domingo, febrero 22, 2026

Pedro Sivira: El escritor que leyó el alma del llano en clave de petróleo

Pedro Sivira:Más allá de la ficción, su labor en el diario El Nacionalista de San Juan de los Morros consolidó su rol como guardián de la memoria histórica.

La literatura venezolana encuentra en Pedro Sivira (1945–2010) a uno de sus observadores más agudos. Aunque nació en Falcón, su pluma y corazón se arraigaron en el estado Guárico, convirtiéndose en la voz oficial de la transformación social provocada por la explotación de hidrocarburos en los llanos orientales.


Por José Obswaldo Pérez

Pedro Sivira (1945–2010) es reconocido como una de las figuras más singulares de la literatura vinculada al estado Guárico, pese a haber nacido en San Lorenzo, estado Falcón. Su identidad cultural se forjó en Las Mercedes del Llano, adonde llegó siendo niño y donde situó buena parte de su obra narrativa, periodística y ensayística. Desde allí construyó una mirada crítica y profundamente humana sobre la vida petrolera y sus efectos en la sociedad llanera.

En este contexto, Sivira desarrolló su carrera como escritor, periodista cultural, poeta y ensayista. Su obra se convirtió en referencia para comprender la irrupción del petróleo en los llanos orientales y las transformaciones sociales que produjo. Edgardo Malaspina lo definió como un “baluarte de la literatura guariqueña”, especialmente por su capacidad para fijar en la memoria literaria la vida de Las Mercedes del Llano durante su etapa petrolera.

Nacido el 29 de octubre de 1945 y fallecido el 20 de octubre de 2010, Sivira dejó una producción marcada por la crítica social, la sociología del petróleo y la reconstrucción de la memoria comunitaria.

Obra Narrativa Principal

Su obra narrativa está encabezada por dos novelas consideradas pilares de la literatura petrolera venezolana desde una perspectiva llanera:

  • Los fantasmas y los residentes (1976, registro editorial 1992): una exploración de la vida petrolera y los cambios sociales en Las Mercedes del Llano.
  • La W.C. Company (1993): continuación de su indagación sobre el impacto del petróleo en la cotidianidad y en las relaciones comunitarias.

Ambas obras destacan por su mirada desde adentro: no desde los centros de poder petrolero, sino desde los pueblos que vivieron la bonanza y la fractura social.

Pensamiento y Crítica Social

Sivira dejó además un proyecto inédito, Miserias del corazón, anunciado en 2010, donde profundizaba en su concepto del “síndrome de la borrachera negra”, metáfora sociológica con la que describía los efectos psicológicos y sociales del petróleo en el venezolano.

Uno de los ejes más originales de su pensamiento fue la idea del petróleo como patología social. Sivira utilizó terminología médica para explicar cómo la riqueza súbita distorsionó comportamientos, expectativas y estructuras comunitarias. Su lectura crítica anticipó debates posteriores sobre la dependencia petrolera y sus consecuencias culturales.

Labor Periodística

Además de novelista, Sivira ejerció el periodismo cultural en el Diario El Nacionalista, en San Juan de los Morros, con una prosa que combinaba memoria histórica, observación sociológica y crítica social. Su trabajo como cronista contribuyó a documentar la vida de Las Mercedes del Llano y a preservar la memoria de un territorio marcado por la explotación petrolera.


Finalmente, la obra de Pedro Sivira sigue siendo una referencia para estudiar la transformación de los llanos orientales durante el auge petrolero y para entender cómo ese proceso moldeó identidades, tensiones y relatos locales. Su literatura, anclada en Las Mercedes del Llano, continúa iluminando la relación entre espacio, memoria y petróleo en Venezuela.


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jueves, febrero 19, 2026

Charles Chaplin y el Beisbol Venezolano

¿Qué une al genio del cine mudo con los diamantes de la Caracas de antaño? En mayo de 1918, un año después de que el propio Charles Chaplin subiera al montículo como pitcher abridor en Los Ángeles , su sombra icónica se proyectó sobre el beisbol venezolano. A través de un misterioso premio enviado en una caja sellada para recompensar al primer jugador ponchado en un juego benéfico para la Cruz Roja , el intérprete de "Charlot" selló un vínculo histórico y poco conocido que entrelazó para siempre la parodia del cine de Hollywood con los primeros pasos del deporte rey en Venezuela.


POR JAVIER GONZÁLEZ

La historia del beisbol en Venezuela está marcada de episodios fascinantes, desde sus primeros juegos a finales del siglo XIX hasta su consolidación como el deporte favorito de millones. Entre esos hitos destaca una anécdota singular que une dos mundos aparentemente distantes: el cine mudo de Hollywood y el beisbol criollo.

Charles Chaplin en el montículo

Charles Chaplin como pitcher abridor en el Washington Park, 1917.

La tarde del sábado 31 de marzo de 1917, en Los Ángeles, California, se llevó a cabo un juego de exhibición para la Cruz Roja Internacional. Lo extraordinario fue que reunió a actores divididos en “cómicos” contra los “melodramáticos”. Entre los cómicos destacó un joven Chaplin de 28 años, quien fungió como pitcher abridor, combinando diversión con destreza atlética.

Un año después, el 18 de mayo de 1918, el beisbol venezolano organizó un juego similar en Caracas con el mismo fin benéfico. Fue allí donde surgió una contribución especial: Chaplin envió un premio misterioso en una caja sellada para otorgar al primer bateador que resultara “struck out”, ponchado

Beisbol en Caracas 1918

Encuentro benéfico entre Cruz Roja y Cruz Blanca en Caracas, mayo de 1918.

La nota sobre este premio fue publicada en la prensa venezolana, destacando que el galardón había sido enviado en una caja sellada de aspecto atractivo, aunque su contenido era “misterioso”, generando expectación entre los organizadores y los aficionados.

Chaplin no solo se había convertido en un ícono del cine mundial, sino también en un entusiasta seguidor del beisbol —un deporte que practicaba y admiraba— y su gesto fue interpretado como una curiosa forma de apoyar el desarrollo de este deporte emergente en Venezuela.


Javier González es historiador venezolano residenciado en España.

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miércoles, febrero 18, 2026

El Entierro de la Sardina de Naiguatá

Entierro de la Sardina de Naiguatá
Procesión del Entierro de la Sardina en Naiguatá. Foto: Elvin Barreto

La tradición sobrevivió a censuras, recesos y cambios sociales. En los años 80 surgió la famosa parranda que daría origen a Las Sardinas de Naiguatá, agrupación de proyección internacional. Hoy, pese a restricciones oficiales que incluso impidieron la coronación de la Reina de la Sardina en 2026, la comunidad mantiene vivo el rito “contra viento y marea”, reafirmando su identidad y su alegría colectiva.


Por Elvin Barreto*


La memoria de los viejos naiguatareños —entre ellos Eduardo Hugo Arratia (†), Jesús María Yriarte (a) "Chichero" (†), Armando Cáceres (a) "Taparita" (†) y José Montes (a) "Vigueta"— aportó valiosa información a la investigación etnográfica realizada por quien escribe.

Según sus relatos, fueron los Cáceres, una familia de pescadores venidos de Margarita, quienes iniciaron en 1915 el llamado "Entierro de la Sardina" en el querido y tradicionalista pueblo de Naiguatá, como un festejo familiar para ofrendar a la naturaleza por la abundancia de la cosecha y la pesca.

Procesión del Entierro de la Sardina en Naiguatá
Ricardo Díaz (92 años) y José Montes (83 años) protagonistas del Entierro de la Sardina de Naiguatá. Foto: Elvin Barreto

En sus inicios, según contaron aquellos recordados personajes, al atardecer del miércoles de ceniza, "la procesión del entierro" partía del desaparecido embarcadero Casapanare (hoy parte del club Puerto Azul). Recorría las limitadas callecitas del "pueblo arriba", pues, "pueblo abajo" no existía. Era sólo sembradío. Llevando una silueta de sardina junto con una muestra de verduras reales. Al compás de un cuatro, las maracas, el güiro y un estimulante "frasco de aguardiente", la escueta procesión entonaba el improvisado coro:

¡Fo, fo, fo!
la sardina se murió
y la llevan a enterrar.
¡Ay, ay, ay!
no la entierren en la tierra,
entiérrenla en el mar...

La procesión de músicos y acompañantes retornaba al embarcadero para velar a la "fallecida" entre cantos y tragos, hasta que en la madrugada lanzaban la silueta al mar con las ofrendas. Eran años en los que Naiguatá aún no contaba con energía eléctrica.

Para 1932, se electrificó el pueblo, según nos contó el maestro Ramón Longa.

Con el tiempo, la tradición se nutrió de nuevos participantes, entre ellos Ciriaco "Canta Bonito" Iriarte, quien años después destacaría como un reconocido cultor popular. En 1942, se incorporaron Juan Montes (padre), Neptalí Longa (padre), Luis Iriarte y Teodoro Merentes, entre otros.

Viudas de la sardina y cortejo fúnebre
Viudas de la sardina y cortejo fúnebre.

Ellos introdujeron la teatralización del "cortejo fúnebre": un supuesto sacerdote, un monaguillo y las famosas "viudas de la sardina" (hombres vestidos de mujer con maquillaje estrafalario y luto). También sumaron a un personaje disfrazado de diablo.

La puesta en escena era así: adelante, los hombres cargaban la silueta de la sardina dentro de una barca artesanal con frutos reales. Detrás, el cura y el monaguillo oraban por el "descanso eterno", seguidos de las viudas en llanto lacónico, acechadas por el diablo y su tridente. La procesión avanzaba entre talco, perfumes, papelillos y chistes de doble sentido, culminando para finales de los años 50's en la playa Los Pocitos.

Con el fin de la censura de la dictadura militar, la fiesta abrió espacios para la denuncia social y política: carencias, pobreza y corrupción eran satirizadas. Muchos recuerdan la silueta del barco "Sierra Nevada" (famoso caso de corrupción), diseñada por el músico Ricardo Benito Díaz (a) "Ricardo Mion", quien cumplirá 93 años este 3 de abril.

La celebración dejó de ser familiar para convertirse en un emblema de toda Naiguatá, con la participación activa de las familias Corro, Domínguez, Iriarte, Berroterán y Hernández. Entre otras familias emparentadas con las mencionadas.

También destaca el rol de mujeres como Matilde Domínguez Corro, "Anita" Berroterán, Margarita Longa y Aleja Corro, así como el maestro Ramón Longa, promotor de los carnavales y el tambor de San Pedro, de Naiguatá.

Parranda Las Sardinas de Naiguatá
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La creatividad popular sumó la "Coronación de la Reina de la Sardina" cada lunes de carnaval. Entre "las reinas" destaca, en 1958, la coronación del joven caraqueño Erick Francheschi, quien entonces cortejaba a la joven Camila Pereira y fue padre de sus hijos mayores: Lelis, Mercedes y Erick.

En los años 60's, tras un breve receso, la tradición fue retomada por Roberto Izaguirre (a) "Robin", junto con Juan Montes (a) "Vigueta", Ramón Quintero, José Ávila, Manuel Lamas, Alejandro Brito y Héctor Cáceres. A finales de los 70's se unieron Félix Rodríguez y Juan Manuel Nahí Longa (a) "Comiquita". Ya en los 80's, Ricardo Díaz incorporó el acompañamiento musical formal conocido como "la parranda", que dio origen a la agrupación de renombre internacional "Las Sardinas de Naiguatá".

Este 2026, por restricciones oficiales, no se realizó la tradicional coronación, lo que ha causado malestar. Sin embargo, los naiguatareños realizarán el entierro "contra viento y marea", pues las tradiciones de un pueblo alegre no se prohíben por caprichos.

¡Que viva el Entierro de la Sardina de Naiguatá, patrimonio cultural de todos!

*Investigador y docente de la Universidad Simón Bolívar - Núcleo del Litoral. Estado La Guaira.

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martes, febrero 17, 2026

Un día de carnaval

Fotografía de Alfredo Colina, Ortiz, 1955 |


La calle, con su casa envejecida al fondo, muestra las huellas del tiempo: paredes que han visto pasar generaciones, techos que han resistido aguaceros y silencios.


Por José Obswaldo Pérez

Quizás esta fotografía pertenezca a un día de carnaval de 1955. Los niños—hembras y varones—, delatados por sus latas y vasijas rebosantes de agua, exhiben la ropa empapada y esa alegría irrepetible que solo la infancia puede sostener sin esfuerzo. Sus sonrisas, abiertas como puertas al verano, parecen iluminar más que el propio sol de la tarde.

La calle, con su casa envejecida al fondo, la que habitó Antonio María Salgado y su esposa Trina, muestra las huellas del tiempo: paredes que han visto pasar generaciones, techos que han resistido aguaceros y silencios. A un lado, el poste de luz eléctrica —moderno para la época— se yergue como símbolo de un progreso que llegaba a cuentagotas. Era alimentado por una planta que encendía sus motores a las seis de la tarde, extendiendo su resplandor hasta el amanecer, como si velara los sueños del pueblo.

El testimonio visual es obra de un testigo silencioso, el reconocido fotógrafo valenciano Alfredo Cortina, quien capturó esta escena en 1955. Pero la imagen es más que un registro técnico: es una ventana abierta a un instante crucial en la historia de nuestro pueblo de Ortiz. En ella conviven la inocencia, la tradición y el lento despertar de la modernidad. Es un fragmento de memoria colectiva que, al mirarlo, nos recuerda quiénes fuimos y cómo comenzó a transformarse nuestro mundo.


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domingo, febrero 15, 2026

Aficionados de Apure y Guárico podrán participar en el I Concurso de Fotografía Digital “Llano Cotidiano”

La creatividad visual de los habitantes de los estados Apure y Guárico será premiada ARCHIVO


Por José Obswaldo Pérez

La Revista Cultural Fuego Cotidiano, con sede en Ortiz, estado Guárico, anunció la apertura del I Concurso de Fotografía Digital “Llano Cotidiano”, una iniciativa destinada a estimular la creatividad visual de los habitantes de los estados Apure y Guárico. El certamen está dirigido a mayores de 18 años aficionados a la fotografía, quienes podrán participar con imágenes captadas tanto con cámaras digitales como con teléfonos móviles.

Según la convocatoria, se puede participar con entre 1 y 3 fotos por categoría, lo que permite a los concursantes explorar diversas miradas sobre la vida llanera.

Dos categorías para retratar el llano

El concurso contempla dos líneas temáticas. La primera, “Mi paisaje llanero”, abarca imágenes de flora, fauna e interacciones con la naturaleza. La segunda, “Retrato de la vida cotidiana”, invita a capturar escenas de trabajo, comercio, deportes, ocio y dinámicas propias de los pueblos llaneros. Los participantes podrán inscribirse en una o ambas categorías, con un máximo de tres fotografías por cada una.

Los ganadores del primer lugar recibirán 85 dólares, certificados de participación, una Master Class de fotografía digital y la publicación de sus obras en el Instagram @llanocotidiano. La participación es completamente gratuita.

Jurado de reconocidos especialistas

Las obras serán evaluadas por un jurado integrado por figuras vinculadas al quehacer cultural y fotográfico de la región. Por Apure participará el cultor popular Pedro Reina; por Guárico, el docente universitario José David Rondón; y desde Panamá, el reportero gráfico venezolano José Antonio Gil.

Una iniciativa cultural con amplio respaldo

El concurso es organizado por la periodista Mayra Piñate Braca y la profesora Zuleima Amaro, desde la Revista Cultural Fuego Cotidiano. La actividad cuenta con el apoyo de diversas instituciones y empresas, entre ellas el Rotary Club San Juan de los Morros, Selmed, Envíos Express, Papelería Negra Matea, la Asociación Renovadora de Artistas Unidos y Cultores Apureños, Aqua Viva, Óptica Filvilla, Tecnologías Agricolas Sartenejas y la cantante folklórica Nelsys Navas.

Plazo y vías de contacto

El concurso estará abierto hasta el 31 de marzo de 2026. Los interesados pueden obtener más información a través de:

  • Blog: Revista Fuego Cotidiano
  • Instagram: @llanocotidiano
  • Correo: llanocotidiano@gmail.com
  • Facebook: Revista Cultural Fuego Cotidiano
  • WhatsApp: +34 640977881 / 0414 9203201

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