jueves, noviembre 06, 2025

Vivo en Avalón: la voz femenina que canta desde la isla sagrada

Tibisay Vargas Rojas se inscribe como una moderna trobairitz, que canta desde Avalón para devolverle al amor su dimensión espiritual, simbólica y femenina.


La escritora y poetisa Tibisay Vargas nos invita a cruzar el umbral de lo mítico y lo íntimo en su nuevo poemario

Por José Obswaldo Pérez

En Vivo en Avalón, Tibisay Vargas Rojas nos invita a cruzar el umbral de lo mítico y lo íntimo, para encontrarnos con una voz femenina que no solo canta, sino que revela, transforma y redime. Publicado por Editorial Diosa Blanca en 2025, este libro es mucho más que una colección de poemas: es una travesía simbólica donde la mujer se convierte en Sophia, en Grial, en isla, en espera activa y en centro espiritual del deseo.

Desde el prólogo de Edgar Vidaurre —un ensayo místico que vincula la saga artúrica con la Trinidad cristiana y la cuaternidad jungiana— hasta los versos que evocan a Ginebra, Morgana, Parsifal y el tejido ritual del amor cortés, la obra se despliega como un canto trovadoresco contemporáneo. Vargas Rojas se inscribe en la tradición de las trobairitz, aquellas mujeres medievales que cantaban el amor desde la complejidad, la resistencia y la gestación simbólica.


Cada poema es una isla. Cada imagen —la aguja, el cabello, la torre, el ciprés truncado— es un símbolo que borda el tiempo femenino. La autora reinterpreta el amor cortés como una forma de espera fértil, donde la mujer no es objeto de deseo sino matriz del sentido. Avalón, la isla mítica, se convierte en metáfora del alma femenina que resiste la periferia y se afirma como centro revelador.

Vivo en Avalón es un libro para ser leído en voz alta, como lo sugiere su prólogo. Es un canto que convoca lo ancestral y lo encarnado, lo sagrado y lo cotidiano. Una obra que dignifica lo femenino en su dimensión espiritual, poética y política.


Compártalo:

El Nobel de María Corina Machado: una victoria ética que trasciende fronteras

El Nobel a María Corina Machado no es solo un reconocimiento a Venezuela: es una advertencia a los regímenes autoritarios y una inspiración para los pueblos que aún luchan por su libertad.

El artículo destaca que el Nobel no premia una coyuntura, sino una trayectoria. Machado no solo articuló una campaña electoral que unió a la oposición en torno a Edmundo González, sino que logró convertir el dolor nacional en una narrativa de esperanza.


La concesión del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado ha sacudido el tablero político latinoamericano. El artículo publicado por Letras Libres esta semana no solo celebra el reconocimiento internacional, sino que lo interpreta como una victoria moral para Venezuela y un mensaje de esperanza para el continente.


Machado, líder de Vente Venezuela, ha sido símbolo de resistencia democrática frente a un régimen que la ha perseguido, inhabilitado y obligado a operar desde la clandestinidad. Su lucha, como señala el autor Miguel Ángel Martínez Meucci, “no es solo política, sino espiritual”: una cruzada por la verdad, la dignidad y la reconstrucción ética del país.


El Nobel como validación histórica


El artículo destaca que el Nobel no premia una coyuntura, sino una trayectoria. Machado no solo articuló una campaña electoral que unió a la oposición en torno a Edmundo González, sino que logró convertir el dolor nacional en una narrativa de esperanza. Su liderazgo, profundamente ético, se ha mantenido firme incluso en la clandestinidad, donde sigue organizando y resistiendo.


La verdad como herramienta política


Letras Libres subraya que Machado no pidió votos, sino confianza. Su discurso apeló a la verdad como fundamento de la paz, y a la dignidad como motor de cambio. En un país marcado por el exilio, la represión y la desesperanza, su figura se convirtió en un punto de encuentro emocional y político.


Un mensaje continental


El Nobel a María Corina Machado no es solo un reconocimiento a Venezuela: es una advertencia a los regímenes autoritarios y una inspiración para los pueblos que aún luchan por su libertad. Como concluye el artículo, “la paz no se negocia desde la debilidad, sino desde la convicción ética”.


Compártalo:

jueves, octubre 23, 2025

Nicolás Gamarra: El burlador de Parapara

La historia de Nicolás Gamarra no es sólo la de un hombre envuelto en escándalos amorosos - un tema poco estudiado con profundidad en los estudios históricos-, sino un reflejo de la Venezuela provincial

Oriundo del pueblo de Santa Catalina de Siena de Parapara, Gamarra parecía tener un talento especial para la seducción y las conquistas sentimentales, aunque con una peculiar inclinación a dejar corazones desilusionados a su paso.


Por José Obswaldo Pérez

En la Venezuela de finales del siglo XVIII, donde la moral y los valores religiosos dictaba el ritmo de la vida y los compromisos matrimoniales eran asuntos de honor y honra, surge la figura de Nicolás Gamarra, un hombre cuyo nombre recorrió varias localidades no por hazañas heroicas, sino por su habilidad para enredarse en amores controvertidos.

Entre julio y agosto de 1799, en un expediente, de lo que pasaron a la Diócesis de Mérida, Gamarra es acusado por incumplimiento de palabra de matrimonio, dónde se configura una trama que ilustra las complejidades de los impedimentos matrimoniales en la Venezuela provincial y cómo la moral pública, el derecho eclesiástico y las costumbres comunitarias influyeron en la regulación de los esponsales. El archivo, del cual se desprende este *análisis sincrónico*, se lo debemos al genealogista e historiador calaboceño don Luis Eduardo Viso, quien nos ha facilitado el documento con los datos claves de este asunto.

Oriundo del pueblo de Santa Catalina de Siena de Parapara, Gamarra parecía tener un talento especial para la seducción y las conquistas sentimentales, aunque con una peculiar inclinación a dejar corazones desilusionados a su paso. Desde Calabozo hasta Ortiz, pasando por el Sitio de El Rastro, su historial de promesas vacías y burlas amorosas generó no sólo chismes, sino también denuncias ante la autoridad eclesiástica.

Pero fue en la Villa de San Jaime (hoy La Unión, estado Barinas) donde su nombre adquirió mayor notoriedad. Tras haber contraído matrimonio con Gabriela Aponte, con el consentimiento de su padre, el expediente tomó un giro inesperado cuando confesó haber tenido relaciones carnales con la hermana de su prometida, lo cual generó un impedimento de afinidad de primer grado, según el derecho canónico. Por tal motivo, el padre José Antonio Rendón y Barazarte - ante un dilema que no podían resolver sin la intervención del Vicario General- recomendó que se solicitara la dispensa al Obispo Fray Antonio de Espinoza. A esto se sumaron más voces en su contra, testigos que señalaron que Gamarra había prometido casarse con varias mujeres y, en algunos casos, simplemente desapareció dejando tras de sí sólo incertidumbre y bochorno.

Las desafortunadas muchachas engañadas que se citan en la referida documentación son las hermanas Manuela y Dominga Rodríguez, en Calabozo; en Ortiz se burló de María Seniega y de María Belén y en El Rastro, también hizo lo mismo con Zerafina Mota. Todas ellas provenientes de diversa extracción social.

Así, la historia de Nicolás Gamarra no es sólo la de un hombre envuelto en escándalos amorosos - un tema poco estudiado con profundidad en los estudios históricos-, sino un reflejo de la Venezuela provincial donde el matrimonio era un contrato social, vigilado de cerca por la comunidad y los altos mandos eclesiásticos. Quizás en otra época habría sido sólo un joven inquieto con un corazón dividido, pero en la rigurosa estructura social del siglo XVIII, cada engaño tenía consecuencias legales, y cada esponsal roto, un registro en los archivos de dispensas matrimoniales.

Al final, su expediente pasó por la escrupulosa revisión del Vicario Francisco Javier Irastorza y del Vicario Hipólito Elías González, mostrando que en tiempos donde el honor lo era todo, los seductores o burladores no escapaban fácilmente de la mirada inquisitiva de la Iglesia. Así quedó registrada su historia, en documentos firmados y rubricados, una crónica de amores turbulentos en la Venezuela del siglo dieciocho. Sin dudas, un caso interesante desde una perspectiva historiográfica y sociocultural, ya que ilustra complejidades del matrimonio, la moral pública y la autoridad eclesiástica.

Fuente consultada

Archivo del Arzobispado de Mérida (1799). “Nicolás Gamarra y Gabriela Aponte solicitan dispensa por encontrarse con impedimentos de parentesco de primer grado de afinidad” En: *Dispensas e impedimento matrimoniales*. Sección 26, caja 14. Documento 26-327, 2 fols.


Compártalo:

martes, octubre 21, 2025

Celia Cruz: 100 años de azúcar, exilio y gloria universal

Celia Cruz: la Sonora Matancera

A 100 años de su nacimiento y 22 de su partida física, el mundo celebra a Celia Cruz como lo que siempre fue: una artista sin fronteras, una mujer que transformó el dolor en carnaval, y una cubana que, cuando le negaron su país, se hizo universal.


Por José Obswaldo Pérez

El 21 de octubre de 1925 nació en el barrio Santos Suárez de La Habana una voz que no cabía en una sola isla: Úrsula Hilaria Celia de la Caridad Cruz Alfonso. Negra, caribeña, desbordante, Celia Cruz fue más que una cantante: fue un estallido de identidad, resistencia y alegría que cruzó fronteras, géneros y generaciones.

Desde sus inicios con la Sonora Matancera, donde se ganó el apodo de “La Guarachera de Cuba”, hasta sus colaboraciones con Tito Puente, Willie Colón y Johnny Pacheco, Celia convirtió la salsa en un idioma universal. Su grito de guerra —¡Azúcar!— no era solo una exclamación festiva, sino un conjuro contra el dolor del exilio, una afirmación de sabor afrolatino frente al olvido y la censura.

En 1960, tras la revolución cubana, se le prohibió regresar a su tierra. Pero lejos de apagarse, su voz se multiplicó. En Nueva York, Miami, Caracas, Madrid y Tokio, Celia cantó como si cada escenario fuera un pedazo de Cuba que ella reconstruía con ritmo y dignidad. Con su turbante, sus vestidos brillantes y su voz de trueno, se convirtió en ícono de la diáspora, embajadora de la alegría y símbolo de la mujer que no se doblega.

A 100 años de su nacimiento y 22 de su partida física, el mundo celebra a Celia Cruz como lo que siempre fue: una artista sin fronteras, una mujer que transformó el dolor en carnaval, y una cubana que, cuando le negaron su país, se hizo universal.

Porque como ella misma cantó: “La vida es un carnaval, y las penas se van cantando”. Y Celia, con cada nota, nos enseñó a cantar para no olvidar.


Compártalo:

martes, octubre 14, 2025

Venezuela ante el espejo: Xavier Padilla llama a romper el mito de Bolívar


El escritor y músico instó a los ciudadanos a mirar más allá de la coyuntura militar y enfrentar lo que considera el verdadero obstáculo para el renacer nacional: el mito fundacional del bolivarianismo.


Caracas — 14 de octubre de 2025

En un mensaje por YouTube que ha despertado el debate nacional, el escritor y músico venezolano Xavier Padilla se dirigió a los venezolanos en un discurso que mezcla denuncia política, revisión histórica y llamado espiritual.

En medio de rumores sobre una posible intervención internacional y el colapso del régimen de Nicolás Maduro, Padilla instó a los ciudadanos a mirar más allá de la coyuntura militar y enfrentar lo que considera el verdadero obstáculo para el renacer nacional: el mito fundacional del bolivarianismo.

Padilla no centró su mensaje en estrategias geopolíticas ni en la caída del régimen, sino en lo que llamó “el germen de nuestros fracasos”: la narrativa histórica que ha moldeado el imaginario venezolano desde la infancia.

“Si no hubo tal opresión, tampoco hubo libertador. Y si el libertador es una invención, toda nuestra historia republicana se levanta sobre un fraude… sagrado, intocable”, afirmó.

El intelectual presentó una interpretación alternativa de la independencia venezolana, señalando que la mayoría del pueblo —pardos, canarios, artesanos, esclavos e indígenas— era realista y fiel a la corona española. Denunció que Bolívar recurrió a ejércitos extranjeros y decretos de exterminio para imponer su causa.

Padilla también cuestionó la prosperidad previa a la independencia, citando a Alexander von Humboldt, quien describió a Venezuela como “la región más próspera y apacible del planeta” en 1810.

En su análisis, Padilla no exculpa al chavismo, pero lo presenta como una continuación del culto bolivariano.

“El chavismo no deformó nada acerca de Bolívar, solo exacerbó el mito”, dijo.

Incluso advirtió sobre el riesgo de repetir el ciclo con nuevas figuras políticas:

“Muchos comparan a María Corina con El Libertador… pero si de verdad queremos renacer como nación, debemos romper el hechizo”.

El mensaje culminó con una exhortación a construir una Venezuela adulta, deslastrada de ídolos y símbolos que, según Padilla, perpetúan una falsa oposición entre libertad e hispanidad.

“Tenemos un compromiso con la historia… y un deber de memoria con esos venezolanos ejecutados por su lealtad al orden monárquico”, concluyó.

El discurso de Xavier Padilla abre un debate profundo sobre la identidad nacional, la pedagogía histórica y el uso político de los símbolos. En un país que se encuentra en una encrucijada, su llamado a revisar los fundamentos de la memoria colectiva podría marcar un punto de inflexión en la narrativa pública.

¿Estamos listos para mirar al pasado sin mitos?

Ver el mensaje en YouTube
Compártalo: