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Ese policía de Ortiz….

José Obswaldo Pérez

A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX, el general Luis Benito Crespo Torres, hermano del General Joaquín Crespo -caudillo llanero quien fue dos veces presidente de Venezuela-, fue jefe civil de Ortiz. Como primera autoridad del pueblo, llegó muy temprano una mañana a su despacho en la prefectura local; colocó su revolver sobre la mesa y llamó a su policía de turno, el gerdamen Raimundo, un guardia analfabeto; pero, muy diligente, jocoso y dicharachero:

- Es orden de Calabozo — le dijo el general Luis Crespo Torres, cumpliendo así las instrucciones superiores emanadas del gobierno del Benemérito y del presidente del Estado Guárico.

Crespo era renco de una pierna; se la había malograda con una herida de bala en una de esas batallas por la defensa de la legalidad institucional. Sin embargo, el hombre mantenía su fama de persona recia y arrojada.

- Si, señol enseguida mesmo cumplo sus oldenez, mi generar- respondió avivadamente Raimundo.

- Ved, toma nota de todos los carros que pasen por aquí- dijo Crespo Torres, la máxima autoridad local y le entregó un lápiz y un papel de línea casi amarillento.

Raimundo salió a la antigua calle Comercio, la principal avenida de transito de Ortiz, hoy convertida en avenida Bolívar. Allí se plantó, en la espera de algún vehiculo de motor.

Al poco rato apareció un automóvil en la calle principal y Raimundo, como buen servidor publico, detuvo el auto. El viejo policía se acercó a los viajantes y educadamente comenzó a hacerles preguntas tales como su jefe la había encomendado.

Sacó el lápiz, un viejo papel amarillento y le dijo al conductor:

-Escribame aquí mesmo, su nombre y pa’ oden van.

Con el tiempo, un periodista en Caracas, en la década de los 80 del siglo XX, me confesó sobre el autor del aquel versito, el cual se hizo popular en casi toda Venezuela.

-Fue Concepción Concho Carrasco- me dijo el versado fablistán-, quien fue tesorero de la gobernación de Apure — durante el mandato del General José “Pepe” Domínguez, en la década de los años 30-, el autor de aquel versito insidioso que, aún, algunos lugareños recuerdan.

“Ese policía de Ortiz, / merece que le tire un peo/ en la punta de la nariz”, leyó el general Crespo, quien miró a Raimundo de reojo y se echó una carcajada.

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