jueves, enero 07, 2021

La Historia se repite como tragedia

Los Vargas siguen aplastados por los Carujos de turno. Y la Historia Oficial profundiza el maquillaje de los denuestos de un Poder primitivo. Seguir glorificando la “Guerra a Muerte” (1813) es un ejercicio del absurdo, no obstante, esa manía por destruir y matar, quedó como una marca de hierro.

Ángel Lombardi Boscán

Si en tiempos de la Independencia (1749-1830) los ascensos militares se producían por el número de narices, orejas y cabezas fritas de los adversarios, no hay duda que en pleno siglo XXI hemos evolucionado. Ahora se condecora por eructos, empujones y básicamente por adulancia y sumisión.

Los Vargas siguen aplastados por los Carujos de turno. Y la Historia Oficial profundiza el maquillaje de los denuestos de un Poder primitivo. Seguir glorificando la “Guerra a Muerte” (1813) es un ejercicio del absurdo, no obstante, esa manía por destruir y matar, quedó como una marca de hierro.

Luego de 1830, los Libertadores devienen en caudillos y “gendarmes necesarios” que en alianza con los propietarios sobrevivientes hacen los que les da la gana. Todo el republicanismo constitucional terminó siendo una formalidad encubridora de prácticas caníbales desde una anarquía indómita. Pocos intelectuales han tenido el valor de estudiar nuestro pasado de una forma cruda como Salvador de la Plaza (1896-1970) o el mismo Arturo Uslar Pietri (1906-2001) con su admirable: “Las Lanzas Coloradas” (1931), nuestra gran novela de la Independencia.

Una muestra de lo que decimos es este testimonio sobrecogedor acerca de Vicencio Pérez Soto (1883-1955), fiel representante del “Cesarismo Democrático” gomecista, y para más señas, “ilustre” Gobernador del Estado Zulia (1926-1935), y según la crónica periodística palangrista, un gobernante “progresista” y amante de la cultura, ya que: “… le dio generoso impulso, llamando a colaborar a su lado a prestantes intelectuales del país”. (El Impulso, 1955, Nº 16.311).

“En las manos de Pérez Soto cae un prisionero. Pérez Soto revisa el estado Apure y persigue a unos revolucionarios; estos no tienen otro pecado que sublevarse a tanta ferocidad. Pues bien Pérez Soto mata al prisionero, le corta la cabeza y la oculta en un saco; luego, se dirige al hato del muerto. Llegado a él solicita a la señora y le pregunta si tiene horno, la pobre señora se desvive por atenderle. El temor la sugestiona, está embarazada y difícilmente puede sostenerse sobre sus piernas débiles. Calentado el horno (mientras Pérez Soto conversa con sus secuaces en el corredor de la casa; chistosa es su conversación, hablan de bailes y fiestas para su jefe), viene presurosa la señora a avisarlo. Entonces este criminal le dice que desea desayunarse, que le gusta mucho la carne asada, que busque en aquel saco una cabeza de ganado y la hornee, que mientras esto él espera. La señora abre el saco, la cabeza de ganado no existe. La señora cae muerta: entre sus manos crispadas agarra una cabeza de hombre. Un chico dice “papá”; era el esposo, era el padre que huía. Pérez Soto se ríe y muy contento vuelve a su caballo y sigue la marcha”. Salvador de la Plaza: (“Diario”).

Las reminiscencias con la actual realidad de una represión feroz contraria a los Derechos Humanos, ya podemos inferir, de dónde proviene.

@LOMBARDIBOSCAN

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lunes, enero 04, 2021

El ejercicio de la Medicina de un Médico Rural, Cazorla y Calabozo.

Venezuela ha tenido desde su maltrecha formación como república como bandera el cacareo de la llamada Libertad, subterfugio que le ha servido a los dirigentes políticos como instrumento para realizar el más impune saqueo de las inmensas riquezas del país.
Por Eduardo López Sandoval / eduardolopezsandoval@yahoo.es

Así se llama un aparte de la obra El Doctor Italiano, obra de nuestra autoría, inédita. Se cuenta en esta Novela Histórica la vida de Gerónimo Carchidio, un Médico que nació en Roma un año antes de que Italia naciera en 1860. Este Doctor Italiano hizo su vida en estos inmensos llanos sin vías de comunicación, en 1912 ejercía sus saberes de curar enfermos y de precaver esa enfermedad en los sanos en el alejado pueblo de Cazorla; en 1938 está en Calabozo, desde donde te escribe este pasaje que parece una conversación consigo mismo, pero que si lo vemos con los ojos de un teatrero es un monólogo. Feliz año.

Venezuela ha tenido desde su maltrecha formación como república como bandera el cacareo de la llamada Libertad, subterfugio que le ha servido a los dirigentes políticos como instrumento para realizar el más impune saqueo de las inmensas riquezas del país.

Esto desde Simón Bolívar, que fue uno de los primeros en usar esta ilusoria bandera de la Libertad para llevar al país a una guerra insulsa que no ha de terminar jamás: porque el fundamento de su razón es etéreo su conclusión es un misterio.

De hecho, sacar las cuentas de los pro y los contra del pensamiento bolivariano de los políticos -y del país todo que los ha seguido por estos siglos-, nos da siempre un saldo negativo. Cuando se es bolivariano se es en su esencia guerrerista, de estos siglos de guerra sólo podemos tener un saldo negativo de muertes, hambre y violenta pobreza. Esto es bien fácil decirlo en las postrimerías de mi vida, pero aunque tarde debo observar que lo mejor que pudo pasar a este país era que siguiera dependiendo de España, hoy sería, tal las Islas Canarias, una Provincia de Ultramar de la Madre Patria. El ser bolivariano ha sido una marca indeleble que sin empacho ni vergüenza han mostrado todos los Gobiernos que ha tenido este hermoso y rico país, caracterizados por la ineficiencia, la corrupción administrativa, la demagogia y el populismo. Todos los Gobiernos, unos más que otros, se han reconocido bolivarianos, con el sino de parecer que mientras más bolivariano se declara más viciado de corrupción resulta, esto sin la culpa de Bolívar por supuesto, que no estaba vivo para protestar porque un Guzmán Blanco se declara bolivariano como el que más.

La mentada Libertad y el bolivarianismo ha servido de mampara para que los gobernantes venezolanos preparen los más diversos guisos que alimentan sus gigantes arcas personales y de su familia, y los bolsillos más pequeños de su más cercano séquito de allegados. La Libertad es una ilusión que se reparte dentro de la ignorancia de la mayoría votante en cantidad suficiente como para que este mismo pueblo apoye al gobernante que le desfalca sus riquezas, la más pura demagogia.

La historia grande, la de las naciones de los cinco continentes, nos dice que hay países predestinados por el esfuerzo de siglos de su gente para tomar una posición de liderazgo en el mundo, son los Imperios, que después de un nacer para imponerse, un periodo de desarrollo y expansión, ocurre una natural decadencia y muerte, tiempo en el cual pasan varias generaciones. Es de inteligentes entonces ubicarse en el territorio y en el tiempo de la Nación donde se ha nacido para ver si tiene sentido que se enarbole la bandera de la Libertad.

-¿Naciste en alguna provincia inglesa, francesa o española de los Estados Unidos de América en los tiempos de su guerra de independencia? -Pregunto.

-Es inteligente que te unieras a la lucha de la independencia que dio como resultado el nacer de un nuevo imperio. -Es la respuesta.

Pero si naciste en alguna de las provincias de la jurisdicción de Indoamérica, donde imperaba España y Portugal, la historia nos alecciona cuando vemos que no ha tenido saludable resultado la repiqueteada libertad en estos Estados Desunidos de Surámerica.

Los líderes fundadores de Norteamérica fueron inteligentes para unirse y conformar el Imperio que miramos con admiración y envidia hoy. Estos mismos fundadores de Indoamérica, como Bolívar, Miranda y San Martín, no fueron capaces de imponer las ideas de la unión que era la fuerza del futuro de la libertad de sus tiempos, pero que, en tanto y en cuanto fracasaron, es el presente de la necesaria dependencia de los habitantes de Indoamérica, este país llamado Venezuela entre ellos.

Predecir la historia es muy cómodo, para ver el fracaso de Bolívar es muy fácil, sólo tenemos que abrir un libro de historia.

-¿Intentó -junto con Miranda-, hacer una patria grande que uniera vastas regiones que abarcaban a lo que es hoy Bolivia y Panamá, además de Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela?

-Sí, pero fracasó. Les dio la Libertad embadurnada de desunión

A Bolívar sí valdría la pena celebrarlo si estas ideas de unión hubieran triunfado, seríamos sin duda un imperio que tendría voz que se oiría en el concierto de las naciones del mundo. Celebrar a Bolívar hoy es celebrar el fracaso.

El fracaso del país, que es la derrota por ser bolivarianos, se calcula si medimos las posibles consecuencias del no ser bolivariano. El que Bolívar no realizara esta infausta guerra a las primeras salta a la vista que no hubiéramos contado la cantidad de muertos ni la deuda en oro que costo por lo menos cien años en pagarla.

-¿En estos tiempos medios del siglo XX tendríamos patria? -Me pregunto con cautela.

-Claro que sí, seríamos españoles.

-¿Y la cacareada libertad,…seríamos libres?

-Sí, tanto como la Provincia de Ultramar de España, las Islas Canarias, o tan libres como las comunidades autónomas de la propia península española, como Navarra, Galicia, Cataluña o el País Vasco.

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domingo, enero 03, 2021

COVID-19, evolución y perspectiva al 2021, sigue el reto

Este preámbulo nos prepara para pasear nuestra mirada por varios términos e invitarnos a reflexionar qué sentimos al leerlos en esta situación de pandemia: incertidumbre, miedo, riesgo, vulnerabilidad; compasión, empatía, esperanza, salud; ciudadanía responsable, modelo de vida, salud pública.

Por su propia naturaleza, una pandemia enseñaque nadie debe quedarse atrás y que nadie está a salvo hasta que todos estén a salvo (1)

Por Alicia Ponte-Sucre

A medida que la pandemia se extiende hasta diciembre, unos 11 meses desde que fue declarada en enero de 2020, la supervivencia de los pacientes a nivel mundial pareciera haber aumentado. Los investigadores escudriñan los datos a fin de comprender si realmente las tasas de muerte por COVID-19 son menores. De ser cierto, este resultado sugiere que las herramientas y las estrategias de tratamiento utilizadas han aumentado y son más acertadas. Pero cuánto de esta mejoría depende de una mejor organización a nivel hospitalario, y cuánto de los medicamentos, es debatible (2,3) y las perspectivas a futuro son muy retadoras aun.

Este preámbulo nos prepara para pasear nuestra mirada por varios términos e invitarnos a reflexionar qué sentimos al leerlos en esta situación de pandemia: incertidumbre, miedo, riesgo, vulnerabilidad; compasión, empatía, esperanza, salud; ciudadanía responsable, modelo de vida, salud pública. Estos vocablos están asociados a lo que hemos vivido en estos tiempos y nos permiten convencernos de que la COVID-19, más que una enfermedad desde el punto de vista físico y biológico, es una situación global muy compleja que solo puede resolverse con medidas desde múltiples escenarios a corto, mediano y largo plazo.

De hecho, al comienzo de la pandemia la incertidumbre ocupaba todos los espacios de nuestros pensamientos y, simultáneamente, las decisiones a tomar, junto a sus inevitables consecuencias, generaban temor a equivocarnos de estrategia. Pero cada vida es una historia de supervivencia, de experiencias resueltas con sabiduría a cada instante y que, a pesar de la incertidumbre que nos llena, sobrevivimos y triunfamos (4).

Estamos perplejos, por una experiencia continuada que impide una respuesta rápida y fluida a la llegada del SARS-CoV-2. Un virus, una “cosa”, ¿está vivo? ¿está muerto? No puede reproducirse solo; entra en nuestras células, secuestra su maquinaria y se replica. Ha trastocado nuestro mundo, ese que desde hace 100 años dábamos por sentado (5).

No sabíamos casi nada de él y hemos aprendido mucho sobre el SARS-CoV-2, pero aún falta mucho más. Especialmente porque nos preguntamos a diario cuál(es) es(son) la(s) estrategia(s) adecuada(s) para combatir y prevenir la pandemia, sin sacrificar la economía mundial (5). El SARS-CoV-2 parece que se ha coronado como emperador del mundo y queremos demostrarle que no somos tan frágiles. Se plantean formidables discusiones sobre los riesgos de clausurar o no la economía, cuándo reabrirla, cómo afrontar el reto y sus consecuencias. Pero pasan los días y los meses y la realidad se nos presenta descarnada; las amenazas del coronavirus son contundentes y llegaron para quedarse por largo tiempo (5). Hemos aprendido, por ejemplo, que la COVID-19 no tiene una historia simple. Que hay dos categorías de enfermedad interactuando en cada población específica: las infecciones con síndromes respiratorios severos definidas por la infección con el coronavirus, y un conjunto de enfermedades de categoría “no comunicables”. Este segundo conjunto de enfermedades se presenta en muchas áreas geográficas en un contexto de disparidad social y económica que exacerba los efectos adversos de cada enfermedad por sí misma (6). Hemos aprendido también acerca de los problemas de salud experimentados a mediano y largo plazo por los sobrevivientes de COVID-19 luego de ser dados de alta en los hospitales. Hay fatiga, dolores de articulaciones, problemas respiratorios, stress postraumático, depresión y ansiedad, disminución general de la calidad de vida y un sinnúmero adicional aun por describir (7).

En medio de todo esto necesitamos con urgencia retomar nuestra vida diaria, y al creer que podemos hacerlo, soslayamos el peligro de los riesgos que conlleva volver a una cotidianidad como la que teníamos antes de la pandemia. La rutina diaria está profundamente alterada para todos debido a la cuarentena y a las medidas de distanciamiento físico imprescindibles frente al riesgo de la pandemia. La interacción persona a persona, abrazar a un amigo, hablar cara a cara, socializar libremente y hasta viajar, son lujos que no podemos darnos. Antes de la pandemia nuestro entorno tenía un sentido, estábamos conectados física y emocionalmente a otros. Incluso estar enfermo era otra cosa.

La conclusión parece ser que nuestro mundo, con normas de interacción establecidas y “seguras”, desapareció. Queda la certeza de no saber qué hacer y cómo interactuar con otras personas en este contexto. Nuestras expectativas están sometidas al reto del distanciamiento físico en especial, mas no exclusivamente, en los espacios públicos. Actuar como lo hacíamos, bajo el contexto actual puede traducirse en incomodidad, ansiedad, vulnerabilidad y especialmente riesgo. Pero necesitamos disfrutar las narrativas a través de las cuales interpretamos nuestras vidas, observar cómo manejamos nuestras emociones, percibir si anticipamos el futuro con esperanza o con fatalismo (8).

Sabemos que cambios de conducta en relación al distanciamiento físico han tenido efectos contundentes en el crecimiento exponencial (o abatimiento) de casos en cada región; hay modelos que sugieren que el uso de mascarillas a nivel mundial podría salvar más vidas que las medidas terapéuticas en los próximos meses. Esto pareciera querer decir que la adherencia a las medidas de distanciamiento tiene una gran incidencia en la prevención de nuevos casos de COVID-19 (9,10).

Una conclusión contundente es que esta crisis global de vida va más allá de lo biológico y lo médico y tiene un contexto social ineludible. La avalancha de inequidades que nos agobiaban se ha hecho aún más compleja. De hecho, se estima que unos 231 millones de personas, sólo en América Latina, vivirán en la pobreza a finales de 2020, alcanzando un nivel que no se veía desde hace unos 15 años atrás. Los países de América Latina se cuentan entre los que tienen en el mundo las más devastadoras inequidades de ingreso de las personas y se predice que esto puede empeorar (11). Mas no podemos quedarnos paralizados, estamos obligados a transformar esta dramática alteración de nuestra cotidianidad y de nuestra región en la oportunidad de analizar los aspectos invariables de la experiencia humana, especialmente porque los virus no discriminan y todos estamos en riesgo. Tenemos que actuar en consecuencia.

Todos coincidimos en que los espacios de pandemia se caracterizan por sospecha, inseguridad y dudas: el aire que respiramos, las superficies que tocamos, los extraños e incluso conocidos (incluyendo familiares) que se nos acercan; todos pueden ser fuente de daño (8). Pero debemos por encima de todo no escudarnos en comportamientos poco empáticos o poco solidarios. Ese tipo de actitud no resuelve los retos que enfrentamos.

Nuestra obligación es convertirnos en ciudadanos capaces de entender si las acciones tomadas son adecuadas para enfrentar este o cualquier reto que se presente y exigir otras acciones en caso contrario. La epidemia y la crisis económica son problemas globales. Ser ciudadanos capaces de tomar decisiones correctas es un pasaporte a conservar nuestra libertad individual como ciudadanos saludables y nuestra independencia y armonía como naciones. Salir de la crisis de la COVID-19 significa encontrar un modelo de vida que contemple salud para todos y no un exceso de causas de muerte para algunos, usualmente los más vulnerables. La biografía de quienes han vivido y fallecido con la COVID-19 debe importarnos a todos (8).

Minimizar las disparidades de salud y las inequidades sociales es justo y conveniente a la luz del hecho incontestable de que el siglo XXI es el siglo de las pandemias. Por ejemplo, sólo hablando de Ébola y coronavirus (SARS, MERS y ahora COVID-19) hemos tenido unas 17 epidemias desde 1970 hasta los momentos. Por ello, debemos atender la situación más global que la referida estrictamente a esta pandemia. Somos protagonistas y actores de los resultados finales. Solo si las inequidades estructurales de la sociedad disminuyen, las comunidades serán capaces de protegerse de epidemias futuras y la salud de la población logrará las mejoras deseables (12).

Por ello: (a) La educación en salud pública es un elemento primordial a apuntalar. Cada quien debe ser copartícipe y responsable en esta labor. Somos responsables de ayudar a empoderar a otras personas con herramientas que les permitan recuperar parte de esa normalidad perdida; (b) Hay que comunicar claramente la epidemiología y los riesgos de la COVID-19 e implementar medidas de prevención basadas en principios de salud adecuados. Necesitamos lograr que la incertidumbre, ilustrada por la severidad clínica de la enfermedad, la transmisión y la infección y por lo cerca o lejos que estamos de opciones de tratamiento adecuadas, sean comprendidas acertadamente por la población general; (c) Un compromiso impostergable para toda la sociedad es contribuir activamente a minimizar la disrupción social, el estigma y el impacto económico de la pandemia.

Lógicamente hay cosas que se escapan del ámbito al cual como ciudadanos podemos aspirar. Por ejemplo, el fortalecimiento de las capacidades de salud pública de los países requiere concretar acciones concertadas a niveles de organización superiores, dada nuestra vulnerabilidad a los patógenos y, en el caso venezolano, a nuestra fragilidad particular como país. Han sido descritos elementos básicos de salud pública a implementarse en situaciones como las que vivimos, y debemos revisarlos detalladamente para constatar que son sencillos, concisos y efectivos (13).

Cada quien debe consolidar y preservar la memoria de lo vivido, con miras al futuro cercano y lejano, en honor a los fallecidos, al personal de salud, a nuestros vecinos y a cada habitante de esta aldea global, pero en especial a los niños. Insisto en los niños, porque ellos no son la cara frontal de la crisis, pero pudieran ser víctimas encubiertas debido a los efectos indirectos de la pandemia sobre costumbres de higiene y educación e impacto socioeconómico familiar. Los niños están afectados por la situación, y las medidas implementadas de mitigación podrían causar más daño que beneficio (14).

De hecho, el Comité de Derechos de los Niños de la ONU ha declarado en grave riesgo los derechos de los infantes y dice: “lo que es bueno para los niños es bueno para los países, y las inversiones realizadas en la salud de los niños benefician a las sociedades y los países a mediano y largo plazo”. Un mundo centrado en los niños debería ser más sano, más limpio y más proclive hacia individuos y sociedades, y no hacia lo económico y las ganancias principalmente. Es nuestro deber colocar a los niños en el centro de nuestra atención en esta situación de pandemia (15).

Por otra parte, los líderes, los expertos, los viejos, los ciudadanos comunes, todos, debemos trabajar para lograr que los pobladores de nuestra tierra tengamos una vida mejor, ahora y de cara al futuro, lograr un mundo sustentable para los niños, y asegurar a las familias, las comunidades, y los países, la dignidad, los recursos y el tiempo para crecer con sus hijos en un planeta sano (14).

Baum y Friel (16) plantearon recientemente la necesidad de una vacuna social y una biológica para resolver el reto de la COVID-19. Ellos escribieron, “Una vacuna social global permitirá una nueva forma de vida saludable, justa, de convivencia y sustentable, y frenará a las sociedades futuras de volver a un mundo que crece en condiciones cada vez menos saludables, sustentables y equitativas.

Finalizo con una reflexión desde nuestro rincón como investigadores y académicos. Estamos convencidos de la necesidad de ahondar en este desafío y traducir incertidumbre en acción, crear conocimiento y convencer a economistas, políticos y gobiernos de transformar el conocimiento en herramientas esenciales de prevención y/o control, en este caso contra la COVID-19; esto redundará en la consolidación de una población sana y productiva, preparada para afrontar el próximo reto. Un ejemplo: el 10 de diciembre, día de la declaración universal de los Derechos Humanos, la FDA (Food and Drug Administration, Estados Unidos) se reunió como agencia reguladora para analizar el caso de la candidata a vacuna de Pfizer-BioNtech. La misma fue aprobada al menos por los momentos para su uso en emergencia (17) y como tal, ya ha sido usada en el Reino Unido para iniciar el proceso de vacunación de su población (18). La vacuna de AstraZeneca ha sido la primera avalada por una revista científica (19). Nunca antes en la historia de la ciencia la traslación del conocimiento básico a una herramienta tecnológica a ser usada por la sociedad había sido tan veloz. Este hito es un ejemplo del compromiso que investigadores y empresas farmacéuticas tenemos para transformar la incertidumbre en una acción proactiva en respuesta a la necesidad de volver a nuestra cotidianidad y preservar el mundo lo más sano posible. Mi invitación es a que nos acompañen en ese porvenir, de la mano con este decálogo que les propongo a continuación.

Decálogo frente a la COVID-19

Recuerda, compórtate como si estuvieras enfermo y cuida a quienes estén a tu alrededor, vive como quisieras morir y cuídate de los demás como si estuvieran enfermos, aunque no lo estén, así los cuidas tú a ellos. Para eso debemos:

Contribuir con la salud de la comunidad. Esta pandemia es un asunto que compete a todos los ciudadanos.

Emitir mensajes educativos concisos, sencillos y continuos.

Prepararnos y cuidarnos puesto que somos el país de América con menos herramientas para afrontar la crisis.

Recordar que el comportamiento individual es fundamental, debemos entender que si asumimos riesgos los asumimos de forma personal.

Educar en intuición y percepción de riesgos y no asumir conductas ligeras frente a los riesgos ocultos o difíciles de detectar.

Mantener estrategias de prevención y asumir conductas de largo aliento, como el uso de la mascarilla.

Emitir medidas precisas y concisas y seguir las directrices de los organismos competentes.

Asumir que la transmisión no sólo es posible con extraños, los familiares o amigos también pueden ser contagiosos.

Fomentar la resiliencia puesto que la cuarentena radical por mucho tiempo afecta la psicología de la persona y por agotamiento resulta en la relajación de las medidas. Implementar medidas selectivas, idóneas y racionalizadas por localidad.

La profesora Alicia Ponte-Sucre es profesora de la Facultad de Medicina, Universidad Central de Venezuela. Pertenece a la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales

Agradecimiento: a Gioconda Cunto de San Blas y a Acianela Montes de Oca por la lectura crítica de este artículo y sus acertados comentarios.

Bibliografía consultada

Discurso de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre el impacto de la COVID-19 en las mujeres y niñas. https://reliefweb.int/report/world/discurso-de-la-alta-comisionada-de-las-naciones-unidas-para-los-derechos-humanos-sobre Consultado el 11 de diciembre de 2020.

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jueves, diciembre 31, 2020

Vicente Artaona, de guerrillero a prócer olvidado

En uno de los vaivenes de la guerra de la Independencia, que una y otra vez cruzó por los Llanos de Guárico y en especial por el Cantón de Ortiz, debió Artaona entrar a servir en las armas de la República.

Por José Obswaldo Pérez

bATALLA DEL cENTRO

IMAGEN REFERENCIAL WEB | la Campaña del Centro, período donde los azares de la guerra los patriotas tuvieron que retirarse violentamente de las posiciones ganadas

El soldado Vicente Artaona fue otro de nuestros próceres de la Independencia de Venezuela, natural de Ortiz. Aunque desconocemos actualmente el origen de este apellido en la localidad, ya que en el siglo XVIII, no se hallan miembros de esta familia en la zona. Tampoco conocemos los nombres de sus padres y la fecha de su nacimiento. Sin embargo, la historia de este héroe se resume en los pocos datos documentales y en las fuentes de información primarias halladas en el Archivo Parroquial de la Iglesia Santa Rosa de Lima de Ortiz, ubicado en la Arquidiócesis de Calabozo y alguna que otra indagación encontrada en fuentes secundarias.

Al respecto, Manuel Aquino, entonces Cronista Municipal de El Sombrero, en una ponencia presentada en el II Encuentro de Cronista e Investigadores de Ortiz, celebrado el 23 de agosto de 1997, se refiere a él como llanero criollo que perteneció a los jinetes del general Zaraza, cuando andaba solo por los caminos y bosques después de la Batalla de La Puerta, situada entre La Villa y San Juan de los Morros, en 1818, para salvar su vida de la furia asesina de Boves. Escondido en el monte y luego en una casa amiga, Artaona pudo evitar la persecución enemiga. Un día se topó con otro militar que, como él, disperso deambulaba íngrimo y solo, franqueando montañas abruptas y hondonadas por los mismos parajes. Este oficial fue el Capitán Richard Vowell, de origen británico, autor de novelas Las Sabanas de Barinas, Campañas y Cruceros y El terremoto de Caracas. Obras que se publicaron en inglés en Londres y se consagran en abordar temas de nuestra Venezuela independentista, especialmente, las dos primeras retratan el medio social de nuestros llanos.

Vowell llegó a Venezuela en 1817- en el grupo de mercedarios de la Legión Británica-, con el grado de teniente del Regimiento Primero de Lanceros Venezolanos al mando del Coronel Donald McDonald, antiguo Ayudante de Campo del general Ballesteros en las guerras de la Península. De inmediato, entre ambos, surgió una amistad y una experiencia de vida que se recoge en Campañas y cruceros. Según el testimonio del Capitán nuestro héroe era joven, fuerte y activo. Como conocedor de la zona, huyeron al sur y lograron llegar a Ortiz y de incógnitas fueron recibidos por el Venerable cura párroco, el anciano Don Cayetano Guacardo, que aunque de origen español, simpatizaba con la causa republicana.

Sin embargo, por no existir la Hoja de Servicio no conocemos cómo ni cuándo Artaona comenzó su carrera de las armas, aunque seguramente entró a servir en las filas republicanas desde muy joven- en uno de los vaivenes de la contienda de la Independencia-, más no sabemos los hechos en detalle sino a partir de 1818. Año en que el Libertador emprendía la Campaña del Centro, período donde los azares de la guerra los patriotas tuvieron que retirarse violentamente de las posiciones ganadas, y en su retirada sufrieron la derrota de La Puerta, y más luego, La Cuesta en Ortiz y en el Rincón de los Toros, en San José de Tiznados. Sin embargo hay un dato que nos ofrece el autor de Campañas y cruceros: Vicente Artaona, antes de incorporarse a las tropas patriotas, era miembro de la Guerrilla del Palmar, un grupo armado que acaudillaba el famoso Vicentico Hurtado- un negro de elevada estatura-, también natural de Ortiz quien más tarde se incorporó a las tropas de Simón Bolívar. ¿Qué particularidades estuvieron estos movimientos armados en el accionar guerrillero? ¿Qué motivos políticos y sociales aspiraban como expresión histórica regional-nacional? Son interrogantes que por ahora quedan pendientes para responder más adelante.

Después de la batalla del Semen o segunda de La Puerta, no tenemos noticias precisas de Artaona, y lamentablemente no sabemos en qué cuerpo fue incorporado, ni en cuáles acciones tomó parte luego. Solo entendemos que nuestro héroe, según dice Aquino, fue uno de aquellos lanceros indomables del Escuadrón de Dragones comandado por el Coronel Julián Mellado. También militó en las fuerzas del general Pedro Zaraza, hasta el 1818.

Más allá de estos acontecimientos no conocemos la trayectoria militar de Artaona, en el resto de los años subsiguientes hasta el llamado a las filas en 1835, cuando fue uno de los 31firmantes del pronunciamiento del Pueblo de Ortiz contra la conjura de la Revolución de las Reformas, acaudillada por el general José Tadeo Monagas. En general, los rasgos de su vida se sumergen en la penumbra. Casó en el mismo pueblo con la orticeña María Rojas y procrearon varios hijos. De esta unión es Margarita Artaona Rojas, quien contrae matrimonio en la Iglesia Parroquial de Santa Rosa de Lima de Ortiz, el 23 de febrero de 1854, con Jesús Reina Acosta, hijo de Gerónimo Reina y de Águeda Acosta; Bonifacia Artaona Rojas, quien falleció el 25 de marzo de 1891, a los 40 años de edad; Nela Artaona Rojas, quien esposó en la Iglesia Parroquial de Santa Rosa de Ortiz, el 20 de febrero de 1871, con Manuel Loreto, hijo natural de Teresa Loreto. Fueron testigos del acto nupcial Silvestre Rojas y Estefanía Gutiérrez. Igualmente, Juan Artaona, quien fue apadrinado en sacramentos de confirmación por su pariente Juan Rojas. Casó con Caridad Silva, y son padres de Eusebia e Isabel del Socorro Artaona Silva. Esta última fallecida niña y sepultada el 13 de noviembre de 1859. De manera que la familia Artaona fue extensiva hasta finales del siglo XIX y principio del siglo XX, cuando aún algunos de sus antecesores, descendientes y demás familias sobrevivían.

El soldado Vicente Artaona falleció en Ortiz y fue sepultado el 26 de marzo de 1855. No testó y recibió los sacramentos de rigor por el Dr. Salustiano Crespo, párroco de Ortiz, quien certificó su defunción.

Fuentes consultadas

ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA (1891). Documentos para los anales de Venezuela desde el movimiento separatista de la unión colombiana, hasta nuestros días. Segundo Periodo. Tomo III. Caracas: Imprenta y litografía del Gobierno Nacional.

AQUINO, MANUEL (1997, agosto 23).La odisea de un hijo de Albión después de la Batalla de La Puerta. Ortiz: II Encuentro Orticeño de Historiadores y Cronistas.

ARRAÍZ LUCCA, RAFAEL (2007). Venezuela: 1830 a nuestros días. Caracas: Editorial Alfa. VAWELL, RICHARD (S.D). Memorias de un Oficial de la legión británica. Campañas y cruceros durante la guerra de emancipación hispanoamericana. Madrid: Editorial América (Biblioteca Ayacucho).

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sábado, diciembre 26, 2020

Las Calendas de Calabozo. 26 de diciembre de 1876

Se trataba de una celebración que se acostumbraba hacer un día después de la Navidad, durante las horas de la madrugada en las calles de la ciudad de entonces.


Calendas

IMAGEN REFERENCIAL VIA WEB | Las Calendas fue una fiesta tradicional en Calabozo del Siglo XIX, descubierta por el historiador Ubaldo Ruiz


por Ubaldo Ruiz

Una antigua tradición calaboceña, arrojada al cesto del olvido desde hace mucho tiempo, fue lo que en su tiempo se llamó Las Calendas. Se trataba de una celebración que se acostumbraba hacer un día después de la Navidad, durante las horas de la madrugada en las calles de la ciudad de entonces. Contamos con la descripción que de la versión de 1876 de esa fiesta hizo el médico alemán Carl Sachs en su libro De los Llanos. Cuenta el ilustre visitante teutón que entre la una y las dos de la medianoche fue despertado por una gran algarabía proveniente de una multitud que desfilaba por la calle. Se escuchaban fuegos artificiales, una música lejana y mucha gente que gritaba lo que a él le parecía que eran “vivas”. Un mensajero a caballo lo invitó a participar en el desfile. Al salir fue tomado del brazo por un amigo llamado Juancho Rodríguez, y así se sumó al festejo. La música consistía en “una alegre marcha ejecutada con flautas, trompas y violines.” La casa donde se alojaba el narrador estaba ubicada frente a la plaza principal, hoy plaza “Bolívar”, aunque no se indica hacia cuál dirección. El desfile terminó en la casa del mencionado amigo Rodríguez (que no se ubica), en donde la fiesta continuó durante “una horita”, tiempo en el cual fueron obsequiados con café, chocolate y brandy, entre otras cosas, mientras la gente bailaba al compás de la música tocada por la improvisada “orquesta”. Le parece curioso al visitante “que al chocolate siempre se suma en Venezuela queso holandés; se considera a estas dos cosas como completamente inseparables.” Al cabo de esa “horita”, “cada uno volvió a su casa para proseguir el interrumpido sueño.

Cuando uno se levanta por la mañana, le parece que todo ha sido un sueño. ‘Las Calendas’ es el nombre de esta costumbre jovial y original”. Hoy podríamos preguntar a cualquier calaboceño si había oído acerca de esa celebración que un tiempo fue tradición nuestra.

Ubaldo Ruiz es profesor universitario e historiador. Es autor del libro Un símbolo calaboceño. Iglesia y parroquia de Las Mercedes (1795-1858), editado por el Fondo Editorial Ipasme, en el 2007.

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