lunes, julio 23, 2012

Crespo y la educación primaria en Guárico

Por José Obswaldo Pérez

Joaquín Crespo Torres
EL 27 DE ABRIL DE 1872, el general Joaquín Crespo Torres- siendo Jefe del Estado Mayor General en ejercicio en los Estados del Sur y Comandante en Jefe del Ejército del Guárico-, dirige una comunicación al presidente provisional del estado Guárico, general José Alsemo Ruiz, felicitándolo por un aporte de 25 pesos mensuales a fines del auxilio de la enseñanza primaria en Parapara y excitándolo a que deje libre la renta para poder atender los gastos de la educación pública.

La misiva (recopilada por el historiador Manuel Landaeta Rosales en Documentos relativos a la vida pública del general Joaquín Crespo (2010), pp.166-167) es un importante escrito histórico. En cuanto a ella, el general Crespo hace una serie de consideraciones y reflexiones sobre la problemática presupuestaria de la instrucción pública regional. En dicha carta, se puede extraer el cuestionamiento que el ilustre militar parapareño concibe al manejo del gasto público militar. Suena contradictorio, pero, el general Crespo invita a quienes administran al gobierno a mirar el valor del ramo de la instrucción del pueblo porque “es el pan del alma y la esperanza de las generaciones venideras”.

En líneas más adelante, Crespo dice que “la guerra que todo lo aniquila, ha dejado sin vida en el Guárico el importante ramo de escuelas”. Su juicio crítico es, también, su posición política sobre este tema. “No puede haberlas sin renta, sin estar bien servidas si no son suficientemente dotadas, y ya se siente la necesidad de que el Gobierno les dedique una atención muy asidua y preferente”.

La reflexión del general Crespo, nativo de San Francisco de Cara-un municipio perteneciente al antiguo Cantón de San Sebastián de los Reyes, provincia de Caracas-, pero criado en tierras de Parapara y Ortiz, es de utilidad para entender los efectos de la lucha armada ejercida en la educación y en el desarrollo de los pueblos de la entidad. Esgrimir sobre los problemas generados por la guerra- un flagelo que, sin duda, destruyó la prosperidad de un pueblo como Ortiz- es un hecho llamativo para la historiografía regional y, desde luego, por la preocupación creada en la inestabilidad pública.

Los paradigmas de la modernidad y las ideas de progreso que se habían erigido con la Ley de Instrucción Gratuita del 27 de Junio de 1870 por el general Antonio Guzmán Blanco estaban amenazados y, en otros casos, era tinta muerta. Así lo resalta el propio Crespo, al cuestionar un decreto del presidente provincial de Guárico del 6 de Diciembre de 1871, sobre el desvío de la mitad de los proventos del presupuesto estadal para gastos de la guerra. “Truncada así la renta, quedan sin protección las escuelas y mal servidos también otros ramos del servicio municipal”.

Vanos son entonces todos los esfuerzos para que el hijo del ciudadano pobre alcance educación gratuita, y en vano gime el corazón de su padre que no puede darle otra herencia”, indica, en dicha documentación, el Héroe del Deber Cumplido.

Crespo se muestra como un defensor de la descentralización presupuestaria, rechaza el gravamen del 50 % de la renta de los municipios para gastos militares y reclama el cumplimiento del Decreto de Instrucción Pública del 27 de Junio. De este modo, este personaje de la historia venezolana – más allá de sus detractores políticos- fue un respetuoso del desarrollo de los pueblos, especialmente en el área educativa.
Compártalo:

viernes, julio 13, 2012

Capriles Radonski es sobrino en octavo grado de Simón Bolívar

Por Antonio A. Herrera-Valiant*

El recién publicado libro, "El Nudo Deshecho: Compendio Genealógico de El Libertador", incluye toda la descendencia de las hermanas y sobrinos de El Libertador, hasta nuestros días, como sus herederos declarados en su testamento.

Capriles Radonski, candidato presidencial por la oposición


Dicha publicación no contempló la descendencia del medio hermano de El Libertador, hijo natural perfectamente identificado de su padre, Don Juan Vicente Bolívar, nacido muchos antes del matrimonio Don doña Concepción Palacios. Es histórico que a la fecha del matrimonio Don Juan Vicente tenía 47 años y Doña María Concepción, 14 años de edad.

Se ha comprobado plenamente que el padre del Libertador tuvo en sus años mozos a un hijo llamado Don Juan Agustín Bolívar, que era más de 30 años mayor que El Libertador. La existencia y familia inmediata de este caballero fue originalmente descubierta y analizada por los destacados historiadores maracaiberos Doctor Kurt Nagel Von Jess y Doctor Juan Carlos Morales Manzur.
Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte falleció el 19 de enero de 1786. Su testamento se compone del poder que otorga a su esposa y a su suegro para que redacten el testamento, y un testamento propiamente dicho redactado en base a notas dejadas por el difunto. Allí se identifica a Agustín Bolívar “que vive en la ciudad de Maracaibo”, a quien dispone Don Juan Vicente “se le den doscientos pesos por una vez, de que le hago donación”.

Al morir Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte en 1786, Agustín se dirige a Caracas para cobrar su legado, pero también a tratar de lograr una porción mayor de la herencia. Para ello tuvo que hacer una probanza, luego de escribir al Capitán General diciendo:

“Don Agustín Bolívar... digo: que para efectos que me convengan, necesito hacer cierta información sobre mi filiación y demás que conduzca a hacer constar ser hijo natural del Señor Coronel Don Juan Vicente Bolívar, ya difunto, a cuyo efecto vengo en suplicar a la justificación de Vuestra Señoría se sirva admitirme los testigos que presentaré, los que bajo de juramento declaren... si me conocen de vista, trato y comunicación y si les consta que el dicho Señor me trataba como si fuese su hijo, con aquel cariño que es propio de un padre... si en varias ocasiones manifestó esto mismo, así de palabras como de hecho, teniéndome en la casa de doña Luisa Bolívar, su hermana, alimentándome y contribuyéndome todo lo necesario... diga separadamente Don Juan José Barandica si es cierto que el Doctor Don Juan Félix Aristeguieta le comunicó que el dicho Señor Don Juan Vicente era mi padre, y de una señora de las principales de esta ciudad, mi madre, con quien no había contraído matrimonio, sin embargo de ser soltera y no tener impedimento alguno, por ciertos motivos que ocurrieron en aquel entonces”. ([1])

Luego reconoce que la viuda de su padre (Doña Concepción Palacios) le entregó los doscientos pesos legados por Don Juan Vicente, pero solicitó fondos adicionales para cubrir gastos inmediatos. No hay otras noticias de este medio hermano de El Libertador, y se presume que falleció antes de la Independencia.

Este mismo Don Juan Agustín Bolívar contrajo matrimonio en la Iglesia Mayor de Maracaibo ([2]) de la Iglesia Mayor (Catedral) del 22 de noviembre de 1772, ([3]), con Doña Ana María Chacín Mijares, que nació en Maracaibo el 4 de octubre de 1750, hija de Don Juan Ubaldo Chacín y de Doña María Paula Mijares. La partida le identifica claramente como hijo natural de Don Juan Vicente Bolívar. Debió ser bastante joven al momento de contraer ese enlace, que ocurrió más de diez años antes de nacer siquiera El Libertador. Del matrimonio dejó tres o cuatro hijas:

Una de sus hijas fue Doña Carlina Bolívar Chacín, que tiene su defunción en la parroquia de Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Maracaibo el 18 de agosto de 1834 ([4]), donde se le identifica como hija de Don Juan Agustín Bolívar y de Doña Ana María Chacín. Doña Carlina Bolívar Chacín, a su vez, fue la madre de:
Doña Ramona Bolívar, que falleció en los Puertos de Altagracia (actual Cabimas) el 7 de noviembre de 1851 ([5]), luego de haber casado en la parroquia de Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Maracaibo el 21 de junio de 1835 ([6]) con el señor José Dubuc D'Autan, corsario francés natural de Burdeos que estuvo al servicio de la Independencia de Venezuela y falleció en los Puertos de Altagracia el 16 de abril de 1852. De la familia Dubuc Bolívar queda numerosa y distinguida descendencia, sobre todo en los Estados Zulia y Trujillo.

Una de las hijas que tuvieron fue Doña Corina Dubuc Bolívar, que nació en Casigua (Falcón) el 25 de mayo de 1836 y fue bautizada en su parroquia el 15 de agosto siguiente, sus padrinos N. Henríquez y Estefanía Dubuc. Esta señora casó en la parroquia de San Juan Bautista de Betijoque (Trujillo) el 6 de marzo de 1863 ([7]) con Don Fernando Jugo Ferrer, oriundo asimismo de Maracaibo, hijo de los señores Domingo Jugo y Mariana Ferrer. Esta pareja también tuvo extensa y destacada sucesión, entre ellos a:

Doña Elvira Rosa Jugo Dubuc, que nació en Betijoque y casó allí el 10 de abril de 1887 ([8]) con Don Julio García Sánchez, hijo de los señores Santiago Felipe García y Merced Sánchez. Ellos, a su vez fueron los padres de:
Don Julio García Jugo, natural también de Betijoque y casado en su parroquia el 12 de octubre de 1908 ([9]) con Doña María Teresa Arjona Cubillán, que era hija de los señores Francisco Arjona y Herminia Cubillán. Una hija de esta pareja trujillana fue:

Doña Laura García Arjona, que nació en Betijoque el 25 de abril de 1914 y contrajo matrimonio en la parroquia de Altagracia de Caracas el 6 de julio de 1936 ([10]) con el Doctor Armando Capriles Myerston, que a su vez nació en Coro (Falcón) el 22 de diciembre de 1894, a su vez hijo de los señores Elías Capriles Ricardo y Sara María Myerston.

El contrayente descendía del abogado curazoleño Mordecai Ricardo, protector de El Libertador, quien le da una suma de dinero que le permite subsistir en la Isla durante su primer exilio y financiar su expedición de 1812 hacia Cartagena. Ricardo luego ofrece refugio y mantiene a las hermanas de Bolívar, alojándolas en su propiedad, el famoso Octagon, que aún existe como importante monumento de Willemstadt.
El Doctor Armando Capriles Myerston, coriano, y Doña Laura García Arjona, trujillana, son los padres de - entre otros - el Sr. Henrique Capriles García, de cuyo matrimonio con la señora Mónica Cristina Radonski Bochenek, nació el Doctor Henrique Capriles Radonski, actual candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, viene siendo sobrino en octavo grado del propio Libertador Simón Bolívar, con profundas raíces en los Estados Trujillo, Falcón y Zulia.
Se produce entonces la curiosa coincidencia que el candidato presidencial y su jefe de campaña, Doctor Leopoldo López Mendoza, sobrino en sexto grado de Bolívar, están unidos por la propia sangre de Bolívar, constituyendo así la primera instancia en toda la historia de Venezuela donde la estirpe del Libertador, en equipo, se acerca al solio presidencial como reivindicación del más genuino gentilicio bolivariano.

* Presidente del Instituto Venezolano de Genealogía.



Notas
[1] "La familia maracaibera del Libertador Simón Bolívar", por el Doctor Juan Carlos Morales Manzur, en "Aportes del Zulia a la genealogía nacional", págs. 452-465, Acervo Histórico del Estado Zulia, Ediciones Astro Data, Maracaibo, Junio 2007. En el estudio se presenta a Doña Ramona Bolívar como hermana, y no como hija de Doña Carlina. Posteriormente hemos podido encontrar los datos que establecen la verdadera relación.
[2] Como consta en la partida Nº 701, correspondiente al Libro número 1, matrimonio de blancos españoles, folio 170
[3] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1951-23228-19933-85?cc=1951777&wc=12871402
[4] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23241-25833-23?cc=1951777&wc=12871461#uri=https://api.familysearch.org/records/waypoint/12869860?cc%3D1951777
[5] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23268-18063-73?cc=1951777&wc=12871282
[6] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23236-45996-46?cc=1951777&wc=12871467
[7] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23229-6766-85?cc=1951777&wc=12872154
[8] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23229-5648-0?cc=1951777&wc=12872154
[9] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1951-23229-4553-23?cc=1951777&wc=12872154
[10] https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-23283-45028-58?cc=1951777&wc=12872836
Compártalo:

domingo, julio 01, 2012

Una pionera de la medicina moderna venezolana

Virginia Pereira Álvarez fue una mujer admirable. No sólo en su vida intelectual y académica sino en su postura ideológica y en su emancipación femenina en pro de la igualdad de los derechos de la mujer (Rodríguez Jimenez, 1964;p.58).Fue una gran investigadora venezolana. No ejerció la medicina como tal, como lo atestiguan los doctores S. de Wittl Ludlum y William Drayton, ambos de Filadelfia. Su pasión fue la investigación. Falleció el sábado 12 de abril de 1947, a la edad de los 61 años.


La doctora Virginia Pereira Alvarez/Foto Reproducción JOP

Por José Obswaldo Pérez

UNA DE LAS MUJERES, entre la más sobresaliente en la historia de las ciencias médicas en Venezuela, fue Virginia Pereira Álvarez. Nació en el año de 1896, en Ciudad Bolívar. Hija del periodista calaboceño Ismael Pereira Álvarez, exministro de Guerra y Marina del General Juan Vicente Gómez y doña Heraclia López, también, natural de Ciudad Bolívar. Fue la mayor de cinco hermanos: Ismael Aníbal, Alejandro, Héctor y América Pereira Álvarez. Ningunos utilizaron el apellido materno de su madre.


Ismael Aníbal se hace periodista como su padre; fue el fundador de la Asociación de Cronistas Deportivos de Venezuela y redactor en las páginas deportivas del Diario El Universal de Caracas.Se desempeñó como defensor de los derechos humanos y la democracia. Fue miembro fundador del Partido Comunista de Venezuela. Alejandro se gradúa de abogado en la UCV y ejerce como juez en el Estado Carabobo. Fue Director de la Escuela de Derecho de la Universidad de Carabobo, designado en el año de 1934. Héctor fue diplomático, se desempeñó como cónsul de Venezuela en Puerto Rico y en Filadelfia, Estados Unidos, desde 1911, manteniéndose en esa función durante tres años. Posteriormente, fue profesor de español en la Universidad Médica de Hahnemann. Igualmente, se desempeñó en el Departamento para América Latina del Museo Comercial de Pensilvania hasta su muerte en 1932. Dejó descendencia y América, quien casó y vivió en Filadelfia.

Mujer de precoz femenismo
Virginia Pereira Álvarez fue una mujer sobre saliente y culta. Adelantada en su “feminismo”. Obtuvo el título de Profesora Normal y fue una de las primeras educadoras normalistas de Venezuela, producto de los cambios pedagógicos del país. Su padre la homenajeó con un trabajo ensayístico titulado Profesorado Normal de la Mujer Venezolana (1903), publicado por la Imp. Editorial de Soriano Sucs.

También, fue una de las primeras mujeres que optó en la Universidad Central por el grado de Bachiller en Filosofía, presentando su tesis Hidratos de carbono. Ideas generales, y, así, desafiando todos los estereotipos de la época. Cuando se le examinó en Caracas, en 1910, tal hecho fue un acontecimiento, “pues además de los examinadores asistieron numeroso público y hombres de Ciencias, así sería el asombro que causaba el acontecimiento”.

Más tarde – y por primera vez-, esta joven mujer se matricula en la Universidad Central de Venezuela, junto con treinta estudiantes más, para estudiar la profesión de la medicina. Era la única mujer. Allí cursó estudios entre 1910 y 1911 obteniendo, en el primer año de la carrera, notas sobresalientes en las unidades curriculares de Anatomía, Histología, Microbiología, Física y Química Médica.

Dado a sus extraordinarios conocimientos, Virginia Pereira concursó como docente de la UCV, en calidad de estudiante, puesto que el Concurso de Oposición celebrado el 7 de septiembre de 1911, ganó el cargo de preparadora de la Cátedra de Química y Física Médica de esa Casa de Estudios. También, Virginia formó parte de un curso para estudiantes sobre Química Agrícola, promovido por el Ministerio de Fomento para familiarizar a los jóvenes con las operaciones de esta materia.

En un artículo, escrito en inglés, para la publicación de la Asociación Norteamericana de Mujeres Universitarias (Journal of the American Association of University Women), Virginia P. Álvarez, hace un análisis del sistema educativo venezolano para la época así como sobre las enfermedades prevalentes en el país. En este escrito, su autora testimonia su experiencia durante el primer año de su carrera en Venezuela.

“Hasta ahora, he sido la única mujer en tomar una carrera en la Universidad Central, aunque la universidad ha estado abierta a las mujeres desde hace algún tiempo. Las ventajas son las mismas para ambos; pero en verdad, los hombres no aceptan a las mujeres con buen agrado”.

Con 26 años, Virginia se verá obligada a trasladarse a los Estados Unidos en 1912, porque Juan Vicente Gómez clausuró la Universidad (debido a la huelga de los estudiantes que solicitaban la renuncia del ministro Felipe Guevara Rojas en 1912). Allí continúa sus estudios de medicina. Se establece en Filadelfia, matriculándose en Woman’s Medical College of Pennsylvania, donde se graduó en 1920. En esta institución se le recordará como una de sus mejores estudiantes extrajera y fue así que, en 1917, recibió como premio una beca internacional para apoyarla en sus estudios médicos, otorgada por la Asociación Norteamericana de Mujeres Universitarias, conocida por sus siglas en inglés como AAUW (American Association of University Women).

En aquel evento, donde concursó junto con 10 participantes, la joven venezolana obtuvo un porcentaje de 99.9 de 100 puntos. Lo más cercano para esta alta puntuación fue hecho por otros concursantes que alcanzaron sólo 95 puntos. La joven ganadora premiada fue receptora de muchas felicitaciones por los integrantes de la facultad de medicina y amigos. Al recibir el premio, Álvarez manifestó que, una vez terminados sus estudios, pensaba fundar en su país una institución para la prevención y cura de enfermedades infantiles. Tal establecimiento se necesitaba, en gran medida, porque la tasa de mortalidad infantil era, en extremo, alta en Venezuela.

El amor llega

Un año antes, la doctora Pereira Álvarez había contraído matrimonio con el investigador norteamericano Lindley M. Hussey - nacido Pennsylvania, el 13 de agosto 1894-, quien vivía en Los Ángeles, Estados Unidos, con quien –al parecer- no tuvo descendencia. Hussey era químico y farmaceuta de profesión, dedicado a los estudios de farmacología y quimioterapia. Pero, también, se destacó como escritor, cuyo talento literario se manifestó en diversos artículos para revistas científicas y literarias, como la prestigiosa revista The American Mercury. Es autor de la novela Odalisque, publicada en 1927; obra que narra, en estilo costumbrista, las aventuras de una señorita venezolana en Venezuela y Nueva York. Este libro fue tributado a su mujer a “quien será para mí la siempre bien amada”, dice en su dedicatoria.

Aquel hombre, dos años mayor que Virginia, la había conocido en Caracas, en una de esas fiestas oficiales del Gobierno de Juan Vicente Gómez y empresarios petroleros norteamericanos. En esos días, ambos, terminaron enamorándose. Lindley había quedado atrapado por aquella morena de ojos negros y singular belleza. Su matrimonio se realizó en la Iglesia parroquial de Pensilvania.

Un triunfo en el exterior
El 16 de junio de 1920, Virginia P. Álvarez Hussey recibió el título de médico, en la Universidad Médica de la Mujer de Pensilvania, con su tesis de grado sobre quimioterapia. Aquello fue acontecimiento que la prensa nacional, como el diario caraqueño El Universal, se dio eco de la noticia. Más tarde, la joven médica prestó sus servicios profesionales en Norristown, Filadelfia.

Después retornó a Venezuela, en 1921, trabajando en Caracas con su esposo en un proyecto de investigación sobre el tratamiento de la lepra con aceite Chaulmugra, el cual había estado estudiando para tratar a los enfermos de esta enfermedad en país. Sin embargo, tantas dificultadas surgieron que desistieron del estudio y regresaron a los Estados Unidos. Durante su permanencia en Caracas, Virginia y su esposo Lindley M. Hussey compartieron experiencias con los doctores A. Benchetrit- colaborador-, quien fuera director del Leprosorio de Cabo Blanco e impulsor del proyecto; el médico colombiano Juan Francisco Pesticott, Andrés Eloy de la Rosa, entre otros destacados especialistas sobre leproserías.

Por otra parte, la doctora Virginia Pereira Álvarez conoció y trató el caso del poeta cumanés Cruz María Salmerón, a quien le ordenó un tratamiento a base de ampollas de heterogetílico, con el fin de agilizar el movimiento manual del paciente. Sobre esta y otras enfermedades publicó trabajos de investigación en la Gaceta Médica de Caracas, Vol. 22 Nº 20, convirtiéndose en la primera mujer que hizo un artículo científico en 1939; también, trabajó en el Laboratorio de Bacteriología del entonces Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, el cual dirigió el doctor Analdo Gabaldón, en el estudio del paludismo en Venezuela. Después formó parte del equipo de médicos del Instituto de Higiene, además bajo la dirección del doctor Gabaldón.

Entre otras facetas de su vida, Virginia Pereira Álvarez se destacó como poeta y narradora. Es autora de la novela El Ávila mira hacia abajo, con la cual concurrió al certamen de novelas inéditas hispanoamericanas y fue publicada en la Revista Nacional de la Cultura (RNC), en su edición número 1-50, en el año de 1946. Dicha obra fue escrita originalmente en inglés y traducida al español por su misma narradora. También formó parte de la Junta Directiva de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, como delegada de Ciudad Bolívar y tercera vocal a nivel nacional.

De nuevo a Venezuela
Regresó a Venezuela en 1938 y funda la Sociedad Venezolana de Bacteriología, Parasitología y Medicina Tropical; pero, no se sintió bien recibida y regresó a Estados Unidos, donde se concentró en la investigación sobre hematología. Al parecer, Virginia Pereira Álvarez había manifestado al presidente de la República, Eleazar López Contreras, su interés de revalidar su título de médico y ejercer la profesión en su país, tal como lo reveló en una carta dirigida al mandatario nacional, el 9 de diciembre de 1939.

Sin embargo, Arturo Uslar Pietri, quien era ministro de Educación Nacional, le manifiesta al secretario de la Presidencia de la República, Doctor Tulio Chiossone, que según un informe emanado de la Dirección de Educación Secundaria, Superior y Especial del Despacho a su cargo se indicaba lo siguiente:

“La Doctora Virginia Pereira Álvarez no ha hecho por escrito ninguna solicitud acerca de la reválida de su Título, ni al Ministerio ni al Consejo Universitario, que es a quien corresponde conocer del asunto.

Verbalmente ha manifestado su deseo de que dicha reválida se le conceda sin presentar examen y alega que para la época en que ella se graduó no se exigía tal requisito en Venezuela.

Parece ser que en efecto en dicha época se concedieron algunas reválidas en tal forma; pero la Ley actual en su artículo 81 establece que “los venezolanos que hayan obtenido en el Extranjero títulos que permitan ejercer en los respectivos países alguna de las profesiones a que se refieren la Ley Orgánica de la Instrucción y la presente Ley, pueden obtener el equivalente título venezolano mediante un examen integral de tres horas”.

Más adelante, el ministro Uslar Pietri explica que este asunto procedimental rige la Ley que acaba de citarse, y así lo expresa el Consultor Jurídico de este Ministerio en el memorándum que a continuación se transcribe:

“El examen de reválida del Título de Doctor en Medicina de la señora Virginia Pereira Álvarez no puede verificarse sino de acuerdo con las disposiciones de la Ley vigente, y de ninguna manera mediante las posiciones de la Ley que regía para 1920, pues ésta ya no existe por haber sido derogada en todas y cada una de sus partes por los estatutos legales sucesivos. Por lo Tanto, mal puede acogerse la solicitante, para verificar el acto de reválida, a disposiciones ya sin ningún efecto legal, por ser inexistentes en la actualidad”.

Luchadora por los derechos de la mujer
Virginia Pereira Álvarez fue una mujer admirable. No sólo en su vida intelectual y académica sino en su postura ideológica y en su emancipación femenina en pro de la igualdad de los derechos de la mujer (Rodríguez Jimenez, 1964;p.58). Durante el tiempo que estuvo en Venezuela, Virginia participó en algunas actividades políticas. En 1941, formó parte del un grupo de damas de la sociedad caraqueña organizadas en pro de la candidatura de Isaías Medina Angarita.

Virginia fue una gran investigadora venezolana. No ejerció la medicina como tal, como lo atestiguan los doctores S. de Wittl Ludlum y William Drayton, ambos de Filadelfia. Su pasión fue la investigación. Falleció el sábado 12 de abril de 1947, a la edad de los 61 años, a causa de una hipertensión maligna y un infarto cardíaco, según publicó The Wisconsin State Journal, – un periódico del estado de Pensilvania-. En aquella ocasión, la Sociedad Bolivariana de Venezuela se pronunció:

“Dolorosa sorpresa nos ha causado la muerte de la señora doctor Virginia Pereira Álvarez, acaecida recientemente en Philadelphia, Estado Unidos de América, donde se encontraba residenciada desde hacía largo tiempo- Distinguían a la apreciable compatriota relevantes dotes de cultura, "' bondad, de talento y vasta preparación, y ostentaba el mérito de haber sido la primera dama venezolana graduada en Ciencias Médicas( Revista de la Sociedad Bolivariana: órgano de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, No. 15-22 Coop. de Artes Grafica, 1944;p.712).

Igualmente, el Colegio de Médico de Caracas suscribió un acuerdo de duelo con motivos de su muerte. Los restos de la destacada investigadora venezolana fueron sepultados en el Cementerio Fernwood Lansdowne, Pennsylvania, Estados Unidos.




Compártalo: