el país.

El maestro que encendió la chispa

Cuando recuerda su infancia en Las Mercedes del Llano, aparece un nombre que pronuncia con respeto: el profesor Víctor Vera Morales, vallepascuense, su maestro de tercer grado.

“Víctor nos daba discursos”, dice con una sonrisa que delata gratitud. “Fue quien me inspiró a investigar sobre la independencia de Venezuela”. En 1952, al terminar el sexto grado, Adolfo Rodríguez ya intuía que su destino estaría ligado a las letras y a la historia.


Un almuerzo llanero para cerrar la tarde

La doctora Rondón vuelve a asomarse y anuncia, con la hospitalidad que la caracteriza, que estamos invitados a quedarnos a almorzar. La mesa se llena del aroma familiar del llano: palo e’ pique con pollo horneado, una rodaja de papa y un jugo de mango frío que parece contener, en su dulzura, la memoria de los veranos de infancia.

La tertulia continúa entre bocado y bocado, mientras don Adolfo sigue desgranando historias que, más que recuerdos, son fragmentos vivos de la cultura guariqueña. Fue una mañana tarde de gratitud con el amigo, un referente importante de nuestra historiografia regional.


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