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Ortiz, entre la lectura del paisaje y el relieve

Ortiz se encuentra ubicado, en un valle circuido por pequeños cerros, a las orillas de Río Paya y a una altura de 168 metros sobre el nivel del mar. Temperatura media de 26,5 º C, con una precipitación anual media de 1.100 m.m. Tiene una superficie de 5.081Km2, lo que representa un 7,8% de la superficie del actual estado Guárico.

 por José Obswaldo Pérez

ENTRE UNA ONDADURA DE PLIEGOS de pequeños cerritos se ubica la zona de Ortiz, perteneciente al paisaje cordillerano del interior, tramo que se extiende entre la depresión Turbio-Yaracuy, por el oeste y la depresión Unare, por el este, y se eleva entre la parte central de la depresión llanera y el mar caribe.

Constituida por dos zonas montañosas de relieve orográfico distinto: la serranía de la costa al norte y la serranía del interior al sur. Ambas van paralelas entre sí, compuestas por rocas de origen sedimentario, que se transformaron por metamorfismo dinamotérmico, durante el cretáceo y el terciario: pizarra, areniscas y caliza entremezcladas.

Morfológicamente, ambas zonas constituyen una serie de elevaciones de terrenos accidentados (cerros, colinas y galeras) en ciertos casos parcialmente separadas por estrechas gargantas de quebradas. Ortiz se encuentra ubicado, en un valle circuido por pequeños cerros, a las orillas de Río Paya y a una altura de 168 metros sobre el nivel del mar.  Temperatura media de 26,5 º C, con una precipitación anual media de 1.100 m.m. Tiene una superficie de 5.081Km2, lo que representa un 7,8% de la superficie del actual estado Guárico. 


Hidrográficamente pertenece a las aguas fluviales de la Cuenca del Río Tiznados y el río Paya, este último afluente del Guárico y de gran importancia en la región nor-occidental. El Paya fluye en dirección Norte-Sur desde la Serranía de los Paredones hasta el sur de San Sebastián de los Reyes. En su curso superior, el río es de escaso caudal, permaneciendo seco durante los meses de mínimas precipitaciones. En este tramo se comporta con un típico recorrido intermitente: abundante caudal en los meses lluviosos y poco o ninguno en los meses de sequía. Es a partir de las cercanías del caserío El Layero, situado al Sureste de Parapara, donde el río adquiere importancia a consecuencia de los afluentes que recibe tales como: el Vílches, el Parapara, el Cargüita, el Chirgüita y otros cursos menores también de carácter intermitente. Unos dos kilómetros, aproximadamente, hacia el Sur, ya dentro de lo que hemos denominado el Valle de Ortiz, el río Paya recibe a la vez las aguas de río San Antonio y de otras quebradas de iguales características.

Desde allí ensancha su caudal y aumenta considerablemente con relación a su curso superior. Sin embargo, aún así, no es constante. El régimen de las aguas es regulado principalmente por las precipitaciones; de tal forma que, en la estación lluviosa, las aguas discurren normalmente, pero en la de sequía no existe circulación superficial. Durante período seco es cuando se forman trechos de aguas estancadas a lo largo de su cauce.

 El Río San Antonio es el segundo curso fluvial de importancia estrictamente local. Se origina prácticamente en los alrededores del cerro Guasimal, a expensas de numerosas quebradas, entre ellas, la Güirigüiri, Taparito, Usepa, El Banco y Guasimal. Estas depresiones proceden de una cuenca hidrográfica bastante amplia – denominado Valle de San Antonio-, pero de escaso potencial de escorrentía. Las mismas fluyen en dirección Norte-Sur; desde el Caserío Puepe, el río sigue rumbo Este-Oeste, hasta desembocar a la margen occidental del río Paya, en las proximidades del Caserío San Antonio.

 Esta principal red hidrográfica representada por los ríos Paya, San Antonio, y el vilchez, cumplen un papel de primer orden en el área. Ya que son tierras aluviales que drenan y ofrecen ventajas de ser aprovechadas para el poblamiento humano. Aunque en periodos de lluvia sus caudales pueden generar destrozos en la agricultura; pero no representan un alto peligro, debido a que han permitido emplazamientos de poblaciones humanas. Estas influencias de los ríos, son una de las tantas razones que involucran la escogencia del área por emigraciones europeas, que años más tarde se llamarán al lugar como “de Ortiz” (Rodríguez Dellán, 1974: 16).

 Esta característica definió el trazado del camino real o los caminos de recuas que lo comunicaba con los Valles de Aragua y Caracas, siempre al pie de la cadena de las serranías. Desde el siglo XVII se conocía como el Valle de Ortiz y San Antonio. Estaba ubicado en los Llanos de Paya, una región dividida en términos por el Oriente con el Partido de la Cruz y comenzaba desde la quebrada la Pitara hasta el río de la Portuguesa.

En términos geográficos el Valle de Ortiz estaba adscrito al Valle de Parapara, sitio más antiguo y primero de los pueblos fundado por colonos españoles y, a su vez, estaban en poder administrativo de San Sebastián de los Reyes.

El espacio físico estaba estructurado por pequeñas comunidades indígenas nómadas, para el momento de la penetración hispánica. De la antigüedad de su ocupación y conformación, dan testimonio la inmensa cantidad de topónimos de origen caribe-cumanagotos, así como restos de petroglifos y algunas piezas arqueológicas encontrados en él. Significativo son los hallazgos localizados en la llamada Sierra de Tiznados y Paya Abajo, espacios cruzados por varios ríos y quebradas. Ambos lugares sirvieron de asiento fundamental a comunidades indígenas nómadas y luego, para el poblamiento europeo (españoles, portugueses y africanos). Allí tenían sus conucos y vegas o sementeras, junto con los esclavos que servían en los hatos y las personas libres que habitaban el lugar. Las tierras localizadas al sur, regadas por el río Paya y más allá el Guarumen y el Tiznados, eran planas y ricas en pajizales para la expansión ganadera y el establecimiento de hatos, como unidades de producción. A través de investigaciones etnológicas y arqueológicas realizadas en la región de la Sierra de Tiznados y Paya (parte de la microregión de Ortiz), se puede reconstruir, aunque muy parcialmente, algunos aspectos del nivel de desarrollo cultural de aquellas comunidades indígenas asentadas en el espacio que nos ocupa. Por ejemplo, el doctor José María Vargas creyó reconocer cráneos hallados en sitios de la Sierra, caracteres de una raza Caribe, dominadora del bajo Orinoco y las pequeñas Antillas. Se cree que sus apreciaciones parecen corroboradas por el concepto de Sivers, en la geología y geografía de esta cordillera. Estudios etnohistóricos recientes elaborados por el doctor Adolfo Rodríguez y el antropólogo Carlos Ríos Roldán, perteneciente al equipo de investigadores del Centro de Estudios del Llano de la Universidad Rómulo Gallegos y entre otros estudiosos de la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela, han podido encontrar vestigios de esas culturas en el sitio de Paya Arriba, en la actual jurisdicción de la Parroquia de Parapara, representados en utensilios de uso domestico como platos, vasos, figuras de barro en general, piedras trabajadas o lítica, entre otros elementos.

 Documentos del siglo XVII dan conocimiento de esta región geográfica e histórica. Entre las fuentes más importantes que se citan están las Actas del Cabildo de Caracas, donde se señala el sitio de San Juan de Paya, vecindario de Ortiz, como “…población y hatos del nuevo pueblo de Paya”, “que está en los llanos de Paya y contorno, término de la ciudad de San Sebastián…“ (1969, Tomo V: 30-31) Así tenemos al fray Pedro Simón (1581-1623), quien escribió Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, publicada en España en 1627, centrando su atención sobre las características de los pueblos indígenas, donde hace referencia a la provincia de los Tiznados y el origen del término: “… que llamaron los españoles de los indios tisnados, a causa de que todos… traían los rostros muy pintados de negro” (Simón, 1963: Tomo I: 183)

 Igualmente, fray Antonio Caulín en su Historia Coreográfica de la Nueva Andalucía, quien se refiere al Valle de los Tiznados: “ Enterrándolo en un espacioso valle, a quien los españoles dieron nombre de Provincia de los Tiznados por unos indios que en el habitaban, pintados siempre de negro con carbón molido y yerba mora sobre unas rajaduras, quienes introducidos aquel vetumen permanecían indelebles su pintura, que ellos tenían a superior gala; y desde entonces se conocerá este nombre Tiznados e un río, que corre por los llanos de la provincia de Venezuela y que cae al Portuguesa, y en todos los hatos de ganado que hay en sus márgenes y vegas circunvecinas.” (1992:159).

 I.2.- La demarcación geográfica 

La configuración del espacio geográfico de los Llanos de Paya comienza a finales del siglo XVI, adquiriendo su consolidación y cristalización en el siglo XVIII. Desde luego que la denominación genérica de Llanos de Paya, se refería a las tierras bajas drenadas por el río Paya del cual le deviene el nombre como hidrotopónimo . Dentro de esa nomenclatura aparece el Valle de Ortiz, los cuales constituirán una especie de jurisdicción político-administrativo y, a su vez, delimitara nuestra región histórica. No obstante, esta denominación -desde comienzos del proceso colonizador- tiene sus imprecisiones, como era obvio; pero, en la medida en que se va definiendo el espacio geográfico, estas se van sementado.

De allí que la interacción de factores históricos y factores geográficos determinarán, a la postre, las características propias de la toponimia de esta microregión. En este proceso nominación de lugares jugará un papel importante el binomio hombre-medio, que, en una realidad concreta, establecerá una interrelación dinámica y dialéctica en la cual el medio influye sobre el hombre, y éste es capaz de ejercer una gran influencia o transformación de las características físicas y culturales del sitio donde se asienta.

 El hecho de que el gobernador Francisco La Hoz Berrío diera instrucciones al Cabildo de Caracas y la comisión del Capitán Gonzalo de los Ríos para el poblamiento de los Llanos de Paya, se comprende la primacía caraqueña y sansebastianera sobre el Valle de Ortiz, pues, en lo político-administrativo estas tierras estaban bajo la jurisdicción de San Sebastián de los Reyes; aún, cuando las divisiones de carácter político, administrativo y religioso, parecían depurar el contexto de los nombres o topónimos.

 Desde 1696, ya el pueblo tenía importancia civil. El Obispo de Caracas y Venezuela Diego de Baño y Sotomayor había decidido fundar una vicefeligresía, adscrita al pueblo de Parapara , en común acuerdo con el Gobernador de la Provincia Don Francisco de Berroterán. Ambas autoridades convienen en designar al área de Parapara, el sitio de Ortiz, Paya, La Cañada y Güesipo como vicefeligresía eclesiástica y, para la cual, se nombró al Clérigo Don Miguel Antonio de Dueñas, cura doctrinero que debía residir cada cuatro meses, en ambos pueblos; administrando las almas de aquellos lugares. Era un área de ocho leguas, insertas en el espacio de dicha vicefeligresía. Existían 30 hatos grandes y pequeños en su jurisdicción. En el sitio de Ortiz se hallaban los pertenecientes a Luis Loreto, Lorenzo Salinas, Juan de Palacios y Francisco Pérez, Francisco Sánchez y sus herederos, entre otras familias. En las Relaciones de Altolaguirre y Duvale – una de las pocas noticias de cronistas y viajeros a cerca de esta región- se señala una descripción del sitio de Ortiz entre 1767 y 1768. El relato especifica que en el pueblo de Parapara había un cura propio, el padre Juan Francisco Toledo, cuya parroquia “… tenía distancia de tres leguas otra agregación en un sitio que llamaban Orti (sic) con más de setenta casas de vecinos fundados en formación de pueblo los que también mantienen una iglesia de paja en la que el expresado cura les viene a celebrar diferentes fiestas de su devoción...”. (1954:28) .

 Más tarde, el 26 de enero de 1776 el provisor del obispado don Miguel Muñoz y Aguado, en nombre y representación del titular Monseñor Mariano Martí, quien se hallaba en visita pastoral en Maracaibo y demás pueblos del occidente venezolano, decreta el nuevo curato, punto de partida oficial dentro del concierto de pueblos de esta parte del territorio nacional. Expresa el decreto que “...habiendo. visto las diligencias practicadas para la desmembración y separación del pueblo de Ortiz del curato de Parapara, jurisdicción de la ciudad de San Sebastián de los Reyes, pedida por los vecinos, de dicho pueblo...” procedía entonces a: “...erigir y erigió, a mayor honra y gloria de Dios Nuestro Señor y de su Santísima Madre María Santísima, señora nuestra, la iglesia de dicho pueblo en nueva parroquia bajo la invocación y título de la gloriosísima Santa Rosa de Lima y nuevo curato colativo, del Real Patronato en el terreno demarcado, comprendido en los especificados límites que le señalaba y señaló por feligresía...” .

 Al erigirse como feligresía, ya no se englobaba bajo la denominación genérica de Valle de Ortiz la respectiva jurisdicción religiosa, sino por al contrario, a la parroquia se le denominaba ahora Santa Rosa de Lima de Ortiz, y se le tenía limites precisos, cuyas denominaciones eran de dos leguas y media de este a oeste y 11 de norte a sur. De acuerdo con el documento son: “...desde la cuesta de Carguata, caminando hacia el sur hacia el sitio del Caimán, en que están comprendidos los sitios de la Cañada, Paya, El Caimán, Rincón de San Pablo, Paya Abajo, Carguata, y Cañafístola...” .

 En su proceso socio-histórico, el pueblo de Ortiz se levanta sobre la dinámica económica y social experimentada por el área en el siglo XVIII, gracias a la producción ganadera y los cultivos de tabaco, añil y algodón, entre otros rubros. Asimismo el crecimiento poblacional correspondido con un aumento en la producción económica, abrió la posibilidad de que Ortiz, para estos años, adquiriera la denominación de Village. El ilustre explorador y botánico Alejandro de Humbordt lo llamaba “villorrio” en 1800. De esa época era considerado como “puerta de entrada de los Llanos” o “garganta de los llanos” de la Provincia de Caracas y su posición geográfica le era favorable a múltiples intereses de los colonizadores.

 El pueblo de Ortiz fue tránsito indispensable hacia los llanos y tierra adentro. En 1790 contaba con 1.500 habitantes y un sólido crecimiento mantenido desde la fecha de creación del curato en 1776. Militarmente, contaba con tres compañías de oficiales, dos de blancos y una de pardos con 200 hombres aproximadamente. 

Durante la etapa republicana, Ortiz pasa a ser distrito, perteneciente a la Villa de Calabozo o el llamado Cantón Sur de San Sebastián de los Reyes, tal como lo expresaba la primera Constitución del 31 de enero 1812. Esta nueva Carta Magna sancionada por el Congreso Nacional, dividió el territorio en departamentos, Cantones y Distritos. Aunque la Constitución dispuso el establecimiento de municipalidades en aquellos distritos, Ortiz siguió perteneciendo a la Provincia de Caracas y al Cantón Sur de San Sebastián. Sólo, en realidad, hasta 1846; cuando Guárico consiguió su autonomía. 

El proyectado Cantón significaba una importancia para la vida pública de esta localidad llanera. No sólo a él se agregaría las poblaciones de Parapara, Ortiz, San José y San Francisco de Tiznados sino que adquiriría relevancia geoeconómica, pese a la devastadora Guerra Federal que acabó la producción ganadera y el comercio. Se define como una zona de transición de influencia de dos centros urbanos: San Francisco y San José de Tiznados. Dentro de esta configuración, su carácter y posición geográfica lo perfila como un verdadero centro económico, político y cultural, lo cual no impidió que dominara sobre sus áreas de influencia. Por esa razón, desde 1872 alcanzó el titulo formal de ciudad y al año siguiente se vera privilegiada con la capitalidad del Estado Guárico. Un hecho que, desde 1874 a 1881, la benefició con funciones administrativas y unas pocas obras públicas (Cunill Grau, 1985: 2.054). 

 De este modo, las particularidades geohistóricas del Valle de Ortiz están definidas en la segmentación del territorio venezolano como producto del lento proceso de exploración, conquista y poblamiento europeo que caracterizó la colonización. De espacio solitario y realengo pasó a un espacio geográfico hospitalario y progresista. Algunas veces alterado en la zonas montañosas donde la voracidad de sus tierras motivó, desde el principio, la lucha entre los naturales, conquistadores y fundadores de Santiago de León de Caracas y San Sebastián de los Reyes, por la apropiación de sus tierras; el desarrollo de su economía fundamentada en un principio en asientos de hatos y después en haciendas agropecuarias; y el perfil urbano, comercial y administrativo que adquirió como pueblo español, principalmente durante el siglo XVIII y mediados del siglo XIX, lo aproximan a conceptualizarlo como una región, de la cual el antiguo Partido Paya fungió como un centro nodal o funcional para la conquista de los Llanos.

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