miércoles, agosto 22, 2007

EL ARREBATÓN

Eduardo López Sandoval eduardolopezsandoval@yahoo.es ES ÉSTA LA HISTORIA del primer arrebatón realizado en Guardatinajas. Guardatinajas es un pequeño pueblo del Guárico donde todos se conocen. Todo guardatinajeño da la misma dirección: “Al llegar, pregúntale al primero que veas por fulanito”. Nunca falta una inmediata respuesta: “Cruce en la segunda cuadra a la derecha, la tercera casa”. Guardatinajas está muy alejado de los centros de poder, más por el abandono que por la distancia. No hay agua, la escuela no tiene comedor, la carretera casi nunca sirve… mas no hay balandros. Sí, increíblemente esta es una especie exótica. En la producción de delincuentes sólo se limita a ladrones de gallina, politiqueros, ladrones de ganado y sindicaleros. Por lo general es un poblado tranquilo. Sin embargo, un mal día, dos adolescentes incursionaron en el desconocido rubro de los arrebatotes. Todo comenzó por un acto político en la capital del Estado con motivo de la aprobación de la Memoria y Cuenta del Gobernador de turno. Les entregaron una pancarta, se aprendieron una consigna y les pagaron con ron y con dinero sustraído fraudulentamente de la Cuenta que ese día se aprobó. Terminado el acto, los choros nuevos se dirigieron a la licorería más cercana; un choro viejo, de los más curtidos, contaba desprevenidamente a un pequeño auditorio las artes del arrebatón en moto. Nuestros amigos oyeron, entendieron y se vieron a los ojos, y con un cruce de miradas sellaron el compromiso de ser precursores del arrebatón en Guardatinajas. Ya en el autobús de regreso… -Y cómo hacemos sin moto?, preguntó uno. - ¡Que moto na! ¡En la bicicleta! Nuestros aprendices de cacos sólo tenían en sus curricula la ejecución de un robo de hallacas en la casa de Parrita. Todo les salio perfecto, solamente que con el nerviosismo metieron en el saco bollos en vez de hallacas y que uno de ellos perdió una alpargata. En esta ocasión todo estaría planificado. La víctima el boticario del pueblo. Era conocido que diariamente después de cerrar la botica, a la misma hora, con una bolsa en la mano, el boticario se dirigía a su casa en las afueras del pueblo. (Los malandrines suponían que en la bolsa llevaba el producto de la venta del día. No sabía que el dinero lo llevaba en el bolsillo derecho del pantalón, tampoco sabían que en la botica no había baño). Pues, sí, en esta bolsa llevaba el boticario, muy higiénicamente, sus deposiciones diarias. El arrebatón fue perfecto, lo realizaron en la oscurana de la escuela, después del policía acostao. Corrieron, corrieron y corrieron. El autor de estas líneas, que en ese momento pasaba casualmente por el lugar, observó en la cara del boticario, en pocos segundos, disímiles matices; primero asombro, luego susto, y por último una sonrisa se impuso en su boca. Más adelante, en la vía que va hacia Monteoscuro, el pichón de azote que pedaleaba ya no podía y se paro en la pata de un guasito. El otro que iba en la caja de la bicicleta de reparto, iba abriendo la bolsa… -¡Pija, primo, me llené! Se oyó la exclamación en el llano. El otro, que pensó que el pana lo quería bajar de la mula, olvidó el cansancio y se le abalanzó. -¡¿Cómo que te llenastes?! ¡Esta vaina es pa` los dos! Y le arrebató la bolsa. Y también se llenó. (Publicado en El Nacional el lunes 23 de enero de 1995)
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miércoles, agosto 15, 2007

EL ATENEO DE CALABOZO CONVOCA A LAS LETRAS

En el marco de la celebración de sus 25 años de existencia el Ateneo de Calabozo declara abierta desde la presente fecha su XII Bienal Literaria con sus dos menciones, poesía Francisco Lazo Martí y cuento Daniel Mendoza, según lo informó el presidente del Ateneo de Calabozo, Rubén Páez.

Dijo Páez que esta bienal se realiza con los auspicios del Instituto de las Artes Escénicas y Musicales IAEM y la Fundación para el Fomento de la Cultura del estado Guárico FUNDACULGUA y en ella podrán participar todos los escritores venezolanos, cualquiera sea u domicilio, y los extranjeros residenciados en el país.

Los aspirantes deberán remitir los originales con tres copias de sus respectivos trabajos, los cuales no deberán tener una longitud mayor de 15 cuartillas tamaño oficio a doble espacio en la mención cuento y un libro en la mención poesía, en ambos casos los trabajos deben ser inéditos. El plazo de admisión de los trabajos concursantes expira el 15 de septiembre y los premios, que consisten en la cantidad de dos millones de bolívares (Bs. 2.000.000,oo) para cada mención, serán entregados en el mes de octubre en acto especial que se realizará en los salones del Ateneo en fecha que oportunamente se anunciará.

Los trabajos deberán ser enviados en sobres cerrados y firmados con seudónimos o lemas, cuya identidad con dirección y teléfono constará en sobre aparte que se incluirá en el mismo envío, a la siguiente dirección: Ateneo de Calabozo, calle 5 N° 9-85 Calabozo estado Guárico. No se devolverán trabajos enviados a concurso.

Los jurados para la calificación y concesión de los premios están integrados así: Mención poesía Francisco Lazo Martí, los poetas Armando Rojas Guardia, Igor Barreto y Jorge Gustavo Portella y en Mención cuento Daniel Mendoza, los escritores Ana Teresa Torres, Víctor Bravo y Krina Ber.

Los organizadores aspiran tener una gran participación en ambas menciones, de todo el país y del extranjero, como ha sucedido en bienales anteriores, máxime cuando se trata de una actividad que nace con el Ateneo hace 25 años.
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jueves, agosto 09, 2007

Una insinuación de recato

ESA NOCHE, bajo una luna de cazar venados, la piel de Filomena Bucal de Ducler se había enrojecida, cuando se mecía en el sillón de tablita. Estaba casi muda, en un silencio sepulcral transportado de vergüenza. Era una mujer blanca. Siempre tenía las manos frías como la misma noche. Su casa, ubicada en una esquina de la calle El Cuartel, se le tenía como fama de aposento de citas, memoria de paredes de tierra guardando escondidos secretos placeres y amores ocultos.

Filomena Bucal había sido la esposa del culto comerciante y general Luis María Ducler. Caballero que había llegado de Cumaná a Villa de Cura fundando La Perla, una de las mejores sastrerías que existía en esa localidad en 1897. Luego pasó a Ortiz, donde murió el 24 de octubre de 1910. Allí, Ducler se desempeñó en el cargo de Juez de Distrito y fue, además, secretario del Concejo Municipal; un gran orador y miembro de la Logia Sol de Los Llanos. Tenía a penas cinco meses de haber sido nombrado Mayordomo de Fabrica de Ortiz, cuando la muerte lo sorprendió y su noticia fue publicado en el diario El Universal, el 13 de junio 1910.

“Era una mujer de alta categoría, muy entrada en años, pero aún muy buena moza”, contaba Nicanor en esa noche cuando el cortejo de damitas llevaba a las nupcias a una hija del general Julián Correa. Esa misma noche, Ducler conoció a Filomena, una joven dama que había dejado sus zapatillas enterradas en medio del barrial del camino; a pesar de que, el general Correa había entablado la calle para que nadie se enlodara de fango, durante la marcha nupcial. Era agosto y agosto era sinónimo de lluvia y barrial en Ortiz

- Mañana le voy hacer una visita, señorita Bucal.

- Cuando lleve gusto, señor Ducler - había dicho aquella joven tímida al hombre afrancesado.

A poco tiempo Filomena y Ducler se casaron. Pero, fue corto su noviazgo, como sus días de maridaje. Su viudez la encontró sola y con tres hijas, tiernas y señoriales. Ducler había muerto.

Doña Filomena vivía en una vieja casona que todavía se le seguía insinuando como el burdel del pueblo, en medio de erróneas y situaciones pretéritas con la cual se originaban malos entendidos y confusas intenciones.

Esa noche de la insinuación, Filomena debió ponerse - bajo el manto del mosquitero- de un mal gusto con aquellas palabras que le lanzó un desconocido por la ventana; pensando - quizás en las mujeres de la vida- que, en un tiempo atrás, rindieron su culto a la carne y animaron a hombres y viajeros con sus oraciones de cuerpos desnudos, entre aquellas cuatro paredes donde se oteaba el silencio de las estrellas.

Juancho Rodríguez pasó esa noche con su atajo de ganado hacia La Romana, el joven pueblerino despreocupado - sin saber que la casa había sido comprada por los Ducler - llegó hasta aquel lugar mordiendo tentaciones y soñando con apetitos sexuales.

Tocó la puerta y nadie le respondió.

- ¿Quién es? - pregunto Filomena, minutos después.

- Yo amor querido, ábreme la puerta que vengo muerto de frío – dijo el joven.

Aquellas palabras de recato causaron estupor en los oídos de Filomena, luego que las escuchara perpleja en la soledad. Otra noche, el viejo Don Perfecto Diamón - amigos de los Ducler -, paso por la vieja casa de la Calle Cuartel, con un saco de verduras y recados de familia. Venía de la Sierra de Tiznados, con su único amigo un burro bisoño, al trote de un viaje largo.

Diamón tocó la puerta de la familia Ducler, y como era de esperarse Filomena y sus tres hijas se pusieron nerviosas, pensando en los vagabundos y aprovechadores de mujeres indefensas.

- ¿Quién es el que está tocando la puerta? – asistió Filomena.

- Yo, Perfecto Diamón – le respondieron, desde afuera.

- ¡¿Qué?! ¡Secreto de amor! – replicó Filomena, sobresaltada.

Inmediatamente, sin pensarlo dos veces, Filomena le respondió a su visitante: “ - Hazme el favor, sea quien sea, retírese de la puerta”.

Pero, seguidamente, una de sus hijas replicó:

- Nooo, mamá. No es Secreto de Amor, es don Perfecto Diamón; y parece que viene de la Sierra, porque nos trae un saco de verdura de casa de la tía Julia.

Esa noche, bajo una luna de cazar venados, Filomena Bucal se mecía en silencio. Había terminado siendo sorda, pero con el privilegio de conversar con los muertos. Siempre tenía las manos frías, faltas de calor; y su murmullo en su habitación se sentía como de otro mundo.
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lunes, julio 30, 2007

Antonio Sedeño, un aventurero conquistador

La aventura americana del rebelde Antonio Sedeño lo lleva a pasa desolado por los rumbos de los Llanos de Paya, en 1538. Se metió a la tierra adentro, con el pretexto de proseguir en sus conquistas. Durante su marcha se cometen los mayores atropellos contra los naturales .


POR JOSE OBSWALDO PÉREZ

EL CAPITAN ANTONIO SEDEÑO fue un personaje un tanto oscuro en la historia de la colonización en Venezuela. Sin autorización real se dedicaba a conquistar territorios y apresar indios para venderlos como esclavos. Esta circunstancia hizo que los hombres de Sedeño fueran siempre perseguidos por las tropas del gobernador, Jerónimo de Ortal, que representaba a la Corona española.

En 1512, de España llegó a Puerto Rico, con dos esclavos y el titulo de contador de la Real Hacienda, y con un salario de cuarenta mil maravedíes al año. De esta manera se inició formando parte de la administración colonial al ser designado contador de la Real Hacienda en Puerto Rico. Más tarde, en 1515 fungía de Regidor de la Isla.

En 1530 emprendió su carrera de explorador y conquistador al trasladarse a la isla de Trinidad, pero el terrible acoso al que le sometieron los indígenas motivará el abandono de la empresa dos años más tarde. En 1534 regresó a la isla para conquistarla definitivamente, no sin grandes dificultades al enfrentarse con Alonso de Herrera y Álvaro de Ordax por los derechos de conquista y gobernación.

En junio del 36 levanta ancla con ciento cincuenta hombres y setenta caballos, con ellos llega a los ríos San Miguel de Neveri y el Unare, este ultimo conocido popularmente como Castilla del Oro, por lo llano de sus tierras y por el oro de sus minas –las de Borbutara-. Luego, emprende entrada a tierra a dentro con miras de penetrar a Río Meta, y desde allí a El Dorado. La aventura americana del rebelde Antonio Sedeño lo lleva a pasa desolado por los rumbos de los Llanos de Paya, en 1538. Se metió a la tierra adentro, con el pretexto de proseguir en sus conquistas. Durante su marcha se cometen los mayores atropellos contra los naturales .

Ante las denuncias, la Audiencia envió al Licenciado Francisco de Castañeda con órdenes expresas de capturar a Sedeño; pero, en Valle de Río Tiznados encontró a unos indios con tatuajes “donde cogió la muerte, pues en el partido de Tiznados, la violencia de un veneno, que le dio una criada suya, puso fin a sus temeridades, y a su vida” .

En este sentido, hay muchas versiones sobre la muerte de Sedeño. Se dice que fue la morisca Fernández, quien era su concubina o cocinera la que confabuló, con otros enemigos, su muerte en mayo de 1538 ; y pero según otros, Sedeño murió “como término de un grave mal que lo aquejaba” .

El poeta conquistador Juan de castellanos, español sevillano, quien había tomado parte de algunas expediciones a tierra firme con gente que había sido de Antonio Sedeño y Jerónimo Ortal, describe a Sedeño como un hombre pequeño, de quien dice que fue de “buen talante, de grata condición y generoso; más en su pretensión tan gran gigante que tenía lo más por poca cosa” . Dice Castellano, en la Elegía XII, en la cual corrobora este aspecto de la vida del turbulento contador de Puerto Rico, de quien el cronista-poeta buscó la corteza lisa de un árbol para acomodarle, en latín y castellano, el siguiente elogio fúnebre:

Híc requíescít homo Sedeñus corpore parrus;
Rebus at in cunctis pectore magnus erat.(=Aquí de su brio falto
Reposa Antonio Sedeño./Que fué de cuerpo pequeño/Y en el ánimo muy alto.)

“ Hic requiescit homo sedenus corpore
Parvus, rebus at in cunctis
Pectores magnus erat”

El Fray Antonio Gaulín describe el hecho:

“ Enterrándolo en un espacioso valle, a quien los españoles dieron nombre de Provincia de los Tiznados por unos indios que en el habitaban, pintados siempre de negro con carbón molido y yerba mora sobre unas rajaduras, quienes introducidos aquel vetumen permanecían indelebles su pintura, que ellos tenían a superior gala; y desde entonces se conocerá este nombre Tiznados e un río, que corre por los llanos de la provincia de Venezuela y que cae al Portuguesa, y en todos los hatos de ganado que hay en sus márgenes y vegas circunvecinas.”

Castellanos puso poesía a las heroicas aventuras del valiente capitán Antonio Sedeño e hizo una crónica de su muerte en el río Tiznados, diciendo de él en sus versos de Elegías de Varones Ilustres de India:

“ Do el río Tiznados desencierra
su licor a llano convertido,
Yendo ya por la falda de la sierra
A la sombra de un árbol extendido
Dieron estos varones a la tierra
El valero cuerpo fallecido
Y en la corteza lisa por su muerte
Una letra pusieron de esta suerte:
Hic resquiescit homo Sedeñus Corpore Parvus
Rebus at in curetis pectores magnus erat
(Aquí de su brío falto reposa Antonio Sedeño,
que fue cuerpo pequeño, y en el animo muy alto)
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A orillas del Rio San Juan

Cuando cesó de llover salí para ver mejor: más allá de un barranco de tupida y verde vegetación (crece el cactus, el mango, la guayaba, un cocotero y mil hierbas más) el río, con lo contaminado que se encuentra, no ha perdido ese sencillo atractivo silvestre que sin duda poseía cuando el indígena lo cruzaba camino a su choza o cuando el cruel ojo español lo vio por primera vez en su letal expedición de conquista.


Por Daniel R Scott

Se nos vino encima el cielo con una lluvia torrencial que golpeó con violencia nuestro techo de cinc. Me asome por unas de las ventanas de la habitación. Diez metros más abajo se divisan las aguas del río San Juan. "Pero no se preocupe amigo" me dijo una señora con un tono de voz despreocupado y tranquilizador. "Vivo aquí desde 1958 y sus crecidas jamás han alcanzado a estas casas". Suspiré aliviado. Cuando cesó de llover salí para ver mejor: más allá de un barranco de tupida y verde vegetación (crece el cactus, el mango, la guayaba, un cocotero y mil hierbas más) el río, con lo contaminado que se encuentra, no ha perdido ese sencillo atractivo silvestre que sin duda poseía cuando el indígena lo cruzaba camino a su choza o cuando el cruel ojo español lo vio por primera vez en su letal expedición de conquista. A estas mismas corrientes bajaba al San Juan de antaño para calmar la sed, lavar la ropa, pescar, refrescarse y para hallar momentos de esparcimiento. ¡Cuantos jolgorios y sabrosos sancochos alegraron sus orillas! Y la ancianita con sabe Dios cuantos años encima hablando de cuando Juan Vicente Gómez vino a San Juan para descansar por los de los Baños Termales. Eso sí que era vivir.

Para esos días era más caudaloso y limpio que hoy. Cierta vez mi papá (Don Antonio Scott Power) me regaló el oro de uno de sus más lejanos y difusos recuerdos de su niñez: se veía sobre los hombros de su padre a mitad del río. "El agua le llegaba por el pecho" decía papá con esa balbuceante y postrera voz herida por la edad y el mal de Parkinson. Estamos hablando de 1917 o 1920. Igual da. Otra leyenda creída y contada por una de las familias más viejas del terruño relata como mi abuelo ( Daniel Scott Gutierrez ) enterró en sus orillas un cofre de morocotas que, meses más tarde, al volver y no poder hallar el sitio exacto de su ubicación, le hizo perder la razón. "¡Yo lo puse aquí, yo lo puse aquí!" repetía sin cesar y delirante. La vieja familia a la que me refiero tiene el "yo lo puse aquí" como proverbio. "Hija: ¿donde pusiste el peine? ¿Que no lo encuentras? ¿No está donde lo pusiste? ¡Estás igualita a Don Daniel diciendo: yo lo puse aquí, yo lo puse aquí! ". Pero claro, se trata de una historia sin fundamento. A este Scott le hizo perder la cordura el exceso de lecturas y el sempiterno dolor

humano.

Comentaba también papá que cada roca, playa, orilla o recodo del río poseían nombres e identidad propia. Mencionó algunos pero lamentablemente ya los olvidé. La vida de los habitantes de mi terruño giraba en torno a las diáfanas y vitales aguas de su río, y en su comunión diaria con él, le asignaban los nombres que las configuraciones de su curso sugerían.

Pero, como era de suponer, el advenimiento de la modernidad con su estela de polución lo convirtió en otro río anónimo y malogrado de los tantos que afean a esas no menos feas ciudades de las que nos sentimos tan orgullosos.

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