viernes, noviembre 14, 2014

Las periodistas venezolanas (1872-1910)


MIRLA ALCIBÍADES

Cuando comencé a estudiar la literatura producida por las venezolanas en el siglo XIX, mi percepción inicial sufrió severo cuestionamiento. Sucedió de esa manera porque, en la medida que avanzaba en mis investigaciones, me iba dando cuenta de lo determinante de ese aporte. Muy pronto reparé en que, en el campo de la poesía, de la dramaturgia, de la novelística, de la ensayística, en el trabajo como traductoras, esas mujeres habían hecho un aporte sustancial durante el período.

Un primer problema se me hizo evidente: consistía en que esa vasta producción no está recogida en libros. Es cierto que algunas novelas y textos poéticos escritos por ellas fueron editados en volumen, pero otros materiales todavía reposan en la prensa de la época o en libros antológicos de ese siglo. Me convencí de que la vastedad del ejercicio de escritura que habían ejercitado las venezolanas se convertía en un reto para quienes se interesan en el tema.

Sin embargo, en este momento opto por detenerme en un tema sumamente decisivo en aquellos años: el del periodismo femenino o prensa de mujeres, es decir, los títulos hemerográficos que fueron apareciendo por decisión y voluntad de mujer. En el curso de esa investigación se hizo evidente otro problema derivado de las fuentes. En muchos casos esas revistas no lograron ingresar a ningún repositorio bibliohemerográfico, razón por la cual se perdieron en el tráfago de los siglos. Por ejemplo, en lo que a la pesquisa actual concierne, supe la existencia de La Alborada en 1881, porque la mencionan tanto el Diario de Avisos como La Opinión Nacional (ambos de Caracas) en información de gacetilla. He tratado de encontrar alguna muestra de este material pero hasta la fecha me ha sido imposible. Así como el caso descrito, igual experiencia me sucedió con La Audacia (Macuto, 1881). La información sobre este impreso llegó a mí de manera accidental, mientras revisaba la colección de El Monitor en busca de noticias que me pudieran interesar. Otros casos de similar naturaleza se hizo evidente en otros momentos que excuso citar el día de hoy.

Una vez que hube determinado el fenómeno a examinar, otro problema derivó de esa decisión. ¿Cómo conceptuar este fenómeno? En un primer momento pensé presentar estas notas bajo el enunciado “Prensa femenina venezolana del siglo XIX” o, tal vez, “Revistas de mujeres en el siglo XIX”. Pero de inmediato reparé en el hecho de que esa denominación sembraba confusión, porque no diferenciaba entre los materiales dirigidos a mujeres, vale decir, los impresos periódicos fundados por hombres y que se destinaban a receptoras, de las entregas periódicas fundadas por ellas. De tal manera, tenía que encontrar una manera de definir ese fenómeno de una forma que esquivara la anfibología mencionada.

Fue así como opté por la caracterización que se ha leído en el encabezado de estas líneas: “Las periodistas venezolanas (1872-1910)”. Tampoco ese enunciado me satisface mayormente por cuanto no voy a tratar de esas profesionales de la prensa. No puedo hacerlo porque son muy pocos los datos biográficos que he podido reunir sobre cada una de esas pioneras del periodismo femenino venezolano. No es fácil elaborar la biografía de la mayoría de esas periodistas por ausencia de información al respecto –sea porque se escudan en un seudónimo o porque no se ha indagado en registros parroquiales para precisar datos básicos referidos a sus lugares y fechas de nacimiento y muerte.

Pero, insisto en el hecho, esa denominación me parece más apropiada que aquella en la que había pensado en un comienzo. Cuando los estudios sobre el campo se profundicen y cuando al hablar de “prensa femenina en el siglo XIX” se entienda que se hace referencia a las iniciativas adelantadas por ellas, la expresión habrá superado la etapa de las ambigüedades.

Otra acotación importante me compulsa a señalar que un primer acercamiento al fenómeno debe concluir en 1910. Pienso que ese año constituye la culminación de una serie de rupturas que se venían produciendo al interior del discurso patriarcal desde que, en 1872, apareció la primera revista fundada por una periodista venezolana, Ensayo Literario. Fue la concreción ese año de un lento proceso que las llevó a actuar primero como colaboradoras de revistas y periódicos y, posteriormente, como responsables directas de los impresos que auspiciaron.

Pienso que 1910 es una fecha que adquiere plena justificación por cuanto los festejos del centenario se inician en Venezuela en 1910 y, sobre todo, porque ese año está señalado en nuestro país por el ingreso de la primera mujer que realizó estudios formales en la Universidad Central de Venezuela. Se trató de Virginia Pereira Álvarez.

La investigación que vengo adelantando me ha llevado a registrar 30 títulos de revistas en toda la geografía nacional. Me inclino a pensar que no agoto el registro porque –insisto en este hecho– he conocido la existencia de varios de esos títulos porque se les menciona en periódicos tanto de la capital como del interior de la república. Agotar el tema implicaría la revisión de colecciones que exceden el millar de títulos y, como se verá, es una tarea poco menos que imposible, a no ser que se cuente con un equipo de trabajo que, les diré, no es mi caso. ¿Cuáles son esos periódicos y quiénes son sus directoras y/o fundadoras? Lo señalo de seguidas:

1) Ensayo Literario (Caracas, 1872), directora Isabel Alderson; 2) El Hospital (Mérida, 1878), órgano de la “Sociedad de Beneficencia de Señoras”; 3) La Alborada (Caracas, 1881), redactoras: Consuelo, Pepita, Amira, Corina, Alida, Eda, Josefina, Reneta y Malvina; 4) La Audacia (Macuto, 1881), redactoras: Dilia y Débora; 5) Revista Escolar (Mérida, 1882), Aziloé Aruca Halck y Carolina Aruca Halck; 6) La Alondra (Coro, 1885), redactora: Zoraida; 7) Brisas del Orinoco (Ciudad Bolívar, 1888), redactora: Rebeca (Concepción Acevedo de Taylhardat); 8) Ña Fernanda (Táriba, 1889), (varias redactoras que no se identifican); 9) El Chistoso (Coro, 1890), redactora: Polita de Lima (era manuscrito); 10) Armonía Literaria (Coro, 1891), responsables principales varias señoritas de la sociedad Armonía; 11) Flores y Letras (Coro, 1891), eran responsables varias señoritas de la sociedad Alegría; 12) El Ávila (Caracas, 1891), redactora: Rebeca (Concepción Acevedo de Taylhardat); 13) El Problema (Caracas, 1891), directora: Rosalina González; 14) La Luz Cristiana (Caracas, 1891), directora: A. P. de Norwood; 15) La Lira (Caracas, 1895), directora: Concepción Acevedo de Taylhardat; 16) La Azucena (La Grita, 1896), redactoras: Beatriz Camargo y Sara M. Guerrero; 17) El Cristus (Barquisimeto, 1896), responsables: Ildegardis de García y Concepción Alvarado; 18) Alondras (Maracaibo, 1897), redactora: Ana Yepes Serrano; 19) El Recreo de las Damas (Caracas, 1897), directora y redactora: Concepción Godoy de Martínez, subdirectora: María Martínez de Arredondo; 20) Violetas (San Cristóbal, 1897), redacción: comisión de señoritas alumnas de la clase de literatura en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús: 21) El Estímulo (Duaca, 1898), directora: Lucinda de Colmenares; 22) Violetas (Coro, 1907) redactora: Ana G. Fortique; 23) Arte (Maracaibo, 1907), redactora: María Moreno de López; El Distrito Bolívar (Barinitas, estado Barinas, 1907), directora: Elena Conde; 24) El Esfuerzo (La Grita, 1908), administradora: Isaura; 25) La Cítara (Coro, 1908), directora: Josefa Victoriana Riera de Torrealba Arráiz; 26) El Pensil (Betijoque, 1909), redactora: Emma Dubuc Arias; 27) El Verbo Democrático (Coro, 1909), redactora y directora: Josefa Victoriana Riera; 28) Idilios (Chejendé, Trujillo, 1909), directora: Amalia Peña, administradora: María Cristina Segnini; 29) Minerva (Caracas,1909), directora y redactora: Olimpia Eloísa González; 30) La Violeta Azul (Colón, Táchira, 1910), directora: Hercilia Vivas Colmenares.

¿Son todos los títulos? No puedo asegurarlo. Por el momento, me limito a constatar que esos impresos existieron, que los leyeron y que todavía esperan por especialistas que se dediquen a estudiarlos.

Fuente: El Nacional 14 DE NOVIEMBRE 2014

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sábado, noviembre 08, 2014

Periodismo y cultura en Valle de la Pascua


FELIPE HERNÁNDEZ G.
Escribiendo una crónica sobre personajes y personalidades del Guárico, concluimos que esta entidad ha sido pródiga y liberal en hombres con vocación y aptitudes sobresalientes para el quehacer cultural y periodístico. En el caso de Valle de la Pascua, en su devenir es fácil encontrar honorables ciudadanos que consagraron ingenio, talento y esfuerzo intelectual al cultivo de las letras y a la exaltación de los más elevados principios y valores del espíritu. Solamente en el siglo XX, especial mención de honor merecen los nombres del Dr. Miguel Lorenzo Ron Pedrique, Gerónimo y Pedro Manuel Escobar Ramírez, el Dr. Alberto Aranguren Hidalgo, Luis Adolfo Melo Infante, Juan Rafael Martínez, el poeta José Rafael Hernández, el Br. Oscar Cobeña, el maestro Vicente Sánchez Chacín, Luisa Julieta Hernández, Parminio González Arzola, don Lorenzo Rubín Zamora, José María Álvarez Jaramillo, don Julio C. Pérez, Rafael Pellicer Viana, Juan Suárez Ávila, Prof. Guillermo Loreto Mata, entre muchos más.

Algunos de ellos pertenecieron a la Sociedad Unión y Progreso (1908), así como al Centro Bolívar (1923), organizaciones desde donde sus miembros desplegaron en el tiempo, una labor social y cultural de significativos alcances. Lamentablemente estas organizaciones, cada una en su momento, vieron truncadas sus actividades por desacertadas decisiones contrarias al quehacer cultural de los representantes del régimen gomecista en la zona.

En cuanto al periodismo local, son muchos los medios informativos que proliferaron, entre ellos perviven los nombres de “Eco Regional”, vocero de plausible labor orientadora, fundado y dirigido por el educador José María Álvarez Jaramillo; “Letras de Molde”, “La Pluma”, “La Pampa”, “El Candil” “Eco Libre” y “El Coloso”, hechuras del farmaceuta y poeta Alberto Aranguren Hidalgo. “El Turista”, “Don Quijote”, “Juan Sabroso” y “Scientia Et Labor”, periódicos fundados y editados por el poeta y farmaceuta Eladio Díaz Vargas y por el Dr. Miguel Lorenzo Ron Pedrique. “La Idea” y “Santos Luzardo”, creaciones del progresista empresario Luis Adolfo Melo; e “Ícaro”, fruto del tesonero maestro Rafael Pellicer Viana.
En la década de los sesenta, salieron a la luz pública en Valle de la Pascua, los importantes quincenarios “El Guariqueño”, editado y dirigido por el experimentado periodista, don Misael Flores, el cual reapareció en una segunda etapa. “La Hoja”, redactada por Dibén Gómez Laya; “Palestra Popular”, dirigido por don Pedro Díaz y Juan de J. Montenegro, que contaba con la colaboración del recordado periodista chaguaramero, Arturo Celestino Nadales; y “Región”, vocero dirigido por don Lorenzo Rubín Zamora, con el apoyo del profesor José Sánchez Torrealba --jefe de redacción-, César Díaz Zamora, Witremundo Pérez Salomón, y doña Mercedes Méndez Rubín de Zamora –autora de las notas sociales---. El quincenario Región cumplió una misión periodística, social y cultural importante y fecunda, y contó con la colaboración de destacados escritores de su época, entre ellos: monseñor Rafael Chacín Soto, Rafael López Castro, el Pbro. Francisco Hurtado, el poeta Ernesto Luis Rodríguez, el historiador José Antonio De Armas Chitty, Adolfo Salvi, y el Prof. Pedro Díaz Seijas.

También de la década de los sesenta, es el quincenario “Expresión” editado y dirigido por don Misael Flores. En él dieron apoyo como redactores, el periodista Pedro Antonio Gómez y el Prof. José Sánchez Torrealba.

En 1998 circuló el periódico “El Vallepascuense”, dirigido y editado por Enrique Bolívar, y como colaboradores: Prof. José Sánchez Torrealba, Dr. Luis Fernando Melo, Dr. José Antonio Ron Troconis, Dr. Carlos Eduardo Clavo, Liliana Prado de Bolívar, entre otros.

En 1992, el tesonero periodista Misael Flores vuelve con “El Reportero”, que reaparece en 2008 como periódico mensual de historia regional y local, editado por el periodista Misael Flores y Misael Esteban Flores, con el apoyo de Amalia Hitcher, Elpidio Barrades, Felipe Hernández, Jesús “Chucho” López, Jesús “Chucho Villarroel, Manuel Soto Arbeláez, Ligia López, Franklin Santaella Isaac, Lito Silveira, entre otros.

Es importante señalar, que en los interines, cuando en Valle de la Pascua no ha existido un órgano de prensa local, destacados columnistas y articulistas publicaron sus producciones en los periódicos regionales editados en San Juan de los Morros: “El Nacionalista”, “La Prensa del Llano” y “La Antena”.

En la actualidad, Valle de la Pascua cuenta con el diario JORNADA, el cual salió a la luz el 15 de diciembre de 2000, editado por José María Arias, vicepresidente: José Descarrega Nin, y como director Manuel Arias. Desde su fundación, los directores principales de Jornada, han sido: Rosa Ninoska Jansen, Rodolfo Oropeza, Andrés M. Rodríguez, Frank Reyes Solís, Kerys Granados, y en la actualidad, la diligente licenciada Betania Armenante. El staff de comunicadores lo han integrado, Freddy Arveláez (deportes), Joseíto Guerra, Frank Reyes, Franklin Rodríguez, Kerys Granados, Luis Salas, Ángel David Gómez (Taquitos de hoy), Carlos Sotillo, el equipo de Prensa de la Alcaldía de Infante, y otros; además de los colaboradores: Felipe Hernández G., Manuel Soto Arbeláez, Luis Pérez Guevara, Manuel Camero, etc.

El próximo 15 de diciembre Jornada cumple sus primeros catorce años de circulación continua, circunstancia digna de elogio, que induce a pensar muy positivamente del quehacer periodístico en Valle de la Pascua, puesto que desde el diario Jornada se irradian destellos de luz sobre todo el Guárico, y ello, amén de informar la cotidianidad y promover la cultura, significa avance para todos.

*Cronista del Municipio Leonardo Infante 
felipehernandez457@yahoo.com
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sábado, octubre 11, 2014

Confrontación entre los frailes Rotella y Ubrique en Cabruta, año 1740

En 1722, una real cédula de 8 de junio, aprobó la propuesta de los capuchinos andaluces de fundar varios pueblos y villas a orillas del Orinoco, uno de los cuales estaría en Cabruta, pero fue el jesuita Bernardo Rotella quien estuvo en el sitio entre 1733 y 1734; de esta fecha databan las partidas de bautismo más antiguas que en 1765 vería el obispo Mariano Martí.



Por Felipe Hernández G


En diciembre de 1720, el gobernador de la provincia de Venezuela, Marcos de Castro, organizó una fracasada expedición en busca de El Dorado, en la que viajaban unos misioneros capuchinos; de ellos, los frailes Bartolomé de San Miguel y Salvador de Cádiz, al llegar a Cabruta acordaron, con grupos indígenas guaiqueríes y mapoyas, salir de allí para poblarse en la mesa de Calabozo. En 1722, una real cédula de 8 de junio, aprobó la propuesta de los capuchinos andaluces de fundar varios pueblos y villas a orillas del Orinoco, uno de los cuales estaría en Cabruta, pero fue el jesuita Bernardo Rotella quien estuvo en el sitio entre 1733 y 1734; de esta fecha databan las partidas de bautismo más antiguas que en 1765 vería el obispo Mariano Martí.
En 1738 objetaron la intromisión jesuita en su jurisdicción y para 1740 la fundación de San Ignacio y Nuestra Señora del Socorro de Cabruta por Rotella, los hace acudir a la corte. El proyecto jesuita era crear una misión mixta de indios y españoles, iniciando un foco de atracción poblacional hacia el Orinoco; Cabruta sería el centro de comunicaciones de esa parte del país, entre Guayana y Caracas y entre el Atlántico y el alto Orinoco. Sus primeros habitantes fueron indios guamos huidos de las misiones capuchinas, cabres del Orinoco y algunos españoles, mulatos y mestizos. Era un lugar estratégico, sitio de obligada parada fluvial y terrestre. La situación se hizo más complicada cuando el gobernador de Nueva Andalucía (Cumaná) autorizó a Miguel Ángel de Córdoba, quien acompañaba a Rotella, a fundar una villa de españoles con el nombre de Nuestra Señora de la Concepción y los capuchinos consiguieron que ese proyecto fuera anulado mediante real cédula del 5 de febrero de 1741 y el 14 del mismo mes, el Consejo de Indias dictaminó que la ribera N del Orinoco estaba dentro de la jurisdicción de los capuchinos, declarando al mismo tiempo como infractores a los jesuitas. Sin embargo, esta congregación no abandonó Cabruta, sino que la convirtió en centro de acción misional, indispensable para controlar las incursiones caribes hacia el alto Orinoco y permitiéndoles a los misioneros la penetración de Guayana.
El día 6 de marzo del año 1740, el misionero jesuita Bernardo Rotella se consiguió con una inesperada compañía, luego de terminar de oficiar la misa dominical en el pueblo de misión de Cabruta, asentamiento que había fundado a comienzos de ese año en las riberas del río Orinoco. El religioso relató lo siguiente: “al acabar de decir misa, me vi en gran consternación, fue el caso que al salir la gente […] reparó que este pueblo se hallaba cercado de un crecido número de hombres, todos armados, unos de fusil, otros de flecha” (A.G.I., 56-6-20).
El grupo que invadía así Cabruta venía comandado por un religioso capuchino procedente de Calabozo, fray Vicente de Ubrique. Seguidamente, los misioneros acordaron una reunión. Rotella refirió así su encuentro con el capuchino: “Saludéle con cuantas demostraciones de cariño supo sugerirme la sinceridad de mi afecto, […] respondióme que venía en seguimiento de indios cimarrones y que su ánimo era cogerlos donde quiera que los hallase”. Ante esta pretensión, el jesuita contestó defendiendo su fundación, porque con antelación al hecho se había logrado un “compromiso” entre el obispo de Caracas, José Félix Valverde; el gobernador de Venezuela, Martín de Lardizábal, y los superiores de ambas órdenes religiosas, José Gumilla por los jesuitas y fray Salvador de Cádiz por los capuchinos andaluces. Según este acuerdo, se respetaría el trabajo misional de cada orden y no se solicitarían indios fugados. “A esta réplica no hubo más respuesta que diciendo no sabía de tal compromiso, pero, sin embargo, me entregó mis indios [guamos]”.
Cabruta dependía del obispado de Puerto Rico, a pesar de estar situada en terrenos de la provincia de Caracas. En 1758 José Solano propuso, sin éxito, que dada la importancia estratégica de Cabruta, se creara una gobernación especial para esa región con capital en esa ciudad. El 29 de diciembre de 1765 fue visitada por primera vez por el obispo Mariano Martí. En una relación anónima de San Sebastián, antes de 1767, se dice que tenía 120 familias de indios aproximadamente y 20 o 25 hombres de armas para defenderse de los caribes. En 1767 tuvo lugar la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles y Cabruta fue entregada interinamente por el obispo de Caracas a los capuchinos, quedando al frente de ella fray Damián de Jerez, hasta su muerte en 1772 cuando lo sucedió fray Alfonso de Marchena; en 1774 fue entregado al ordinal. Entre estos años fue sede de la misión capuchina. Para la posteridad, en jurisdicción de la actual parroquia Cabruta existe el sitio llamado Capuchinos.

felipehernandez457@yahoo.com

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viernes, septiembre 19, 2014

Políticas desarrollistas puestas en práctica en Calabozo en la primera mitad del siglo XX

    
Represa de Calabozo, un  símbolo de las políticas desarrollista
de los años 50 del siglo XX
Por  José Aquino


Las  políticas económicas puestas en práctica a través del tiempo, por los  Estados con el fin de lograr el bienestar de las sociedades. En tal sentido, a mediados del siglo XX, se  pone en ejecución la doctrina desarrollista con el fin de superar los males de la dependencia socioeconómicas. Por consiguiente el  modelo mencionado no fue una teoría económica, sino una   estrategia de desarrollo, basándose en las teorías económicas disponibles. Por lo tanto, buscaba formular estrategias que le permitiera a cada país de la  periferia capitalista alcanzar gradualmente el nivel de desarrollo de las naciones centrales (Pereira, 2007).
            
Desde esta orientación, se formularon políticas para mejorar la producción creando un mercado nacional que ha estado deficiente, motivado a una estructura económica agroimportadora que impide el crecimiento del proceso productivo. Por tal motivo, se fomenta con esta estrategia económica el autoabastecimiento nacional y la capacidad  agroexportadora. De esta manera se cumpliría con la búsqueda del bienestar social. Por consiguiente se trata de fortalecer los sectores de la economía con cuantiosas inversiones, tanto  nacionales como foráneas. Para ello era necesario articular a la nación, los empresarios, la burocracia estatal, las clases medias y los trabajadores en el marco de un sistema capitalista sustentado en un modelo socialdemócrata puesto en práctica a partir de 1958.
            
En consecuencia de lo antes expuesto, las estrategias de desarrollo generarían alto impacto en las Regiones intervenidas con el fin de lograr en el papel una sostenida y armónica elevación del nivel  socioeconómico de las comunidades mediante una política de creación de zonas industriales, creación de infraestructuras (carreteras, represas) y  estimulando  la producción en zonas donde reinara la pobreza.  Sin embargo, los planes de desarrollo puestos en práctica no toman en cuenta el impacto ecológico que genera la relación armónica, hombre medio-sociedad-naturaleza, puesto que su orientación gira a la obtención  capital sin preocuparse  por el  impacto que se genera en el tiempo.
            
Por consiguiente, los hombres en todo momento buscan mejorar las condiciones de vida de la sociedad donde interactúan, por tanto van transformando el medio donde viven, utilizando nuevas técnicas para intervenir espacios naturales, con el fin de establecer otros tipos de relaciones productivas, para dar respuestas satisfactorias no solamente a los miembros de las comunidades donde residen, sino también a la región, a la nación y al mundo.
            
Caso particular, en Calabozo, durante la década de los años 50 y los siguientes 30 años del pasado siglo, donde sus pobladores en este tiempo mantenían unas relaciones de producción que giraba mayormente en torno a una ganadería  extensiva, en grandes hatos de la trashumante, lo cual permitía aprovechar los pastos para darle a los vacunos, durante todo el año. Tanto en períodos lluviosos aprovechando las tierras altas y en el período seco los de las tierras bajas. Este tipo  de actividad generaba desde los tiempos coloniales una estructura social que estaba regentada por el dueño de la unidad de producción, llamada hato, mientras que las labores agropecuarias las realizaban los peones que vivían en las adyacencias de dicho lugar, actividad que sigue manteniendo en la actualidad en las zonas aledañas al sistema de riego Río Guárico, puesto en servicio a partir de 1958.
            
Aunado a esto el Estado Venezolano busca estructurar políticas para tratar de beneficiar a los sectores desposeídos de la sociedad, emprendiendo proyectos de desarrollo a gran escala, a partir de la década de los 50. Con el fin de que los sectores dueños del capital se apropien del   plus producto y así generen   ganancias  a los nuevos sectores de la  burguesía que  en concordancia con los sectores poderosos con la industria petrolera  venezolana. Caso específico, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, el continente Europeo marca el rumbo de su reconstrucción, a través de planes económicos de gran envergadura. Los países latinoamericanos no se quedan rezagados, tratan también de recuperar sus economías, debido a que las exportaciones de productos tanto mineros como agrícolas no contaban con un mercado seguro para sus colocaciones, como consecuencia de la devastadora guerra de la década de los 40 en Europa.
          
Para el viejo continente los capitales norteamericanos diseñan el plan “Marshal”. Mientras que para los países subdesarrollados se emplea un modelo económico de tipo capitalista llamado “Desarrollismo” que consistía en mantener a esas  naciones dentro de la relación centro-periférica, en  los cuales los capitales centrales  sólo compraban sus materias primas a precios bajos a estas naciones, mientras que ellos vendían sus productos transformados a precios ventajosos, lo que permitía  obtener plus ganancia.
          
Por tanto, el desarrollismo en esa década de los 50  fue vendido como  modelo  para la solución de los países latinoamericanos  para la corrección de los desequilibrios macroeconómicos y combatir las desigualdades sociales. Esto consistía en otorgamientos de créditos a estos países para elevar su capacidad industrial, con el fin de cumplir las demandas de producción interna y externa. Acompañada también con la creación de infraestructura no solamente  de la industria sino también de los servicios que estas naciones carecían.
          
El boom que ocasionó esta política fue  asumida en países como Argentina, Brasil que copiada por otra naciones del continente como México, Chile, Uruguay y Venezuela que la aplicó durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Bajo el lema del “ideal Nacional” planifica y comienza a construir grandes obras de infraestructura, ya que el país necesitaba crear una red de servicio para poder desarrollar un parque industrial al estilo de Argentina y Brasil, naciones que llevaron la delantera del modelo expuesto.
          
Por consiguiente, el país necesitaba no solamente parques  industriales sino también carreteras y autopistas para llevar la producción a los puertos y aeropuertos. Además de crear centros de producción agrícolas para suplir las necesidades de las personas que trabajaban en las industrias de la región central, como los centros productivos de Turén y Calabozo. La finalidad de estructurar en estas regiones, ejes económicos y servicios que respondieran a las expectativas de un modelo en desarrollo.
           
Es de hacer notar que el proyecto desarrollista estaba circunscrito en dos modelos de Desarrollo, uno con el lema de Doctrina del Bien Nacional y otro Regional, en lo que respecta específicamente al Estado Guárico, se buscaba crear eficientes unidades de producción agropecuarias, con el fin de integrar a las familias campesinas, a través de empresas productivas, mediante la diversidad de la producción agropecuaria. Por tanto el proyecto desarrollista facilitaba la explotación nacional e intensiva de la actividad agropecuaria a gran escala, lo que permitiría fortalecer económicamente y socialmente a un sector de la población del Estado Guárico.
           
Por tal motivo, se aprovechan las aguas del río Guárico, en la construcción de la Represa, se comienza a construir su gran  dique en el año 1953, para culminarla en 1956, la finalidad de regar 110.000 hectáreas y de esta manera establecer un centro de producción agropecuaria a gran escala, con el fin  de darle alimentación necesaria a los centros industriales en formación con  la región centro norte el eje Caracas, Maracay y Valencia.

Del mismo modo el proyecto pretendía el aprovechamiento racional de los recursos  naturales y humanos, con el fin de lograr un equilibrio económico y social en aras del bienestar  nacional, lema político para esa época, al incorporar localidades y regiones del país desfavorecidas en esos tiempos. De esta manera, la orientación desarrollista buscaba subsanar gran parte de la población dispersa de los llanos de las actividades agropecuarias de gran escala, estableciendo la concentración del sector agropecuario y el sector servicio en Calabozo.
            
Por otra parte el proyecto en cuestión, pretendía la explotación pecuaria, preferiblemente la ganadería de carne, aprovechar el riego para el establecimiento de centros de ceba, además de la siembra de arroz y otros rubros.
            Entre sus objetivos:
            Dar la pauta para la explotación de una manera eficiente, basada en el acondicionamiento del medio y la capacidad del hombre, para utilizar la tierra en forma intensiva y racional.
            Crear un centro de producción a gran escala que contara con servicios, con el fin de integrar de manera eficiente el sistema de riego, el parcelamiento y el sector industrial.
            Mejorar las condiciones de vida de las localidades intervenidas.
            En cuanto a la organización y dotación de la parcela  para los campesinos, esta se repartió bajo la figura de las uniones de prestatarios, con lo cual se buscaba establecer la justicia social, para una gran parte del campesinado que pedía tierra. Justamente en los comienzos de la década de los setenta con la promulgación de la Ley de Reforma Agraria (1960), se comienza con una relación hombre-medio, más integrada a la actividad agropecuaria, porque aglutinaba más número de personas que el proyecto original, que pretendía crear también a mediano plazo un gran empresario agropecuario.
            
Es necesario señalar que durante la década de los sesenta se diseña otra política desarrollista en Venezuela, bajo el modelo de sustitución de importaciones adoptada por todas las naciones latinoamericanas a través de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
            
Es necesario señalar que durante las décadas de los sesenta y setenta, se siguen los patrones de los planes de la nación (CORDIPLAN), bajo este modelo de desarrollo se ejecutan planes  socio-económicos que impulsan el interés de agrupar y clasificar los sectores productivos antes descritos, los cuales dieron resultados parciales en cuanto al bienestar social de estos. Mientras se consolidan los sectores medios y grandes  productores agropecuarios a través de la producción del monocultivo del arroz, el sector campesino que se había organizado en  uniones de propietarios paulatinamente estas organizaciones  van perdiendo su aplicabilidad y utilidad, lo que generaría  prácticas  capitalistas como arrendamiento y el traspaso de la unidades de producción.
            
Por otra parte la producción arrocera fue aumentando paulatinamente desde 1958-1970, no solamente en el incremento de las áreas   de siembra, sino también por el manejo integral (Estadísticas del MPPA y T. 2012), en consecuencia de los antes expuesto en lo que respecta a la parte ambiental para comienzo de la década de los años 70 proliferara  cíclicamente  la superpoblación de la rata arrocera o  ocasionando por una parte la disminución de la producción y la otra la contaminación ambiental por la utilización de insecticidas  fosforados, generando no solamente  intensiones   sino otras enfermedades  en las zonas aledañas a los  cultivos (Arias y otros,1996).Generando el rompimiento de la relación armónica sociedad-naturaleza como consecuencia desmedida de los dueños del capital de obtener solamente el lucro y satisfacer solamente  la producción  a gran escala y no darle el interés social y humano de los pobladores.
            
Este modelo desarrollista no eliminó la dependencia sino que la profundizó, por cuanto las empresas trasnacionales (agropecuarias y comerciales) en caso particular de esta Región  concentraron beneficios a los dueños del capital   al igual que los nacionales, mientras que en los demás sectores sociales no generó el desarrollo horizontal sino de manera desigual, para que solamente las  capas medias tuvieran ciertos beneficios y progresos a costa del llamado desarrollo en sus diferentes políticas puestas en práctica.





BIBLIOGRAFÍA

Álvarez, J.R. (1993). Diagnóstico General Actualizando. Sistema de Riego Río Guárico. Unidad de Desarrollo Agropecuario.

Arias, Luis y Otros. (1996). Sistema  de Riego Río Guárico. Diagnóstico Socioeconómico  ambiental y Alternativas . U.C.V. Caracas.

CEPAL (1950) Informe Económico de América Latina. Santiago de Chile.

Furtado, Celso (1964). Desarrollo y Subdesarrollo. México D.F. Fondo de Cultura Económica.

Pereira, Rafael (2007). Desarrollismo y los Estados. Santiago de Chile.


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viernes, septiembre 12, 2014

Doña Elisa, la hija adoptiva de Ortiz

Por José Obswaldo Pérez

Doña  Elisa Aponte de Strubiger,
una trabajadora social 
que lucha por Ortiz (Foto JOP)


“Soy una anciana de 87 años, hipertensa, diabética, con osteoporosis y para usted de decir”, cuenta doña Elisa Aponte de Strubinger. Pero no se siente cansada. Sube y  baja la camioneta de su hijo, sin  mucha ayuda,  si acaso su bastón de apoyo.

“La voluntad me ayuda a seguir hasta que Dios me reciba”, dice esta mujer fogueada en la lucha social.  Pero, polifacética en su acción de vida.  Pintora, poeta y conservacionista, entre sus quehaceres más reconocidos. Su microhistoria de su existencia está llena de una narrativa humana  que la califican como “Toda una dama de singular prestigio y elegancia”, definida así por don Fernando Rodríguez, en una semblanza dedicada a ella, en sus 85 años.

Nació en Los Teques,  estado Miranda,  el 02 de Febrero de 1926. Casó con Carlos Strubinger,  hoy viuda, con seis hijos y 14 nietos, todos profesionales. Además, cuenta con siete bisnietos, para felicidad de la vida. Fue catequista en su ciudad natal,  con los salesianos.  Y fundó el colegio “Nuestra Señora del Carmen”. En El Vigía, barrio mirandino,  comenzó su trabajo social, como un ejercicio apostólico de llevar el bien a los demás.

Más tarde, se trasladó a Ortiz, el 8 de agosto de 1973. “Compramos, entre tres hermanos, una finca; mis hijos compraron casa en Ortiz, residiendo  en una de ellas”, nos dice.  Así es, la casa habitación de doña Elisa es hoy, un taller de orfebre y sueños. También, es un museo donde se expone su obra, donde se relata en cada objeto una historia que comulga por los espacios de la Quinta Los Teques.

 En Ortiz, fundó la Asociación Civil “Casa de los Niños La Corocora ”, antes de esta sociedad hizo trabajos sociales con niños de bajo recursos económicos con la ayuda de la comunidad orticeña, familiares y personas de los Teques. Aquí, también,  fue facilitadora de Multihogares.

  “Sigo con mi obra social con ancianos, niños, jóvenes y todos aquellos a quien podamos ayudar”, afirma, con ese deseo de proseguir ayudando a sus congéneres.

Doña  Elisa Aponte de Strubiger se autodefine como una hija adoptiva del pueblo de Ortiz, a quien ama y se inspira cada mañana y cada atardecer de su vida. “Quiero seguir enseñando El hombre, Cristo y la Iglesia y otros textos religiosos. Seguí dando la catequesis”, concluye.
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