martes, enero 02, 2007

Toponimia y política / NOVO NOMECLATOR QUINTA REPUBLICAN0

En la actual administración del chavismo – régimen inaugurado en 1999, a raíz de elecciones libres y democráticas- se quiere, en esta materia, acabar con el pasado. La tesis chavista es la refundación de la república. La V republica, como la han denominado.

por JOSÉ OBSWALDO PÉREZ

LA DENOMINACIÓN DE NOMBRES es un proceso complejo. Intervienen factores políticos, históricos y sociológicos. Así como antropológicos y psicológicos. Pero, principalmente, lo que corresponden a la memoria histórica de los pueblos. Cambiar los nombres a los lugares, a los espacios es asunto peligroso. Es un riesgo cuando un nombre se ha enraizado en la cultura local y después se le quiere renombrar.


En la actual administración del chavismo – régimen inaugurado en 1999, a raíz de elecciones libres y democráticas- se quiere, en esta materia, acabar con el pasado. La tesis chavista es la refundación de la república. La V republica, como la han denominado. Esa refundación de la patria pasa por una redefinición de los espacios de la vida cotidiana mediante substitución de la toponimia vigente por una toponimia nueva correlativa al “proceso revolucionario bolivariano”.


El hecho no es nada nuevo en Venezuela[1]. A raíz de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez y posteriormente los gobiernos siguiente, incluyendo el Pacto de Punto Fijo, se bautizaron y rebautizaron sitios y espacios públicos, de acuerdo a la tendencia de turno. Hoy el chavismo, como una expresión de un proceso de cambio, que se viene gestando desde 1980, pretende, con la idea de reivindicar a personajes de la historia venezolana, borrar una etapa de la historia venezolana. Se intenta reelaborar una nueva historia, políticamente manipulada. La idea, como dice el historiador Pino Iturrieta, es cambiar la memoria del venezolano “para que se establezca un puente entre la Independencia de Venezuela y la Quinta Republica. Se busca borrar todo lo demás, pero especialmente el siglo XX[2]




Más allá de un simple cambio de nombre, las nuevas denominaciones representan la ruptura con el Pacto de Punto Fijo y la inauguración de una nueva era. Los cambios de nombres en los últimos años son el reflejo de las líneas gubernamentales en el área política, económica, cultural o militar. ¿Pero se mantendrán en el tiempo? El historiador Damas Carrera señala que estas modificaciones no tendrán ningún efecto en la conciencia histórica.”Este es un gobierno nominalista, es decir, cree que ponerle nuevo nombre a las cosas o rehacer las ya hechas. La historia nos enseña que esa manía de gobiernos no propiamente ilustrados ha llevado a situaciones hasta ridículas


NOTAS



[1] TORT, J. Los cambios de nombre de los municipios durante la revolución y la guerra civil españolas (1936-1939). El caso de Cataluña. Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 15 de enero de 2003, vol. VII, núm. 133, [ISSN: 1138-9788].
[2] 20 Lugares e instituciones rebautizadas por el chavismo. Siete Días, El Nacional, domingo 31 de diciembre de 2006.
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jueves, diciembre 28, 2006

Relatos del Mediodía

José Obswaldo Pérez

EL HASTÍO Y LA SOLEDAD se observaba desde la Bodega Santa Rosa de Lima, cuando el carro Pakard negro cruzó la calle solitaria. Era la una de la tarde y el lugar estaba silencioso. Tres personas descendieron del vehículo, bajo la mirada solemne de dos ancianos que conversaban de sueños, fantasmas y muertos. La ciudad se había esfumado en su otrora imponente, entre macizas paredes de ladrillo y gruesos maderones de acapro. Una arquitectura de señoriales casas atrapadas, entre moho y los escombros, quedaban para la vista de todos como la imagen de su pasado glorioso.



Sin embargo, todo había cambiado.

Y entonces, se oyó el murmullo que venía de la plaza. El sol llanero continúo con su implacable persistencia hendiendo las calles vacías, mientras los habitantes descansaban la siesta. Adentro, detrás del mostrador, sentado en una silla de mimbre, un hombre hablaba. Contaba - en esa hora pesada -, las historias de cada tapia llagosa, de cada uno de los ventanales de viejas casonas pidiendo misericordia. Su conversación se diluía dentro aquel vaho de paredes descascaradas, olorosas a rincones húmedos. Era casa y bodega a la vez. Allí guardaba los recuerdos y las tristezas, tras la última vida de pulpero.

Su casa-bodega estaba ubicaba frente a la Calle Real o Calle Comercio (ahora llamase la avenida Bolívar), donde existió algo poco común a otros lugares de la población: una biblioteca atiborrada de libros, carpetas, álbumes, periódicos viejos y una vieja máquina de escribir, la que utilizaba para el oficio de juez del pueblo. Allí leía hasta el cansancio. Era un sin número de materiales y papeles del pasado, su tesoro de recuerdos. Los tenía, desde muy joven, guardados; y se había nutrido y alimentado autodidácticamente de ellos. Era su única herencia.

Pero, ahora, el hombre en su senitud, languidecía. Detrás de aquel negocio exhibía el ocaso de las últimas estirpes familiares del pueblo, descendientes de los fundadores de la ciudad. Por aquella casa, en cada rincón, aparecía Díos tras esas paredes de memorias, en esos ratos de angustias y rezos en silencio. Allende, estaba ubicado el pequeño altar del Siervo José Gregorio Hernández - que junto a las ánimas benditas- se le tenía toda la devoción y la fe religiosa de la familia. Más allá, recorriendo cuartos y pasando por el zaguán estaba el retrato siempre iluminado de su madre. Una mujer que debió ser hermosa en sus tiempos de mocedad y que, después, llegó a ser la maestra del municipio.

Cruzó las piernas, levantó la cabeza hacia arriba y luego procedió a remendar, poco a poco, los recuerdos del viejo Ortiz. No estaba solo. Estaba su hermano y un amigo de la casa, escuchándolo detenidamente; sumergidos en esas historias encantadoras. Cuentos que nos llevaban a viajar por la ciudad de antaño, casi todas las tardes como un exorcismo ritual. En ese momento, interrumpió su esposa y entró al recinto de conversación con tres tácitas de café con leche. Una costumbre hogareña, una rutina diaria de esa hora de bostezos y cabeceos de sueños.

- Aquí está el café, está caliente- dijo.

Todos saborearon gustosos la nata bordeada a las tazas de café con leche. El hombre siguió hablando. Su vista se volvió hacia un agujero en el techo de la casa, dejando filtrar en aquellos ojos de almíbar sus tristezas y su soledad. Ojos que parecían buscar en ese viaje el pasado ido y la evocación de sus orígenes. Ojos que reflejaban los recuerdos de la infancia, las primeras experiencias de la juventud y los fantasmas de sus historias. Pura nostalgias perdidas por aquellas calles solas en un cómplice silencio y un calor sofocante.

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miércoles, diciembre 27, 2006

Nicanor, el memorioso


Por José Obswaldo Pérez
LA OTRA TARDE CUANDO VINE, él se mecía al compás de un ruido leve producido por su viejo sillón de acapro; allí reposaba la siesta y, simultáneamente, aquel balanceo marcaba el tiempo transcurrido. Sus manos parecían surcos de años. Ellas, tímidamente, acariciaban el lomo grueso y amarillento de un libro de Alejandro Dumas: el de Los tres mosqueteros, su predilecto. Mientras el sueño pesado, cansancios de lecturas, lo dominaba sobre el mueble en el cual se balanceaba todas las tardes. Casi se dormía, si no hubiese sido despertado súbitamente por unos de sus clientes rutinarios.

- ¿Tiene carreto de hilo blanco, don Nica..?, se oye en mostrador.

Su nombre, el de bautismo, era largo como una tradición de los Rodríguez del siglo XIX: Nicanor Segundo Ricardo Antonio de Jesús. Había nacido el 3 de abril de 1908, según constan los registros de la jefatura civil. Pertenecía a una familia de abolengo tradicional, descendiente de la aristocracia local de Aragua y la más antigua de la ciudad. Una foto, ubicada en una vieja vitrina, donde mostraba su mercancía de bodeguero del pueblo, aludía un aire parecido con el rostro físico del expresidente general Eleazar López Contreras.

Había sido juez, concejal, secretario, político, síndico procurador, memorialista, cronista, títulos que llenaban su hoja de vida; pero, sobre todo, personaje vinculado con toda la historia del pueblo.

Cuando Nicanor nació, todavía la fiebre amarilla sacudía la zona. Ortiz aparecía una aldea fantasmal. No sólo por la peste, sus viejas casas vacías - muchas en ruinas- sino por sus historias y leyendas. Era un pueblo sin gente, sumergido en el olvido y en las peores condiciones sanitarias, cuyo abandono los habitantes culpaban a medias al general Juan Vicente Gómez, el dictador que gobernó por 35 años el país.

- Ese Ortiz que yo conocí - subrayaba para los demás acompañantes de la tertulia-, cuando comencé a tener uso de razón, era (a pesar de haber sufrido tanto con el paludismo, la fiebre amarilla, la hematuria y últimamente con la peste española) un pueblo que, sobre todo, todavía tenía prestigio de gran ciudad.

Sus ojos. Aún ojos llenos de brillo volvían hacia sus nostalgias memorialistas. Anécdotas, cuentos y leyendas surgían de su mente, durante horas de conversación y tertulias, cuando el sol de media tarde parecía incendiar las calles solitarias de la ciudad fénix que, luego, se llamó Casas Muertas en las manos del escritor venezolano Miguel Otero Silva, ese que ahora se pasea hurgando y entrevistando gente del pueblo.

- Todavía estaba aquí la capital del Distrito Roscio y se celebraban, desde luego, las fiestas tradicionales.

De aquel Nicanor Memorioso se debía a la influencia matriarcal de la familia. Especialmente, la de su abuela doña Evarista Moreno Vilera, la nieta del famoso militar Roso Vilera. Joven orticeño quien se alistó en el ejército del general José Antonio Páez, en el Apure de 1818, y que continuó en campaña hasta el año 21, cuando llegó a Carabobo. Vilera se caso en Ortiz con Juliana Moreno Hurtado, el 17 de septiembre 1823. Hija de Dámaso Moreno Mendoza y Rosa Hurtado. De allí que, doña Evarista podía contarle historias a su nieto, que eran memorias del olvido.

Por su puesto, la influencia de su madre doña Beatriz Benigna Rodríguez Sierra de Rodríguez fue importante, pero no tanto como la abuela. Una mujer férrea que gobernaba la casa, una casa que, después, Nicanor conoció como el lugar de su nacimiento. La Loretera, la de los Loreto, aquella en la que doña Evarista se esmeraba hablar de cuentos y leyendas como aquel inventado de que El Libertador Simón Bolívar había bailado en Ortiz.

- Aquella noche - le decía la abuela al niño Nicanor - saqué mi mejor atuendo y me puse tan bella que hasta adorné mis cabellos con una peineta de oro, porque quería bailar con El Libertador.

De allí que, entre la abuela y su nieto de ocho años, se seguía reviviendo los episodios dramáticos de Ortiz. Así se creó una amistad singular entre ambos y, además, doña Evaristo se hizo el personaje más importante de la casa. Por eso, Nicanor siempre la tuvo en el recuerdo. Nunca la olvidó, ni después de muerta.
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martes, diciembre 26, 2006

CAMBIO DE NOMECLATURA

Por José Obswaldo Pérez

LA AMPLIACIÓN DE LA CARRETERA DE ORTIZ, en el tramo urbano, sufrió un cambio de nombre. Una decisión sorpresiva, extraña e inconsulta, hasta de ignorancia. Ahora la llamada carretera nacional de Ortiz se llama Avenida Joaquín Crespo. Una valla a todo color (la que aparece en la foto) bautiza la nueva nomenclatura del corredor vial. La sorpresa del nuevo nombre, el que provoca este comentario, es el reemplazo de la antigua denominación de Avenida Dr. Roberto Vargas por la del caudillo parapaereño.

Es sorpresiva y extraña, al mismo tiempo, porque si estamos en un gobierno (nacional, regional y local) que se dice revolucionario sería lógico mantener y reivindicar en la memoria local el nombre de Roberto Vargas. Una figura, que mas allá de su disímil personalidad, tiene sus meritos. Militar, educador, ministro de Obras Públicas en el régimen de Juan Vicente Gómez. Una personalidad importante en la política venezolana de fines del siglo XIX y en las tres primeras décadas del siglo XX. Pero, sobre todo, un coterráneo de sólida formación intelectual.

El nombre la Carretera Nacional de Ortiz por el de avenida Dr. Roberto Vargas, surgió en 1948. A raíz de su muerte, el gobierno regional prometió construir una avenida que llevará su nombre y en la cual se colocara un busto suyo. Nada de esto se cumplió. A penas se abrió un tramo que implicó derrumbar parte de una casona que fue su habitación. La Casa Atravesada que, también, fue propiedad del general Joaquín Crespo. Pero, desde 1948, el antrotopónimo se hizo parte del acontecer cotidiano. Se enraizó y se volvió un principio de pertenencia, así como una referencia de comunicación, histórica y jurídica para los lugareños.

Desde luego, los orticeños le debemos mucho a Joaquín Crespo. Cuando Crespo fue presidente de Guárico y presidente de la República, este impulsó, desde sus respectivas magistraturas, un desarrollo urbano y económico local. Un hecho que, desde 1874 a 1881, la benefició con funciones administrativas y unas pocas obras públicas, como la emblemática Iglesia Santa Rosa de Lima.

Pero, lo que lamentamos, es que estas decisiones inconsultas expresan una clara ignorancia sobre el valor que tiene la historia para los pueblos. Esa valla le cayó mal al más común de los ciudadanos, quienes saben que esa carretera se llama Avenida Roberto Vargas. ¿Quién sería el de la genial idea?
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viernes, diciembre 22, 2006

98 AÑOS DEL NACIMIENTO DE JUAN PABLO SOJO

Como investigador de las culturas afroamericanas se ganó la amistad y el respeto del cubano Fernando Ortiz, el haitiano Lorimer Denis, los brasileños Arthur Ramos, Edison Carneiro, Raimundo Nina Rodrigues, Gilberto Freyre y el peruano Fernando Romero.

Por: Arturo Alvarez D´Armas*

En Curiepe la tierra del mina, la curbata, el culo e´ puya, los quitiplás y el cacao, nació el 23 de diciembre de 1908, el hijo de Juan Pablo Sojo, padre (1865-1929) y de Brígida de Sojo. Se llamó Juan Pablo Sojo Rengifo. Autodidacta, boticario, novelista, cuentista, poeta, investigador y periodista. Colaborador de los diarios El Universal, El Nacional, El Tiempo, El País y de las revistas Fantoches, Revista Venezolana de Folklore y El Farol.

A partir de 1942 inicia el rescate y difusión de la identidad del negro venezolano. Con la creación en 1946 del Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, bajo la dirección del poeta Juan Liscano, lo nombran Jefe de la Sección de Folklore Literario. Es uno de los organizadores de la Fiesta de la Tradición “Cantos y Danzas de Venezuela”, efectuada en el Nuevo Circo de Caracas, durante las noches del 17, 18, 19, 20 y 21 de febrero de 1948, en homenaje al Presidente de la República Rómulo Gallegos. Le tocó la difícil misión de seleccionar los conjuntos que vendrían de la provincia venezolana.

Como investigador de las culturas afroamericanas se ganó la amistad y el respeto del cubano Fernando Ortiz, el haitiano Lorimer Denis, los brasileños Arthur Ramos, Edison Carneiro, Raimundo Nina Rodrigues, Gilberto Freyre y el peruano Fernando Romero.

A continuación se presenta parte de la extensa bibliografía de Sojo. “Tierras del Estado Miranda; sobre la ruta de los cacahuales” (1938), “Nochebuena negra” (1943, 1968, 1972, 1976, 1997), “Temas y apuntes afrovenezolanos” (1943, 1986). Coautor de “Folklore y cultura. Ensayos” (1950), “El Estado Miranda. Su tierra y sus hombres” (1959), “Antología de cuentistas y pintores venezolanos” (1976), “Estudios del folklore venezolano” (1986) y “La fiesta de la tradición: 1948. Cantos y danzas de Venezuela” (1998).

Parte de la inmensa obra de Sojo quedó inédita y desaparecida, como las novelas “La historia de un novelista”, “La luz misteriosa” y “La tía Benedicta”. Igualmente el poemario “Salmos negros” y el libro de ensayos “Los abuelos de color”.

Este gran venezolano estudioso y defensor de la etnia afrovenezolana murió en Caracas el 8 de octubre de 1948, su cuerpo se encuentra enterrado en Curiepe al lado de sus ancestros, en esos caminos que cruzan África y América. A 98 años de su nacimiento su legado perdura en el tiempo.
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