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¿El Quiebre del Cristianismo?

A la hora de intentar redimir al hombre de sus dilemas y miserias, fracasó. Sin embargo lo más legítimo y honesto es preguntar: ¿Qué sería hoy de la humanidad de no haber aparecido el cristianismo como fenómeno histórico y religioso?

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Por Daniel R Scott

Se da por sentado que vivimos en una era pos-cristiana cararacterizada por el lamentable quiebre de los valores tradicionales y un deterioro moral y social. Los acontecimientos del día a día parecen avalar sin esfuerzo alguno esta realidad. Se necesitaría estar ciego para negarlo o ser un optimista patológico. Una élite escéptica de intelectuales, al analizar los quebrantos de la sociedad, atribuyen este hecho al fracaso del cristianismo profesado por la cultura occidental en estos últimos dos milenios. A la hora de intentar redimir al hombre de sus dilemas y miserias, fracasó. Sin embargo lo más legítimo y honesto es preguntar: ¿Qué sería hoy de la humanidad de no haber aparecido el cristianismo como fenómeno histórico y religioso?

Un ejemplo sencillo y práctico para responder e ilustrar la pregunta la tenemos en el siguiente relato: Cierto día desembarcan unos hombres en una isla remota donde ¡vaya! todos los isleños se habían convertido al cristianismo algunos años antes. Los visitantes, unos ateos, otros materialistas, procuraron con cualquier tipo de argumentos apartar de la fe al Cacique de la isla, quien tras una larga e infructuosa discusión, al fin dijo resignado: "No puedo seguir discutiendo con ustedes pues son muy instruidos. Pero vengan y les mostraré algo que probará que Cristo vive y que el evangelio es poder de Dios." Tras llevarlos a un lugar abandonado de aspecto macabro les dijo: "¿Ven esa olla? Allí cocinábamos a todos los blancos que venían aquí. ¿Ven esa parrilla? Allí asábamos parte de la carne. Blanco que tocaba esta isla no salía con vida. Lo hacíamos albóndigas y nos lo comíamos. Les aseguro que si Cristo no hubiera venido a cambiar nuestras vidas, ustedes ya no estarían vivos. Ya nos los hubiéramos comido o estuviéramos comiéndolos. En esa olla estarían ustedes, si Cristo no estuviera en este corazón."¿ Moraleja? El mundo sería peor de lo que es de no haber nacido Cristo en un pesebre aquella memorable y poética noche en Belén.

Lo cierto del caso es que ejemplos como los del cacique y los viajeros se pueden multiplicar hasta el infinito: Cuando la revolución industrial trajo su ola de miserias un cristiano fundó "El Ejercito de Salvación" para devolverle a los pobres y a las prostitutas su condición de hijos de Dios; cuando hubo un país oprimido por el imperio británico apareció un Gandhi que sacudió ese yugo de manera pacifica inspirándose en el "Sermón del Monte" predicado por Jesús; cuando la odiosa supremacia blanca y el racismo azotaba a Norteamerica un pastor baptista llamado Luther King venció el odio racial usando como arma la doctrina del amor y la no violencia practicada por Cristo en el siglo primero. ¿Y qué decir de aquel fenómeno de la década de los sesenta conocido con el nombre de "La Generación de Jesús"? Cientos de jóvenes abandonaron la temible cultura psicodélica y encontraron respuestas a sus dilemas e inquietudes en la persona de Jesús. Todos estos movimientos e iniciativas tuvieron su orígen y savia vivificante en el Cristianismo que nunca ha estado ni estará en quiebra.

¿Qué sucede pues hoy en esta era pos-cristiana o postmodernista? Sucede que en esta Era, la mas compleja en la historia de la humanidad, el alud materialista y tecnológico con su carga de hedonismo pornográfico que se nos ha venido encima nos abruma y adormece tanto que somos incapaces de oir y mucho menos practicar el estilo de vida y la doctrina del maestro de Galilea. Alguien dijo muy acertadamente que la nuestra será conocida como la Era de las "listas de cosas que no pudieron hacerse." En esa lista parece estar el nombre de Dios. Pero amigo lector, tenemos que volver a nuestra raíz primordial que es Dios y retomarla como la panacea a nuestros males modernos. Lo dijo Billy Graham: "Estoy convencido de que si la iglesia volviera a su tarea principal de predicar el Evangelio y lograr que la gente se convierta a Cristo, haría un impacto mucho mayor sobre la estructura social de las naciones, que el que lograría con cualquier otra cosa que pudiera hacer."

18 Abril 2009

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