viernes, enero 07, 2011

La muerte de un liberal

The Economist online | ISLAMABAD

Salman Taseer.Foto Reuter
¿DONDE está el Pakistán tolerante? Su luz tenue pudo haber sido apagada por el asesinato de un importante político progresista y crítico del extremismo: Salman Taseer.

El señor Taseer, que había estado liderando una lucha solitaria para derogar la  ley sobre la blasfemia perniciosa  de  Pakistán, fue asesinado a tiros en pleno día en el centro de Islamabad el martes 4 de enero,  por uno de sus propios guardias de seguridad. El asesino dijo, más tarde, que actuó a causa de la campaña del Sr. Taseer contra la ley sobre la blasfemia. El gobernador,  de 66 años de edad, de Punjab, la provincia más poblada de Pakistán, había asumido el caso de una pobre  mujer cristiana, Asia Bibi, quien fue condenado a muerte por blasfemia a finales del año pasado.

La ley, introducida en la época colonial pero retomada maliciosamente  en la década de 1980 por el dictador fundamentalista general Zia-ul-Haq, se presta para abusos. Decenas de personas son condenadas cada año, algunas veces los rumores se utiliza a menudo como prueba y los acusadores inventan transgresiones verbales.
El asesino del Sr. Taseer, Mumtaz Qadri, puede haber actuado solo -una investigación para determinar lo que ocurrió comenzó-, pero su causa cuenta con el apoyo de Pakistán. Tras el asesinato, una amplia alianza del clero del país emitió una declaración perdonando al  asesino y celebrando su asesinato. "Ningún musulmán debe asistir al funeral o incluso tratar de orar por Salman Taseer o incluso expresar ningún tipo de remordimiento o pesar por el incidente", dijo Jamaate Ahle Sunna Pakistán, una organización que representa a la secta moderada Barelvi, la rama dominante del Islam en el país.

El asesinato, sin duda,   amedrentara  e intimidará a los dirigentes políticos de Pakistán, que se había asustado de  la postura de Sr. Taseer mucho antes de su asesinato. De hecho, el propio Sr. Taseer , de Partido Popular de Pakistán (PPP), que encabeza el gobierno, no había apoyado su llamado a la ley sobre la blasfemia  para ser abrogada.

El gobierno del PPP, que ya está  débil,  perdió  a un compañero  clave de la coalición el fin de semana, dejándolo como una administración de minorías. El partido está muy sacudido por el homicidio que recuerda el asesinato de la líder del PPP, Benazir Bhutto, en 2007. A pesar de su manifiesto, se compromete a buscar la reforma de la ley, pero el  partido está demasiado ocupado con su lucha por la supervivencia política para escoger un debate sobre la ley de blasfemia. Así como otros problemas acuciantes de Pakistán, incluyendo una economía en picada y una insurgencia islamista furiosa, también tendrán que esperar.

Traducción: Fuego Cotidiano
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Fundo Tacatinemo

Por Daniel R Scott

"Antes el mundo era el Cielo" (Cosmogonía de la etnia yekuana, del Alto Orinoco)

por manaure
Cuando se me propuso, la noche de mi cumpleaños, emprender un viaje o absurda peregrinación nostálgica al viejo fundo de papá, nuestro huerto del Edén familiar, el mismo que fue el deleite de nuestra niñez, mi reacción inicial fue responder con un enfático y rotundo "¡No!". Tras una prolongada ausencia de dos décadas, temía de veras lo que pudiese o no pudiese encontrar en esas tan queridas hectáreas. Le temo a ese "cuerpo etéreo con que están hecho los recuerdos", (Ramón Sampedro) porque los tales no son reales cuando salen de nosotros y se confrontan con la realidad. Los recuerdos, a decir verdad, no son reales en ningún lado. El último capítulo de la obra "Las Memorias de Mama Blanca" de nuestra querida escritora Teresa de la Parra me había dado una gran e inapelable lección al respecto. La familia vende la hacienda paterna y parte a Caracas para "civilizarse". Pasan dos años. Las niñas del relato, presas de la nostalgia, les dio por evocar sus días en la hacienda "Piedra Azul". Para ellas, ese período era "la edad de oro en el paraíso perdido". Querían visitar el lugar. Escribe la autora: "Seguras de que habíamos dejado allá un tesoro de felicidad, queríamos poseerlo de nuevo, aún cuando fuese por algunas horas". Pero la madre, más sabia, no quería saber nada del asunto. "Mamá no quería volver a su antigua hacienda. No tanto porque el viaje fuese largo, pesado y polvoriento, sino porque sabía por advertencia del corazón que es peligroso el enfrentarse a las cosas sobre las cuales, desde lejos, ponemos a reposar nuestros recuerdos". Pero tanto insistieron las niñas que finalmente la madre accedió. ¡Que alegría! Pero finalmente, ¡que horror! El viaje al pasado fue un verdadero fiasco. "En lugar de las sombras familiares, hallamos en todas partes una cosa dolorosísima: el nuevo dueño de Piedra Azul era un rico, gran amante del progreso, animado de una actividad insaciable para idear y realizar reformas. Vale decir que nuestro querido Piedra Azul, disfrazado de otra cosa, también lloraba, con los gritos desoladores de sus reformas, el habernos perdido a nosotras". Y por eso no quería ir. También estaba el temor que me inspiraba aquel sueño recurrente y perturbador que se me presentaba en las noches, cada seis meses, con la precisión mecánica de un reloj onírico: yo regresando viejo y cansado al fundo para encontrarlo todo revuelto, cambiado o desaparecido. ¿Advertencia del subconsciente, producto de leer a Teresa de la Parra? No lo sé; pero finalmente eché a un lado mis temores, me armé de perverso valor y me incorporé al viaje ritual rumbo a la meca de nuestros más caros y preciados recuerdos. Así somos los seres humanos de imprudentes y arriesgados.

Salimos al amanecer del sábado 30 de agosto. Lucía en en los cielos un sol radiante y hermosísimo, adecuado para viajar y contemplar paisajes. De san Juan de los Morros llegamos a Ortiz, de Ortiz pasamos a El Sombrero, y saliendo de el Sombrero seguimos por las Lajitas y los Laureles para, finalmente, doblar a la izquierda y rodar una hora por caminos rojizos, en parte polvorientos y en parte empantanados. ¡Cuantas veces, ida y vuelta, recorrimos estos parajes de arbusto y maleza en el Opel y el Jeep de mamá y papá! Nuestro recorrido estuvo señalado de paradas simbólicas en puntos emblemáticos del camino para recordar, suspirar y tomar fotografías: el montículo aquel donde se dibuja el suave azul del horizonte llanero, el puente de metal oxidado que se alza sobre el caño, el gran roble siempre cargado de extraños nidos, el potrero donde solíamos cazar conejos y venados al caer la tarde. Todo tramo tenía historias o su personalidad particular.

A medida que nos acercábamos a la casa del fundo se me aceleraban los latidos del corazón y relampagueaban en mi mente las terribles advertencias de los oráculos de Teresa de la Parra: "Debemos alojar los recuerdos en nosotros mismos sin volver nunca a posarlos imprudentemente sobre las cosas y los seres que van variando con el rodar de la vida. Los recuerdos no cambian y cambiar es la ley de todo lo existente". Yo me inquietaba. "Oh Teresa déjame en paz!" pensaba. "¡Quédate dentro de tus libros y del Panteón Nacional" Cuando al fin llegamos, me bajé del rustico, caminé unos cuantos pasos y me situé frente a la casa. Abrí bien los ojos y por Dios que no les miento si les digo que... ¡Estaba intacta! Solo los muros exteriores que resguardaban los corredores sufrieron daño, pero alguna mano experta supo restaurarlas. El resto no había variado ni sufrido cambios o alteraciones. Por esta vez o por ahora, Teresa de la Parra se había equivocado: ni la mano del hombre ni las garras del tiempo la habían tocado o desgarrado. Permanecía tal cual papá la diseño y construyó en ¿1971? Parecía una joya de cal que me sonreía bajo el sol, como dándome la bienvenida. Eso sí: la casa anterior a esta, la de barro y techo de hojas de palmas, la que se construyó unos metros más adelante, a la que llamábamos cariñosamente "la Casa Vieja", la misma que nos alojó la primera vez que llegamos aquí, desapareció sin dejar rastro, tragada y vuelta a tragar por la maleza, los arbustos y el olvido. Por mucho que me orienté y busqué, no la pude hallar. La naturaleza había reclamado sus espacios con violencia y triunfado, elevando al cielo un victorioso grito de ramas y hojas verdes. Después de enredarme el pie en unos bejucos y caer de bruces sobre la hierba, me puse disimuladamente en pie, me limpié la ropa y, después de verificar que nadie me había visto, desistí de mi búsqueda.
Las acacias y cotopriz que mamá sembró uno detrás del otro como disciplinados soldados en formación nos ofrecieron las sombras que protege de las inclemencias del sol llanero. Aquí se siente la mano y obra de mi madre, siempre amante de los árboles y los jardines. Cuando entré a la casa y elevé la mirada, noté que los troncos y la madera que sostenían la techumbre de cinc se hallaban como nuevos. "Veo que han restaurado parte del techo" se me ocurrió comentar, a lo que mi anfitrión respondió: "No señor, de allí no han quitado nada. Este es el mismito techo que le puso su papá". Tal fue la cara de sorpresa que puse que volvió a decir: "Es que los viejos de antes sabían en qué época del año cortar la madera para que dure, que es cuando la luna está en menguante. En cambio ahora ya no la cortan así y se pudre rápido".

Me dejaron a solas. Los demás toman cerveza afuera. La casa y yo dialogamos dulcemente, comunicándonos mutuamente imágenes de un pasado grato y afín. El grueso y compacto sedimento de los recuerdos que dormían se agitó en mil partículas de oro dentro de mi corazón, señalándome mil caras y episodios que giran vertiginosamente y que no me siento capaz de describir. Son cosas indecibles que la pluma se muestra incapaz de abordar con el debido talento. Se trata de mi abuela Carlota Power caminando todas las tardes en dirección al caño para ver sus corrientes y solazarse en los recuerdos de a finales del siglo XIX, la vaca "palmasola" que cada amanecer daba la leche que tomábamos en esta misma casa, el canto madrugador mojado de rocíos del que ordeña a las vacas en el corral de troncos de palma, el finado "Fucho" fraguando el queso en la quesera de bambú, el bagre y la guabina que mordían nuestros anzuelos, la tarde que me perdí por horas con mi hermano menor, las zambullidas que nos dábamos en la laguna cercana y mil cosas más que es demasiado largo e interminable para consignar aquí.

Se podría escribir un libro, hablando de cosas tales como las visitas más absurdas y estrafalarias que recibimos en esas soledades, como la de aquellos tipos con cara de gansters que cazaban con ametralladoras, o la de aquella familia de Argentina descendientes de alemanes que abandonaron su país concluida la Segunda guerra Mundial. Eso fue la semana santa de 1976 y según palabras de ellos mismos, el padre había sido oficial de la SS. Era gente rara que guardaban armamento muy sofisticado dentro de finos estuches de madera y terciopelo e intentaban atrapar las guabinas con cañas de pescar. Uno de ellos, rojo como un tomate, cabello blanco como la nieve y ojos de un azul intenso, siempre llevaba consigo un equipo estéreo donde lo único que sonaba eran cassettes con la música militar que hacía marchar al ejército nazi en sus ansias de conquista. El otro, sería apenas un niño cuando Alemania firmó la rendición incondicional, y la nieta, una presumida arrogante de modos racistas y quizá antisemitas.

¿Y qué decir de los lugareños, los amables campesinos, gente buena y simple, los verdaderos protagonista de toda historia que tenga estos escenarios? Medardo trabajando con las fuerzas y la nobleza de un buey, la vieja y chiflada María Socorro que casi nos mató con aquellos frijoles que lavó con kerosene antes de prepararlos en el fogón, aquel sordomudo al que no le entendíamos las señas y que caminaba más que un perdido, el "tuerto Quintana" que era uno de los que ordeñaba, el bueno de "pescuezo torcido" que intentó enseñarme a nadar en las lagunas que reflejaban el infinito cielo azul y otros tantos que ya murieron pero, como dijo alguien, los tengo vivos y sonrientes en mi corazón.

El 24 de diciembre de 1975 celebramos la navidad aquí, en esta misma sala. Fue la época utópica en la cual creíamos ciegamente que llegaríamos a ser grandes hacendados o terratenientes. ¡Vaya pretensión! Al final regresamos a San Juan de los Morros con las tablas en la cabeza, unas cincuenta gallinas ponedoras que no ponían huevos y una lora que silbaba alegre estrofas mutiladas del Himno Nacional. Pero esa vispera de navidad hubo abundancia de musica, hallacas, ponche crema y vinos, y al día siguiente un amanecer colmado con los regalos del niño Jesús. Pese a que yo conocía todos los secretos acerca de la persona y obra del Niño Dios, no por eso ( ¡Oh alma incrédula no te lo merecías! ) dejé de recibir mi regalo. El corazón materno supo encarnar a un dadivoso Hijo de Dios cada 25 de diciembre y a los "tres reyes magos" durante toda la vida.

En plena zona central de estos llanos, a pesar de estar a muchos kilómetros y horas de cualquier centro urbano, estábamos muy cerca de la civilización. Un escandaloso motor de camión nos suministraba energía eléctrica y una enhiesta antena atrapaba en sus bigotes de metal las señales que nuestro primitivo televisor en blanco y negro traducía en imágenes. Esto nos mantuvo al tanto de lo que sucedía en el mundo en los días que viajábamos al fundo, que eran por lo general los meses de julio/septiembre de la década de los setenta. Papá apagaba la planta diez minutos después de acostarnos pero nunca antes del noticiero. "Murió el cantante norteamericano Elvis Presley" anunció RCTV en agosto de 1977, y un año más tarde, en agosto de 1978, la misma RCTV volvió a anunciar: "Murió el Papa Pablo VI." Además teníamos un tocadisco mas parecido a un sarcófago de caoba donde colocábamos a girar "Hey Jude" o "Abbey Road" de los Beatles...
A partir de 1979 el fundo comenzó a decaer por falta de ingresos y de obreros. No se ordeñó más, ni se siguió haciendo el queso, y los cuatreros acabaron con las pocas vacas que quedaban. Ya a partir de 1983 papá lo mantuvo mas por distracción que por cualquier otra cosa hasta que decidió venderlo, en 1992. A sus ochenta años ya no podía seguir atendiéndolo ni seguir viajando ida y vuelta por una vía tan peligrosa para cualquier anciano de su condición.

Este viaje valió la pena: hubo una dulce concordancia entre el recuerdo y las cosas materiales que pueblan el presente. Complace saber que algunas cosas logran escapar de los estragos del tiempo. Sí, algún día se perderá la batalla final y todo esto tomará el mismo camino de la "Casa Vieja", pero ahora no deseo perder el tiempo con tales pensamientos.

Antes de marcharnos nos detuvimos en "Las Araguatas", un fundo vecino, para darnos un baño en las aguas de una laguna. Mis sobrinos, que vienen por primera vez, estam felices nadando y gritando. Yo me pavoneo hablándoles de estos sitios, exhibiendo con orgullo mi pasado, como un general retirado que narra una batalla bien librada y ganada con honor. Sobre nosotros el cielo es un cuadro inmenso penetrado de luz donde flota en perspectiva de lienzos un manto de nubes que va disminuyendo de tamaño en la medida que se extiende hacia el horizonte. Tal cuadro o inmensidad de llano y cielo te llena el ojo de asombro y te hace el alma un poco más grande. Claro: confinado uno entre paredes, tráfico y edificios, el corazón, hecho por Dios para todo lo grande, se sobresalta cuando lo echan dentro de la majestuosidad.

Nos fuimos por donde mismo venimos, pero la nostalgia y la felicidad se acurrucaron dentro de una choza de bahareque.

16 de Septiembre de 2008
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sábado, enero 01, 2011

Sobre la belleza, de Zadie Smith

Epifanías de lo cotidiano: Zadie Smith escribe un tratado sobre estética disfrazado de ficción en una trama de triángulos amorosos y celos profesionales que será difícil de olvidar.

La escritora británica Zadie Smith | FotoKATJA LENZ/Getty Images
Por Michelle Roche Rodríguez | 30 de Diciembre, 2010
Sobre la belleza es una novela obligatoria para los amantes del arte y quienes deseen comprender su significado para la vida. La tercera publicación de la británica Zadie Smith, autora de Dientes Blancos (1997) y El cazador de autógrafos (2006), es un tratado estético vestido de narración, escrito con una prosa vibrante y que tiene personajes con sólidas tramas narrativas, así como epifanías contundentes. En esta ficción, el concepto abstracto de belleza se encarna en los temas favoritos de la escritora como la negritud, la femineidad y las relaciones sentimentales.

La maestría de Smith consiste en construir por medio de signos de la teoría estética, sin aburrir al lector, lo que en cualquier otro escritor menos virtuoso hubiera sido una historia más de infidelidades y celos profesionales. La crisis de la mediana edad que enfrenta Howard Belsey, profesor de la Universidad de Wellington, tiene matices trágicos. Por una aventura con la joven Victoria peligra su matrimonio de 30 años con Kiki, un ama de casa obesa que otrora fuera una sensual y ferviente activista afroamericana. Además, su futuro académico está amenazado por la llegada al campus su adversario intelectual, Monty Kipps, que como él es especialista en Rembrandt.

Sus tres hijos, Jerome, Zora y Levy están absortos en sus propias vidas. Cada uno representa una definición propia de arte, así como tres maneras distintas de ver y verse en el mundo. Jerome cree que la belleza es un concepto único e irrebatible. Zora imita el tipo intelectual de su padre. El menor busca su propia identidad fuera de la casa, entre definiciones estereotípicas de su raza, como el rap, el gueto, y la calle.

Las confrontaciones entre los personajes pueden resumirse en dos escenarios: el de la erudición y el de la cultura popular. Los representantes de la academia son Howard, Monty, Zora y Victoria. Kiki y Levi encarnan el mundo externo a la universidad, junto a Carl, un poeta callejero. Entre ambos escenarios está la figura romántica de Jerome, que busca un lugar que no encuentra. El bagaje intelectual de los personajes, sin embargo, queda reducido a un lustroso pero frágil escudo individual diseñado para protegerlos del desamparo ante la experiencia de lo sublime.

La descripción de las epifanías individuales permite que el discurso subyacente en la novela se mueva de la definición de la belleza hacia la descripción de la importancia del arte para los seres humanos: acceder a lo sublime.

Kiki consigue su epifanía en el Réquiem de Mozart. “La experiencia de oír una hora de música que casi ni conoces, en una lengua muerta que no comprendes, es una extraña experiencia de caída y asunción”, dice en el libro. Su marido se burla del simplismo grosero de su arrobamiento, frente a la pieza que él defenestró como un “sublime cristiano”, marcado por “ideales metafísicos que intentaban colarle por la puerta trasera”.

El “intelectualismo escrupuloso” de Howard no le impidió, unas 300 páginas después, hallar a su propio sublime, al escuchar otra pieza de Mozart, el Ave Verum. Allí su incapacidad de comprende con algo diferente a la razón se convirtió en el obstáculo para la epifanía. Antes que la experiencia de salirse de su cuerpo, lo sublime le aterroriza, como un abismo. Tanto tiempo pasó con la cabeza entre los libros, que se le opacó la visión de la vida y, peor, de la belleza.

He allí el mensaje que intenta transmitir la autora en la novela ganadora del premio Orange 2006 y finalista del Booker 2005: para encontrar la belleza hay que trascender la academia y los libros ya hay que saber buscarla en la vida.

Michelle Roche Rodríguez es periodista, crítica literaria y narradora. Sus reflexiones ensayística son plasmadas en su blog personal.

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lunes, diciembre 27, 2010

Falleció don Elisur Lares, Cronista de Achaguas

guasFue profesor ordinario de la Universidad Nacional Abierta de San Fernando de Apure; destacado intelectual e investigador.


Elisur Emilio Lares
Por José Obswaldo Pérez
Este domingo el mundo cultural del estado Apure y más allá de sus fronteras ha sentido la pérdida a uno de sus más activos intelectuales y docentes universitarios. Elisur Emilio Lares Bolívar, quien en su larga trayectoria de docente, escritor, poeta, profesor universitario, cronista de Achguas, brindó grandes aportes a la región apureña falleció tras padecer de una complicada diabetes.
Lares Bolívar fue cronista de Achaguas su pueblo natal, en el estado Apure. Allí nació el 08 de Febrero de 1956. Licenciado en Educación, egresado de la Universidad Católica “Andrés Bello”. Se desempeñó como docente en el C.B.C. “Dr. Saverio Barbarito” de Apurito y en el C.C. “Diego Eugenio Chacón” de Achaguas en el Estado Apure.

Se inició en el campo de las letras como colaborador al componer numerosos artículos históricos y literarios en diferentes periódicos y revistas apureñas, a saber El Llanero, La Idea, Letras, Pueblo (órgano informativo de la Fundación Cultural Rómulo Gallegos) y Correo del Apure. Su dinámica actividad educativa, cultural y de investigación lo ha hecho merecedor de múltiples reconocimientos.

A lo largo de su existencia dejo una gran cantidad de trabajos inéditos tanto geográficos, históricos y literarios como poéticos. Entre ellos se mencionan Dr. Saverio Barbarito Echenique, vida y obra, 1982; Reseña de la Batalla de las Queseras del Medio, 1983; Semblanza del Dr. Eduardo Hernández Carstens, 1983; Arichunenses notables, pequeñas biografías, 1984;Cuentos Apureños Nº 1 —coautor 1984—; Breve Historia de Achaguas, 1986; Cronología Vital de Julio César Sánchez Olivo, 1987; Algunos sanfernandinos notables, 1988; Cuentos apureños Nº 2 —coautor 1988—;La mujer y la cultura en Apure, 1991 y Geografía descriptiva apureña, 2003.
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miércoles, diciembre 15, 2010

Militares y orden público

En las últimas dos décadas, desde que se completó la transición a la democracia de la mayoría de países latinoamericanos, un objetivo crucial ha sido mantener a las fuerzas armadas por fuera de la misión de proteger a la ciudadanía.

Foto: Reuters

Por Marcela Sánchez

El 28 de noviembre, miembros de una fuerza militar y policial conjunta izaron una bandera brasileña en la cima de una colina en Río de Janeiro. Habían llegado como conquistadores, 2.600 en total, autorizados por los Gobiernos de la ciudad y el país para asumir el control de uno de los vecindarios más pobres y abandonados de Río, que estaba en manos de violentas pandillas criminales.

El operativo, celebrado a lo largo de Brasil, significó un cierto alivio para los 400.000 residentes del Complexo do Alemão, un conjunto de favelas que se había convertido en una guarida para los bandidos y en un infierno en vida para los demás. La ofensiva fue la acción más reciente y atrevida en el ambicioso plan del Gobierno de Río para reducir la actividad criminal en zonas peligrosas, en anticipación al Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

Otras ciudades en la región han intentado tácticas similares. A comienzos de 2007, poco después de su toma de posesión, el presidente de México, Felipe Calderón, lanzó una ofensiva militar y policial contra pandillas de drogas de la ciudad fronteriza de Tijuana. En 2002, el mandatario colombiano, Álvaro Uribe, envió a 3.000 militares y policías a las comunas de Medellín como parte de la Operación Orión. En pocos años, esta ciudad se convirtió en ejemplo de éxito y, de hecho, ha servido de inspiración para Brasil.

Ahora es Río el modelo en boga. Sus logros, incluso, han llevado a reconsiderar la renuencia en la región de emplear fuerzas armadas en asuntos policiales.

Expertos regionales en seguridad, reunidos en la Organización de Estados Americanos (OEA) en la última semana, están ciertamente más abiertos a la idea. El secretario de Seguridad Multidimensional de la OEA, Adam Blackwell, se refirió a la acción militar como un desarrollo "positivo" y agregó que para combatir criminales despiadados muy bien organizados, los Gobiernos en la región debieran usar todas las fuerzas a su disposición, incluidas las militares.

"Lo que percibo es una nueva disposición de, por lo menos, discutir el rol militar siempre y cuando ocurra bajo supervisión civil", aseguro Blackwell en una entrevista. "Este no es un tema de la izquierda o la derecha, del norte o del sur, del este o el oeste. La gente ... no quiere ser abatida a tiros en las calles".

En las últimas dos décadas, desde que se completó la transición a la democracia de la mayoría de países latinoamericanos, un objetivo crucial ha sido mantener a las fuerzas armadas por fuera de la misión de proteger a la ciudadanía. La mayoría de las naciones, como parte de su consolidación democrática, tienen ahora ministros de defensa civiles, fuerzas policiales civiles y una clara separación entre las misiones de la policía y los militares.

Pero los esfuerzos por sacar de las calles a los militares han sido vacilantes e incompletos. Grupos de derechos humanos están particularmente preocupados por una posible expansión de la misión militar por parte de fuerzas que todavía no han superado plenamente su legado de represión.

Adam Isacson, experto en seguridad regional de la Oficina para Asuntos Latinoamericanos de Washington, reconoció que circunstancias excepcionales, como cuando la policía es superada por criminales mejor armados, amerita una acción militar de protección y disuasión, pero dicha participación debe durar poco.

La presencia militar a lo largo de, al menos, siete meses en la favela Complexo do Alemão que proponen los funcionarios brasileños es un lapso demasiado largo, lo que podría sentar "un precedente terrible", dijo Isacson en una entrevista. La pregunta ahora es ''¿cómo van a mantener estos vecindarios?, y esa no es una interrogante de carácter militar''.

Afortunadamente el plan de seguridad del Gobierno de Río es multifacético. Después de la ofensiva inicial, la policía comunitaria, organizada en "unidades policiales de pacificación", debe empezar a establecer una presencia a largo plazo, al tiempo que se implementan otros programas e inversiones gubernamentales.

Es muy difícil saber, claro, si la estrategia tendrá éxito. Sergio Fajardo, el ex alcalde de Medellín a quien se le atribuyen buena parte de los logros en reducción de criminalidad en esa ciudad, reconoció en una entrevista que es limitado lo que puede hacer un líder local para derrotar crimen financiado por un negocio internacional. "Mientras haya narcotráfico, hay violencia", dijo. Aún así, agregó, el enfoque debe estar en crear nuevas oportunidades en aquellas áreas donde por mucho tiempo la criminalidad ha sido la alternativa más atractiva para una ganancia financiera.

Lo que es indiscutible es que temas de seguridad serán prioridad para los Gobiernos en la región ahora y en años venideros. Noventa por ciento de los latinoamericanos teme ser víctima de crimen en algún momento en su vida. Uno de cada dos habitantes de la región quiere mayor presencia policial en las calles, según el último informe de Latinobarómetro. Esto "podría interpretarse como una solicitud autoritaria", según Marta Lagos, directora ejecutiva de Latinobarómetro; pero es una petición "civilizada" cuando uno no puede salir y sentirse seguro.

La historia justifica la preocupación ante el creciente rol de los militares de la región. Pero a menos que los Gobiernos latinoamericanos puedan reducir la criminalidad, los delincuentes seguirán representando una amenaza desestabilizadora para las democracias de la región, mayor que cualquier otra.


FUENTE: The New York Times Syndicate


Marcela Sánchez ejerce el periodismo en Washington desde comienzos de los noventa. Esta es su columna semanal
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