sábado, diciembre 15, 2007

Beatriz, la maestra

Beatriz se convirtió en un personaje fundamental en la vida cotidiana de Ortiz, |


Allí, en aquella vieja casona, iban los muchachos, hembras y varones, a recibir las primeras letras de manos de doña Beatriz de Rodríguez. Eran jóvenes pálidos, macilentos por los rastros de la pobreza, el paludismo y la fiebre española.


Por José Obswaldo Pérez

Cuando acontece el nacimiento de la maestra Beatriz Rodríguez de Rodríguez, el 21 de junio de 1883, el pueblo de Santa Rosa de Lima de Ortiz había comenzado su declive económico y, por supuesto, humano. Para esa fecha, ya la población había superado el flagelo de la fiebre amarilla, pero el paludismo comenzaba “a secarle las raíces a la ciudad llanera” (Otero Silva, 1975, p. 26), transformando lentamente lo que había sido un lugar de esplendor en una sombra de su propio pasado.

Beatriz nació en un ambiente católico y familiarmente estructurado. Bautizada el 25 de noviembre de 1883, sus padrinos sacramentales fueron su tío Antonio María Rodríguez y doña Teolinda Paúl de Rodríguez. Su nombre honoraba no sólo a su bisabuela Beatriz Rodríguez, casada con Enrique Sierra Matute, sino también a Ramona y Benigna, sus tatarabuelas. Era hija del general Pedro Pablo Rodríguez Moreno, político destacado y miembro de la elite liberal, y de doña Dolores Sierra García de Rodríguez, figuras respetadas en la localidad.

La familia Rodríguez Sierra no sólo se limitaba a los padres; Beatriz contaba con varios hermanos: Consuelo, Froilán Ramón Tiburcio de Las Mercedes, Benigna Natalia, Petra Rafaela y Petra Antonia. Además, tuvo dos hermanos naturales, Tomás Hernández y Antonio Matute (Domingo Silo Rodríguez, 2021, vía electrónica).

La formación escolar de doña Beatriz estuvo marcada por la influencia del presbítero Doctor Juan Bautista Franceschini —un corso de origen francés—, párroco de la Iglesia Parroquial de Ortiz desde 1877 y creador de la escuela para señoritas donde ella estudió. Doña Josefina Del Villar y Beatriz de León, preceptores de época, también fueron importantes en su educación. La maestra Beatriz era ávida lectora, disfrutaba del canto y la poesía; incluso la familia conservó un cuaderno lleno de canciones populares que ella recopiló a puño y letra, hallado en la bodega de su hijo Nicanor.

Su interés por las artes la condujo a participar en el teatro. Con motivo del primer Centenario de Antonio José de Sucre, el Concejo Municipal de Roscio, junto al padre Franceschini, organizó una obra teatral en la que varias jóvenes de la comunidad participaron. Beatriz representó a Colombia, con otras chicas asumiendo roles de países libertarios de Bolívar.

En 1907, a los 24 años, Beatriz contrajo matrimonio con su primo el general Nicanor Arturo Rodríguez Moreno, funcionario público del gomecismo. De este matrimonio nacieron cuatro hijos, aunque la vida les fue esquiva: una niña falleció al nacer y otro, Fernando Antonio, murió poco después de contraer gripe. Sólo Nicanor y Arturo lograron superar enfermedades que devastaban la infancia en esos años difíciles.

Tras el fallecimiento de su esposo en diciembre de 1910—en funciones de prefecto civil de San José de Tiznados—, Beatriz fue designada como maestra de la Escuela Federal Mixta número 34 en 1911. Desde entonces, su figura se alzó como un símbolo de abnegación en la historia contemporánea de Ortiz (Matute, 1971). Miguel Otero Silva la inmortalizó en su novela Casas muertas(1955), bajo el personaje de la señorita Berenice, quien le proporcionó vital información sobre la historia del pueblo. En una narración, su hijo Nicanor recuerda cómo Otero Silva se presentó en su casa buscando relatos del pasado.

El propio escritor admitió que Beatriz fue su entrevistada más valiosa, aportando anécdotas que enriquecieron su obra literaria (Otero Silva, 1977, p. 45). La descripción que brindó del personaje de la señorita Berenice resonaba con la realidad de Beatriz: “Era una mujer pálida, de una pulcritud impresionante... siempre recién bañada y vestida de blanco”. Sin embargo, en un documento oficial del Ministerio de Educación, se la describía como “blanca, de ojos verdes y cabello rubio”, reflejando la mirada superficial de la burocracia.

También, Evandro Matute Aguirre, juez y escritor orticeño, ofreció su perspectiva sobre Beatriz en un escrito titulado "Ortiz", resaltando su conexión inquebrantable con la tierra natal y los desafíos que enfrentó. Escribe Matute lo siguiente:

“Orticeña siempre. Erguida en la penuria de esta tierra. Y empecinada. Tercamente afanada en construir. Ella vivió el ayer de las sólidas casas. Y después, la yerme soledad de Ortiz. Mientras muchos huían.”

Beatriz no sólo educó; se convirtió en un personaje fundamental en la vida cotidiana de Ortiz, enfrentando la desidia educativa del período gomecista. En un viejo caserón conocido como Casa Atravesada, que había sido propiedad del General Joaquín Crespo Torres, comenzó su labor docente. Allí, recibía en sus clases a niños y niñas que llegaban pálidos y debilitados, sedientos de conocimiento en medio de un contexto de enfermedades endémicas y pobreza.

El espacio improvisado se hacía funcionar a pesar de sus limitaciones; Beatriz enseñaba en “el corredor, ocupado por tres largos bancos sin respaldar, la mesa de la maestra y un viejo pizarrón que la señorita Berenice encharolaba todos los años” (Otero, 1975, pp. 31-32). La Casa Atravesada se convirtió en refugio para muchos. Más allá de ser maestra, Beatriz asumió el rol de madre y enfermera de sus alumnos. Los niños acudían a ella en busca de alivio para sus dolencias, convirtiendo la escuela casi en un lugar de sanación tanto física como espiritual.

Hacia la tercera mitad del siglo XX, su legado se consolidó en la historia de la educación regional y local. En octubre de 1972, el primer liceo público del municipio Ortiz recibió su nombre como homenaje a su dedicación altruista y su significativa contribución a la educación (Matute, 1971). Beatriz falleció el 1 de agosto de 1961, pero su recuerdo perdura entre aquellos que fueron sus discípulos. Aún resuenan en los corazones de muchos orticeños las lecciones vitales de fortaleza, dignidad y sencillez que ella impartió con amor y compromiso.

Beatriz Rodríguez de Rodríguez es, sin duda, un símbolo de resiliencia y dedicación en un pueblo que resistió la adversidad y buscó la luz a través de la educación. Su vida es un testimonio de cómo, a pesar de las sombras del pasado, el espíritu de lucha y el deseo de mejorar pueden prevalecer y transformar comunidades.

Fuentes consultadas

OTERO SILVA, MIGUEL (1975). Casa Muertas. Barcelona, Editorial Seix Barral.

OTERO SILVA, MIGUEL (1977). «Prueba oral de un novelista», en Prosa completa, p. 45

Concepción Lorenzo,Nieves María (1997). La fabulación de la realidad en la narrativa de Miguel Otero Silva. España: UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA.

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miércoles, diciembre 05, 2007

PIEDRA DE SOL, CINCUENTA AÑOS

En septiembre de 1957 se publicó “Piedra de sol”, el poema de Octavio Paz que hoy se reconoce como uno de los momentos más altos de la poesía hispanoamericana. A cincuenta años de distancia, algunos poetas comentan brevemente sobre el poema y sobre la relación que han tenido con él. Letras Libres.com dedicará los próximos días a reflexionar sobre “Piedra de sol” e invitamos a nuestros lectores a compartir sus propios comentarios.
- Cincuenta piedras, de Luis Vicente de Aguinaga (martes 4)

- Recuerdo y celebración de "Piedra de sol", de
Rafael-José Díaz (miércoles 5)

- Poetry is the subject of the poem, de José Eugenio
Sánchez (jueves 6)
- Aquí, ahora, de Julio Trujillo (viernes 7)




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Capitán Juan Antonio Pérez de Ávila

El Capitán Juan Antonio Pérez de Ávila heredó de su padre Domingo Pérez de Ávila y Zapata las tierras de La Platilla, cerca del río del mismo nombre y con una, amplia extensión. Desde entonces se conocía a este lugar como La Platilla Pereña, por el apellido de su fundador.


Por José Obswaldo Pérez*
NORBERTO MOISÉS PÉREZ Y SU FAMILIA es el último chozno descendiente del Capitán Juan Antonio Pérez de Ávila y Brea de Mendoza, raigambre de las familias caraqueñas asentadas en los llanos de Caracas entre los años 1660-1745 y que fundaron el mestizaje colonial en nuestra población[1]. Moisés (quien aparece en las otografías) es un humilde trabajador, que se ha dado a la tarea de investigar documentos de este descendiente familiar en el Archivo General de la Nación. Vive en Ortiz, y desde allí nos cuenta que el Capitán Pérez de Ávila y Brea de Mendoza - hijo del también Capitán Domingo Pérez de Ávila y Zapata[2] -, era nativo de San Luís de Cura tenia grandes propiedades e inmuebles de terrenos en La Platilla, Barrancas y la posesión San José (Laguna de Piedra).

El Capitán Juan Antonio Pérez de Ávila y Brea de Mendoza era a su vez nieto de Don Domingo Pérez de Ávila hijo de Don Lucas Martínez de Porras y Ruiz y de Doña Micaela Pérez de Ávila[3]. Natural de Caracas donde fue bautizado el 29 de octubre de 1617. Al parecer, estuvo muy involucrado en lo relacionado con la fundación de la Villa de Parapara, pero no logró su objetivo y ésta quedó como parroquia de la jurisdicción de San Sebastián de los Reyes. Para 1639 aparece en la Lista de Forasteros de San Sebastián que se le presentó al Gobernador Rui Fernández de Fuenmayor para la acción de Curazao, y el 20 de noviembre de 1669 en La Victoria firmando el testamento del Capitán Francisco de Brea Lezama en calidad de testigo por ante el Teniente de Justicia Andrés Arráez de Mendoza. Fue electo Veedor de Los Llanos en 1661 por el Cabildo de Caracas. Casó dos veces: la primera, con Doña Juana Zapata de Cárdenas; la segunda, con Doña Leonor Ramírez de León. Con su primera mujer Doña Juana Zapata de Cárdenas procrearán a Domingo Pérez de Ávila y Zapata.

El Capitán Juan Antonio Pérez de Ávila heredó de su padre Domingo Pérez de Ávila y Zapata las tierras de La Platilla, cerca del río del mismo nombre y con una, amplia extensión. Desde entonces se conocía a este lugar como La Platilla Pereña, por el apellido de su fundador. Estaba compuesta con un lindero norte a sur desde la Serranía Alta de San Juan hasta las Galeras de Mapire, donde tenía un sitio de hato que su padre había comprado en 250 pesos a Ambrosio Arteaga, y al parecer además compró a sus hermanos la mayor parte de las tierras de su padre[4].

La posesión de La Platilla Pereña contaba con una fuerza de trabajo en 1752 de 40 esclavos, cifra respetable, lo que da cuenta del caudal económico de sus propietarios[5].

Casó en Parapara hacia 1720 con Doña Juana o María Nicolasa Pérez, india de la región. Fueron vecinos de Parapara, jurisdicción de Villa de Cura, y tuvieron por hijos: a María Mónica, Bartolomé, Bernardino Antonio, María, Pedro José, Cecilia, Margarita, Juan José, Josefa Andrea y Feliciana Flora Pérez de Ávila.

De sus hijos podemos destacar a Don Bartolomé Pérez de Ávila y Pérez quien cedió en abril de 1787, al pueblo de San José de Tiznados una parte de sus terrenos que tenía en la Barranca de los Pérez para fomentar el nuevo vecindario y así contribuir con la fabricación de la Iglesia[6], la cual estaba en construcción desde 1781. De Doña Josefa Andrea desciende la línea de la familia de don Norberto Moisés Pérez.

Los Pérez de Ávila se entroncaron después con apellidos como Araña, Tovar, Toro para configurar los Pérez de Araña o Pérez de Arana, Pérez de Tovar y los Pérez del Toro, propietarios de tierras en los tiznados.

NOTAS

[1] El historiador Oldman Botello dice que esta familia “no tenía complejo de clase no de castas; su lema era el trabajo de la tierra en sus posesiones” Ver BOTELLO, OLDMAN (1999): Parapara y vuelaplumas. Orígenes y Evolución Histórica. Trabajo no publicado.
[2] El Alférez Domingo Pérez de Ávila y Zapata, natural y vecino de Caracas, hijo de Don Domingo Pérez de Ávila y Doña Juana Zapata de Cárdenas. Casó con Da. Catalina de Brea Lezama y Mendoza. Se estableció en tierras de su propiedad en el sitio de La Platilla, feligresía de la parroquia de Santa Catalina de Siena de Parapara, jurisdicción de San Sebastián de los Reyes. Estas tierras, según lo declara en el testamento, tenían por linderos de oriente a poniente todas las cabeceras de la Quebrada de Parapara hasta las Barrancas de Tiznados, de norte a sur desde la Serranía Alta de San Juan hasta las Galeras de Mapire, con el río de San Antonio, donde tenía su morada en el sitio de este nombre, casa de vivienda y varias pertenencias; una extensión de aproximadamente 40.000 hectáreas. Dentro de ellas, años después, serían erigidas las parroquias de San Francisco y de San José de Tiznados, que pertenecerían a las jurisdicciones de San Sebastián y de la Villa de San Luís de Cura.
[3] Micaela de Ávila- encomendera dueña del valle de Guatire-, llamada también Pérez de Ávila, era hija de Don Domingo Pérez y de Doña Juana de Ávila y del Barrio, nieta materna del Alférez Gabriel de Ávila y de Doña Luisa del Barrio, bisnieta materno-materna de Don Damián del Barrio y de Doña Luisa Hernández Mateos.
[4]Caracas, Registro Público, Testamentarías, Escribanías Hugo Cróquer, 1743. Ver a ITURRIZA GUILLEN (1967). Algunas Familias Caraqueñas. Tomo I, pp. 10-12.
[5] BOTELLO, OLDMAN (1999): ob, cit.
[6]La nueva iglesia tendría una longitud de 40 varas de largo por 9 de ancho; una sola nave, de bajareque doble, cubierta de tejas, encalada por dentro y por fuera enladrillada.
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**José Obswaldo Pérez es periodista, profesor universitario e historiador venezolano
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viernes, noviembre 30, 2007

Las razones de la Constitución. Preguntas.

Por Eduardo López Sandoval



Este es un escrito dirigido a todos. Los de derecha e izquierda, los de arriba, los de abajo y los de más abajo, los incluidos y lo excluidos, los jacobinos y los girondinos, los adecos y los neo-adecos, los venezolanos y los extranjeros que les interese este país. Y los ni-ni.
Primero hablemos de las razones que no necesariamente se encuentran en la grafía de la Constitución. Entendamos que decir constitución es hablar de constituir un Estado, que es una entelequia de relativa joven presencia en la humanidad. Antes de la existencia del Estado ya el hombre se había impuesto en el mundo, años ufff. Por ejemplo, antes de la existencia del Estado Italiano, ya existía Roma y Florencia que no eran parte de un mismo ente. Lo mismo puede decirse del País Vasco con respecto a España, México con respecto a los Tolteca, Chibchas versus Colombia, o Caribes contra la República de Venezuela creada en julio de 1810. Sobran ejemplos. Veámonos.
Las razones que nos indican nuestras mínimas normas de convivencia, los llamados Principios Generales de Derecho, pasan por respetar lo convenido. En nuestro caso respetar la Constitución de 1999.
Pregunto, pregunto ¿por qué nos dividimos?
Se habla abiertamente de participación como cosa nueva y abundante. Pregúntese, ¿a usted lo convidaron a participar en la elaboración de la Propuesta de Reforma de la Constitución? ¿Conoce Usted a alguien, un diputado, por ejemplo, que haya tenido la oportunidad de participar en la Propuesta? Supongamos que la respuesta es sí, de realizarle Usted (al diputado) una sugerencia para incorporarla a la Constitución, ¿hubiese sido ésta remotamente posible?
Más elemental todavía: Usted mi caro lector, seguro le afecta un importante número de los problemas que tiene el país, seguridad alimentaria y social, inseguridad jurídica y social, vivienda, trabajo, propiedad de la tierra, invasiones, etc. (El etcétera aunque lo abrevie es larguisisimo). ¿Ante la búsqueda de la solución a estos problemas se había planteado Usted la necesidad de cambiar o mejorar la constitución para cambiar o mejorar su problemática social? Venezuela ha necesitado, entiendo, -ojala no mal recuerde-, 27 Constituciones. Pregúntese, ¿realmente las necesitaba la sociedad venezolana o el gendarme? ¿El país las pidió o se las impusieron? Para respondernos esta sencilla pregunta ayudémonos y veamos los países más desarrollados del mundo, y nos sobrarán los dedos de una mano para contar los momentos en que esto países han necesitado “reiniciarse” como sociedad, y hacerse una nueva Constitución.
Les hablaba del convenio social que significaba una constitución. El consenso es más que importante es vital para evitar la exclusión y el consecuente enfrentamiento que no es el camino hacia la paz. Pregunto, ¿una constitución que se cree para los humanos que tengan una posición de pensamiento, no excluye a los que no comulguen con esa posición política? El socialismo, en este caso. Por ejemplo, sería humano si en un país un grupo religioso se ase con el poder, y con su mayoría impone (expresa o solapadamente) la prohibición de existir algún humano que piense diferente?
Pregunto, pregunto ¿por qué nos dividimos? Ojo, esta es una estrofa de una canción de Alí Primera que me apunta mientras escribo en esta noche en Calabozo, la capital del llano integral colombovenezolano.
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lunes, noviembre 19, 2007

Tigüigüe, el canto de un ave

Tigüigüe tiene su sitio ganado en la Historia Local. De esta pequeña comunidad salieron hombres a dar su vida por la Independencia de Venezuela. Hijos de este lugar formaron el batallón que organizó en Ortiz el Coronel Don Luis Santinelli, en 1812.


Tigüigüe, en plena vía hacia El Sombrero

Por José Obswaldo Pérez

A ambos lados de la carretera nacional, en la vía Dos Caminos –El Sombrero, está Tigüigüe. Un pequeño caserío del municipio Ortiz, ubicado en un banco de sabana, entre los ríos Paya y Guarumen, dentro de la Posesión Las Cañadas. Tiene una extensión de unas 10 hectáreas urbanas aproximadamente. Surgió a mediados del siglo XVIII, alrededor de hatos ganaderos establecidos en la zona, principalmente del Hato El Caiman[1], que posteriormente dio origen al nombre del sitio La Caimana.


En 1763 vivían en el lugar don Juan Marcos Hernández y su esposa doña María Tomasa Zapata.

Se trata de un topónimo indígena de origen caribe. Hay dos acepciones sobre la procedencia del nombre. Una parece ser que su nombre proviene de la contracción de Tigüitigüi (un ave zancuda, gris por encima y blanca por debajo; de cola corta, que se alimenta de peces que coge en las orillas de los ríos, riachuelos y lagunas. Se trata de una ave escolopácida (Agagliate M, 1992: 84). La otra es la que le adjudican ad hoc sus habitantes a un indio que al oír el canto de esta ave dedicó su melodía al nombre del lugar. Sin embargo, el profesor Oldman Botello (1995) señala que, probablemente, esta palabra proviene de Titigua, voz a la cual se le da el significado de "vaquerío pequeño" en legua cumanagota.

Tigüigüe tiene su sitio ganado en la Historia Local. De esta pequeña comunidad salieron hombres a dar su vida por la Independencia de Venezuela. Hijos de este lugar formaron el batallón que organizó en Ortiz el Coronel Don Luis Santinelli, en 1812. En 1873, era un vecindario perteneciente a la parroquia Santa Rosa, del Departamento Bermúdez. Contaba con 32 casas y una población de 272 habitantes; aún cuando en 1880, este caserío tenía unas 40 casas, su crecimiento poblacional había disminuido en 232 habitantes (Rodríguez Dellán, 1974:28). Mientras, desde punto de vista económico, Tigüigüe contaba con un número de 25 contribuyentes a las rentas municipales en 1891.

Entres su habitantes más reconocidos por la memoria local se cuentan: Juan Burgo, Antonio Herrera, Gabino Esparrogosa, Amalio Solórzano, entre otros Actualmente, esta comunidad cuenta con varios negocios pequeños que le dan vida a esa comunidad. Asimismo tiene diversos cultos religiosos. Entre las expresiones litúrgicas y culturales se hallan la festividad en Honor a nuestra señora de Lourdes, la cual celebran cada 14 de Marzo y la Misa del Nazareno Bendito, en la Semana Mayor o Semana Santa.

Su primera Escuela Rural fue fundada en 1950, durante el gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez, por iniciativa de Edmundo Ascanio, Isidro Sarmiento, entres otros vecinos. Su primera docente fue Doña Nervia Ramos de Donaire.

Hoy Tigüigüe es una comunidad que se viene desarrollando lentamente, con el esfuerzo de sus mujeres y hombres. A la orilla de la carretera nacional han surgido pequeños negocios que le dan vida a la zona, como las chicharroneras que son paradas obligatorias de los viajeros que prefieren degustar de las hallaquitas de chicharrón o el cochino frito, con cachapa y queso de mano.



NOTA DE PIE DE PAGINA
[1] Antiguo lugar y hacienda que perteneció a Don Francisco Xavier Ustariz para el año de 1813




BIBLIOGRAFÍA

AGAGLIATE M, RENATO (1992): El Río que tenía alas. Caracas: Dirección de Cultura. Universidad Central de Venezuela.
BOTELLO, OLMAN (1995): Inventario Toponímico Indígena de Parapara y Ortiz. Maracay: Mimeo.
RODRIGUEZ DELLAN, E (1974): Dinámica Geográfica de un Pueblo. Contribución al estudio de la Evolución Urbana de Ortiz. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Mimeo.
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