martes, marzo 22, 2016

La familia Havana: Un apellido afromestizo en el siglo XVIII Orticeño

´
En el presente estudio se aborda el apellido Havana, ubicado en documentos eclesiásticos del siglo XVIII que reposan en el archivo parroquial de la Población de Santa Catalina de Sena de Parapara.


JOSÉ OBSWALDO PÉREZ
Introducción
LOS GENTILICIOS AFROMESTIZOS son muy comunes en los llanos guariqueños. Un registro en los archivos locales se puede encontrar esta especie de apellidos o demónimos por los cuales eran llamados y reconocidos uno de los sectores más oprimidos en los siglos XVI al XVIII, como lo fueron los aborígenes, los africanos-negros y los pardos, cuyos rastros y huellas encontramos aún en plena vigencia en la Historia Contemporánea de Venezuela.

En el presente estudio se aborda el apellido Havana, ubicado en documentos eclesiásticos del siglo XVIII que reposan en el archivo parroquial de la Población de Santa Catalina de Sena de Parapara. Dos aspectos nos animan aquí tratar en este ensayo, más allá del registro del gentilicio. El primero, sobre hipótesis de la procedencia de esclavos negros en nuestros espacios llaneros, principalmente de factorías del hinterland caribeño y segundo el carácter socio-cultural del apellido, en una de las clases sociales existentes en la colonia, ubicadas en el espacio geomental del pueblo de Ortiz. Se trata de grupos mestizos que constituyeron el fundamento más lejano de nuestra clase media, formada también por los blancos no mantuanos.

El afromestizaje llanero
La esclavitud en los llanos guariqueños dio paso a un proceso de mestizaje rápido y casi violento. La mezcla de tres orígenes étnicos: españoles (principalmente andaluces y vascos), negros e indios - que también podríamos categorizarlos como afrollaneros- dio origen al género de “llaneros”, una nueva neoetnia generalmente asociada a la ganadería y que ya para el siglo XVII habían constituido nichos culturales muy característicos y fuertemente mestizados.

El proceso de mestizaje y aculturación de los grupos sociales a partir de la segunda década del siglo XVIII, tiempo histórico de referencia en cual aparece el apellido Havana- algunas veces se registra en los documentos con b alta y en otros con v pequeña-, un gentilicio que proviene del hinterland negrero del puerto de La Habana (Cuba), el cual sirvió de comercio y tráfico de esclavos, tal como señala Roger Bastide y quien afirma que con frecuencia al esclavo no se le daba el nombre de su verdadero origen, sino el del puerto donde era embarcado. Así, por ejemplo, todos los esclavos que pasaban por el fuerte El Mina llevaban consistentemente el apellido Mina, fueran ashantis, owes o yorubas u otras etnias . Esto ocurrió con el apellido Havana, asimismo en los gentilicios locales como Caheo y Congo, encontrados en fuentes primarias.

En el siglo XVIII, la familia Havana vivió en Ortiz. Eran descendientes de esclavos. Juan Lorenzo de la Havana y su mujer María Dionisia Solorzano aparecen en los libros eclesiásticos de la localidad, en el tiempo en que eran párrocos de Parapara, el cura capellán Francisco Juan de Toledo y el Bachiller Luis Maestre.

Los Havana Solorzano eran pardos libres, moradores del Hato Rincón de San Pablo, ubicado en San Juan de Paya. También conocido como Paya Abajo. Partido ganadero que, junto con el San Antonio y el Tiznados, dio origen y consolidación al espacio geomental del Pueblo de Ortiz.

En los libros de bautismo de 1761 aparece registrado el nacimiento de María Albina de la Luz, hija legitima de la pareja Havana Solorzano; quien nació el 18 de febrero de 1761. Fueron sus padrinos Tomás de Solórzano y María Tomasa Blanco.

El sábado 14 de mayo 1763, en la Iglesia de San Juan Bautista de Paya fue bautizada la niña María Candelaria, de tres meses y 14 días. Fue su madrina María Tomasa Solorzano, quien vivía en el Sitio El Cayman. Entre los testigos del bautizo estuvieron Don Andrés Pérez y Don Gabriel Dorta.

Otra hija de la pareja fue bautizada el 13 de junio de 1764. Se llamaba María de las Mercedes, quien había nacido el 15 del mes de mayo de ese año. Fue su madrina María Tomasa Solorzano, quien vivía en el Sitio El Cayman. Entre los testigos del bautizo estuvieron Don Andrés Pérez y Don Miguel de Silva.

Como se observa, los Havana- Solorzano no eran procreadores de niños varones, por lo menos en lo que hasta hoy se ha podido investigar. Los documentos analizados están en muy mal estado y muchos ellos son incomprensibles para transcribirlos.

Algunas reflexiones sobre este apellido
Llama la atención del registro de este apellido, se trata de un gentilicio español correspondiente a un topónimo antillano de la Isla de Cuba, cuyo significado y origen podría interpretarse desde varias ópticas, según la historiografía cubana. Comenzando con sabana, en idioma haitiano, pasando por el nombre indígena Habaguanex y haven o gaven, para decir “puerto, fondeadero, abra” según el lingüista William Dwight Whitney (1827-1894) hasta el nombre de locura, dicho en lenguaje indígena. Pero aún hay muchas curiosas inferencias para este topónimo algunas colmadas de precisiones.

El análisis de las fuentes contenidas en los Archivos Parroquiales de Santa Catalina de Sena de Parapara y Rosa de Lima de Ortiz, ubicados en el Archivo Diocesano de Calabozo, nos permite observar la estructura social del Ortiz colonial. De modo que las partidas de bautismo reflejan, de manera generalizada, aspectos poco conocidos de la vida de la gente de ascendencia africana durante el período transatlántico, especialmente relacionada con la familia y la cultura. Sin embargo, estos documentos que son fuentes históricas primarias nos dicen poco sobre los pensamientos o las emociones de esa gente calificada de “inferior”. Pero, hay pistas que nos pueden proporcionar algunas ideas sobre determinada clase social y sus relaciones interétnicas en distintos espacios locales. El mestizaje y la preservación de la pareja son otros de los puntos los cuales podríamos destacar. Así como otros datos que nos permitan – a través de la socialización de las partidas de bautismo- la reconstrucción de la familia mestiza local.

Finalmente, la condición social de los Havana-Solorzano, aunque pardos libres, se trataba de una casta que no tenía privilegios. Pero que a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, las constituían la mayoría de la población de la provincia de Venezuela, y sobrepasaban en número a los blancos criollos y peninsulares, a los negros esclavos y los indios sin mezcla. En el caso de Ortiz, se componían, aproximadamente entre un 35% y 40% de la población total.

Fuentes consultadas


ARCHIVO PARROQUIAL DE SANTA CATALINA DE SENA DE PARAPARA. Libros de Bautismos 1714-1766.
ACOSTA SAIGNES, MIGUEL (1967). Vida de los esclavos negros en Venezuela. Caracas: Ediciones Hespérides. [s.p.]
ÁLVAREZ D’ ARMAS, ARTURO (1999, Agosto 04): Cacheo. Maracay, El siglo. P.A/4
JARAMILLO, MARCOS ANDRADE (1999). De la trata a la Esclavitud. Venezuela siglo XVIII. Caracas: Fondo Editorial ISPAME
ARMAS CHITTY (1981): “Zambos y pardos en un censo de población del siglo XVII” En: Semblanzas, Testimonio y Apólogos. Caracas: Academia Nacional de la Historia.
BASTIDE, ROGER (1967): Las Américas Negras. Madrid: Alianza Editorial., p 14-15.
DE FRIEDEMANN, NINA S (2004) África en la construcción de América. En: Prensa Argentina http://argenpress.info.
LARA, ORUNO (1981). Resistencia y esclavitud; De África a la América Negra. En "La trata negrera del siglo XV al XIX". París; Serbal/Unesco.
MENDOZA, IRMA (2005) "Presencia de la mano de obra esclava de origen africano en el Guárico Colonial. Siglo XVIII" En: Resonancias de la Africanidad. Caracas: Fondo Editorial Ipasme, p 14
ORTEGA. MIGUEL ÁNGEL. La esclavitud en el contexto agropecuario colonial... Siglo XVIII.pp. 65-101.
PEREZ A, JOSE O. Esclavitud y africanismo en la cultura llanera. En: Fuego Cotidiano. Disponible en línea [Consultado: 15 de agosto 2015]
POLLAK ELTZ, ANGELINA (2005). Afrovenezolanos. Caracas: Editorial Tecnocolor.
RAMOS GUÉDEZ, JOSÉ MARCIAL (2001). Contribución a la historia de las culturas negras en Venezuela colonial. Caracas: Instituto Municipal de Publicaciones- Alcaldía de Caracas.
RODRÍGUEZ, ADOLFO (2006, 29 Mayo): La Cultura Afrollanera en la formación de los llaneros. Conversatorio sobre influencia Árabe y Africana en Venezuela. Caracas: Universidad Bolivariana de Venezuela.Mimeografiado.
ROIG DE LEUCHSENRING, EMILIO (1939).La palabra Habana. Su origen, etimología y ortografía. En: Historia de La Habana. Desde sus primeros días hasta 1565. La Habana: Municipio de La Habana. Administración del Alcalde Dr. Antonio Beruff Mendieta, pp. 45 – 54.


Compártalo:

sábado, marzo 19, 2016

El Asalto de Ortiz en 1862. Un episodio de la Guerra Federal

Oldman Botello

Introducción

Presentamos a continuación, el acaecer de un hecho de anpas registrado en Ortiz en diciembre de 1862 Y que es desconocido en la historia local. Ocurrió avanzada ya la Guerra de Federación, movimiento social y político que conduciría en 1864 al igualitarismo social y ponde fue figura descollante el general del Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora (1815-1859), título que le fite otorgado en San José de Tiznados en 1846, en momentos cuando se movilizaba la insurrección campesina y antiesclavista que fue el bautizo militar en grande del prócer del Federalismo.

Prolegómenos.

La Guerra Federal comenzó el 20 de febrero de 1859 cOflel grito de guerra proferido por el general Tirso Salaverría en Coro y que inmediatamente siguió su curso en todo el país. donde a sangre y fuego se batieron los ejércitos contendientes, el de la oligarquía civil y militar enquistada en el poder desde 1830 y el de las fuerzas populares que acaudillaron fundamentalmente el general Ezequiel Zamora, -el general Juan Crisóstomo Falcón, y los generales Tirso' Salaverría, Manuel Ezequiel Bruzual, Francisco Linares Alcántara (llamado luego el Gran Demócrata), y coronel Antonio Guzmán Blanco y en el Guárico figuras como Manuel Borrego y Zoilo Medrano, parapareños; Donato Rodríguez Silva, de San Francisco de Cara, Aragua; Francisco Esteban Rangel, de Canuto (hoy La Unión de Canuto, jurisdicción de San Lorenzo de Tiznados y de Ortiz), Esteban Álvarez Meza, de Parapara; José de Jesús González (El Agachado), hijo de esclava, de El Consejo, estado Aragua; Celestino Bolívar, Juan Esteban Rodríguez y otros: ..

En el Guárico hubo encuentros armados a granel, unos llJás importantes que otros. Por ejemplo la toma de C81abozoen varias oportunidades, el combate indeciso de .la laguna, palmar y caño de Coplé, Santa María de Tiznados o Lecherito, combates en Chaguaramas, San José y San Francisco de Tiznados, etc. Así continuó la guerra de desgaste, basta la firma del Tratado de Coche pqr las fuerzas en pugna y que marcó el triunfo de la Federación, que a juicio de los mamadores de gallo de la Caracas de esos años "no dejó sino centavos negros y negros con centavo".

El asalto de Ortiz

En la continuación de la guerra y específicamente en el Guárico central, el día de la Virgen Inmaculada, el 8 de diciembre de 1862 a las ocho de la mañana, los orticeños recibieron su desayuno de plomo por parte de las fuerzas federales comandadas por el general- Manuel Borrego, acompañado por los oficiales Juan Esteban Rodríguez, Celestino Bolívar, Juan Pérez, José Ruido y otros. Defendían la plaza las tropas de la oligarquía al mando del comandante Henrique Mujica, y los subalternos Juan Francisco Loreto, ortíceño, Juan Ramón Mirabal, calaboceño, Pedro Ramos (homónimo del general turmereño que comandó la batalla de Santa Inés en 1859 en Barinas), capitán Miguel Marchena, apureño f teniente Pedro García. El jefe político del cantón era el calaboceño Ramón Viso. .

Antes de iniciar las acciones y como militares formales, el general Manuel Borrego, por voz de Juan Esteban Rodríguez y Celestino Bolívar, solicitaron al comandante Henrique Mujica, la entrega de la plaza para evitar derramamiento de sangre. El mensaje escrito fue llevado por una mujer, seguramente acompañante de las tropas, tal como se vería en las fuerzas de la Revolución Mexicana en 1914. Se desconoce el nombre de la mensajera, la cual entregó el papel y después de leerlo,' el comandante Mujica, con ella misma envió la respuesta como corresponde a un' hombre de honor: "La defenderemos con el honor y la lealtad que caracterizan a los empleados que la representan" .

A los diez minutos comenzó la andanada de plomo contra el fortín donde estaba acantonada la fuerza defensora y que posiblemente estuvo en el lugar donde hpy se encuentran el Centro Cultural "Juan Germán Roscio" y la escuela del mismo nombre. Hubo muchos tpuertos por parte de los atacantes y más de veinte heridos de consideración. El fuego fue ininterrumpido hasta las cinco de la tarde cuando las fuerzas federalistas se declararon en derrota por la falta de armas y municiones. Un herido de los guerrilleros no pudo ser rescatado por el fuego vivísimo que hacían desde el fqrtín y se fueron sin él. El parte gubernamental dice que el ejército oligarca tuvo cinco heridos leves y que solo fue muerto un honrado de padre de familia que pescó un balazo sin tener arte ni parte en aquella matazón.

Al día siguiente, nueve de diciembre, aniversario de la batalla de Ayacucho y 59 años antes de la fundación de Puerto Ayacucho, capital de Amazonas, volvió a presentarse, muy recuperado, el ejército de la Federación, pero no entró en batalla porque el espionaje dio la novedad de que en la noche llegaron refuerzos desde Villa de Cura al mando del coronel villacurano León Rodríguez Guerrero, comandante de la División Guárico. Se retiraron, pues, sin disparar un tiro, discrecionalmente .
El 29 de enero siguiente, año 1863, hubo otro intento d, asaltar a Ortiz que fue repelido y muerto el jefe atacante, comandante Rafael Hurtado. Los demás com¡:pñeros huyeron hacia la sierra como informó el coronel León Rodríguez Guerrero a la superioridad. .
Esos fueron dos de los innumerables hechos históricos acaecidos en jurisdicción de Ortiz en tiempos de la llamada Guerra de los cinco años o Federación Brava, que"a fin de cuentas aniquiló a las fuerzas de derecha u oligarcas "hasta como núcleo social" al decir del genera¡ Guzmán Blanco, uno de los que usufructuaron a manos llenas el triunfo federal.

FUENTES:

ALVARADO, Lisandro (1953) Historia de la Revolución Federal en Venezuela. Caracas: Ediciones del ministerio de Educación
BOTELLO, Oldman. Historia General del Guárico. precolombina. siglo XXI. (Inédita) Gaceta Oficial, 1862.
Compártalo:

viernes, marzo 18, 2016

Semana Santa: Vida y pasión de Jesús. Sus enemigos


Manuel Vicente Soto Arbeláez

Mucho se ha escrito sobre la vida, pasión y muerte de N. S. Jesucristo (0-33 dC), presentándolas desde todos los puntos de vista imaginables. El tema es apasionante y seguramente se ha de seguir escribiendo sobre uno de los hombres cuya acción y pensamiento más ha influenciado a la humanidad, sobre todo a lo que hoy llamamos “mundo occidental”. Para poder entender en profundidad todos los hechos ocurridos, es necesario ubicarnos en el escenario y tiempo de los sucesos, pues los juicios de todo evento histórico y cultural deben estar basados sobre el entorno político, social, económico y cultural de la época de los mismos. No se puede intentar entender casos sucedidos hace tanto tiempo, utilizando la óptica de un hombre de la época actual.

La tierra raizal, Palestina, era mucho más grande de lo que fue hasta 1948, cuando desapareció para dar paso a la creación por resolución de la O.N.U., del Estado de Israel, quedando los territorios de Cis y Transjordania -riberas izquierda y derecha del río Jordán-, bajo el protectorado hachemita, cuyo jefe actual es el heredero del Rey Hussein. En el año cero de nuestra época ese país cubría, además de lo descrito, territorios de Siria, Líbano, Jordania y a la Península de Sinaí. Por ser un centro de comunicaciones de todo el Levante, Norte y Sur, su actividad comercial era bastante desarrollada. El paso de mercaderes provenientes de otras regiones, hacía que el habitante de esa nación hablara o entendiera varios idiomas o dialectos. Allí se comunicaban en hebreo, arameo, cirenaico, persa, griego, turco y egipcio (lengua árabe arcaica). Esta es la razón histórica del por qué el judío tiene una facilidad innata para entender idiomas, pues desde hace por lo menos 30 siglos ha tenido que aprenderlos para poder subsistir y comerciar. Deberá también tenerse en cuenta que hace 20 siglos ya Roma señoreaba en el lugar, por lo que la lengua del Lacio (el latín) era dominante entre la burocracia y la clase privilegiada. Uno de los tetrarcas palestinos que impusieron los romanos, Herodes el Grande, fue educado en la corte imperial de la ciudad del Tíber, la capital del mundo. Todo este cuadro nos permite ver que la sociedad en la cual se desempeñó Cristo era bastante compleja y al mismo tiempo influenciable.

Si el dominio romano era completo desde el punto de vista militar y fiscal, se mostraba laxo desde la óptica política y social. Los administradores, burócratas y jueces, eran ciudadanos locales. El Imperio sólo intervenía en casos de cierta entidad; pero a pesar de esa actitud un tanto suave de los conquistadores, el pueblo palestino no presentaba un frente unido en pro de la liberación del país. Todo lo contrario, los judíos estaban profundamente divididos en sectas que se comportaban como verdaderos partidos políticos, cada uno en defensa de sus intereses parciales y, evidentemente, circunstanciales.

Esta división obró en contra de Jesús, pues siendo éste miembro o descendiente de la casa del Rey David, tenía todos los derechos para ser defendido por la ley hebraica, ya que él no había atentado contra la seguridad del Estado o del Imperio Romano. Su reino no era de este mundo. Su prédica se concentraba en la humanización del Judaísmo. Como se sabe, ésta religión monoteísta considera que la relación del hombre con “Jahve” debe hacerse sin intermediarios, es una dualidad deidad-persona y de nadie más. La caridad ni el amor para el que no sea de esa fe le es otorgada o dado por el ortodoxo. Además, el judaísmo denomina al resto de los mortales como “gentiles”, que en hebreo significa “aquellos que parecen gentes”. En época de Jesús se sacrificaban animales en las Sinagogas, pareciendo éstas unas carnicerías. Estaba vigente la ley del “diente por diente, ojo por ojo”, o ley del talión, se lapidaba públicamente a las adúlteras. Todas éstas prácticas inhumanas excluyentes y discriminatorias fueron criticadas por El Mesías. Él trató que las relaciones con Dios fueran más amplias, introduciendo el concepto de la Santísima Trinidad. Para él no existían “gentiles”, sino que todos éramos humanos y dignos de consideración para ser presentados ante el Señor, llevados de la mano al bautizo; a quienes quisieron lapidar a una adúltera les dijo: “quien esté libre de pecado que lance la primera piedra”; a los defensores de la Ley del Talión los reconvino así: “si te dan por la mejilla izquierda, ponles también la derecha”; “ama a tu prójimo como a ti mismo, del hombre sencillo y creyente será el reino de los cielos”, latigueó a los mercaderes y matarifes en el Templo para adecentarlo. En fin, él quería un judaísmo más amplio, participativo, humano y democrático, proposición ésta que no le iban a perdonar los grupos o partidos existentes.


El “Partido Revolucionario Palestino Pro-Independencia de Roma” era capitaneado por Barrabás, valiente y abnegado patriota hebreo, pero carente de la pasta de líder buscó al hijo de María, a quien el pueblo seguía ciegamente, para que encabezara el movimiento independentista, siendo rechazado de buenas maneras por Jesús, pues su lucha no era por Israel, sino por toda la humanidad. El guerrillero Barrabás fue entonces, el primer enemigo mortal que se ganó Cristo.

Los “Fariseos” eran los judíos burócratas por excelencia. Ocupaban los cargos públicos y la Judicatura. Bailaban al son que tocaran los pretorianos romanos. Ejercían el sacerdocio y eran mayoría en el Sanedrín. Tenían todas las prebendas posibles y no estaban dispuestos a perderlas, fueron ellos los mercaderes y matarifes echados del templo a latigazos. Nunca le iban a perdonar al intruso hacerse llamar “Hijos del Señor” fue el segundo grupo de enemigos que sacrificarían a Cristo.
Los “Saduceos” formaban la clase de la nobleza judía. Estaban por encima de las disputas diarias, pues debían atender sus negocios, pequeñas industrias e intereses económicos. Fue el tercer grupo que en bloque votó contra el nieto de Ana, con la sola honrosa excepción de José de Arimatea.

Estos tres “partidos políticos” fueron los causantes de la desgracia del Salvador, pues el cuarto grupo judío, formado por los “Esenios” no se inmiscuyó; primero porque no vivían en ciudad alguna sino en el Valle del Mar Muerto, alejado éste del sitio de los acontecimientos; y segundo porque eran hombres sanos, ascetas acostumbrados al sacrificio y purificación del alma. Tenían fama de ser grandes médicos (curanderos) siendo visitados por pacientes de todo el Levante, a quienes ellos recibían y recetaban en las cuevas de Jericó y Qunram.

En estos Esenios se cree que está el misterio de los diecisiete años de vacío en la vida de Jesús. De él se conoce casi todo desde su nacimiento hasta los 12 años de edad. Luego hay un misterio insondable de los 13 a los 29 años, cuando de nuevo aparece en el Jordán. Varios tratadistas aseguran que todo este tiempo lo vivió Cristo con esta secta judía, aprendiendo de la Biblia y practicando la medicina que posteriormente usaría en sus curas milagrosas. En 1948 aparecieron en las cuevas de Qunram los famosos “Rollos del Mar Muerto” que los Esenios legaron a la posteridad. De estos rollos se espera se puedan aclarar varios misterios bíblicos. Estudiosos de todo el mundo están abocados a ello. Sin embargo existen fuerzas que no están acordes con que el contenido de estos rollos sea dado a conocimiento del público en general. Mientras tanto nosotros los creyentes demos al “César lo es del César y a Dios, lo que es de Dios”, Jesucristo dixit
Compártalo:

Nacimiento de Valle de la Pascua

Manuel Vicente Soto Arbeláez

Valle de la Pascua, a diferencia de otras ciudades venezolanas como Caracas, Valencia, Barquisimeto, Cumaná y otras, no tuvo una fundación formal con toma de tierras a nombre del rey de España, estandarte, escudo, juramento, curato o diócesis, etc. Su nacimiento se remonta a 1725 cuando don Joseph Zamora, su esposa de apellido Hernández y un cuñado de apellido Sánchez Sajonero, le compraron a la familia Herrera-Mezones, dueña del gran hato Santa Juana, un lote de tierra y se asentaron hacía el sur de la actual calle Real, hasta el llamado caño de la vigía. Esta gente (Zamora) vino de Altagracia de Orituco. Quince años después ya estaban también asentados allí por compra a los dueños de Santa Juana los Laya, Requena, Arzola (su apellido era Del Hoyo y Arzola); Guzmán, Del Peral y otros. Para 1758 ya estaba asentado allí el canario Juan González Padrón, casado con una Arzola, y era el gran terrateniente tuvo 14 hijos y fue el gran padrote.

Pero en el lapso de tiempo (1735-1788), ¿qué sucedía en Valle de la Pascua?. La respuesta está en el libro de monseñor Rafael Ángel Chacín Soto, Orígenes de Valle de la Pascua, op.cit., que varias veces hemos comentado. Ya lo afirmamos en un párrafo anterior: el padre Chacín agotó el tema hasta ese último año y allí terminó su magistral libro. De nuevo hacemos la recomendación para que el interesado recurra a esa fuente y despeje sus dudas, o ahonde consultando la bibliografía que allí se señala.

Planteadas las cosas en esos términos vamos a tratar de contestar la pregunta que Chacín Soto se hace en la página # 60 de su libro, cuando escribe, refiriéndose a Juan González Padrón: “Tocóle al segundo párroco, Dr. don Francisco Roque Díaz, realizar el cometido (de asentar la población). Edificó iglesia decente y capaz en reemplazo de la destartalada ermita que halló al tiempo de su instalación en el curato, en octubre de 1788, trazó calles y plaza y atrajo vecinos al poblado. ¿Sería ésta, acaso, la oportunidad de la donación de González Padrón de sus tierras en La Vigía? Es sólo una hipótesis más”... ¡Y vaya que fue una hipótesis bien fundamentada en un claro razonamiento de investigador histórico!, porque en la época que él escribió su libro, en 1969, el Archivo Arquidiocesano de Caracas no estaba catalogado como lo estuvo a partir de 1990, cuando lo hizo el padre Jaime Suriá. Efectivamente, el documento intuido por Chacín Soto, sobre la donación, existe. He aquí la prueba:

La contribución de Juan González Padrón para la iglesia de La Pascua en 1790.

"Heme aquí mi Dios arrodillada, en súplica del cielo que me tienes prometido"; es, palabras más o menos, la plegaria de Santa Teresita de la Cruz para Jesucristo. Nada pedía desde el punto de vista material, sólo paz y regocijo para la vida eterna, sólo compensación espiritual tanto en la tierra como en el cielo, aspiración desde todo rigor objetivo que solamente esperan conseguir los santos.

Si lo anterior es válido para el que todo lo da sin esperar compensación en "busca del cielo prometido", como lo pide la Santa en sus versos, no se compadece con lo exigido por Juan González Padrón, poderoso señor canario ternifeño, avecindado en Valle de la Pascua en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando en un larguísimo documento registrado ante la parroquia de La Candelaria, regentada por el Pbro. Dr. Francisco Roque Díaz, en 1789 pide "la concesión de sepultura de mi cadaver, mi muger, hijos y demas descendientes, y parientes hasta el quarto grado inclusive en la ygla. de Valle de la Pascua”(..); pues, "a pedimento del Thente. Don Pedro Victores de la Cueba di para la yglecia que se esta fabricando en frente de la culata de mi casa esquina de la plaza pr. el sur sinqta y cinco varas de fondo y veinte y cinco de frente”(..).

Asegura González Padrón que en unión de sus hijos y esclavos donó la mano de obra para la erección del templo, además de que "di mesa de rebestir, cajon de ornamenttos, manteles, silla de confisionario, dos silletas, tarima para el altar, pila de agua bendita, la escalera del coro pagué su hechura, con los mas vecinos di una campana, corté madera de los montes pa' la fabrica de la casa de los curas”(..), y continúa señalando una larga lista de donaciones, que complementa el Dr. Roque Díaz al afirmar que a petición del obispo Mariano Martí, González Padrón donó "trescientos treinta varas de tierra para la planta de la nueva parroquia y población adyacente”(..).

En carta del 27.12.1789, el cura pide al obispo se le conceda al canario su petición, carta que contesta don Mariano Martí el 10.1.1790 diciendo: "concedemos en remuneración que el cadaver del susodicho Don Juan Gonzáles Padrón, su muger, hijos y demas parientes y descendientes hasta la cuarta generación”...(..); es decir, la autoridad dio más de lo pedido pues concedió hasta la cuarta generación, y "que no otras personas sean sepultadas en la referida yglesia y sin perjuicio de otros parroquianos"(..).

Un dato urbanístico importante que se extrae de este documento es que la donación de tierras fue de setenta y ocho solares para los que quisieran avecindarse, los cuales fueron asignados por el teniente Víctores de la Cueba a los nuevos vecinos.

A propósito de la llegada de González Padrón tenemos que la presencia canaria en Valle de la Pascua fue estudiada en los años 1990s por el ciudadano Miguel Álvarez Díaz, nativo de esas islas y gran colaborador cultural en la ciudad, quien afirma, en trabajo presentado ante el “VII Encuentro de Cronistas e Historiadores del Estado Guárico”, celebrado en el municipio Infante en el mes de marzo del 2003, que “Don Francisco Zamora Granados nacido en la isla del hierro y llegado a Venezuela muy joven era hijo de don Francisco José Zamora el viejo, fallecido en San Rafael de Orituco en 1724. Gabriel Sánchez Sajonero, (cuñado de Zamora el Joven), nació en Canarias y don Pedro Joseph del Hoyo y Arzola, también era canario de Tenerife, nacido en el pueblo de Garachico, teniendo su familia un oratorio en el pueblo de Los Silos, en honor a la Virgen de La Luz, de cuyo pueblo es patrona”(..).

Continúa Miguel Álvarez Díaz asegurando, en base a investigaciones propias y corresponsalías en su tierra natal que “Don Juan González Padrón, según referencias del libro parroquial de Santa Ursula de Tenerife, nació el 30 de mayo de 1724, en el sitio o barrio de La Corujera. Se tiene referencia que un Juan González Padrón que sale de Santa Cruz de Tenerife el 22 de mayo de 1746 en el barco velero de la flotilla canaria Nuestra Señora del Rosario a cargo del capitán Antonio Miranda y Ravelo, hermano completo de don Sebastián de Miranda, padre del futuro generalísimo don Francisco de Miranda. González Padrón tuvo que pagar 135 pesos, siendo su fiador el armador canario don Gabriel de Mendoza”(..).

Asimismo dice el señor Álvarez Díaz que fueron de esas islas los siguientes personajes íntimamente ligados al desarrollo de estos pueblos del Oriente del Guárico: “Don Clemente Gutiérrez, de Santa Ursula, otros canarios, o de ese origen, fueron los Apolos, Báez, Álvarez, Francisco Rodríguez, Josefa Fernández, Miguel Hernández, José Félix Zamora, Juan Lorenzo Ledezma, José María Requena, José Eugenio Ojeda, don José Gerónimo Álvarez, Lorenzo León Martínez, Juana Ignacia Guedes. De la isla de Gran Canaria: Joaquín Moya, Valentín Ramos, Francisco Remigio García y Juan Francisco Regalado. Del Tanque de Tenerife: los Navarro. Los Matos, de la isla de La Palma y los Franquis de de la Orotava”(..). Por los lados de El Sombrero y El Calvario encontramos otros canarios que contribuyeron al desarrollo de esos parajes sabaneros. A don Pedro de Aquino y Ponte, emparentado con la oligarquía caraqueña por los Ponte, se le considera uno de los fundadores de El Calvario. De hecho donó los terrenos para el asentamiento de los pobladores.

Don Fernando Marrero Ledezma fue uno de los grandes terratenientes del pueblo, conjuntamente con sus hermanos Pedro y Juan Bautista. Eran los dueños del hato La Peña, entre los ríos Manapire y Orinoco, con una extensión de 45 leguas españolas. Si consideramos que una legua de tierra equivalía a una extensión de 1780 hectáreas, entonces estos señores poseían la enorme propiedad de 80.100 hectáreas. El obispo don Mariano Martí, cuando estuvo en estos parajes denominó el sitio del hato como “La Peña de Marrero”. Desde tiempos remotos este lugar ha sido paraje de veraneo y vacacional, especialmente para los vallepascuenses quienes en bandadas han ido todas las Semanas Santas a pasarla bien, debido a su buen clima y la abundante pesca de especies autóctonas de esos cursos de agua.

Hato “Santa Juana”. Los primeros dueños de las tierras vallepascuenses. Familia Herrera-Mesones.

Cuando el presbítero doctor Rafael Chacín Soto afanosamente –con el característico entusiasmo que imprimía a sus acciones-, andaba buscando documentos y croquises para tratar de ubicar el sitio exacto donde el doctor y capitán don Juan de Urpín había fundado -en 1637- la Villa de Santa María de Manapire encontró; tanto en la Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas, como en los libros del Registro Subalterno de Altagracia de Orituco; varios documentos referentes al gran terrateniente don Francisco Carlos de Herrera y Ascanio. Éste era el dueño del hato Santa Juana y en sus posesiones del Orituco “Mantuvo de su peculio cien hombres armados que como perros de presa perseguían a don Juan Francisco de León, rico hacendado canario asentado en Barlovento, quien se atrevió a desafiar a la corona española a través de su lucha contra la Compañía Guipuzcoana”(..).

Pero, ¿quién fue este personaje dueño de Santa Juana? De acuerdo a datos que gentilmente me ha dado el Dr. Antonio Herrera Vaillant y Buxó-Canel, presidente del Instituto Venezolano de Genealogía, periodo 2002-2004, “Francisco Carlos de Herrera y Ascanio nació en Valencia del Rey, (Carabobo), el 04.10.1671 y murió en Caracas el 05.02.1730. Fue hijo de Agustín Nicolás de Herrera y Loaysa y de doña Isabel Mauricia de Ascanio y Correa de Benavides. Se casó en San Sebastián de los Reyes el 13.11.1691 con Juana Rosa de Mesones y Mendoza, nacida el 05.07.1674 en Barcelona, (Anzoátegui), y murió en Caracas el 09.04.1726. Fue hija de don Pedro de Mesones y Bárcenas y de María de Mendoza Sotomayor.

Herrera y Ascanio fue Maestre de Campo y Procurador general de Caracas en 1697, Regidor y Alcalde Ordinario de la ciudad en 1724 y como tal Gobernador y Capitán General interino de la Provincia de Venezuela, y uno de sus más ricos propietarios. De los datos aportados por el Dr. Herrera Vaillant se desprende que “Siendo Juez de los llanos, en 1723 (Herrera y Ascanio) llevó a cabo un censo ganadero de la provincia de Venezuela, en el que él mismo consta con un hato en el sitio de La Cruz, que procedía de don Luis de Mesones, que había sido muy cuantioso, pero se había deteriorado por las muchas desjarretadas que hacían en los llanos. Tenía 287 vacas y novillas, 25 toros y toretes, 49 caballos y yeguas, casa, corrales y sitio, más seis esclavos, entre ellos el mayordomo Luis de Mesones. De este lugar se llevó ganado al sitio de Santa Juana, donde Herrera fundó un hato. También tenía un sitio en Taguay, fundado hacía 22 años con ganado procedente de La Cruz, que tenía 57 vacas, 10 toros, 35 yeguas y caballos, un negro libre y otro esclavo que era el mayordomo Domingo Antonio Meneses. Otorgó testamento ante José Antonio Gascón el 25.01.1730”(..). El matrimonio Herrera – Mesones tuvo 19 hijos.

Podemos colegir que el hato Santa Juana es anterior a 1725, año en que el padre Chacín Soto fija la llegada de los primeros blancos criollos al sitio de Valle de la pascua y se ubicaron justo en el lindero norte del hato prenombrado de Herrera y Ascanio.

El hato tenía como límite norte el llamado camino real a la Nueva Barcelona, que a su vez era el lindero, también norte, del sitio de “La Vigía”, en Valle de la Pascua, llamado posteriormente “La Gonzalera”, fundo del canario tinerfeño capitán don Juan González Padrón. Por el lado este lo limitaba el río Quebrada Honda, por el sur el cerro Tucusipano y por el oeste el curso del río Manapire y el Otocuao. Es decir el área detentada por esta familia, cubría buena parte de los distritos Infante y Zaraza del estado Guárico. Por ello decimos que a este señor Herrera y su esposa, heredera del hato, se le pueden considerar como los primeros propietarios de de las tierras que, a partir de 1725, conformarían a la actual Valle de la Pascua.
Después de 1725 hubo otros propietarios, pero muy pequeños en comparación con los Herrera-Mesones y sus sucesores. Además, estos recién llegados se ubicaron al norte de la posesión del hacendado valenciano, como hemos señalado.

A la muerte de Herrera y Ascanio sus herederos vendieron lotes de terreno a los allegados a la zona que iban formando fortuna. La mayor de esa ventas, cuatro y media leguas, se la hicieron a don Pedro Joseph del Hoyo y Arzola, que incluía la parte Este de “La Vigía” y vastos territorios al sur de valle de la pascua entre ellos a “El Caribe” y “Jácome”. En 1754 testó la viuda de Del Hoyo y Arzola, doña Catherina Álvarez Guedes y Ávila del Barrio Feria (de Arzola), partiendo la propiedad entre los hijos, e hijas, todavía vivos, de un total de 14, que hubo en el matrimonio. (Nótese que ya la viuda no usa el apellido Del Hoyo, sino Arzola, a secas. Costumbre se mantiene hasta nuestros días).

Los vendedores estuvieron representados por Juan Manuel, Agustín Nicolás José y Carlos Francisco de Herrera Mesones (1705-1765). A este último se le designa en el testamento de doña Catherina como Dr. Carlos Herrera. Pero abundando en detalles nos apoyaremos en las notas genealógicas que me ha cedido el Dr. Antonio Herrera Vaillant que definen a este Carlos Herrera como “Presbítero y doctor, Canónico Magistral y Tesorero de la Catedral de Caracas, que obtuvo el grado de Doctor en Teología de la Universidad de caracas el 08.12.1730 y otorgó poder para testamento el 05.06.1761. Sacerdote.”(..).

Pero las ventas no pararon allí, pues Juan Manuel de Herrera y Mesones, (1712-1767), casado con Ana María Josefa de Rada y Soto, (1719-1768), y que entre sus muchos hijos se cuenta a Martín Eugenio de Herrera y Rada, (1754-1810), quien casó con María Teresa Rodríguez del Toro e Ibarra, (1765-1825), hija del tercer marqués del Toro, al igual que su padre también vendió una legua de tierra de Santa Juana a don Juan González Padrón. Un sobrino de Juan Manuel, llamado Nicolás Francisco de Herrera y (?), también negoció un lote con el mismo González Padrón. Estos datos están señalados en el documento probatorio que promovieron los herederos, (nietos), del capitán canario registrado en Valle de la Pascua en 1829, para demostrar la legitimidad de las compras y el acrecentamiento de la fortuna de su ascendiente, que por muchos años, debido a este documento, fue tenido como el fundador de la capital infantina, hasta que en 1969 el presbítero doctor Rafael Chacín Soto, en su libro Orígenes de Valle de la Pascua, op.cit., demostró que mucho antes de la venida del ilustre isleño, “Ya existía el “sitio” poblado por los Zamora Granado, Sánchez Sajonero, Requena, Quiroz, Charmel y otros”(..).

En 1791 ante la orden dada por el obispo Martí para que se creara la parroquia de Espino, don Martín Eugenio de Herrera y Rada pidió al obispo que se anexara su hato Santa Juana, en los límites del nuevo curato, al de Valle de la Pascua, pero monseñor no atendió la petición. En 1808 don Juan Manuel de Herrera (¿y Rada?) en un largo expediente de 50 páginas, pretende que su hato del sitio de “Manapire” sea separado de la jurisdicción de Chaguaramas y se anexe a Valle de la Pascua. Esta es la última referencia documental que tengo sobre la posesión del hato por esta familia, que evidentemente la venía vendiendo por lotes desde mucho antes.

En los párrafos anteriores sobre este tema de la propiedad de la tierra a los inicios de Valle de la Pascua como caserío disperso en la cuenca del río, o quebrada, de La Pascua hemos establecido –y vamos a iterar, para que quede definitivamente sentado- que antes de la llegada de los primeros habitantes provenientes del Orituco, en 1725, ya esas tierras tenían dueño, al menos todas las ubicadas al sur del “Camino Real a Barcelona”, que incluía al área denominada “La Vigía”, indistintamente también conocida posteriormente como “La Gonzalera”. Creo y sostengo, aún sin la documentación requerida en la mano, que el antiguo camino a Barcelona coincide con el alineamiento actual de la Calle Real, vía a Tucupido hacia el levante y a Chaguaramas hacia el poniente.

Una vez allegados los primeros habitantes buscaron la forma de legalizar su estancia. A los efectos citaremos el expediente promovido por don Carlos del Peral Velasco Cabello y de la Parra contra Gabriel Sánchez Sajonero y Joseph Zamora Granados, (cuñados), sobre un sitio de hato en Valle de la Pascua, según documento que se encuentra en el Registro Principal de Caracas, Civiles, página 14, año de 1726. El 21 de julio de ese año el capitán don Francisco Carlos de Herrera y Ascanio mediante documento autorizó a Joseph Zamora Granados para que poblara la aguada de Valle de la Pascua, en los siguientes términos, respetando la redacción: “Nos el capitán Franco. Carlos Herrera, vesino desta ciudad de Caracas, y Joseph Samora vesino de la de San Sebastián de los Reyes, decimos que Yo el dicho cap. Don Franco. Carlos de Herrera doy licencia para que se pueble la Aguada del Valle de la Pascua, que está en el camino Real a Barcelona, que viene del sitio de las Palmas, y Yo el dcho. Joseph Samora desde luego acepto la dcha. licencia y permiso que me concede el dcho. Don Franco de Herrera y confieso ser suias dchas. tierras que por hacerme buena obra me ha concedido dcha. licencia sin intereses ninguno y pa. que en todo tiempo conste lo firmamos oy veinte y uno de julio de mil sepos. y veinte y seis años”(..).

La redacción no deja dudas: el señor Herrera era el dueño de las tierras. La data de su tenencia se remonta al último decenio del siglo XVII, (los 1690s), cuando las obtuvo por herencia recibida por su señora esposa, doña Juana Rosa de Mesones y Mendoza, hija de don Pedro de Mesones y Bárcenas y de María de Mendoza Sotomayor, primeros dueños del hato Santa Juana (de la Cruz), que ya hemos descrito anteriormente.

Para los años 1740s comienza a aparecer en los documentos sobre tierras en el Guárico don Jacobo Ramírez de Salazar, tío de los Tovar Bañez y Ramírez, quienes heredaron casi todas o todas sus propiedades, que se extendían entre Altagracia de Orituco hasta la “Isla de Parmana”. Parmana al menos quedó en la familia por el lado de los Buroz, por lo menos hasta 1847, según datos que me aportó el Dr. Antonio Herrera Vaillant y Buxó-Canel.

Don Francisco Roque Díaz, el urbanista de Valle de la Pascua. Parte 1.

Francisco Roque Díaz arribó a Valle de la Pascua a mediados de 1788. Sustituyó en la parroquia al Pbro. Br. Domingo Lander, quien allí estuvo desde 1785 al desmembrarse la parroquia de Chaguaramas para crearse la correspondiente de La Candelaria, tal como lo había dispuesto, desde el verano de 1783, su Ilma. y Rvdma. Monseñor Mariano Martí, obispo de la provincia de Caracas, a la cual estaba adscrito todo el territorio del Guárico. Lander nunca se habituó a estos charamizales. En tres años nada hizo. Siempre rindió el sacrificio de la misa en la ermita de “bajareque y paja brava” del hacendado Juan González Padrón. El caserío estaba disperso, teniendo la mayor concentración de gente hacia el sur, en La Vigía, llamada también La Gonzalera. Pero eso no indica que Lander fuera inepto. Simplemente no le satisfacía un beneficio curado de tan poca monta. Mediante influencias de sus familiares en Caracas, se hizo nombrar capellán de las tropas del rey en la capital de la provincia. Allí fue donde pudo desarrollar todo su potencial y distinguirse hasta finales de la Colonia, en 1810, cuando le perdí los pasos. Fue Lander, entonces, el primer cura titular de la parroquia de La Candelaria. Monseñor Chacín Soto lo señaló como protopárroco.

Roque Díaz, en cambio, llegó recién graduado de doctor en los “Dos Derechos”, en la Universidad de Caracas, con 26 años de edad, directamente al llano y desbordando entusiasmo creador. En muy poco tiempo convenció a don Pedro Victores de la Cueba, justicia mayor y juez de tierras de Chaguaramas, para que le dejara desarrollar el urbanismo de Valle de la Pascua, en base a convenio que había firmado -autorizado por Mnsr. Martí- con Juan González Padrón en el cual éste cedía 78 parcelas para nuevos habitantes y una para la iglesia “en el Alto de los Pocitos” y otra para el cementerio, a cambio de que la parroquia le permitiera “a él y sus familiares hasta la cuarta generación ser enterrados en la Ygla”(..). Roque compuso los bosquejos urbanos fijando los lotes, el sitio de la plaza principal, el lugar para la iglesia y el cementerio; que por cierto, no fue construido sino hasta 1808, por el Pbro. Pedro Ruiz. En sus ordenanzas Roque y De la Cueba fijaron el ancho de las calles, su trazado en cruz con orientación norte-sur y levante-poniente, el cual todavía se conserva.

Víctores de la Cueba, en su carácter de representante del gobierno colonial, convenció a los blancos de los alrededores de Chaguaramas y de la quebrada de La Pascua para ocupar los lotes y así consolidar el núcleo urbano primigenio. Fueron cuatro los hombres que más influyeron mediante su empeño en el nacimiento de Valle de la Pascua: Monseñor Mariano Martí, Pbro. Dr. Francisco Roque Díaz, Juan González Padrón y Pedro Victores de la Cueba.

Dr. Roque Díaz primer gran dirigente de Valle de la Pascua. Parte 2.

En realidad Francisco Roque Díaz era el menor de una familia de doctores egresados de la Ilustrísima Universidad de Caracas. Según Héctor Parra Márquez la esquina caraqueña conocida como “Dr. Díaz” lleva ese nombre porque allí tuvo su bufete por muchos años el Dr. José Bernabé Díaz, hermano mayor de Roque. Fue Bernabé uno de los más connotados juristas de su época, perteneciente al grupo de Juan Germán Roscio y Miguel José Sanz. Fundador del Colegio de Abogados y Rector de la Universidad de Caracas en 1805. Ministro del Tribunal de Apelaciones. Cursó estudios en Santo Domingo donde obtuvo los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor en Derecho Civil, títulos que le fueron revalidados en la Universidad de Caracas en 1785. Participó como abogado del gobierno en contra de Gual y España, con motivo de la conspiración contra el rey. Esto le valió ser nombrado Oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo.

Desde los primeros momentos José Bernabé Díaz se incorporó al movimiento revolucionario iniciado el 19 de abril de 1810. La Junta Superior de Caracas lo nombró Ministro de Apelaciones. Por voto popular el pueblo de Caracas lo hizo Elector por Santa Rosalía, para que él, a su vez, votara en elecciones secundarias para diputado al Congreso que iba a reunirse en Caracas en 1811. Pero algo le hace cambiar de parecer y se involucra en la llamada “Conspiración de los Linares” en contra del nuevo régimen, que lo condena a la pena de muerte, conmutándosela posteriormente por destierro a Barcelona. (Para más detalles de su vida ver: Sitios, sucesos y personajes caraqueños, de Héctor Parra Márquez).

¿Pero qué relación conectiva hay entre Bernabé y el apostolado de su hermano Francisco Roque Díaz en Valle de la Pascua, en plena Colonia?. Muy sencilla: varios documentos demuestran que Bernabé era apoderado de Roque para hacer gestiones de per miseria, tanto ante las autoridades civiles como eclesiásticas.

Pruebas al canto: al iniciar sus contactos con don Pedro Víctores de la Cueba; teniente justicia de Chaguaramas, agrimensor de San Sebastián de los Reyes y juez de tierras; para asignar las 78 parcelas donadas por Juan González Padrón para urbanizar a Valle de la Pascua, Roque Díaz se hace asesorar con su hermano el abogado. Lo mismo hace cuando comienza los trámites para la construcción de la iglesia, pues debió presentar la matrícula eclesiástica e identificar a los feligreses “con posibles” y solicitar el permiso de construcción ante el obispo, en Caracas, cosa que hizo José Bernabé con éxito. En 1794, al terminar la iglesia, el cura recurrió ante su hermano quien en extenso documento pide al jefe de la Iglesia la autorización para que Roque consagre el templo a La Virgen de la Candelaria, trámite que hizo también con éxito.

Terminado el edificio y con el conglomerado ya urbanizado, gracias a la ayuda de De la Cueba, el Dr. Francisco Roque Díaz consideró terminada su obra en Valle de la Pascua y optó por el beneficio curado de El Sombrero, ganándolo. Allí estuvo de 1795 a 1802, cuando, inexplicablemente, pasó como coadjutor de un templo menor en Calabozo, donde murió en 1808 de caquexia hipocondríaca, según certificado médico. Tenía 46 años. Era un viejo para la época. Valle de la Pascua le debe a este religioso su estructura urbana y su nacimiento como ciudad, pero allí ni siquiera una plaza o callejón lleva su nombre.
Compártalo:

jueves, diciembre 31, 2015

Carta por Pedro Camejo. El Negro Primero, otra vez…


La injusticia en el trato al Negro hoy no sólo permanece, se acrecienta con el maltrato a su biógrafo, Manuel Aquino.

Eduardo López Sandoval,


Estimado Amigo José Obswaldo Pérez. Buen día.

No conocí personalmente a Don Manuel Aquino, pero tardíamente leo tu escrito, “Microbiografía Manuel Aquino Delgado”, y es como si hubiera estrechado su mano en este año quince. Gracias.

Y me encuentro con don Manuel Aquino en un par de circunstancias que enumero, Uno, -de historia-, el lugar donde nació Pedro Camejo, y Dos, – de actualidad-, el maltrato que se le hace al Negro y a Manuel Aquino.
Del Negro Primero no sabemos nada del lugar donde nació, dónde están sus restos, su familia, sus orígenes en África, imagen, los bienes provenientes de sus haberes militares. No sabemos de la vida, familia, historia y memoria póstuma de Pedro Camejo. Nada. Razones suficientes para que lo tengamos como tema, el olvido.

La injusticia en el trato al Negro hoy no sólo permanece, se acrecienta con el maltrato a su biógrafo, Manuel Aquino. Veamos.

A Pedro Camejo se ha pretendido colocarlo en posición de homenajeado al colocar una falsa imagen en el billete de 5, flaco homenaje cuando no sabemos dónde nació, donde reposan sus restos, a donde fueron a parar sus haberes militares, dónde está su familia. Don Manuel Aquino, Cronista de la ciudad de El Sombrero, sí escribió: “Negro Primero Guariqueño por Evidencias”, que es el título del artículo que en dos entregas publica en un periódico regional de finales del año 1990. El Cronista Manuel Aquino escribe, luego de hacer referencia a los héroes de la historia patria nacidos por estos llanos guariqueños, y que han sido disputados sus orígenes por otras regiones, y nombra al Coronel Juan José Rondón, General Manuel Cedeño, Juan Ángel Bravo, entre otros. Acerca del Negro Primero dice el Cronista, a la letra: “Ahora abordamos algo sumamente curioso, el caso del más pintoresco, humilde, ingenuo y dicharachero de los héroes, a quien tantas veces ha cantado la épica: Pedro Camejo, considerado apureño de San Juan de Payara por antonomasia y honra del gentilicio, epónimo del municipio. Sobre el cual debemos analizar las siguientes circunstancias: el Dr. Eduardo Hernández Cartens, destacado intelectual y conspicuo apureño, cronista de la ciudad de Achaguas, en una oportunidad me manifestó, “nosotros sabemos (intelectuales apureños) que el Negro Primero no es apureño pero lo aceptamos”. El contador Manuel Moreno, igualmente apureño, sostiene la versión de que es guariqueño de San José de Tiznados.”.
Más adelante el Historiador Aquino hace una interpretación de un pasaje de la Autobiografía de José Antonio Páez que relaciona con documento histórico desenmascarado por él como científico historiador. “Pedro Camejo, -dice Aquino en el artículo-, entra en la historia de la pelea por la libertad de Hispanoamérica sin duda por su valor y entrega a la patria, pero también por el destacado que le hace Páez en su autobiografía, quien relata el diálogo entre Camejo y el Libertador como sigue, Bolívar le pregunta por qué sirvió primero en las filas realistas antes de enrolarse en las filas patriotas:
“─ ¿Pero qué le movió a V. a servir en las filas de nuestros enemigos?

“Miró el negro a los circundantes como si quisiera enrostrarles la indiscreción que habían cometido, [les había pedido que no le dijesen al Libertador que había peleado bajo las órdenes de Bóves] y dijo después:
“─Señor, la codicia.
“─ ¿Cómo así preguntó Bolívar?
“─Yo había notado, continuó el negro, que todo el mundo iba a la guerra sin camisa y sin una peseta y volvía después vestido con un uniforme muy bonito y con dinero en el bolsillo. Entonces yo quise ir también a buscar fortuna y más que nada a conseguir tres aperos de plata, uno para el negro Mindola, otro para Juan Rafael y otro para mi”.

En la segunda parte del trabajo, -he aquí el documento revelado por el Cronista guariqueño que no nombran quienes lo adversan-, continúa: “Don Bernardo Bautista Marrero (el isleño), fue el propietario más poderoso en las inmensas llanuras apureñas, aunque su residencia habitual era nuestro pequeño pueblo de El Calvario, al que tanto quiso y amó como al pueblito de Arafo, en las Islas Canarias, de donde era natural. Administraba sus cuantiosas propiedades hasta los llanos de Casanare, por intermedio de encargados o representantes. El 30 de septiembre de 1812, otorgó su testamento (El Calvario), y el numeral 8 del cuerpo de bienes menciona el hato Merecure comprado a los herederos de Don Sebastián Mier y Terán, compuesto de 58 leguas, además de casas, fundaciones, corrales, en el cual había sembrado 80 mil cabezas entre ganado y bestias y los esclavos: José María y su mujer Carmen, Miguelote y su mujer Felipa dos hijos de estos Juana y Miguel, Juan Rafael, Pio Diego, Toribio Gregorio, Juan Blanco Andrés, Pedro José Eusebio (supuestamente Negro Primero), Manuel José Becerra Xavier, Felipe, Juan, Carlos Francisco, Mindola, José y Juana. El hato Merecure pertenece actualmente a la sucesión Hernández Vásquez y está situado en jurisdicción de San Juan de Payara. Indudablemente que Pedro Camejo, pertenecía a la servidumbre de ese hato como esclavo marrereño (Pedro José Eusebio), el General Páez dice que había sido esclavo de Don Vicente Alfonso, no cabe duda que Alfonso era representante de Marrero…”.

Sigue el Cronista Aquino más adelante: “Cuando Camejo sostiene el dialogo con el Libertador representado por Páez, igualmente le dice que había ido a la guerra en procura de tres aperos de plata para compartirlos con sus compañeros de servidumbre Mindola y Juan Rafael. El Dr. Fleitas Beroes lo plastifica en versos(el dialogo): ¡Me llamo Pedro Camejo/ realista que se fugó; / solo aspiro Mayordomo/ una casaca marrón/ un penacho bien bonito/ que pegue con mi color;/ freno y charnelas de plata/ un caballo correlón/ una Santa Catalina,/ un machete bien cortón/ ser obediente a su mando,/ combatir en pelotón,/ encontrar para Mindola/ aperos de distinción,/ para el negro Juan (Rafal)/ silla nueva con pellón/.

Los historiadores de este año quince realizan ventajosa reyerta en contra de ambos personajes, con la consabida ventaja de saber que los muertos no hablan. Pero olvidan que don Manuel escribió lo que leyó de Páez, quien fue el General del Teniente Camejo en Carabobo en 1821, y que hurgó y encontró el testamento que escribió Marrero en 1812, propietario del esclavizado Pedro Camejo, y de esto dejó memoria. De su estudio debemos finiquitar necesariamente con el título de su trabajo: “Negro Primero Guariqueño por Evidencias”.

Don Manuel Aquino concluye: “Estas evidencias nos suponen que efectivamente, el héroe era guariqueño, posiblemente de El Calvario.”

Remata Aquino: “Nos faltaría obtener otros documentos de indispensable valor y atinentes para esta aclaración, siempre que estemos asistidos por la razón y la justicia.”. Aquino, sin duda, construyo suficiente obra en el espacio del respeto a la ciencia histórica, deja abierta la posibilidad para que investigaciones posteriores abonen al sembradío hecho por él; sumar, por ejemplo el lugar exacto donde nació, familiares, raíces ascendientes africanas, y otros muchos varios, como dónde reposan sus restos.

De estas diáfanas, transparentes, traslucidas y límpidas palabras, algunos han dicho que Aquino se equivocó, que confundió a Pedro Camejo, el Negro Primero, con otro Pedro Camejo, oriundo de Chaguaramas, que nació en otros tiempos y participó en los acontecimientos de la Guerra de la Federación. No hay espacio para la polémica. Esta alegre conclusión no merece otro comentario.
Nuestra investigación no ha logrado ubicar el lugar donde la mamá colgó el primer chinchorro de l el Negro Primero, pero sí ha determinado de forma incontestable hasta ahora, que el Negro no nació en San Juan de Payara.
Otras investigaciones respaldan nuestra inédita pesquisa. Veamos: En el XI Encuentro de Cronistas e Historiadores, realizado en Valle de la Pascua en recién pasados años, el Historiador Miguel Álvarez Díaz, Productor y Conductor del programa de radio local Ondas Canarias, presentó la ponencia denominada: EL PARENTESCO DE LA FAMILIA CAMEJO Y RODRÍGUEZ CON EL LIBERTADOR DE URUGUAY JOSÉ GERVASIO ARTIGAS. Y en su página 7 escribe un Aparte que denomina, PEDRO CAMEJO “EL NEGRO PRIMERO”, que a la letra dice: “Según el historiador canario David Wenceslao Fernández (1992), esta familia Rodríguez Camejo, fue dueña del esclavo Pedro Camejo, conocido en la historia como “El Negro Primero”, nacido en Calabozo, que formó parte del ejercito de Boves y Morales. Y en 1816 pasa a las filas, como otros tantos llaneros, al Ejercito Republicano con el General Páez hizo toda la campaña de los Llanos, hasta que ascendido a Teniente de Caballería por su coraje y valor por el General Páez, murió heroicamente en la Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821, dejando fama de haber sido valeroso y temerario como pocos.
“El General monárquico Ruperto Delgado, Calaboceño, yerno del General Morales, que ya estaba casado con una hija de este y Josefa Bermúdez Marín con quien había contraído matrimonio en Barcelona, en 1809. El General Ruperto Delgado estaba casado con Mariana la hija mayor, apunta en sus memorias que Pedro Camejo estuvo bajo sus órdenes en el Batallón de Caballería “Lanceros de Calabozo” hasta que deserto (SIC) y se fue con el otro grupo de llaneros para las filas del General Páez, en el año 1816.”.

(Vale este paréntesis: el Investigador de la Ponencia menciona como fuente al historiador canario, David Wenceslao Fernández, fuente que además es citada en las Referencias Bibliográficas de la Ponencia con el título INFLUENCIA DE ICOD DE LOS VINOS EN HISPANOAMÉRICA. Además de esta fuente, el autor de esta Investigación, Miguel Álvarez Díaz, nos ha informado que se corroboró esta información en el Archivo Militar de Segovia, en España. En este archivo se recogen los informes del General realista de origen canario, Francisco Tomás Morales Guedes y de su yerno, el también General Realista, -y calaboceño por más señas-, Ruperto Delgado, en la que se indica que el Negro Primero perteneció a sus filas, y lo cuenta dentro de los 220 llaneros que desertaron en el año 1816 para incorporarse a las filas de Ejército Republicano al mando de Páez).

La obra CALABOZO SIGLO XIX, del Historiador Adolfo Rodríguez, acerca del caso en debate, ¿DÓNDE NACIÓ PEDRO CAMEJO, EL NEGRO PRIMERO?, nos dice en el Capítulo que denomina TEATRO DE MISERIA Y CALAMIDADES, y cita al Padre José Ambrosio Llamozas quien el 31 de julio de 1815 escribe un memorial al rey Fernando VII, a quien le dice, le parece faltar, -cito-, “a los deberes de mi encargo y a los gritos de mi conciencia, en no manifestar con sencillez y verdad a V.M. lo que concibo y entiendo ser conducente a instruir su Real ánimo”.

Continúa el Padre Llamozas, a la letra: “Las desgracias que por tantos años han afligido al territorio de Venezuela, los horrores que han destrozado este hermoso país cubriéndolo de sangre y de desolación, sus pueblos desiertos, sus campos convertidos en depósito de restos humanos, el inocente a las puertas de la mendicidad, viudas llorosas, padres indigentes aunque nacidos en la abundancia, esposos sin consuelo, la orfandad y el exterminio señoreando las moradas del pobre y del rico, el noble y el plebeyo … el desorden, la anarquía, la infidelidad de malos vasallos y el encarnizamiento sin ejemplo, advertido constantemente en aquel teatro de miserias y calamidades…”.

Continúa el Profesor Adolfo Rodríguez, en este Capítulo muy bien denominado TEATRO DE MISERIA Y CALAMIDADES, esta vez citando a De Armas Chitty, diciendo que: “Otros calaboceños según J. Llamozas “acosados y perseguidos … pasaron al Apure y se distinguieron en la causa patriota: El General Florencio Jiménez, los coroneles H. Mujica, Francisco Guerrero, José Francisco Hurtado, Remigio Lara, Justo Silva, Comandante Diego Parpacén, Manuel Ojeda, Luciano Hurtado, Camejo conocido por el Primero, José Mirabal; oficiales Manuel Figueredo, Manuel Baldonado, Ramón García Mora, Marcelino Velásquez, Ramón Delgado, Dionisio Parpacén, Francisco Villamediana, y Comandantes de Guerrillas Francisco Carrasquel del Guayabal, el Indio José López de Guardatinajas, y Valentín Cortés y Sandoval de El Rastro”. (Rodríguez, Adolfo, pp 43-47, 2004).

He aquí, amigos historiadores, un interesante tema para la discusión académica: ¿Pedro Camejo, el Negro Primero, nació en Calabozo? Pregunto. Y definitivamente no nació en San Juan de Payara, informo. Punto.
Compártalo: