María José Solano

Un día como hoy, 17 de agosto, Víctor Hugo puso fin a sus años de exilio en la isla de Guernsey, donde había convertido el destierro en una de las etapas más fértiles de su vida. Dejaba atrás Hauteville House, la extraordinaria vivienda que había levantado a su medida frente al mar. Al verla pensé que encontraría una casa y salí con la certeza de haber recorrido un extraño corazón.

Se habla mucho de los escritores que construyen mundos con palabras. Hugo no se conformó con eso. Diseñó rincones orientales, galerías de espejos y techos que parecen concebidos por un ebanista que hubiese cruzado océanos de tiempo. Todo está pensado por él. Pero no es la casa de un escritor, sino la obra de arte total de un hombre incapaz de separar la imaginación de la vida.

La historia oficial señala que allí Víctor Hugo escribió Los miserables, pero la historia verdadera cuenta algo más extraordinario. En esa casa vivía su esposa, Adèle Foucher, amiga de infancia primero y madre de sus hijos después. La mujer que lo acompañó durante toda una vida. Y a pocos metros vivía Juliette Drouet, la amante, la actriz que abandonó su carrera por él, la mujer que le escribió miles de cartas, la compañera de ternura y sexo en el exilio; su mejor lectora, su sombra.

Cuando Hugo huyó de Francia tras el golpe de Estado de Napoleón III, ambas lo siguieron. Siempre me ha parecido uno de los episodios más asombrosos del siglo XIX. No porque un hombre mantuviera una amante, el mundo está lleno de eso. Lo extraordinario es que esposa y amante compartieran durante años el mismo horizonte marino en aquella pequeña isla azotada por el viento.

Adèle habitaba la casa y Juliette habitaba la vida. Hugo iba de una a otra como quien atraviesa los capítulos de una novela. Detrás del diseñador total, del poeta, del novelista de éxito, del gigantesco escritor de las letras francesas, había dos mujeres sosteniendo los andamios para que el pesado edificio no se derrumbara. Por eso, tal vez la verdadera obra maestra de Hauteville House no sea la casa que Víctor Hugo construyó para vivir. Quizá sean las vidas que ellas destruyeron para que él pudiera escribir.