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| Joaquín Crespo Torres |
domingo, julio 01, 2012
Una pionera de la medicina moderna venezolana
Virginia Pereira Álvarez fue una mujer admirable. No sólo en su vida intelectual y académica sino en su postura ideológica y en su emancipación femenina en pro de la igualdad de los derechos de la mujer (Rodríguez Jimenez, 1964;p.58).Fue una gran investigadora venezolana. No ejerció la medicina como tal, como lo atestiguan los doctores S. de Wittl Ludlum y William Drayton, ambos de Filadelfia. Su pasión fue la investigación. Falleció el sábado 12 de abril de 1947, a la edad de los 61 años.
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| La doctora Virginia Pereira Alvarez/Foto Reproducción JOP |
Por José Obswaldo Pérez
UNA DE LAS MUJERES, entre la más sobresaliente en la historia de las ciencias médicas en Venezuela, fue Virginia Pereira Álvarez. Nació en el año de 1896, en Ciudad Bolívar. Hija del periodista calaboceño Ismael Pereira Álvarez, exministro de Guerra y Marina del General Juan Vicente Gómez y doña Heraclia López, también, natural de Ciudad Bolívar. Fue la mayor de cinco hermanos: Ismael Aníbal, Alejandro, Héctor y América Pereira Álvarez. Ningunos utilizaron el apellido materno de su madre.
Mujer de precoz femenismo
También, fue una de las primeras mujeres que optó en la Universidad Central por el grado de Bachiller en Filosofía, presentando su tesis Hidratos de carbono. Ideas generales, y, así, desafiando todos los estereotipos de la época. Cuando se le examinó en Caracas, en 1910, tal hecho fue un acontecimiento, “pues además de los examinadores asistieron numeroso público y hombres de Ciencias, así sería el asombro que causaba el acontecimiento”.
Más tarde – y por primera vez-, esta joven mujer se matricula en la Universidad Central de Venezuela, junto con treinta estudiantes más, para estudiar la profesión de la medicina. Era la única mujer. Allí cursó estudios entre 1910 y 1911 obteniendo, en el primer año de la carrera, notas sobresalientes en las unidades curriculares de Anatomía, Histología, Microbiología, Física y Química Médica.
Dado a sus extraordinarios conocimientos, Virginia Pereira concursó como docente de la UCV, en calidad de estudiante, puesto que el Concurso de Oposición celebrado el 7 de septiembre de 1911, ganó el cargo de preparadora de la Cátedra de Química y Física Médica de esa Casa de Estudios. También, Virginia formó parte de un curso para estudiantes sobre Química Agrícola, promovido por el Ministerio de Fomento para familiarizar a los jóvenes con las operaciones de esta materia.
En un artículo, escrito en inglés, para la publicación de la Asociación Norteamericana de Mujeres Universitarias (Journal of the American Association of University Women), Virginia P. Álvarez, hace un análisis del sistema educativo venezolano para la época así como sobre las enfermedades prevalentes en el país. En este escrito, su autora testimonia su experiencia durante el primer año de su carrera en Venezuela.
“Hasta ahora, he sido la única mujer en tomar una carrera en la Universidad Central, aunque la universidad ha estado abierta a las mujeres desde hace algún tiempo. Las ventajas son las mismas para ambos; pero en verdad, los hombres no aceptan a las mujeres con buen agrado”.
En aquel evento, donde concursó junto con 10 participantes, la joven venezolana obtuvo un porcentaje de 99.9 de 100 puntos. Lo más cercano para esta alta puntuación fue hecho por otros concursantes que alcanzaron sólo 95 puntos. La joven ganadora premiada fue receptora de muchas felicitaciones por los integrantes de la facultad de medicina y amigos. Al recibir el premio, Álvarez manifestó que, una vez terminados sus estudios, pensaba fundar en su país una institución para la prevención y cura de enfermedades infantiles. Tal establecimiento se necesitaba, en gran medida, porque la tasa de mortalidad infantil era, en extremo, alta en Venezuela.
El amor llega
Un año antes, la doctora Pereira Álvarez había contraído matrimonio con el investigador norteamericano Lindley M. Hussey - nacido Pennsylvania, el 13 de agosto 1894-, quien vivía en Los Ángeles, Estados Unidos, con quien –al parecer- no tuvo descendencia. Hussey era químico y farmaceuta de profesión, dedicado a los estudios de farmacología y quimioterapia. Pero, también, se destacó como escritor, cuyo talento literario se manifestó en diversos artículos para revistas científicas y literarias, como la prestigiosa revista The American Mercury. Es autor de la novela Odalisque, publicada en 1927; obra que narra, en estilo costumbrista, las aventuras de una señorita venezolana en Venezuela y Nueva York. Este libro fue tributado a su mujer a “quien será para mí la siempre bien amada”, dice en su dedicatoria.
Aquel hombre, dos años mayor que Virginia, la había conocido en Caracas, en una de esas fiestas oficiales del Gobierno de Juan Vicente Gómez y empresarios petroleros norteamericanos. En esos días, ambos, terminaron enamorándose. Lindley había quedado atrapado por aquella morena de ojos negros y singular belleza. Su matrimonio se realizó en la Iglesia parroquial de Pensilvania.
Un triunfo en el exterior
El 16 de junio de 1920, Virginia P. Álvarez Hussey recibió el título de médico, en la Universidad Médica de la Mujer de Pensilvania, con su tesis de grado sobre quimioterapia. Aquello fue acontecimiento que la prensa nacional, como el diario caraqueño El Universal, se dio eco de la noticia. Más tarde, la joven médica prestó sus servicios profesionales en Norristown, Filadelfia.
Después retornó a Venezuela, en 1921, trabajando en Caracas con su esposo en un proyecto de investigación sobre el tratamiento de la lepra con aceite Chaulmugra, el cual había estado estudiando para tratar a los enfermos de esta enfermedad en país. Sin embargo, tantas dificultadas surgieron que desistieron del estudio y regresaron a los Estados Unidos. Durante su permanencia en Caracas, Virginia y su esposo Lindley M. Hussey compartieron experiencias con los doctores A. Benchetrit- colaborador-, quien fuera director del Leprosorio de Cabo Blanco e impulsor del proyecto; el médico colombiano Juan Francisco Pesticott, Andrés Eloy de la Rosa, entre otros destacados especialistas sobre leproserías.
Por otra parte, la doctora Virginia Pereira Álvarez conoció y trató el caso del poeta cumanés Cruz María Salmerón, a quien le ordenó un tratamiento a base de ampollas de heterogetílico, con el fin de agilizar el movimiento manual del paciente. Sobre esta y otras enfermedades publicó trabajos de investigación en la Gaceta Médica de Caracas, Vol. 22 Nº 20, convirtiéndose en la primera mujer que hizo un artículo científico en 1939; también, trabajó en el Laboratorio de Bacteriología del entonces Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, el cual dirigió el doctor Analdo Gabaldón, en el estudio del paludismo en Venezuela. Después formó parte del equipo de médicos del Instituto de Higiene, además bajo la dirección del doctor Gabaldón.
Entre otras facetas de su vida, Virginia Pereira Álvarez se destacó como poeta y narradora. Es autora de la novela El Ávila mira hacia abajo, con la cual concurrió al certamen de novelas inéditas hispanoamericanas y fue publicada en la Revista Nacional de la Cultura (RNC), en su edición número 1-50, en el año de 1946. Dicha obra fue escrita originalmente en inglés y traducida al español por su misma narradora. También formó parte de la Junta Directiva de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, como delegada de Ciudad Bolívar y tercera vocal a nivel nacional.
De nuevo a Venezuela
Regresó a Venezuela en 1938 y funda la Sociedad Venezolana de Bacteriología, Parasitología y Medicina Tropical; pero, no se sintió bien recibida y regresó a Estados Unidos, donde se concentró en la investigación sobre hematología. Al parecer, Virginia Pereira Álvarez había manifestado al presidente de la República, Eleazar López Contreras, su interés de revalidar su título de médico y ejercer la profesión en su país, tal como lo reveló en una carta dirigida al mandatario nacional, el 9 de diciembre de 1939.
Sin embargo, Arturo Uslar Pietri, quien era ministro de Educación Nacional, le manifiesta al secretario de la Presidencia de la República, Doctor Tulio Chiossone, que según un informe emanado de la Dirección de Educación Secundaria, Superior y Especial del Despacho a su cargo se indicaba lo siguiente:
“La Doctora Virginia Pereira Álvarez no ha hecho por escrito ninguna solicitud acerca de la reválida de su Título, ni al Ministerio ni al Consejo Universitario, que es a quien corresponde conocer del asunto.
Verbalmente ha manifestado su deseo de que dicha reválida se le conceda sin presentar examen y alega que para la época en que ella se graduó no se exigía tal requisito en Venezuela.
Parece ser que en efecto en dicha época se concedieron algunas reválidas en tal forma; pero la Ley actual en su artículo 81 establece que “los venezolanos que hayan obtenido en el Extranjero títulos que permitan ejercer en los respectivos países alguna de las profesiones a que se refieren la Ley Orgánica de la Instrucción y la presente Ley, pueden obtener el equivalente título venezolano mediante un examen integral de tres horas”.
Más adelante, el ministro Uslar Pietri explica que este asunto procedimental rige la Ley que acaba de citarse, y así lo expresa el Consultor Jurídico de este Ministerio en el memorándum que a continuación se transcribe:
“El examen de reválida del Título de Doctor en Medicina de la señora Virginia Pereira Álvarez no puede verificarse sino de acuerdo con las disposiciones de la Ley vigente, y de ninguna manera mediante las posiciones de la Ley que regía para 1920, pues ésta ya no existe por haber sido derogada en todas y cada una de sus partes por los estatutos legales sucesivos. Por lo Tanto, mal puede acogerse la solicitante, para verificar el acto de reválida, a disposiciones ya sin ningún efecto legal, por ser inexistentes en la actualidad”.
Luchadora por los derechos de la mujer
Virginia Pereira Álvarez fue una mujer admirable. No sólo en su vida intelectual y académica sino en su postura ideológica y en su emancipación femenina en pro de la igualdad de los derechos de la mujer (Rodríguez Jimenez, 1964;p.58). Durante el tiempo que estuvo en Venezuela, Virginia participó en algunas actividades políticas. En 1941, formó parte del un grupo de damas de la sociedad caraqueña organizadas en pro de la candidatura de Isaías Medina Angarita.
Virginia fue una gran investigadora venezolana. No ejerció la medicina como tal, como lo atestiguan los doctores S. de Wittl Ludlum y William Drayton, ambos de Filadelfia. Su pasión fue la investigación. Falleció el sábado 12 de abril de 1947, a la edad de los 61 años, a causa de una hipertensión maligna y un infarto cardíaco, según publicó The Wisconsin State Journal, – un periódico del estado de Pensilvania-. En aquella ocasión, la Sociedad Bolivariana de Venezuela se pronunció:
“Dolorosa sorpresa nos ha causado la muerte de la señora doctor Virginia Pereira Álvarez, acaecida recientemente en Philadelphia, Estado Unidos de América, donde se encontraba residenciada desde hacía largo tiempo- Distinguían a la apreciable compatriota relevantes dotes de cultura, "' bondad, de talento y vasta preparación, y ostentaba el mérito de haber sido la primera dama venezolana graduada en Ciencias Médicas( Revista de la Sociedad Bolivariana: órgano de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, No. 15-22 Coop. de Artes Grafica, 1944;p.712).
Igualmente, el Colegio de Médico de Caracas suscribió un acuerdo de duelo con motivos de su muerte. Los restos de la destacada investigadora venezolana fueron sepultados en el Cementerio Fernwood Lansdowne, Pennsylvania, Estados Unidos.
domingo, junio 24, 2012
La esquina de La Torre
En la toponimia de la ciudad de Valle de la Pascua, la esquina de La Torre está ubicada al sureste de la plaza Bolívar, en el cruce de las calles Atarraya y Guasco. Su nombre deviene del frontal de la antigua iglesia de La Candelaria de Valle de la Pascua (templo derribado en 1955), que tenía forma de campana de Gauss invertida, el cual desde mediados del siglo XIX y por mucho tiempo fue el edificio más alto del poblado.
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Esquina de La Torre. (Fotografía cortesía de la Dra. Teresa Peña de Silveira). |
Históricamente, por su ubicación geográfica es una de las esquinas con mayor tradición y referencia, puesto que en sus adyacencias está situada la Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Candelaria, que es la patrona de ciudad. Además, según lo expuesto por el obispo Mariano Martí, en su obra: Documentos Relativos a su Visita Pastoral de la Diócesis de Caracas. Tomo II, en el año 1873 cuando estuvo en este sitio, en sus inmediaciones tenía su casa de habitación el canario Juan González Padrón, lugar donde residían su esposa e hijas (vivienda situada posiblemente en el lugar donde estuvo el abasto “Sol de oro” y actualmente están ubicados los comercios “La Cuevita” y otros más.
Sin confirmación se especula, que en el otro extremo de la esquina (donde está la tienda “La Llanera”, tuvo asiento la casa de habitación de algún teniente de justicia mayor de finales del período colonial.
La fotografía que acompaña esta crónica, se corresponde con una vivienda construida en las últimas décadas de la segunda mitad del siglo XIX, que estuvo ubicada en dicha esquina, hasta los años sesenta del siglo XX, cuando fue derribada, para construir el edificio de la tienda “La Llanera” de los hermanos griegos Basilio y Ángelo Yanopoulos.
Dicha vivienda, como bien se aprecia en la fotografía, era una construcción de bahareque de dos plantas con sus balconcitos, techo de tejas de dos aguas y muy altas puertas. Ahí vivió el presbítero Pedro José Miserol, y posteriormente, don Ricardo Sutil. Luego la casa pasó a ser propiedad del médico, Dr. Mario Soto, bien que a su muerte heredó su hija, doña Juana Soto de Salazar, casada con el tucupidense Chicho Salazar.
Hasta que fue derribada en los años sesenta del siglo XX, en dicha vivienda tuvieron su sede los establecimientos y comercios siguientes: en la esquina, Sastrería “La Mejor” de don Carlos Zambrano; al lado, “Casa Henry”, un bazar de quincalla y otros géneros, propiedad de un ciudadano norteamericano llamado Mister Henry; y finalmente “Trajes Araujo” del trujillano don Rubén Araujo, casado con la vallepascuense, doña Hilda González. En la casa vecina, propiedad del farmaceuta, Dr. Antonio Aranguren, estaba el local de la farmacia “Llanera”.
Hoy día, la otrora muy conocida esquina de La Torre, es mejor conocida por el nombre de esquina de “La Llanera”, diagonal a la Catedral, cargada de historia y referencia obligada del centro de la ciudad, por ser lugar donde confluyen la espiritualidad, el encuentro y el esparcimiento propio de la plaza Bolívar y otros lugares, algunas de las principales oficinas y entes públicos, así como expendios de todo tipo y condición de la Atarraya y calles vecinas, donde se desenvuelve el comercio citadino. Espacio siempre bullicioso, con sus buhoneros, tiendas y ventorrillos para todos los gustos, que atienden las demandas de los habitantes y visitantes de nuestra creciente y populosa Princesa Guariqueña.
Valle de la Pascua, 20 de junio de 2012.
Felipe Hernández es doctor en Historia de Venezuela y profesor titular del Núcleo de la Universidad Simón Rodríguez de Valle de la Pascua.
jueves, mayo 31, 2012
Geografía de errores
ES DE VIEJA data los problemas limítrofes de Venezuela. Pero más aún son los del estado Guárico. Así lo advierte el profesor Noel de J. Lugo, en su libro Problemática limítrofe del Estado Guárico, sus municipios y parroquias (2012); publicado recientemente por la Editorial El Perro y la Rana, en su colección Agustín Codazzi.
El profesor Lugo – excoordinador ad-honores del área de geografía del Centro de Estudios del Llano de la Universidad Rómulo Gallegos (CELLUNERG)-, a través de este trabajo minucioso, ha detectado serios errores en la representación de nuestro territorio, los que se consideran lesivos a la Soberanía Nacional y en clara violación a las normativas legales vigentes.
Pero lo más grave es que estas violaciones parten del mismo Estado, que por medio de sus instituciones cometen y repiten tales errores en la documentación histórica territorial.




