martes, mayo 17, 2011

La perpetua Soledad Loreto Ramos



Soledad Loreto Ramos
Por V. Loreto
¿Cómo es posible que una muchacha rica se quede soltera? Esto, hijos míos, es algo que nadie puede explicar -decía la Abuela Fabiana-, le propusieron algunos pretendientes. Sus dos hermanas y sus tres hermanos casaron a su debido tiempo, pero ella, Soledad -se quedó soltera. Muchos fueron a visitarla, primos de Puerto Cabello y hasta de Coro iban tras ella. Su padre don Pedro Isaac era rico ganadero con muchas tierras en Ortiz. Su madre procedía de una culta familia de Puerto Cabello.

En su juventud Soledad Loreto no fue fea ni mucho menos, aunque si excesivamente delgada, alta, sin busto y blanca mediterránea como su madre. Tenía negro los ojos e igual el cabello, aunque al paso de los años se le entrevero con gris. En el Ortiz ochocentista, al cabello de este color le llamaban hierba de cementerio. Sin embargo, las primas más feas que ella, se casaban. Las solteronas eran un raro fenómeno en aquellos tiempos, incluso en familias adineradas. En fin, ya lo sabéis -repetía la abuela Fabiana-, en los Loreto no tenemos conventos de monjas.


Hay muchachas que no pueden encontrar marido a causa de su carácter amargo o debido a que son demasiados exigentes. Pero Soledad no tenía tiempo para ser amarga. La causa de todos sus males radicaba en su locura por los vestidos y las ropas. Sencillamente, Soledad solo podía pensar en trapos.

La sesera de Soledad estaba totalmente envuelta en ropas y vestidos. Hasta cuando le presentaban a un hombre, lo primero que observaba cuando después comentaba el encuentro, era el modo en que iba vestido. Decía que llevaba el cuello de la camisa abierta y sucio, o los zapatos sin brillo. Se fijaba en cosas a las que las demás mujeres apenas prestan atención. Una vez dijo que a cierto hombre le salían pelos de los orificios de la nariz, lo cual le daba gran asco. En otra ocasión dijo que el futuro marido, que le habían propuesto, don Juan José Matute olía mal. En sus rabietas solía decir. "Todos los hombres apestan". Son unas palabras terribles. Además tenía la rara costumbre de lavarse constantemente y si le daba la mano a alguien en minutos estaba en el aguamanil con un fiasco de sales para oler.


En el viejo Ortiz, cuando alguien se hacía un vestido o un traje le duraba años. Sin embargo, si Soledad llevaba un mismo vestido tres veces ya le parecía que lo había llevado demasiado. Al morir su padre, Soledad heredo muchos bienes, eso le dio a Soledad gastar parte de su fortuna en cosas que ponerse encima.

A pesar de su soltería, la invitaban a bodas, cumpleaños y fiestas de esposales. Tenía gran número de parientes. Soledad les ofrecía regalos y cada regalo era para ella un gran problema, sí, porque procuraba que todos los chismes que regalaba fueran exactamente los adecuados a la ocasión.

Soledad repetía a menudo: "He de ir a probar". Siempre tenía que acudir al zapatero, a la modista o las tiendas de Caracas y Valencia. Y todo lo que llevaba tenía que armonizar. Si el vestido era verde, verdes debía ser los zapatos y verde el sombrero, verde la sombrilla para salir con el conjunto a la calle. Era además, suscriptora de revistas de moda, en las que se describían todos los nuevos estilos en el vestir. Cuando Soledad paseaba por las calles, los transeúntes se detenían a mirarla. Luego comentaban.

Muchos creen, que en el pasado la gente vestía mal, pero no era así ni mucho menos. Muchos se vestían con gran lujo y mil detalles. Ahora bien, en el caso de Soledad la afición a vestir bien llegaba a constituir una locura. Todo su armario estaba lleno a rebosar. También lo hacía por los muebles y las antigüedades.

Soledad, cuando iba los domingos a la Iglesia de la Santísima Santa Rosa de Lima, no oraba sino que miraba las ropas de las demás mujeres. Soledad no dejaba de hablarle al oído de la acompañante, de vestidos y joyas, sobre lo que aquella llevaba, lo que la otra se ponía encima.

En muchos años, Soledad Loreto tenía su persona una calidad macilenta que las ropas no podían ocultar, arrugada y con las prendas desbarajustadas como si hubiera dormido con ellas.
Existe la creencia de que las solteronas nunca alcanzan una edad avanzada.

Tonterías. Soledad sobrevivió a sus dos hermanas y a sus tres hermanos. Perdió los dientes y se quedó con la boca desguarnecida. Se le cayó casi todo el pelo, pero a pesar de esto, iba a los modistas y buscaba gangas, igual que en su juventud. Un día, Soledad comenzó a distribuir sus bienes para después de su muerte. Hizo un testamento y en el había tenido en cuanta a todos sus parientes, aunque solo a las mujeres, no a los hombres. Comenzó a guardar sus ropas protegiéndolas con bolitas de naftalina, tenía doce baúles llenos de ropas,

Debo pensar -dijo Soledad-, debo hacer los preparativos necesarios para el otro mundo. También tenía listo sus mortajas. Estaba confeccionado con telas del más puro hilo, con encajes preciosos y en gran abundancia, y unos velos dignos de una reina, y que para deslumbrar a los gusanos. A los 82 años de edad, fue enterrada en el cementerio de Ortiz la Señorita Soledad Loreto-Ramos.

Fuente:Publicado en el Diario El Nacionalista, 27 de septiembre de 1999
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lunes, mayo 16, 2011

Strauss Kahn, víctima de la tiranía de lo urgente

La experiencia demuestra que la escala de tiempo más rápida impone su ley a las otras. Así, los mercados y los medios imponen sus soluciones a los otros espacios; pueden destruir en pocos instantes una reputación económica, política y ética construida a lo largo de una vida: la realidad de un pasado no vale nada comparada con la apariencia de un presente.

Dominique Strauss Kahn . Foto AP
Por Jacques Attali
La terrible acusación que pesa sobre Dominique Strauss Kahn (DSK) es la ocasión para recordar que nuestra sociedad, que se ha vuelto sin fronteras, vive ahora en cuatro escalas de tiempo simultáneas. De ello se desprende que reglas de juego contradictorias se entrechocan, calendarios distintos se superponen, ritmos diferentes se penetran unos a otros.

La primera escala de tiempo es la del derecho, la de la investigación policial y la del procedimiento judicial; su ritmo está a discreción de los investigadores y de los jueces. Se impone a priori sobre todos los demás.

La segunda escala de tiempo es la de la política, que obedece a un calendario electoral preciso, en general inmutable.

La tercera escala de tiempo es la de los mercados y los medios de comunicación: obedece a la exigencia de la respuesta inmediata, de la novedad permanente, de la impaciencia y de la competencia; más aún desde la aparición de Internet.

La experiencia demuestra que la escala de tiempo más rápida impone su ley a las otras. Así, los mercados y los medios imponen sus soluciones a los otros espacios; pueden destruir en pocos instantes una reputación económica, política y ética construida a lo largo de una vida: la realidad de un pasado no vale nada comparada con la apariencia de un presente.

El tiempo de los medios lleva, entonces, a considerar que todo defecto de los políticos, incluso no demostrado, merece ser denunciado y los excluye de la vida pública. Esto lleva a buscar hombres cada vez más perfectos para ejercer funciones cada vez menos importantes, en las cuales por otra parte son cada vez más fácilmente reemplazables.

Los mercados son los últimos beneficiarios de este fracaso de lo político.

Dominique Strauss Kahn es víctima de estas contradicciones: los medios quieren, respecto a su caso, obtener y dar respuestas inmediatas a interrogantes que la justicia tardará meses en resolver, lo que lo excluye de las instancias políticas por venir.

Incluso si un día es disculpado, en el plano judicial, del terrible crimen del cual se lo acusa, habrá sido ya irreversiblemente condenado en el terreno político. En detrimento de la causa por la cual DSK ha luchado siempre: un estado de derecho planetario y una gobernancia mundial democrática y justa que domine a los mercados.

Esta tiranía de lo inmediato se manifiesta también en otras circunstancias y explica ampliamente la anarquía de la mundialización. Así, en materia financiera, las exigencias de respuestas mediáticas renovadas sin cesar lleva a los políticos a descuidar las soluciones de fondo, a rechazar la puesta en marcha del derecho y de las instituciones jurídicas planetarias necesarias, en provecho de las fotos que permite el G20 para gran beneficio, aquí también, de los mercados financieros.

Más allá de este caos, una última escala de tiempo viene siempre, al final, a sacudir a las otras tres y a darles todo su sentido irrisorio: la de la enfermedad o la muerte. El destino del hombre es el de olvidar esto, para no pensar más que en actuar en el interior de los otros espacios, bajo la tiranía de lo urgente.

A menos que se tenga la audacia de proyectarse fuera de las rutinas, de pensar el mundo más allá de todo calendario y de atenerse, con obstinación, a sus sueños.

(Traducción de Infobae América)


Fuente: Slate.fr


Jacques Attali es un economista y escritor francés. Cofundador y editorialista de Slate.fr y columnista de la revista L'Express. Preside Planet Finance y es autor de numerosos libros, siendo uno de sus últimos títulos Crisis, ¿y después?
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domingo, mayo 15, 2011

Bolívar y los esclavos negros

...se devanan los sesos buscando en el político del siglo XIX el origen del socialismo del siglo XXI

ELÍAS PINO ITURRIETA |  EL UNIVERSAL
El tema advertido por el título ofrece problemas: no es poca la documentación que lo ilustra y se carece ahora de espacio para un tratamiento exhaustivo. La abundancia de fuentes sobre la esclavitud remite a su contradictorio tratamiento durante la Independencia, hasta el punto de que no se llegó entonces a solucionar el terrible problema de la servidumbre de los seres humanos; y tal vez no sea un periódico lugar aconsejable para un análisis susceptible de conducir a conclusiones definitivas. Sin embargo, dos motivos sugieren su tratamiento, así sea de manera superficial: el problema de la discriminación de los afrodescendientes, sobre el cual vuelve la "revolución" con el objeto de eliminarlo mediante la promulgación de una ley; y la supuesta inspiración que encuentra la "revolución" en Bolívar para convertir la lucha contra esa discriminación en una conquista de la sociedad nueva. Sobre el primero de los aspectos pudiera, de momento, dudarse de cómo una regulación sea capaz liquidar unos prejuicios que datan de la antigüedad; mas sobre el otro puede bastar la presentación de un documento esencial para evitar la proliferación de tonterías en torno a lo que pudo concebir el Libertador sobre el papel de los esclavos negros en la sociedad que se encaminaba hacia el orden republicano. Sobre tal documento versará el artículo de hoy. 


Es un documento de importancia trascendental, debido a que su autor lo concibió como complemento de la Carta de Jamaica y lo redactó junto con ella para buscar el auxilio de Inglaterra para la continuación de la guerra. Se titula Señor Redactor o Editor de la Gaceta Real de Jamaica y está fechado en Kingston en 1815, justo cuando escribe la célebre misiva de la isla. En medio de una severa crisis, solo y sin recursos económicos, Bolívar pretende presentar a los blancos criollos como garantes del proceso que sucederá a continuación. Las noticias sobre la Guerra a muerte han causado conmoción en el Caribe, y en el gabinete británico se han filtrado espeluznantes historias de sangre y depredación que aumentan la desconfianza en el proyecto insurgente, pero también el deseo de que la situación encuentre cauce razonable con el regreso de Fernando VII al trono. Eso no es necesario, argumenta Bolívar, debido a que los mantuanos, con su afable paternidad de los dependientes y con su influencia sobre la sociedad, serán capaces de evitar nuevas masacres. Sin embargo, ¿cómo demuestra las virtudes de una clase social que ha fracasado en sus intentos de Independencia, que no se ha caracterizado por la benevolencia frente a sus siervos y ha aprovechado el sistema esclavista para amasar inmensas fortunas? Muy fácil: convirtiendo a la esclavitud en una especie de trato afectuoso de los patrones en el cual sobresalieron los rasgos de la caridad y la fraternidad.



Llega a decir entonces Bolívar: "El esclavo en América vegeta abandonado en las haciendas, gozando, por decirlo así, de su inacción, de la hacienda de su señor y de una gran parte de los bienes de la libertad; y como la religión lo ha persuadido que es un deber sagrado servir, ha nacido y existido en esa dependencia doméstica, se considera en su estado natural como un miembro de la familia de su amo, a quien ama y respeta". El fragmento no tiene desperdicio debido a la enormidad de sus afirmaciones, y por el problema que puede presentar a quienes se devanan los sesos buscando en el político del siglo XIX el origen del socialismo del siglo XXI, o el fundamento de una ley contra la discriminación de los afrodescendientes. Niega de plano la existencia de la explotación de los negros. Los propietarios, entre quienes él se cuenta, fueron una especie de custodios angelicales de la mano de obra. La mano de obra no sufrió penalidades. Al contrario, experimentó los beneficios de una relación como la que se tiene en una espléndida familia distinguida por los buenos sentimientos y guiada por las virtudes teologales. Los esclavos, en suma, inspirados por el Evangelio y manejados en medio de las contemplaciones de un mantuanaje digno del altar, no fueron sirvientes sino miembros de la parentela. Pero de una parentela proverbial por las calidades del afecto prodigado a sus miembros, independientemente del oficio que ejercieran en el hogar y del color de su piel. 



La lectura de documentos posteriores de Bolívar obliga a conclusiones distintas, pero el papel de Jamaica que nos ha ocupado mueve el piso de quienes lo juzgan como adalid del igualitarismo y como enemigo jurado de la esclavitud de los negros. Después de la revisión del papel que escribe entonces, apenas se le puede considerar como portavoz de una estirpe que no hace la Independencia para beneficio de los hombres humildes de la época, sino para la preservación de la cúpula criolla de procedencia española que se formó durante el período colonial. En adelante cambiará de ideas, pero no lo suficiente como para juzgarlo como un hombre distinto de quien fue en su experiencia de 1815. De momento construye una escena en la cual difícilmente pueden aclimatarse los prejuicios contra los cuales pretenden reaccionar hoy los legisladores chavistas. De un cromo bolivariano sin diferencias esenciales entre el que lleva el látigo y el que recibe los latigazos, sin amos de verdad ni siervos sujetos a su coyunda, difícilmente pueden salir los desprecios, los monos y las chusmas en quienes se detiene hoy la mirada compasiva de la "revolución". 




Fuente: El Universal
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miércoles, mayo 04, 2011

Bin Laden y Che Guevara

"El presente texto lo escribí en el 2003 y fue publicado en diversos medios. Hoy lo publico nuevamente. La razón es que hoy es aún más actual que ayer. Hay, en fin, textos que aguardan su momento", dice Fernando Mieres




Por Fernando Mires | 4 de Mayo, 2011
Bin Laden y Che Guevara han sido comparados varias veces por los medios de comunicación hasta el punto de que se ha sugerido insistentemente que Bin Laden es el Che Guevara del mundo islámico. Por supuesto, las izquierdas tercermundistas (o sus restos) se defienden de tan macabra comparación. ¿Cómo comparar a ese asesino terrorista como Bin Laden con ese revolucionario racional, ateo y secular, lleno de idealismo y de amor por los pueblos y la humanidad que era el Che Guevara?
No obstante la comparación es posible si se entiende que comparar es un procedimiento que lleva a establecer listados de semejanzas pero también de diferencias.
El conocimiento es esencialmente comparativo y no podemos acceder al conocimiento de ningún objeto si no establecemos su identidad, la que sólo se puede lograr mediante relaciones de semejanza y diferencia con otros objetos. Por lo tanto, está claro que Bin Laden no es el Che, porque son muchísimas las diferencias que los separan. Sin embargo también hay semejanzas; algunas de ellas son: el marcado carácter antipolítico de ambos, el culto a la violencia que los caracterizaba y el antinorteamericanismo que casi religiosamente profesaban.
Terroristas, guerrilleros, soldados y políticos
La principal diferencia, a mi juicio, reside en la identidad particular de cada uno de ambos combatientes: Bin Laden era un terrorista, Che Guevara un guerrillero, y entre terrorismo y guerrilla hay diferencias.
Para esclarecer de modo más preciso las diferencias es necesario distinguir por lo menos cuatro tipos de combatientes: el terrorista, el guerrillero, el soldado, y el político.
Afinando un poco más todavía la distinción: el terrorista equivale al período salvaje de la humanidad; el de la destrucción por la destrucción, cuando no importan las muertes de los no combatientes; y en el caso más radical, que era el del terrorismo de Bin Laden, donde la propia vida no cuenta. La guerra del terrorista es total; es destrucción y autodestrucción a la vez; es, en breve, el triunfo definitivo del principio de muerte sobre el de vida.
La guerrilla en cambio corresponde históricamente con el período de la barbarie, cuando hordas organizadas designaban destacamentos para compensar mediante la astucia y la sorpresa la superioridad militar de los ejércitos enemigos que residían en las grandes ciudades, centros de poderosos imperios.
El soldado, a su vez, es un combatiente a quien se compensa mediante dinero, o simplemente bienes, por su participación en la defensa y expansión de las naciones; se trata, en consecuencia, de un guerrero instrumental quien para combatir no necesita odiar al enemigo pues combatirlo es su profesión.
El guerrillero, a diferencia del soldado, no habitaba en las ciudades. El fenómeno de las guerrillas urbanas es moderno y tiene que ver fundamentalmente con el intento de llevar la guerra a los recintos urbanos para penetrar o infiltrar las ciudades con el “virus” de la guerra. En ese sentido la guerrilla moderna ha aprendido del terrorismo, que sí ha sido tradicionalmente urbano.
Cuando la guerrilla o el terrorismo urbano no actúan en contra de una dictadura, esto es cuando realizan sus actos en contra de regímenes políticos y democráticos, se produce la des-poli-tización de la polis, hecho que rara vez lleva al triunfo del terrorismo o de la guerrilla y que más bien lleva, ante la ausencia de vida política, al apoderamiento de la ciudad de parte de los demagogos que, como constataba Aristóteles (1962), casi siempre anteceden a los tiranos. El populista y el militar acceden a la política cuando ésta se encuentra en estado de degradación. La historia reciente de los países latinoamericanos está llena de casos que comprueban dicha tesis.
Por último, el político es el combatiente que ha abandonado la guerra pero no su lógica pues un político que no es polémico es un mal político. Como decía Carl Schmitt (1996, p.34) la diferencia entre el soldado y el político no reside en que este último no combate, sino en el hecho de que el político se encuentra permanentemente combatiendo a diferencia del soldado que sólo lo hace de modo ocasional, es decir, en épocas de guerra que, se supone, son las de excepción. La política, en tanto vive del antagonismo, al igual que la guerra, se diferencia de esta última en los medios de combates: las palabras. La política es, dicho en breve: guerra gramaticalizada.
La tipología expuesta no debe ser entendida de modo vertical o como etapas históricas que se suceden y excluyen. De la misma manera, el salvajismo y la barbarie coexisten en medio de la civilización y en muchos casos se sirven de la política. Me atrevería a decir que ni salvajismo ni barbarie son erradicables de la vida social (basta leer los periódicos) aunque sí es posible reducir sus dimensiones, si es que tales expresiones se encuentran bajo la hegemonía de la cultura y de la política. De la misma manera, los límites que separan a un momento del otro son a veces muy difusos.
Suele ocurrir, y este era el caso del Che Guevara (o de Mao) que la actividad guerrillera es concebida como un momento que llevará, en una fase más avanzada de la lucha, a la transformación de la guerrilla en un “ejército popular” cuyo objetivo será restaurar un Estado Político (objetivo que nunca los ejércitos llamados populares han cumplido). En ese sentido “potencialmente” político, el Che se diferencia radicalmente de Bin Laden, quien no se planteó ninguna fase superior en el desarrollo de una lucha armada al mandar destruir las torres gemelas. Más todavía: los terroristas de Bin Laden no dejaron ningún mensaje; algo que jamás haría un guerrillero quien utiliza sus acciones como propaganda. El terrorismo, en cambio, comienza y termina con la muerte; e incluso, con la muerte del terrorista. Suele ocurrir también que los ejércitos más profesionales, al verse envueltos en la lucha, se transforman en hordas bárbaras e incluso salvajes, cuyo único objetivo es la destrucción y el saqueo. Hay muchos films de guerra, principalmente norteamericanos, que dan cuenta de ese proceso regresivo, y de ellas, Apocalipsis Now de Francis Copola continúa siendo un clásico de rango superior.
La antipolítica
Mas, no sólo a partir de las diferencias sino también de las semejanzas es posible establecer una comparación entre Che Guevara y Bin Laden. Como ya ha sido dicho, una de las principales semejanzas reside en el carácter definitivamente antipolítico de ambos combatientes. Esa actitud antipolítica no se deduce sólo de la condición guerrera. También del hecho de que en ambos la guerra se emancipa de toda instancia política hasta el punto de que no dejan ninguna posibilidad para reciclar la violencia militar y convertirla en polémica política, y eso quiere decir que tanto en el terrorismo de Bin Laden como en la guerrilla del Che la guerra adquiere una significación total, aunque, hay que precisar, en Bin Laden desde un comienzo y en Che Guevara como parte de un proceso más bien evolutivo.
De este modo, mientras Bin Laden se propuso destruir todos los espacios que llevan a la política, ya sea en el mundo islámico, ya sea en Occidente, Che Guevara, al declarar la revolución en estado de permanencia y al declararse él mismo como revolucionario permanente, realizó una rotunda negación de cualquier práctica que condujera a la reactualización de la política, factor determinante en la rotunda derrota militar que experimentó Guevara y el guevarismo.
Hay tres momentos que llevan a la negación de la política. El primero es el establecimiento de una dictadura. El segundo es la guerra. El tercero: la revolución. Curiosamente los tres han sido realizados con el supuesto objetivo de restaurar las condiciones políticas, objetivo que raramente ha sido cumplido. Ahora bien, los tres momentos se encontraban perfectamente sincronizados en la ideología que profesaba Guevara y el guevarismo y, hay que decirlo, esa idea era seguida por gran parte de la izquierda no comunista, tanto latinoamericana como europea. De acuerdo a los principales postulados, esa idea se trataba de realizar una guerra revolucionaria que, en un momento determinado de la lucha, debería tomar la forma de una insurrección popular o revolución social, comandada por un ejército de vanguardia cuyo objetivo sería implantar una dictadura revolucionaria para así destruir el capitalismo y construir el socialismo.
El triunfo de la ideología sobre el pensamiento
Siendo negada la política su lugar no puede sino ser ocupado por la ideología, y eso caracteriza tanto al Che Guevara como a Bin Laden.
Naturalmente es posible argumentar que Bin Laden –a diferencia del Che que adscribía a una ideología “científica” el marxismo– adhiere a una religión. No obstante, basta consultar a cualquier entendido en teología islámica para saber que el Islam de Bin Laden tiene que ver tanto con el Corán como el marxismo de Guevara con “El  Capital” de Marx; es decir, nada o casi nada.
Una ideología se alimenta, por decirlo así, de “elementos” aislados extraídos ya sea de una religión o de un conjunto teórico que los organiza en sistemas cerrados de los cuales se deduce la realidad y no al revés. Al interior de una ideología, tanto conceptos como teorías entran en un proceso de petrificación de modo que las personas que ya han sido poseídas por una ideología muestran una falta de flexibilidad cada vez mayor, tanto en su carácter como en sus palabras y actos, lo que les imposibilita comunicarse dinámicamente con otras personas (Mires 2002). Esas son, en general, las características principales de los militares, de los dictadores, de los profetas y santos, y no por último, de los revolucionarios permanentes.
Llegará así un determinado momento –y ocurre cuando la ideología realiza una posesión total sobre la mente–, cuando las personas ideológicamente poseídas entrarán en un radical proceso de descorporización. La similitud de los rostros de Bin Laden y del último Guevara con el de los santos místicos medievales de Occidente, es más que notable, hecho que explica por qué tantos cristianos latinoamericanos se sintieron fascinados por Guevara y el guevarismo, del mismo modo que muchos jóvenes islámicos han creído ver en Bin Laden el iracundo renacimiento del profeta. El reino de los profetas –sean estos religiosos, terroristas o revolucionarios– no es de este mundo. Esa renuncia al mundo la realizan los profetas abandonando sus riquezas, sus profesiones, sus mujeres y sus hijos, llamados por las voces que le indican desde el más allá –un más allá que sólo se encuentra dentro de ellos– las misiones que han de cumplir en esta tierra.
Pero la política sí es de este mundo, y no pertenece a ningún lugar que no sea de este mundo. No hay, efectivamente, nada más mundano que la política, la que para realizarse requiere de la luz pública, donde nos vemos todos, frente a frente los unos con los otros; y los nos-otros con los vos-otros quienes, para resolver nuestros interminables antagonismos, nos partimos en “partidos”.
La política no puede realizarse en selvas o en montañas sino en esas ciudades que nos convierten en ciudadanos, quienes al vivir unos tan cerca de los otros debemos resolver nuestros conflictos de modo no armado pero sí mediante argumentos que vienen de las opiniones que, a su vez, vienen del pensamiento. La política, en fin, es el lugar en donde convertimos nuestras pasiones, o nuestros deseos de amor y odio, en intereses e ideales. Eso explica porque los profetas son personas con una capacidad ilimitada de amor pero también de odio; pero de un odio que lleva no sólo a la destrucción de los demás, sino de sí mismos. Los profetas mueren relativamente jóvenes, ejecutados o asesinados.
Con la excepción de Bin Laden pocos seres han amado y odiado tan intensamente como el Che Guevara. En su carta de despedida a sus hijos, antes de inmolarse de puro amor por los pueblos, escribía el Che:
“Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario” (Guevara, 1970, p.696).
Esa, la del Che, es también la mejor cualidad de un cristiano: asumir el dolor de todo el mundo. Palabras místicas que muestran de qué modo la revolución hace regresar a sus héroes desde el espacio político al pre-político que, por serlo tal, no puede ser sino religioso.
El amor al prójimo convertido en expiación y sacrificio lleva a la creación de un “hombre nuevo”, una especie de “santo armado” al que, por su amor al mundo, le está vedado descender a los amores simples de esta tierra. Son muy conocidas las palabras del Che en su ya mítico El hombre y el socialismo en Cuba:
“Déjenme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor (…) Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita” (p. 382)
Apología del odio
Pero cuanto mayores son los sentimientos de amor a los pueblos mayores deben ser los sentimientos de odio a sus enemigos. El hombre pre-político, en un momento determinado, debe llevar su amor y su odio hacia la destrucción ya no sólo del enemigo sino de sí mismo. Ese mundo despolitizado donde el odio-amor impone su dictadura no deja al final más alternativa que la muerte: una muerte recibida con mística, éxtasis y amor. Sobre las cenizas ardientes de los cadáveres mutilados nacerá la esperanza redentora de un mañana que para que sea posible debe renunciar al “hoy día”. Citando de nuevo al Che Guevara:
“El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal (….). Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve; a su casa, a sus lugares de diversión, hacerla total (….) Eso significa una guerra larga; y lo repetimos una vez más, una guerra cruel” (Ibíd. pp. 596-597)
El ser humano convertido en una efectiva, violenta y fría máquina de matar que lleve la muerte a la casa y a los lugares de diversión del enemigo en el marco de una guerra total de larga duración fue el legado del Che que afortunadamente casi nadie ha querido heredar en América Latina (al fin y al cabo, un continente occidental) pero que, en otros lugares del mundo lo están cumpliendo los terroristas islamistas llevando su mensaje de odio y muerte; sin contemplaciones, sin descanso y sin piedad. Ese mensaje del Che muestra también el proceso de degradación que vivía la izquierda revolucionaria latinoamericana del cual él era su representante más simbólico.
Surgida la guerrilla del Che como una forma de lucha armada con una conducción político-militar, se despidió, en el proceso de lucha, de todos sus contenidos políticos iniciales, permaneciendo sólo los militares los que sin conducción política llevan a transformar la lucha guerrillera en simples actos de terror, como fueron los que encomendó Bin Laden a sus ángeles de la muerte. Mientras la política representa el triunfo colectivo del principio de vida, el terror organizado –lo más contrario a la política– representa el triunfo definitivo del principio de muerte hasta el punto de que los santos del terror se enamoran perdidamente de la muerte, a la que terminan declarando, poéticamente, su amor. Ese fue el destino final del Che Guevara, quien además lo dejó consignado en las siguientes palabras:
“En cualquier lugar donde nos sorprenda la muerte bienvenida sea (las cursivas son mías), siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos, con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria” (Ibid, p. 598).
Con esa intención Guevara ya había firmado su derrota antes de comenzar a luchar. Porque una guerra total, que no tiene término, ni perspectiva, y que deslocaliza radicalmente a sus enemigos, sólo puede llevar a la muerte de quien la proclama, pues si el enemigo está en todas partes también puede estar en uno. Esa proclamación febril sólo puede ser comparable con aquella otra emitida por Bin Laden desde las montañas afganas:
“A América y su gente les digo unas pocas palabras. Juro por Dios que América no vivirá en paz hasta que la paz no reine en Palestina y hasta que todos los ejércitos de los infieles no salgan de la tierra de Mahoma, la paz sea con él. Dios es el más grande y gloria al Islam.”
Che Guevara inició “su” guerra a partir de un análisis político, equivocado o no, pero político. De acuerdo a ese análisis, avalado por ciertas teorías “científicas” de la dependencia, el capitalismo había agotado sus posibilidades en América Latina y sus burguesías estaban ya entregadas al imperialismo. Luego: combatir a esas burguesías no nacionales, significaba, de acuerdo a su evaluación, combatir al imperialismo. Se trataba, por lo tanto, a su juicio, de una guerra justa. Como era justa, al foco guerrillero se irían plegando las muchedumbres de andrajosos, humillados y ofendidos de todo el continente, es decir, Guevara buscaba ordenar detrás de sí a la mayoría popular en el marco de una guerra irregular y prolongada cuyo objetivo era transformar la guerrilla en un ejército popular: nacional primero y continental después. No obstante, esa guerra originariamente política asume en un momento determinado un carácter puramente militar y por lo mismo es despojada de límites y perspectivas. Y sin política, aparecen las pasiones, expresadas en sentimientos salvajes de amor y odio.
El odio al enemigo llega a ser tan grande en el Che, que alcanza el punto en que ordena asesinar al enemigo, no sólo en los campos de batalla sino donde se encuentre, es decir, teóricamente el Che ya no diferenciaba entre soldados y civiles, y esa es la principal característica del terrorismo.
El enemigo, para el terrorismo, es total, con o sin uniforme. Alcanzado ese momento, la guerra del Che perdió incluso su carácter militar y se transformó en puro terror. Al no encontrar límites que lo contuvieran, ese terror se vuelve, tarde o temprano, contra quien lo profesa, hecho que explica porque el Che terminó su campaña dando la bienvenida a la muerte que no era otra sino su propia muerte. Incluso terminó creyendo en la resurrección de los cuerpos, representada en esas miles de manos imaginarias que empuñarán las armas de los caídos. Así, el Che regresó, antes de morir, a la más antipolítica de todas las visiones, a las de la magia, es decir, a la renuncia absoluta de la razón. Quiero afirmar, en fin, que el Che terminó su camino ahí justo donde lo comienza Bin Laden: en el culto al principio de la muerte.
No obstante, quisiera terminar esta comparación reiterando una diferencia: el Che nunca se refugió, como lo hizo Bin Laden, detrás de las espaldas de algún supuesto Dios. Hasta el momento de su destrucción, asumió él mismo la responsabilidad de sus actos y pagó, con su trágico destino, dicha decisión.
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Referencias bibliográficas
Aristóteles, La Política, Espasa Calpe, Madrid 1962
Guevara E. Obras, Casa de las Américas, La Habana 1970
Mires F. Crítica de la Razón Científica, Nueva Sociedad, Caracas 2002
Schmitt C. Der Begriff des Politischens, Duncker § Humblot, Berlin 1996. Trad. esp. El Concepto de lo Político, Alianza Editorial, Madrid 1992

Fuente: Prodavince


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martes, mayo 03, 2011

Cómo impacta la muerte de Bin Laden en Gaza e Israel

Bin Laden había afirmado siempre su voluntad de destruir Israel. Su eliminación, anunciada el día de Yom Ha Shoah -cuando se conmemora a las víctimas civiles de los campos de exterminio-, tiene fuerza de símbolo. Las autoridades de Israel quieren ver este episodio como el signo de la disolución ineluctable de todos los que obran por la desaparición del Estado de Israel.


Foto AP
por Jacques Benillouche
La muerte de Bin Laden es una gran pérdida para Al-Qaeda en Gaza, pero no hubo triunfalismo en Israel. La organización había logrado implantarse en la franja de Gaza y su presencia allí radicaliza a otros grupos afines ideológicamente aunque competidores en la lucha por la hegemonía, como Hamas.

Bin Laden había afirmado siempre su voluntad de destruir Israel. Su eliminación, anunciada el día de Yom Ha Shoah -cuando se conmemora a las víctimas civiles de los campos de exterminio-, tiene fuerza de símbolo. Las autoridades de Israel quieren ver este episodio como el signo de la disolución ineluctable de todos los que obran por la desaparición del Estado de Israel.

De todos modos, no pueden confiarse porque existen riesgos de represalia, pues son muchos los grupos radicales incontrolables. Esto lleva, por lo tanto, a los israelíes a cierta prudencia. No hubo declaraciones triunfalistas de las autoridades, que saben muy bien que deben vérselas con una hidra de muchas cabezas y que el sucesor de Bin Laden ya está designado.

Las organizaciones árabes, por su parte, no ceden. El gobierno de Hamas en Gaza, a través de su jefe Ismael Haniyeh, condenó la eliminación de Bin Laden: "Este acto se inscribe en la política estadounidense que apunta a oprimir al islam y a derramar sangre árabe". El vocero de los Hermanos Musulmanes, Jamil Abou Bakr, lanzó una advertencia: "Al-Qaeda se verá probablemente afectada por la muerte de su jefe, Osama Bin Laden, pero si la comunidad internacional no cambia su actitud hacia el islam y la cuestión palestina y su apoyo a los tiranos corruptos, otros movimientos similares a Al-Qaeda surgirán".


Tres facciones para un mismo islam

Pese a todo, Hamas no es amigo de Al-Qaeda. Este movimiento fundado en 1987 se implantó en Gaza recientemente, actuando como competidor de Hamas y de la Jihad Islámica. Hamas, cercano a la doctrina de los Hermanos Musulmanes importada de Egipto, representa a un islam tradicional. La Jihad Islámica, surgida de una escisión del Fatah palestino, se puso a las órdenes de Irán por intermedio de los pasradanes porque se consideraba revolucionario y rechaza implicarse en la acción social para concentrarse en la lucha armada. Se trata de un movimiento salafista influenciado por la revolución iraní y por pensadores chiítas e iraníes.

La Al-Qaeda de Osama Bin Laden se mostraba, en cambio, como una organización de inspiración sunita fundamentalista y extendía su red de influencia a través del mundo gracias a su organización en células que mantenían lazos con todos los extremistas sunitas. Saca su fuerza, que en ciertos aspectos puede ser debilidad, de una estructura no jerárquica bajo influencia de Afganistán.

La muerte de Bin Laden es, por supuesto, una gran pérdida para Al-Qaeda en Gaza. La presencia de un núcleo de esa organización es una fuente de daño porque que es la causa de una gran sobreoferta de violencia entre todas las facciones antagónicas en la región (Hamas, la Jihad islámica y Al-Qaeda); a la vez que arrastra automáticamente a los dirigentes palestinos a una cierta reserva, cuando no intransigencia, hacia todo diálogo con Israel.

La competencia se manifestaba en el terreno, puesto que Al-Qaeda trató incluso de desafiar a Hamas en agosto de 2009 proclamando la creación de un emirato islámico en Gaza. Esta declaración fue seguida por enfrentamientos entre ambos grupos, que causaron la muerte de 8 militantes y dejaron unos 80 heridos.

Está también probado que la facción de Osama Bin Laden perpetró -en combinación con Hamas- el secuestro del soldado israelí Gilad Shalit.

Al-Qaeda también ha reclutado a algunos jihadistas que eran enemigos suyos para crear, con ellos, un nuevo ejército que bautizó "Ejército de los creyentes". Sus miembros afirman no tener "lazos orgánicos con Al-Qaeda", pero sí compartir "su ideología".

Si bien no interviene directamente en ataques contra Israel, el grupo afín a Bin Laden tiene capacidad de daño en la medida en que logra desarrollar, en Gaza, una ideología radical que empuja a Hamas a rechazar todas las treguas acordadas con Israel.

En resumen, Al-Qaeda no ataca directamente al ejército, pero sí, indirectamente, al Estado israelí.


Objectivo Al-Qaeda

Las fuerzas de los Estados Unidos no cesaron de perseguir a los líderes de Al-Qaeda al punto de derribar a algunos de sus jefes que se desplazaban en un auto en Gaza con un tiro de misil lanzado desde una nave de la 6ª Flota estacionada en el Mediterráneo.

Además, existe una estrecha cooperación entre los estadounidenses, israelíes, egipcios y jordanos en la lucha contra el Ejército del Islam, un movimiento cercano a Al-Qaeda que opera en Gaza y en el Sinaí. Los servicios de inteligencia occidentales seguían de muy cerca las implantaciones en la región. Descartado Irak, el grupo terrorista había creado una infraestructura -varias bases- en el este de Siria, muy cerca de la frontera irakí, y desde allí intervenía a la vez en Siria y en otros países de la región para crear perturbaciones.

Un oficial estadounidense había dicho al Longwar Journal que "la preocupación mayor es que Siria empiece a parecerse al noroeste de Pakistán donde Al-Qaeda unió sus fuerzas con los talibanes".

Los israelíes veían con malos ojos el desarrollo en Gaza de grupos de ideología extrema que aplicaban, al pie de la letra, las directivas de su inspirador y que empujaban a Hamas a la intransigencia con Israel. Bin Laden había exigido internacionalizar el combate de los palestinos formando en Afganistán numerosos voluntarios extranjeros, entre ellos, una decena de franceses, que lograron introducirse en Gaza desde Egipto y que radicalizaron los métodos de combate de los palestinos. El grupo más grande de Al-Qaeda en la franja de Gaza, Al-Tahwir Al-Jihad, fue el autor del secuestro y asesinato del militante pacifista italiano Victor Arrigoni, ocurrido el 14 de abril pasado.

La probable caída del presidente sirio Bassar Al-Assad y, en consecuencia, el debilitamiento de la influencia de Irán en Medio Oriente, así como ahora la eliminación del mayor jefe terrorista del mundo, podrían desalentar a los partidarios radicales del combate a ultranza contra Israel. Una pequeña ventana parece abrirse a la espera de la asunción del reemplazante de Bin Laden. Este éxito de los Estados Unidos parece, sin embargo, decepcionar a los sectores israelíes que esperaban la salida de Barack Obama, al que consideran anti-israelí y que se ve fortalecido en su rol de líder del mundo libre. El actual mandatario probó ser más eficaz que George W. Bush y prefirió los actos a las palabras. Su voluntad de perseguir a los terroristas dondequiera que se oculten complace a los partidarios israelíes del método fuerte, que podrían ahora reconocer al presidente estadounidense.

(Traducción de Infobae América)






Jacques Benillouche es un periodista francés que reside en Israel. Es corresponsal de la revista Slate.fr y autor del blog Temps et contretemps
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