domingo, julio 10, 2011

Las vacilaciones de 1811

La hechura del mapa de la futura república es uno de los temas que más prevenciones concita.


ELÍAS PINO ITURRIETA |  EL UNIVERSAL

Los fundadores de la Independencia son parte de una memoria canónica cuyos secretos usualmente no se revelan, porque forman parte de un aglutinamiento afectivo y de una posibilidad de encuentro de la sociedad que hace mucha falta, en especial cuando sus miembros se enfrentan y dividen por situaciones del presente. Penetrar en el bosque de sus estatuas es riesgoso, porque las estatuas se levantan para que uno necesariamente las venere y porque, la verdad sea dicha, esos hombres convertidos en bronce no se merecen ni una mínima falta de respeto. Es mucho lo que se les debe para ponerse ahora a manchar una reputación, en torno a la cual sólo la injusticia y la mentira pueden encontrar mácula. Pero nadie puede dejar de ubicarlos en su contexto, enfrentados a las solicitaciones de su época y atenidos a una circunstancia ante la cual no les quedó más remedio que responder a su manera, a la manera de unos individuos perplejos que por primera vez deben resolver negocios de envergadura y tratar de remendarlos sin el riesgo de caer en un abismo. De allí la persistencia de unas vacilaciones sobre las cuales se tratará de seguidas, para verlos de veras cómo fueron y para calcular las barreras que, como criaturas de una situación de incertidumbre, no se atrevieron a derrumbar o sólo derrumbaron a medias. 

Una confesión del diputado Yanes, expuesta ante la Cámara en la sesión de 3 de julio de 1811, pone las cosas en su lugar. Dice: "Puede asegurarse que ninguno se levanta por la mañana con las mismas ideas que tomó en su lecho la noche anterior". No hace sino confirmar el parecer que en la sesión anterior expone el diputado Sata, sin que nadie lo rebata: "Somos ahora unos hombres nuevos en la ocupación en que estamos ... y yo mismo ignoro aún si estoy calculando para ser un tirano luego que me falte el freno de la censura pública, y esta creo que es la opinión de todos mis colegas". Debe recordarse que las palabras de los representantes del pueblo circulan en las vísperas de la Declaratoria de Independencia, es decir, justo cuando parecen más inoportunas las cavilaciones. Las expresiones nos remiten a un teatro agobiado por las dudas, del cual no pueden salir las conclusiones que el futuro reclama por ignorancia, o por el empeño de manipular el pasado para que diga lo que le conviene al presente. 

La hechura del mapa de la futura república es uno de los temas que más prevenciones concita, debido a que parte de la consideración de los intereses de las regiones representadas en el Parlamento. Muchos diputados consideran la necesidad de dividir la provincia de Caracas antes del establecimiento de la Confederación de Venezuela, para evitar que la región más rica y poblada se convierta en controladora de la nueva situación política. Duros debates suceden entonces, que llegan al extremo de temer una convulsión civil antes de que comience la guerra contra los realistas. La incomunicación de las comarcas del interior, en las cuales se han establecido desde antiguo microclimas capaces de hablar por sus intereses y de temer el predominio de una hegemonía de los caraqueños, estorba el proyecto que, en primera instancia, según suponemos en la actualidad, debía prevalecer en la intención de los padres conscriptos: la Independencia como meta a la cual se debía llegar sin escollos. 

Pero el tema que más problemas origina es el de la igualdad de los hombres en la república recién nacida. Apenas se plantea con cierta propiedad en la sesión del 31 de julio, después de la Declaratoria de la Independencia. Lo hacen en sesión privada debido a las espinas de su contenido, y se llega a proponer entonces que cada provincia lo resuelva según su necesidad, sin que se tome una medida genérica que satisfaga a todos los venezolanos. No es posible en ese día llegar a un acuerdo positivo, pese a que un diputado atrevido como Yanes habla de los derechos inalienables de los pardos y un diputado con los pies en la tierra, como Briceño, llama la atención sobre la amenaza de un movimiento armado si no se llega a la proclamación de la igualdad de todos los hombres. Sólo el 20 de marzo de 1812 llegan a un consenso, que consiste en la eliminación de los fueros personales sin detenerse en menciones "delicadas" sobre los derechos de las llamadas castas libres. 

Falta ahora espacio para detenerse en las polémicas sobre los derechos de Fernando VII, en cuya defensa se había convocado el Congreso de las siete provincias y sobre los cuales se discute con detenimiento, a favor y en contra, hasta el 4 de julio. No fue asunto que pudieron despachar a la ligera, sino un tema de conciencia que funcionó como una noria en la cual dieron trabajosas vueltas. ¿Por qué? Porque son hombres de su tiempo, formados en un clima de opinión que no permitía desembocar en situaciones drásticas que podían barrerlos con su fuelle. Porque no inventan los embrollos que vienen en su equipaje a la hora de emprender un enigmático viaje. Los traen en sus heterogéneas valijas. Porque podían perder la fortuna y la vida en el empeño de cambiar los hábitos en cuyo seno se habían aclimatado, por una vida nueva que todavía no tenían y de la cual podían esperar sorpresas perturbadoras. Ante esa encrucijada se encuentran, a la fuerza, atados a ella sin remedio, y lo más sensato es verlos así, no sólo para entender su desafío y admirarlos por ello, sino también para apreciar el reto que se debió asumir después para terminar la faena. eliaspinoitu@hotmail.com

Fuente: El Universal
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lunes, julio 04, 2011

El triunfo de la libertad sobre el despotismo

Roscio es un filósofo y teólogo de la libertad. Su pensamiento nos lleva por las sendas de un catolicismo interconectado con el pensamiento liberal que procura desmontar la prédica feudal del Derecho Divino de los Reyes y su aplastante dominación sobre sociedades enteras.

Juan Gernán Roscio
por Ángel Rafael Lombardi Boscán   
Así se llama uno de los textos fundamentales de un universitario quién fue protagonista de la jornada del 5 de Julio de 1811: Juan Germán Roscio (1763-1821). A su vez, principal protagonista intelectual del Acta de la Declaración de la Independencia y del texto constitucional que instaura la primera piedra fundacional, legal y jurídica, de lo que sería Venezuela hace doscientos años atrás. 

Roscio es un filósofo y teólogo de la libertad. Su pensamiento nos lleva por las sendas de un catolicismo interconectado con el pensamiento liberal que procura desmontar la prédica feudal del Derecho Divino de los Reyes y su aplastante dominación sobre sociedades enteras. Sus ideas son militantes y combativas a favor de la joven Republica que nace rodeada de enemigos internos y externos.Roscio aplica una exégesis moderna a los textos bíblicos muy al estilo de los grandes reformistas de la Iglesia y valiéndose de San Agustín, Santo Tomás, Descartes y Rousseu establece las bases de una teología de la emancipación, opuesta a la teología feudal.De esta forma se va constituyendo todo un pensamiento heterogéneo filosófico de la Independencia expresado en el Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela el 5 de Julio de 1811.Las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo deciden la ruptura con la Monarquía hispana y se otorgan un autogobierno constitucional, independiente, soberano, republicano y de carácter federalista.En el Acta del 5 de Julio se alegan los siguientes supuestos para acometer tan trascendental hecho histórico: -    El abandono forzado de los reyes españoles en Bayona, respecto a sus obligaciones, le traspasa al pueblo la soberanía y el autogobierno.
-    Los órganos de gobiernos que provisionalmente (Juntas Provinciales, Junta Central y Regencia) se fueron instalando en España no representaron los intereses de los americanos españoles.
-    La Regencia, luego del 19 de Abril de 1810, declaró a las provincias venezolanas en rebeldía y estableció la orden del bloqueo sobre sus costas y la más inmediata represión militar a través de las provincias pro monárquicas como Maracaibo, Coro y Guayana.
-    Es de hacer notar que los firmantes del Acta donde se declara la Independencia lo hacen en nombre de Dios Todopoderoso y la defensa del catolicismo.
-    Abolir el derecho funesto de conquista instalado por más de tres siglos.
Una interpretación más de fondo nos lleva a percibir que los argumentos que se alegaron para proceder el 19 de Abril de 1810 son prácticamente los mismos que se esbozaron el 5 de Julio de 1811, con la diferencia, que la lealtad a Fernando VII se deja de mantener. Para Roscio, Isnardi, López Méndez, Miranda y los otros personeros favorables a la Independencia absoluta, la situación de España estaba perdida y se tenía que atajar cualquier tipo de nueva dominación, en éste caso, la que representaba Bonaparte y los franceses. España, en realidad, y de manera forzosa, abandonó a los venezolanos, y estos de colonias cambiaron su status por el de provincias libres adoptando una nueva nacionalidad.


*Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ


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Identidad venezolana: entre la gloria y el ingenio

La idiosincrasia se reinventa todos los días, pero también tiene vestigios de la historia común que se ha escrito en los últimos dos siglos.


El prócer Francisco de Miranda | Archivo
Por Laura Weffer Cifuentes
Al avistar la caída de la piñata, la niña, astuta, extiende su falda debajo para recoger la mayor cantidad posible de juguetes y caramelos. Quién se iba a imaginar que esa escena, tan cotidiana y festiva, es el fiel reflejo de una de las principales características de los venezolanos. "Eso no es trampa. Eso demuestra capacidad para resolver problemas con agilidad. Es una expresión de la viveza criolla", señaló el psicólogo social Leoncio Barrios, que junto con otros especialistas reflexionó sobre los rasgos de la venezolanidad que se han preservado durante los 200 años que han transcurrido desde la declaración de la Independencia. 

Esa característica, que permite reaccionar de manera creativa ante situaciones difíciles, también es evidente, por ejemplo, en la celebración de las fiestas de san Pedro. De acuerdo con Barrios, el negro se viste de frac para pretender que es otra persona, pero también para mimetizarse con el ambiente. La psicóloga social María Teresa Urreiztieta definió esa maleabilidad como capacidad de adaptación, que "puede implicar rebelión o acomodo transitorio mientras se resuelve qué se va a hacer". Este rasgo de carácter se hizo patente en la cantidad de hombres que se sumaron ­con más incertidumbre que certeza­ a las luchas independentistas. "El venezolano es emprendedor, se atreve a explorar nuevos escenarios a ver cómo le va. Es posible que tarde en reaccionar, pero lo que sí es cierto es que nunca está conforme", indicó la académica. Ciudadanía con moral. El espíritu contestatario, que se traduce en una propensión a transgredir las normas, en algunas ocasiones puede conducir al venezolano por derroteros complicados. "Tenemos dificultad para que la legalidad impere con todas sus letras, para que la libertad sea el principio que rija nuestra vida. Para que la libertad sea efectiva, se requiere una división de poderes, un Estado que garantice el cumplimiento de la ley y una ciudadanía con moral, en la que cada individuo ha internalizado esos valores y organiza su vida con respecto a ellos. Eso no es otra cosa que lo que se llamaba virtud", indicó el investigador de la Universidad Católica Andrés Bello Tomás Straka. "Sentimos que nos falta un camino. De acuerdo con las circunstancias, hemos sido optimistas o pesimistas... Ha habido etapas, desde el mismo momento de la Independencia, en las que hemos sentido que la patria se ha ido al desaguadero. Allí están las tristes cartas de Bolívar en 1830. Desde siempre ha habido algún lamento". Para el investigador, las glorias militares del pasado se han convertido en un peso difícil de cargar para las generaciones siguientes. Son un compromiso de triunfo que aún hoy tiene sus consecuencias. "La gloria de los padres de la patria nos arropa de tal manera que somos unos pequeños bonsáis debajo de un gran árbol. Eso tiene implicaciones muy intensas en nuestra autoestima y por eso tenemos la convicción de que es necesario emprender grandes proyectos. Pero la verdad es que no tenemos por qué ganar la Batalla de Ayacucho para ser dignos de gloria. Una de las mayores pruebas de que la Independencia valió la pena es que no tenemos que volver a pelearla", afirmó. Risa salvadora. La falta de organización y planificación para el futuro es otro de los rasgos que han caracterizado históricamente a los venezolanos y que destacó Urreiztieta. Desde su punto de vista, la precariedad ha sido dominante y esto, a su vez, erosiona el sentido de la historia porque ésta no sólo es pasado sino también construcción de futuro. Los especialistas consultados coinciden en que más temprano que tarde surgen los optimistas. "Hay siempre quien piensa que no todo ha sido tan negativo y que el hecho de no haber alcanzado todas las metas no quiere decir que no hayamos avanzado. Siempre aparecen venezolanos dispuestos a dar lo mejor de sí para que el régimen de libertad y legalidad impere, contra toda dificultad. Hemos alcanzado logros que nos permiten confiar en la capacidad para resolver nuestros problemas", expresó Straka. Barrios subrayó el humor de los venezolanos como una forma de afrontar la realidad, una herencia de andaluces y africanos que poblaron el país durante la Colonia: "Sabemos sacarle partido a las situaciones con buen humor". Urreiztieta rescató la idea del encuentro de culturas y el nacimiento de una cultura híbrida, que hasta el día de hoy aún hace que en Venezuela las heridas sanen con carcajadas.

Fuente: El Nacional
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Del cacao al petróleo, un país dependiente

Desde la declaración de la Independencia, la renta domina la economía. A partir de 1920 los hidrocarburos se convirtieron en el rubro dominante.


Por Andrés Rojas Jiménez
Arturo Uslar Pietri, en Cuéntame a Venezuela, narra cómo en los años anteriores a la declaración de la Independencia "se creó un divorcio entre la idea de riqueza y la noción de trabajo". Los altos ingresos que obtenían los propietarios de las tierras ­primordialmente por el cacao­ se debían al privilegio que significaba recibir una herencia y por el alza en los precios del rubro agrícola, "sin que eso significara ningún esfuerzo de la persona para producir, acrecentar o mantener esa riqueza". 

El comentario quedaría circunscrito sólo a la época de los llamados "grandes cacaos" si no fuera porque Uslar Pietri acotó que ese hecho va a marcar la mentalidad económica tradicional del venezolano. El intelectual advirtió que en el ciudadano actual es fácil encontrar huellas de esa herencia. En su afirmación está presente la idea de la palabra "renta" como los ingresos que cobra un propietario por los recursos naturales que están en una tierra, sin que haya mayor actividad productiva o de transformación. Si bien este término se asocia al petróleo, también está vinculado al café y al cacao, aunque con menor impacto. En 1830, el café desplazó al cacao como principal rubro de exportación y, durante buena parte del siglo XIX, la cotización del aromático grano afrontó alzas y bajas, que en cada caso se tradujeron en momentos de bonanza o recesión. "La baja en los precios del café hizo perder el crédito internacional del país, ocasionó la paralización de las aduanas y una drástica reducción en las ventas que llevó a la quiebra a muchos comerciantes", señala el economista Rafael Cartay. Es así como el café no cumplió la centuria de dominio y, apenas comenzó la segunda década del siglo XX, el petróleo pasó a liderar la actividad económica. Si bien los hidrocarburos ya se asumían como el principal producto energético global, también en ese momento ocurrió un descalabro en la actividad agrícola. "Los precios mundiales del café y el cacao se redujeron, y el valor de las exportaciones agrícolas venezolanas disminuyó 47% en 1920 y 1921, con respecto a los dos años anteriores. Pero ya el petróleo estaba surgiendo como alternativa de crecimiento y permitió menguar los efectos", agrega Cartay. A partir de entonces, el uso de los recursos extraordinarios provenientes del sector de hidrocarburos entró en la discusión política del país y su principal referencia fue el editorial "Sembrar el petróleo" de Uslar Pietri. "Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia", señala el escritor en el texto que difundió en julio de 1936 con motivo de la celebración de los 125 años del 5 de Julio de 1811. La actividad petrolera propició la industrialización del país, cambios en la estructura del comercio y la migración de población de zonas rurales a grandes ciudades. "El punto a partir del cual comienza a evidenciarse el acelerado proceso de desarrollo venezolano lo podríamos ubicar en 1940", indica el economista José Toro Hardy. "Al estallar la Segunda Guerra Mundial, el petróleo venezolano se transforma en un elemento estratégico de primer orden para las naciones aliadas", agrega.

Fuente: El Nacional
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sábado, julio 02, 2011

Bajo el signo de Cáncer


Foto archivo

por Yoani Sánchez
Millones de personas intentaron descifrar –durante varios días- lo que ocurría en la sala hospitalaria donde reposa Hugo Chávez, pues más que la robustez de un individuo, se define allí parte del derrotero de esta Isla y de todo un proyecto regional que implica a varias naciones. Tal tema trasciende así la gravedad de un tumor, dolencia lamentable y triste en cualquier individuo, para convertirse en una verdadera conmoción política. La cirugía practicada no ha hurgado solamente en la carne del inquilino de Miraflores, sino que se muestra como una herida a través de la cual se puede ver la flaqueza de su obra. En Venezuela, ahora mismo, el ajedrez político se ha desplegado y hasta se analiza la variante de la sucesión. También en la Plaza de la Revolución habanera las cavilaciones son intensas.
Para el gobierno cubano, la existencia saludable de Hugo Chávez se ha erigido como garantía para llevar las reformas económicas al ritmo y a la velocidad que no le hagan perder el control. Los 100 mil barriles de petróleo que llegan diariamente desde el país sudamericano sostienen el proceso de “perfeccionamiento” del sistema que impulsa Raúl Castro y le está permitiendo ganar tiempo frente al descontento ciudadano y la presión internacional. De ahí que cuidar a Chávez es preservar su asiento presidencial; perderlo, podría apresurar su propia caída. En las últimas semanas, la jerarquía isleña ha sentido nuevamente el vértigo del abismo en el que nos hundimos con el desmembramiento de la Unión Soviética, e intuye que no podrá sobrevivir a la pérdida de otro aliado poderoso. La vitalidad del caudillo certifica también el futuro de ellos, la debilidad de éste los hace perder sostén apresuradamente.
Presenciamos también una auténtica lección de la inconsistencia de los personalismos que ojalá haga repensar a quienes calcan la verticalidad de la estructura chavista. Sin el incendiario ponente de foros internacionales, sin el líder que lanzaba sus ataques verbales casi semanales, de pronto la región parece más ensimismada, más centrada. Es como si en un coro plural se hubiera apagado súbitamente la voz del barítono que no dejaba escuchar el tono de los otros. No obstante, no hay que descontar que vuelvan los discursos bajo el sol, las largas peroratas para demostrar que está enteramente restablecido, las horas frente a la cámara de su Aló Presidente para que lo vean rozagante. Hugo Chávez querrá meterse nuevamente en el papel de figura invencible, pero algo ha ocurrido irremediablemente para él. Algo que no previeron ni los opositores, ni los asesores cubanos que lo rodean, ni los exégetas que amplifican sus ideas. Algo relacionado con la quebradiza composición del ser humano, con un pequeño detalle de su anatomía que se negó a seguir secundándolo en tan pomposas campañas.
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